La Quemó Viva Frente a Sus Hijos… y Dijo Que Fue un Accidente

Supongamos que vuelves a encontrarte con ese antiguo amor de tu juventud tras el paso de los años. ¿Consideras que la vida les ha brindado una oportunidad renovada? ¿Y mantienes la certeza de que este capítulo tendrá un desenlace dichoso? Contrae matrimonio, estableces un hogar y crees haber hallado finalmente a la persona con quien recorrerás el resto de tus días.

Resulta un sueño este enlace con mi pareja. Quiero expresar a mi esposa que nada la tomará por sorpresa, no obstante, agradezco su fe en mí. Alguna vez te prometí que jamás te decepcionaría. Te adoro profundamente y valoro tu confianza. Pero detrás de aquella fachada romántica se ocultaba un vínculo que concluiría del modo más atroz imaginable.

Una madrugada terminas envuelta en llamas dentro de tu propia casa. Mientras una nación entera se cuestiona cómo alguien que profesaba amarte pudo involucrarse en un hecho de violencia tan extremo. Lo que estás por descubrir constituye uno de los sucesos más impactantes y polémicos de Argentina. Una tragedia que transformó normativas, provocó indignación y dejó una marca indeleble.

El caso de Wanda Tadei. Saludos a todos, mi nombre es Alex y tres veces por semana en este espacio les presentamos crímenes que han conmocionado al mundo entero. Desde desapariciones hasta los asesinatos más crueles, la injusticia, la impunidad, el abuso de poder y los fallos judiciales más severos serán los temas que acompañarán estos relatos.

Antes de comenzar con la narración, les solicito que se suscriban y activen la campana para recibir todas las notificaciones. Igualmente, no olviden dejar su me gusta, pues de ese modo podremos continuar produciendo contenido. Sin más preámbulos, examinemos juntos los pormenores de esta historia criminal. Durante la madrugada del miércoles 10 de febrero de 2010, un evento dramático alteró la paz del Hospital Santojanni en Buenos Aires, Argentina.

Hacia ese centro asistencial arribó una pareja con quemaduras de gravedad. La mujer ingresó corriendo casi desnuda, mientras detrás de ella avanzaba un sujeto que también exhibía lesiones en sus manos y brazos. Los facultativos comprendieron al instante que enfrentaban una emergencia de máxima urgencia.

La paciente era Wanda Tadei y sus heridas afectaban gran parte de su anatomía. Otros integrantes del personal médico asistían al hombre que la acompañaba, identificado como su esposo, Eduardo Vázquez. La severidad de las quemaduras obligó a los especialistas a proceder con prontitud. Wanda presentaba daños de distinta consideración en más de la mitad de su superficie corporal, una situación que implicaba un riesgo crítico para su existencia.

Las condiciones de Wanda exigían cuidados de mayor especialización, por lo cual se tomó la determinación de trasladarla al Hospital del Quemado, un centro con experiencia específica en este tipo de traumas. Allí proseguiría la batalla por conservar su vida mientras los doctores intentaban controlar las múltiples complicaciones derivadas de las lesiones.

Para ese entonces, parientes y allegados ignoraban todavía la gravedad de lo ocurrido. La noticia empezaría a difundirse en las horas siguientes, cuando los círculos íntimos de Wanda comenzaron a enterarse de que había sufrido un episodio gravísimo que la mantenía al borde de la muerte. Durante la mañana de esa misma jornada, el padre de Wanda, Jorge Tadei, tenía planeado reunirse con su otra hija, Nadia, para realizar trámites vinculados a un vehículo.

Fue entonces cuando Nadia le comunicó que durante la madrugada, Wanda y Eduardo habían sufrido quemaduras y fueron derivados a un nosocomio. Impactado por la novedad, Jorge intentó averiguar qué había sucedido. Solo la justicia determinará si fue un accidente o algo premeditado, no lo sé.

Inicialmente pasó por el domicilio de su hija, pero al no hallar a nadie, decidió dirigirse directamente al hospital. Allí encontró a Eduardo, quien también recibía atención por las lesiones en sus extremidades. Jorge consultó con los médicos y recibió una explicación que lo dejó profundamente consternado.

Los facultativos le informaron que Wanda permanecía en estado crítico debido a las extensas quemaduras sufridas durante la madrugada. Finalmente, 11 días después del incidente, llegó la noticia que todos temían. La jefa de guardia del hospital notificó que Wanda había fallecido a las 2:15 de la madrugada.

El deceso se produjo por una falla multiorgánica provocada por una infección generalizada derivada de las graves quemaduras. Esa condición desencadenó un paro cardiorrespiratorio que terminó con su vida a pesar de los esfuerzos del equipo médico. Tras la muerte, Eduardo permaneció detenido por algunos días mientras se efectuaban averiguaciones sobre los hechos.

Sin embargo, en aquel momento, las autoridades no encontraron elementos suficientes para incriminarlo directamente en el fallecimiento de su esposa y obtuvo la libertad. La historia de Wanda Tadei se originó en el barrio de Mataderos, en la ciudad de Buenos Aires. Se trataba de una zona que comenzó a expandirse a inicios del siglo XX como un área ligada a la actividad ganadera y que con el paso del tiempo se convirtió en un barrio densamente poblado.

Allí residía con su familia, compuesta por sus padres Beatriz Regal y Jorge Gastón Tadei, además de sus hermanos Néstor y Nadia. Era una familia reconocida en la comunidad y llevaban una vida que exteriormente podía considerarse totalmente normal. Wanda sentía especial afición por la música rock.

Aquella pasión constituía un componente esencial de su personalidad durante la adolescencia y terminaría influyendo decisivamente en algunos de los eventos más trascendentales de su vida. Fue precisamente gracias a ese interés musical que, a los 15 años, conoció a un joven de 20 llamado Eduardo Vázquez.

Entre ambos surgió una atracción inmediata y poco después iniciaron un noviazgo. No obstante, la relación no fue bien acogida por la familia de Wanda. Su progenitor manifestó desde el inicio una férrea oposición y realizó varios intentos para impedir su continuidad. Con el transcurso del tiempo, aquel romance concluyó y cada uno siguió rumbos diferentes.

Posteriormente conoció a Jorge Elechosa, con quien inició un vínculo que terminó en matrimonio. La pareja conformó una familia y tuvo dos hijos. El primero de ellos, Facundo, nació en agosto de 2001. Años más tarde, en marzo de 2004, llegó Juan Manuel.

Durante ese periodo, Wanda dedicó gran parte de su vida a la crianza de los niños y a las labores del hogar. Sin embargo, la unión con Jorge eventualmente finalizó. Aunque compartían la responsabilidad de sus hijos, el matrimonio llegó a su fin y Wanda comenzó una nueva etapa personal. Mientras tanto, aquel joven del noviazgo juvenil, Eduardo Vázquez, transitaba un sendero muy distinto.

Eduardo provenía de una familia de clase media. Cuando apenas tenía 5 años, su padre abandonó el hogar, dejando a su madre a cargo de la crianza. A pesar de las dificultades, ella logró sostener a la familia y sacar adelante a su hijo. La música apareció tempranamente en la existencia de Eduardo.

A los 16 años recibió de su madre una batería, un obsequio que marcaría su futuro profesional. Desde entonces incrementó su interés por ese instrumento. En 1995 se unió a otros cinco jóvenes para fundar una banda de rock. Con el tiempo, aquella agrupación alcanzaría una enorme popularidad y sería conocida por miles de seguidores bajo el nombre de Callejeros.

La carrera del grupo avanzó con rapidez. Grabaron diversos discos, realizaron presentaciones en múltiples escenarios y lograron consolidarse como una de las bandas más destacadas del rock argentino de aquellos años. No obstante, el éxito del conjunto se vería abruptamente interrumpido por un acontecimiento que marcaría para siempre a sus integrantes y a cientos de familias argentinas.

A fines de 2004, durante un show de Callejeros en el local República Cromañón, una bengala encendida por el público provocó un incendio de grandes proporciones. Las llamas se propagaron con celeridad dentro del recinto y generaron una situación caótica. El resultado fue devastador. 194 asistentes perdieron la vida en lo que se convirtió en una de las mayores tragedias vinculadas a un espectáculo musical en la historia argentina.

Entre los fallecidos se encontraban familiares de varios miembros de la banda. En el caso de Eduardo Vázquez, el incendio le arrebató a su madre y a otros seres cercanos, una pérdida que tendría profundas secuelas emocionales para él durante los años siguientes. La tragedia también derivó en una extensa investigación judicial.

Por diversas razones, más de 10 personas fueron llevadas a juicio en relación con lo ocurrido aquella noche. Entre ellas se encontraban integrantes de Callejeros, quienes quedaron vinculados a un proceso que se extendería durante años. Fue en 2007, mientras aún se desarrollaban las causas judiciales vinculadas al grupo musical, cuando Wanda y Eduardo volvieron a encontrarse.

Tras años sin mantener contacto, el antiguo romance resurgió. Esta vez las circunstancias eran totalmente distintas. Ya no eran adolescentes y la oposición familiar que existía años atrás tenía mucho menos peso sobre las decisiones que ambos estaban dispuestos a tomar.

El vínculo avanzó con rapidez y se fortaleció durante los meses siguientes. Finalmente, en noviembre de 2009, Wanda y Eduardo contrajeron matrimonio, iniciando una etapa conjunta que parecía representar una segunda oportunidad para aquella historia que había comenzado en su juventud. Realmente es un sueño este matrimonio con mi amor y bueno, a mi mujer le quiero decir que nada la va a sorprender, pero agradezco su confianza.

Te prometí alguna vez que no te fallaría. Te amo con todo mi corazón y gracias por confiar en mí. Ante los ojos de parientes, amigos y conocidos, Wanda y Eduardo parecían haber hallado la estabilidad que durante años buscaron. La pareja lucía unida y proyectaba la imagen de un matrimonio dichoso que disfrutaba esta nueva fase de sus vidas.

La relación también parecía funcionar adecuadamente con Facundo y Juan Manuel, los hijos de Wanda. Desde afuera no existían señales evidentes de problemas graves dentro del hogar y muchos consideraban que la pareja había logrado construir una convivencia armoniosa. Sin embargo, con el paso del tiempo empezarían a surgir elementos que más adelante serían observados de forma distinta.

Antes de iniciar su vínculo con Eduardo, Wanda era una mujer independiente que trabajaba para mantener a sus hijos. No obstante, tras la boda, dejó de trabajar y pasó a permanecer mayormente en la casa. Por esa época había teñido su cabello de rubio, pero según se conocería después, Eduardo le pidió que recuperara su color oscuro natural.

La transformación no se limitó a su apariencia física; también la obligó a quemar todas las fotografías donde aparecía con el cabello claro. Además, le solicitó que recortara todas las imágenes familiares donde figuraba Jorge, su exesposo y padre de sus hijos. Aunque estas situaciones no eran conocidas públicamente en aquel entonces, varias personas de su entorno recordarían después que fueron algunos de los primeros cambios que comenzaron a notar desde que Wanda retomó la relación con Eduardo.

El contacto se volvió menos frecuente y varios de sus seres queridos percibían una distancia creciente. A esa preocupación se sumaron situaciones que llamaron particularmente la atención. Wanda fue vista con hematomas en el cuerpo e incluso con un ojo morado. Cuando alguien le consultaba por esas lesiones, ella siempre ofrecía explicaciones relacionadas con caídas o accidentes domésticos.

Wanda también solía justificar ciertos comportamientos de Eduardo, argumentando que atravesaba una etapa difícil debido a la presión emocional que le provocaba el proceso judicial relacionado con la tragedia de Cromañón. Ella continuaba defendiendo su matrimonio. Era una mujer de carácter fuerte y estaba convencida de que los problemas podían superarse y que con el tiempo la situación mejoraría.

Las inquietudes no se limitaban solo a Wanda; también comenzaron a surgir preocupaciones relacionadas con Facundo y Juan Manuel. Beatriz, madre de Wanda, indicaba que el comportamiento de los niños le parecía extraño y que el mayor parecía intimidarse con solo una mirada de Eduardo. Además, al cuarto de Wanda prácticamente no se podía ingresar debido al olor a marihuana que había en el sitio.

Por otra parte, Jorge fue convocado desde el colegio porque Facundo había comenzado a mostrar conductas violentas y extrañas, como romper lápices durante las clases. Con el transcurso del tiempo, otras personas comenzaron a aportar relatos que describían situaciones preocupantes dentro del hogar de Wanda y Eduardo.

La noche del martes 9 de febrero de 2010, Eduardo Vázquez no se encontraba en casa. Había salido para asistir a un ensayo con la banda y permaneció fuera durante varias horas. Mientras tanto, Wanda comenzó a llamarlo por teléfono. Sin embargo, las comunicaciones no obtenían respuesta. A medida que avanzaba la noche, ella continuó intentando contactarlo insistentemente.

La situación era tan evidente que incluso Facundo, su hijo mayor, se percató de lo que sucedía. En un momento le pidió a su madre que dejara de llamar porque Eduardo se ponía como loco. Pero Wanda continuó insistiendo. Las llamadas siguieron durante la noche y se prolongaron hasta la madrugada del miércoles 10 de febrero.

Esa misma noche, Wanda también habló por teléfono con su hermana Nadia. Durante la conversación quedaron en comunicarse nuevamente al día siguiente. Aquella llamada sería la última charla entre ambas hermanas. Mientras la madrugada avanzaba, Eduardo finalmente regresó a la vivienda que compartía con Wanda.

Lo que ocurrió después dentro de la casa terminaría en tragedia y convirtiéndose en el eje central de toda la investigación. Según la versión entregada por Eduardo, cuando llegó a la vivienda durante la madrugada, encontró a Wanda muy alterada debido a que había intentado comunicarse con él durante horas sin obtener respuesta.

Y este momento fue muy rápido. Ella me dice, Peloto. Y yo me paro y empiezo a hacer así, se me prende la otra mano y yo no sé si ella manoteó o algo así, me empezó a pegar antes de llegar a eso. Como un gas acá. No, no nos contactamos. Juro que fue como se hizo como una bola, y ahí se prendió ella también que estaba con alcohol también.

De acuerdo con su relato, ambos comenzaron una fuerte discusión en la sala de la casa. Eduardo afirmó que nada de lo que decía lograba apaciguar a su esposa y que la situación fue incrementando su intensidad. Según explicó, Wanda le manifestó que no quería que durmiera en la habitación matrimonial, por lo que decidió acomodarse en el sofá cama ubicado en la sala.

Eduardo también sostuvo que Wanda apagó la luz del lugar. Afirmó que esa situación lo alteró debido al trauma que arrastraba desde la tragedia ocurrida años antes en República Cromañón. La discusión continuó y según su versión, en determinado momento, Wanda tomó una botella de alcohol que utilizaban para limpiar discos compactos y otros artículos de la casa.

Eduardo afirmó que ella intentó golpearlo en la cabeza con la botella. El hombre logró rechazar el golpe y ambos comenzaron a forcejear. Durante ese intercambio, la tapa de la botella se desprendió y el alcohol terminó esparciéndose sobre los dos. Eduardo aseguró que aquello provocó que ambos quedaran empapados con el líquido inflamable.

Después de ese momento se separaron y él volvió a sentarse en el sofá cama. Según explicó, encendió un cigarrillo y al aspirarlo, su brazo mojado con alcohol se prendió en llamas. Afirmó que se levantó inmediatamente y que cuando Wanda se acercó para ayudarlo, también terminó incendiándose. Así, ambos intentaron apagarse mutuamente hasta que logró tomar una manta que se encontraba cerca y con ella consiguió extinguir el fuego.

Posteriormente dijo que quedó paralizado durante algunos instantes hasta que escuchó a Wanda gritar. Emergencia, Santojanni. Eduardo afirmó que entonces reaccionó, ayudó a su esposa a salir de la vivienda y ambos se dirigieron al hospital Santojanni, ubicado a pocas cuadras de la casa.

Durante el trayecto, Wanda le pidió que llevara a los niños a casa de su hermana Nadia. Una vez que los médicos comenzaron a atender a Wanda, Eduardo regresó brevemente a la vivienda. Según contó, encontró que el colchón del sofá cama todavía estaba humeando, por lo que lo tomó y lo lanzó dentro de una piscina estructural que había en el patio.

Después recogió a los niños y los llevó hasta la casa de Nadia. Cuando ella le preguntó qué había ocurrido, Eduardo respondió únicamente que se había quemado las manos. Poco después regresó nuevamente al hospital. Con Wanda ya fallecida y sin posibilidad de explicar qué había ocurrido dentro de la vivienda, las autoridades comenzaron a revisar cada detalle de aquella madrugada.

Lo que inicialmente parecía una tragedia doméstica, pronto empezó a plantear interrogantes difíciles de ignorar. Tras la muerte de Wanda, las autoridades avanzaron con las averiguaciones para determinar qué había ocurrido dentro de la vivienda de la pareja durante la madrugada del 10 de febrero. Los investigadores realizaron una inspección de la casa y encontraron un escenario que llamó la atención por el orden que presentaba.

No había señales evidentes de una pelea de grandes proporciones ni daños que permitieran comprender de inmediato cómo se habían desarrollado los hechos. En el patio localizaron el colchón del sofá cama, perfectamente acomodado dentro de la piscina estructural, donde Eduardo afirmó haberlo colocado después del incendio. También fueron encontrados distintos elementos relacionados con la versión que había entregado el músico.

Los peritos ubicaron la tapa y el precinto de una botella de alcohol. Sin embargo, la botella propiamente dicha nunca apareció durante las inspecciones realizadas en el inmueble. Esa ausencia generó interrogantes entre quienes analizaban el caso. La botella ocupaba un lugar central dentro de la explicación entregada por Eduardo, ya que según su relato, el alcohol derramado durante el forcejeo había sido el origen de todo lo ocurrido.

También circularon versiones según las cuales, mientras permanecía en el hospital, Eduardo habría entregado las llaves de la vivienda a un cuñado. A partir de ello, surgió la posibilidad de que la escena hubiera podido ser alterada antes de que los investigadores completaran sus peritajes. Mientras las autoridades continuaban trabajando, los restos de Wanda fueron sometidos al correspondiente examen forense.

Posteriormente fue enterrada sin velatorio en el cementerio de Flores, acompañada únicamente por familiares y amigos cercanos. Uno de los primeros relatos que llamó la atención de los investigadores fue el de Juan Manuel Elechosa, el hijo menor de Wanda. El niño afirmó que durante la noche de los hechos no escuchó una pelea ni una discusión como la descrita por Eduardo.

Lo que escuchó fueron unos pasos y posteriormente un ruido parecido al de alguien cayendo al agua de la piscina. Después oyó a su madre decir repetidamente: Me vas a matar. Me vas a matar. A este relato se sumó el recuerdo de Jorge Tadei. El padre de Wanda afirmó que en una ocasión anterior había escuchado a Eduardo gritarle a su hija: ¡Te