Mató a su madre por 22 dinero y convivió con el cadáver 4 meses

Imagina tener tan solo dieciocho años y dejar que quien declara amarte te persuada a participar en una ofensa contra tu propia progenitora.

Piensa en convivir durante meses con el cuerpo sin vida dentro de la residencia mientras continúas gastando sus recursos económicos para sostener una compulsión que se ha vuelto el eje de tu existencia.

Esta es la crónica de una muchacha que priorizó a su pareja sobre su linaje, de un vínculo gobernado por narcóticos y manipulación, y de un acto criminal tan espeluznante que conmocionó a toda una colectividad en la nación ibérica.

Quédate hasta el desenlace para conocer todos los pormenores.

El suceso de María Teresa.

Saludos a todos, mi nombre es Alex y tres veces por semana en este canal te presentaremos los crímenes que han impactado a la totalidad del planeta.

Desde ausencias hasta los más atroces homicidios, la injusticia, la impunidad, la corrupción y las más severas sentencias serán el telón de fondo de estas narrativas.

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Sin más preámbulos, analicemos en conjunto todos los pormenores de esta historia delictiva.

El diecinueve de agosto de 2020, oficiales de la Guardia Civil se presentaron en un inmueble para verificar una denuncia concerniente a Ana Todorova, una fémina de la cual nadie tenía noticias desde hacía varios meses.

Al tocar la puerta, María Teresa y su compañero sentimental, Collo, se encontraban en el interior de la morada.

La joven despertó, pero al percatarse de que se trataba de agentes de la Guardia Civil, se negó a permitirles el acceso.

Sin una orden judicial, los oficiales no podían ingresar al domicilio, por lo que se retiraron para efectuar los trámites pertinentes.

A la mañana siguiente, la Guardia Civil regresó con una autorización de registro e ingresó al lugar.

Durante la revisión, descubrieron el cuerpo de Ana dentro de una tina.

Los restos se encontraban en un estado avanzado de putrefacción y exhibían indicios de momificación.

María y Collo fueron aprehendidos y trasladados para ser interrogados mientras los expertos realizaban el levantamiento de los despojos y los enviaban al Instituto de Medicina Legal de Valencia en España para la autopsia.

Lo que los investigadores desentrañarían después revelaría que el deceso de Ana no era reciente y que detrás de ese hallazgo existía una historia que se remontaba años atrás.

Mientras los investigadores intentaban reconstruir lo sucedido y dilucidar cómo Ana había permanecido tanto tiempo dentro de aquella residencia sin que nadie lo advirtiera, es preciso conocer quién era la fémina encontrada en la tina y cómo era la relación con las personas que cohabitaban con ella.

Ana Todorova Andonova era una mujer de origen búlgaro que se había establecido en la Alcudia de Crespins a principios de la década de los 2000.

Antes de tener a su segunda hija, María Teresa Andonova, ya era madre de un varón.

Quienes la conocían la describían como una mujer trabajadora y devota a su familia.

También se sabía que tenía dificultades con el alcohol, una situación que algunos vecinos atribuían a los continuos maltratos que habría padecido durante su matrimonio.

Su esposo se separó de ella en 2014.

Para ese entonces, la relación entre Ana y María ya era compleja, mientras que el hijo mayor mantenía un vínculo mucho más cercano con su madre.

Después del divorcio, la convivencia entre ambas mujeres se tornó cada vez más conflictiva.

Mientras el hijo mayor mantenía una relación estrecha con su madre y procuraba comprenderla, entre las dos mujeres, las disputas eran frecuentes.

Tras la separación matrimonial de Ana en 2014, la situación se agravó.

Según se estima, la ausencia de la figura paterna terminó por ampliar la distancia entre ambas, hasta el punto de que los diálogos dieron paso a continuos gritos y confrontaciones.

Con el transcurrir de los años, las tensiones se hicieron más habituales dentro del hogar.

El ambiente llegó a ser tan difícil que el hijo mayor optó por independizarse y forjar su propia vida lejos de aquella convivencia que consideraba insoportable.

Cuando María contaba con dieciséis años, inició una relación con un adolescente llamado Colio, un año menor que ella.

Sí, lo de la escalera porque al final dice que olía muy mal.

Dice, “Es que la han tenido, no sé si son tres tres días allí en la bañera.

” Para ese momento, los problemas familiares ya eran de conocimiento de muchos residentes de la zona.

De él se sabía que no se dedicaba ni al estudio ni al trabajo, que poseía una fuerte dependencia de estupefacientes y un temperamento conflictivo.

Aunque no se conocen detalles sobre cómo se conocieron, las referencias coinciden en que la influencia que ejercía sobre María era significativa.

Algunos amigos describían la relación como dañina y aseguraban que el joven la manipulaba con facilidad, logrando que ella actuara según sus designios.

Con el tiempo, María también desarrolló problemas de consumo de sustancias.

Si bien al principio Colio se mostraba afectuoso con ella, posteriormente comenzó a maltratarla física y psicológicamente.

Ana se opuso a la relación desde que advirtió lo que estaba sucediendo, pero su hija la defendía constantemente.

Incluso le aseguraba que su novio la quería y justificaba las agresiones que recibía.

La pareja pasaba una parte considerable del tiempo en la residencia de Ana.

María le solicitaba dinero con frecuencia y lo destinaba al consumo de sustancias.

A pesar de que su madre se oponía a esa situación, las discusiones terminaban casi siempre con Ana cediendo y entregándole el dinero que le pedía.

En marzo de 2020, Ana llegó a su límite.

Estaba exhausta de observar cómo su hija continuaba hundiéndose en las sustancias y mantenía una relación que consideraba perjudicial.

Por ello tomó una determinación que buscaba obligarla a cambiar de rumbo, dejar de proporcionarle dinero.

Creía que de esa manera podría hacerla reaccionar y comenzar a asumir responsabilidades sobre su propia vida.

Sin embargo, la medida no surtió el efecto esperado.

Para entonces, María y Colio ya enfrentaban dificultades económicas relacionadas con su consumo de sustancias.

Según las investigaciones, la pareja mantenía una deuda con su proveedor de narcóticos, no superior a 22.

Ante la negativa de Ana de seguir financiándolos, comenzaron a buscar una manera de obtener recursos económicos.

Fue entonces cuando decidieron poner fin a la vida de la mujer para poder acceder a sus recursos financieros.

Inicialmente, empezaron a añadir lejía a las bebidas que consumía como una forma de intoxicarla.

Aunque Ana comenzó a experimentar malestares físicos, los resultados no fueron los que los jóvenes esperaban.

Por ello, terminaron optando por una acción mucho más violenta.

El 1 de abril de 2020, cuando España se encontraba bajo las restricciones impuestas por la pandemia desde hacía varias semanas, Collyo llegó a la casa de Ana entre la una y las tres de la tarde.

Llevaba consigo un arma cortante que había sustraído de la cocina de sus progenitores.

También portaba unas barras de pan, uno de los productos cuya adquisición justificaba los desplazamientos durante el confinamiento.

Tras acceder a la vivienda, se dirigió a la cocina, tomó una botella de amoníaco y se dirigió a la sala donde Ana dormía en un sofá.

Allí inició el ataque arrojándole el líquido corrosivo al rostro.

Cuando la mujer despertó desorientada, la golpeó en la cabeza con unas mancuernas que se encontraban en la casa y después le infligió dos heridas con el arma cortante que portaba.

Mientras Collyo agredía a Ana, María permanecía recluida en el baño junto a su perro.

Desde allí escuchó lo que estaba aconteciendo entre su madre y su novio.

A pesar de las heridas sufridas, Ana logró levantarse y avanzar tambaleándose por el pasillo.

Sin embargo, terminó cayendo al suelo, donde fue golpeada nuevamente por el joven.

Fue entonces cuando María emergió del baño y observó a su madre herida en medio del pasillo.

Según la reconstrucción de los hechos, Colyo le entregó el arma para que ella culminara el ataque, aunque dudó por unos instantes.

Finalmente se aproximó a Ana y le propinó un primer corte en el cuello.

Después hizo una pausa y seguidamente le provocó nuevas lesiones.

Durante su agonía, Ana alcanzó a expresar que sentía frío antes de expirar.

Una vez consumado el crimen, la pareja permaneció en la residencia.

Debido a las restricciones de movilidad vigentes durante el confinamiento, María y Coloo no pudieron extraer el cuerpo de la casa.

Por ello decidieron mantenerlo dentro de la vivienda.

Intentaron acelerar su descomposición rociándolo con lejía y ácido clorhídrico, aunque no consiguieron el resultado que anhelaban.

Mientras tanto, María comenzó a informar a los vecinos que su madre se había marchado de viaje.

También proporcionaba explicaciones a su hermano mayor cada vez que este llamaba para hablar con Ana.

Durante semanas le aseguró que no estaba disponible o inventaba alguna excusa para justificar su ausencia.

Así transcurrieron cerca de cuatro meses mientras la pareja continuaba residiendo en la misma casa donde se encontraban los restos de la mujer.

María conocía la clave de una de las tarjetas bancarias de su madre.

Apenas unas horas después del crimen, ella y Colio empezaron a retirar dinero de la cuenta.

Desde el 1 de abril hasta principios de junio, vaciaron los fondos disponibles gastando más de 6.000 dólares.

Con ese dinero no solo liquidaron la deuda que mantenían con su proveedor de sustancias, sino que continuaron financiando su consumo.

Sin embargo, con el paso de las semanas comenzaron a surgir inconvenientes.

El hedor procedente de la vivienda captó la atención de algunos vecinos, mientras que el hermano mayor de María desconfiaba cada vez más de las explicaciones que recibía al intentar comunicarse con su madre.

La situación se mantuvo durante meses hasta que una persona que conocía parte de lo sucedido decidió compartirlo con alguien sobre aquello que llevaba tiempo ocultando.

La situación cambió por completo debido a una amiga de María.

Ella había colaborado en la limpieza del escenario y también asistió en la eliminación de las armas utilizadas durante el crimen.

Con el transcurso de los meses, comenzó a sentirse cada vez más intranquila por lo ocurrido.

El remordimiento y el temor terminaron afectándola hasta el punto de revelar la verdad a su compañero sentimental.

El joven decidió presentarse ante la policía para denunciar lo que había escuchado.

Aquella declaración fue lo que motivó las acciones que condujeron a los agentes hasta la residencia de Ana en agosto de 2020.

Gracias a esa información, las autoridades pudieron descubrir lo que había permanecido oculto durante más de cuatro meses.

Tras el hallazgo del cuerpo, la autopsia reveló múltiples contusiones en la cabeza, heridas provocadas por arma blanca y lesiones en el cuello, entre ellas una herida que atravesó el corazón.

Paralelamente, los
investigadores analizaron los teléfonos móviles de María y Colio.

En ellos se encontraron conversaciones y mensajes que evidenciaban que el crimen había sido planeado previamente.

Las pesquisas también permitieron constatar que ambos habían utilizado las cuentas bancarias de Ana después de su fallecimiento y que habían retirado miles de euros durante las semanas posteriores al crimen.

María y Colio fueron acusados de homicidio y robo con violencia en morada habitada.

Sin embargo, la situación jurídica de cada uno fue distinta, aunque cuando fue detenido ya había cumplido los dieciocho años.

Collyo tenía diecisiete en el momento de los hechos.

Por esa razón, su caso fue tramitado de acuerdo con la legislación de menores.

Tras pasar por la Fiscalía de Menores, fue internado provisionalmente en un centro cerrado mientras se preparaba el proceso judicial.

El juicio se llevó a cabo en marzo de 2023.

Allí reconoció su participación en el crimen y admitió haber infligido las heridas que sufrió Ana.

Finalmente, recibió una medida de siete años de internamiento en régimen cerrado y tres años adicionales de libertad vigilada.

Sus progenitores también aceptaron asumir el pago de una indemnización de 60.000 €.

Mientras el caso de Coloo quedaba resuelto en la jurisdicción de menores, María tuvo que aguardar más tiempo para ser juzgada.

La fiscalía y la acusación particular ejercida por su hermano solicitaban para ella una pena de hasta treinta años de prisión.

La diferencia respecto a su novio radicaba principalmente en el agravante de parentesco, dado que la víctima era su propia madre.

Además, los informes periciales descartaron que existiera alguna alteración mental que afectara sus facultades en el momento de los hechos.

La defensa sostuvo que el crimen había sido perpetrado por Colio y que él ya había sido condenado por ello.

Sin embargo, esa estrategia no tuvo éxito y a principios de junio de 2024 se dictó la apertura de juicio oral contra María.

El proceso se celebraría ante un tribunal popular en la ciudad de la justicia de Valencia.

Durante la primera audiencia del juicio, María admitió su participación en los hechos.

Ante el jurado afirmó que había sido Colyo quien ideó todo y que para ella él era lo más importante en su vida.

Relató que el día del crimen permaneció en el baño mientras su novio agredía a Ana.

También declaró que en algún momento consideró pedir auxilio, pero no lo hizo.

Posteriormente reconoció haber realizado los cortes en el cuello de su madre después de que Colara el arma.

Además, admitió que mintió a vecinos, amistades y familiares sobre el paradero de Ana.

También explicó cómo retiró fondos de las cuentas bancarias de su madre tras su deceso y reconoció haber colaborado en la eliminación de indicios dentro de la vivienda.

Su confesión hizo innecesaria gran parte de las declaraciones previstas para el juicio y permitió que el proceso avanzara con mayor celeridad.

Entre las personas que sí comparecieron ante el tribunal se encontró el hermano mayor de María.

Con emotividad recordó que su madre tenía defectos, pero aseguró que no merecía morir de esa manera.

También describió la relación entre Ana y María como una convivencia marcada por continuos conflictos y enfrentamientos.

Relató que durante meses intentó comunicarse con su madre y que siempre recibió evasivas de su hermana.

Aunque sospechaba que algo no andaba bien, las restricciones de la pandemia le impidieron comprobar personalmente qué sucedía en la vivienda.

Tras escuchar a los testigos y valorar la admisión de culpa de la encausada, la fiscalía, la acusación particular y la defensa alcanzaron un acuerdo que redujo la petición inicial de pena.

Posteriormente, el jurado emitió un veredicto de culpabilidad.

María Teresa Andonova fue sentenciada a veinte años de reclusión por el homicidio de su madre y a tres años, seis meses y un día por el hurto del dinero de sus cuentas.

También se ordenó una compensación de 80.000 € para su hermano.

Al finalizar el proceso, pidió disculpas por lo ocurrido, aunque el tribunal también estableció que cuando recupere la libertad no podrá aproximarse a él durante veinticinco años.

El caso de María Teresa resulta especialmente perturbador porque no se trató de un acto impulsivo ocurrido en medio de una disputa.

Según acreditó la investigación, hubo una premeditación, intentos iniciales de envenenamiento y una decisión consciente de obtener recursos económicos para sostener un consumo de estupefacientes que ya dominaba la existencia de la joven y de su novio.

Al final, la persona que durante años la había sustentado y procurado ayudar, terminó convirtiéndose en la víctima de quienes residían bajo su mismo techo.

También pone de manifiesto cómo una combinación de desavenencias familiares, relaciones tóxicas y dependencia de sustancias puede derivar en situaciones extremas.

Nada de lo sucedido justifica el desenlace, pero sí demuestra las consecuencias devastadoras que pueden surgir cuando los problemas se cronifican durante años sin hallar una solución.

Mientras una mujer perdió la vida de forma brutal, una familia quedó desintegrada para siempre y dos jóvenes terminaron enfrentando largas condenas de prisión.

¿Crees que hubo indicios de advertencia durante años que podrían haber evitado esta tragedia si alguien hubiera intervenido de manera más eficaz?

Expresa tu opinión en los comentarios.

Tu punto de vista puede aportar nuevas reflexiones sobre un caso que sigue suscitando debate por la crudeza de los hechos y por la forma en que una relación marcada por la dependencia, los conflictos y las sustancias culminó con secuelas irreparables.

Y bien, estimado espectador, aquí concluye la crónica criminal del día de hoy.

Me interesaría mucho conocer tu opinión, así que te solicito que la expreses en los comentarios del video.

Siempre con respeto hacia la víctima y su familia podemos debatir, pero siempre con la deferencia que todos merecemos.

Nuevamente, te recuerdo que te suscribas y otorgues un me gusta si mi labor es de tu agrado.

Antes de concluir, me gustaría conocer tu perspectiva sobre este caso. ¿Consideras que la adicción y la influencia que ejercía Colyo sobre María explican parte de lo acontecido o piensas que ambos actuaron con plena consciencia de sus actos desde el inicio? Buenas noches.