Esto sufre el cuerpo de una mujer durante el embarazo. No exagera. Si te dice que no puede respirar o que tiene que ir al baño muy seguido, es porque sus órganos están en otro lugar, y eso es algo que todos los hombres tendrían que entender.
Por fuera se ve una panza. Por dentro, esto es lo que pasa órgano por órgano.
EL ÚTERO.
Antes del embarazo pesa unos 60 gramos y es del tamaño de una pera. Al final pesa un kilo y guarda unos 10 litros entre bebé, placenta y líquido. Llega hasta las costillas. Y para hacerse ese espacio, empuja todo lo demás.
EL ESTÓMAGO.
Queda aplastado hacia arriba, contra el diafragma. Por eso se llena con tres bocados y por eso las agruras: la válvula que cierra la entrada del estómago se afloja por las hormonas, y el útero lo aprieta desde abajo, así que el ácido se regresa. Comer y acostarse se vuelve un problema.
LOS INTESTINOS.
Se van hacia arriba y a los lados, hechos bola. Las hormonas además los vuelven lentos. Resultado: estreñimiento, gases, hemorroides. Nadie lo cuenta, pero casi todas lo pasan.
LOS PULMONES.
El diafragma, el músculo que jala el aire, sube unos 4 centímetros. Los pulmones ya no pueden bajar; las costillas se abren hacia los lados para compensar. Por eso al final le falta el aire subiendo una escalera, o hablando, o acostada. Y mientras tanto tiene que respirar por dos.
EL CORAZÓN.
Su sangre aumenta casi la mitad: unos 1.5 litros más. El corazón bombea entre 30 y 50% más que antes y late más rápido todo el día. Es como si hiciera ejercicio ligero sin parar durante meses. Por eso las palpitaciones, los mareos y el cansancio que no se quita durmiendo. Y si se acuesta boca arriba, el útero aplasta la vena grande que regresa la sangre al corazón, y se marea; por eso las mandan dormir de lado.
LA VEJIGA.
Queda abajo de todo, aplastada por un kilo de útero y por la cabeza del bebé. Le cabe una tercera parte de lo normal. Por eso va al baño cada rato, incluso de noche, y por eso se le puede escapar la orina al reír o al toser.
LOS HUESOS Y LA ESPALDA.
Una hormona afloja todas las articulaciones para que la pelvis se abra en el parto. Pero afloja todo: por eso duelen la cadera, las rodillas y la espalda baja, y por eso camina distinto. Con el peso adelante, la columna se curva para no caerse. Nada de eso es maña.
Después del parto, todo regresa a su lugar; el útero tarda unas 6 semanas en volver a su tamaño. Pero durante 9 meses, cada órgano de su cuerpo estuvo trabajando apretado y de más. Cuando diga que está cansada, no es queja: es que lo está.