El PEOR VENENO Causa SARCOPENIA y Debilita tus Piernas en …ver más👇👇👇

Imagínate que un día te levantas y sentís que ya  no tenés fuerza para sostener tu propio cuerpo,   que tus piernas tiemblan, tus brazos se  sienten pesados y cada movimiento simple se   convierte en un esfuerzo agotador. Te cuento  algo, ese cansancio muscular no es la edad,   sino un hábito dañino que repetiste todos  los días sin saber qué estaba debilitando   tus músculos lenta y silenciosamente.
Y lo más  alarmante es que ese desgaste muscular está   ocurriendo en este mismo momento mientras ves este  video sin dolor, sin síntomas claros ni avisos,   hasta que un día terminas dependiendo de otras  personas para realizar cosas básicas como ir al   baño o levantarte de la cama. ¿Cuál es la causa?  un hábito muy común que parece inofensivo, pero   que en realidad está acelerando un problema de  salud que llamamos sarcopeñia, que es la pérdida   progresiva de masa y fuerza muscular.
Y así como  vos, millones de adultos mayores en el mundo lo   sufren. Soy la licenciada Camila Beller y hoy  voy a mostrarte los 10 peores hábitos que están   robándote fuerza y masa muscular sin que te des  cuenta, uno por uno hasta llegar al más dañino de   todos. Y te adelanto que el hábito número uno te  va a impactar mucho porque es algo que muchísima   gente hace a diario creyendo que es lo correcto.  Comencemos con algo importantísimo.
La sarcopeña   no es consecuencia de envejecer. Es una enfermedad  bien reconocida por los mayores expertos de salud.   Y a diferencia de lo que muchos creen, esa pérdida  de masa y fuerza muscular no empieza los 60,   70 u 80 años. Puede comenzar décadas antes,  incluso antes de los 40, si no tomas medidas   para prevenirlo. Dicho esto, acá viene la parte o  la pregunta clave que deberías hacerte.
¿Qué estás   haciendo todos los días que está debilitando  tus músculos? Veamos entonces el hábito número   10. Pasar horas sentados sin moverse. Esto puede  parecer inofensivo, pero es uno de los hábitos   que más daña los músculos con el tiempo. Y lo  peor es que sus efectos casi no se notan en las   primeras etapas de la sarcopeña.
Fíjate, varios  estudios actuales mostraron que pasar más de 6   horas sentados en el día sin levantarte ni moverte  acelera la pérdida de masa muscular en adultos   mayores, afecta el equilibrio y aumenta el riesgo  de caídas. De hecho, esto puede ser tan malo para   tu cuerpo como lo es fumar 10 cigarrillos al  día. Fíjese aquí, dato tan impactante. Y ojo,   porque aunque hagas ejercicio todos los días, si  después pasas el resto del día sentado y casi sin   moverte, tus músculos siguen recibiendo una señal  muy clara, no me estás usando.
Y con el tiempo eso   favorece la pérdida acelerada de masa muscular,  especialmente en piernas, glúteos y zona lumbar.   Como siempre le digo a mis pacientes, una hora  de ejercicio no compensa 10 horas de inmovilidad.   Ahora, la buena noticia es que para mejorar  este hábito no se necesitan rutinas exigentes,   simplemente hace que el movimiento sea una  costumbre.
Muévete más, levántate del sofá   cada 40 o 60 minutos. Hacé estiramientos  en el lugar, hacé sentadillas sujetando una   silla o en la pared. Ponete en puntas de pie  20 a 30 veces para activar las pantorrillas.   Esto es el primer paso para cortar el ciclo dañino  que lleva a la sarcopenia y a la dependencia   de los demás. Pero atención porque el siguiente  hábito es aún más destructivo.
No importa la edad   que tengas ni si creés que sos sano. El hábito  número nueve es dormir mal o menos de 7 horas por   noche. El sueño es una terapia natural para que  tus músculos se mantengan fuertes y sanos. Fíjate,   durante el sueño profundo, el cuerpo no solamente  descansa, sino que también repara tejidos, regula   tus hormonas y reconstruye las fibras musculares  que se dañaron durante el día.
Entonces,   si dormís menos de 7 horas por noche de manera  constante, este proceso se interrumpe. La falta de   sueño profundo reduce la producción de hormona del  crecimiento, que incluso después de los 60 años es   vital para la salud muscular. Sin suficiente  descanso, el cuerpo empieza a perder masa   muscular.
Y escucha muy bien esto, porque el daño  ocurre incluso si tenés buena alimentación y hacés   ejercicio. Muchos no lo saben, pero los músculos  se estimulan durante el ejercicio, pero crecen y   se reparan al dormir. Además, la fatiga provocada  por el mal descanso reduce tu energía para moverte   y ejercitarte, lo que genera más desgaste y  dolor muscular debido a la falta de recuperación.
  Ahora, ¿podés mejorar la salud muscular mejorando  el sueño? La respuesta es un rotundo, sí, pero hay   detalles claves que te voy a compartir. Así que  seguí estos consejos. Número uno, dormí entre 7
8 horas siempre que sea posible de noche, ya que  en el día no se obtienen los mismos beneficios.   Dos, evitar las pantallas y luces fuertes  al menos 2 horas antes de dormir. Tres,   establecer una rutina tranquila antes de  acostarte, como un baño tibio o lectura ligera.   Cuatro, si te despertas varias veces en la noche,  revisa tu alimentación y tu hidratación, ya que   eso puede ser el problema, como te voy a explicar  en el siguiente hábito.
Ahora bien, ¿de qué sirve   dormir bien si durante el día llenamos el cuerpo  de sustancias que inflaman y dañan los músculos?   Veamos ahora por qué lo que comés puede ser tan  destructivo como no dormir. Hábito número ocho,   no consumir suficiente proteína de calidad. Esto  es uno de los errores más comunes y peligrosos que   veo en adultos mayores. A medida que envejecemos,  el cuerpo va a necesitar más proteínas, no menos.
Sin embargo, muchas personas reducen el consumo  de carne, huevos, legumbres o lácteos debido a   problemas digestivos, recomendaciones erróneas o  costumbres. El resultado de esta falta de proteína   es que los músculos no reciben los bloques  necesarios para repararse y mantenerse firmes,   lo que acelera la pérdida de masa muscular.
Es como tratar de construir una casa, pero sin   ladrillos. Y esto es clave. No se trata solo de  la cantidad, sino de la calidad. Las proteínas más   saludables y de mejor absorción provienen tanto de  fuentes animales como el huevo, pescado, carnes o   yogur natural, pero también de fuentes vegetales  como los garbanzos, quinoa, soja y frutos secos.
Si consumís esto de forma variada, podés lograr un  perfil muy completo de aminoácidos. Lo importante   es incluir al menos una porción de proteína  en cada comida principal y no depender solo   de carbohidratos como el vano, el arroz blanco,  como ocurre en muchas dietas tradicionales en   adultos mayores. Y acá viene un detalle que muchos  no saben.
Cuando la debilidad muscular avanza y   la sarcopenia se instala, los músculos empiezan  a doler y algunas personas recurren a pastillas   como analgésicos o antiinflamatorios, creyendo que  así resolvemos un problema. Pero lo que no saben   es que esos medicamentos cuando se usan malo por  mucho tiempo pueden dañar los músculos aún más.   De eso te voy a hablar ahora y lo que vas a  descubrir va a cambiar por completo la forma que   enfrentas los dolores musculares.
El hábito número  siete, abusar de medicamentos antiinflamatorios y   analgésicos como ibuprofeno, diclofenac, naproxeno  o paracetamol. Estos fármacos se venden sin receta   y se consumen como si fueran caramelos, pero  lo que muy pocos saben es que el uso excesivo   acelera la sarcopeña y desgasta los músculos  de forma silenciosa. ¿Cómo es esto posible?   El uso prolongado de antiinflamatorios dificulta  ciertos procesos naturales del cuerpo que son   necesarios para que el músculo crezca y se repare.
Es decir, estos remedios bloquean el dolor,   pero también bloquean la capacidad del cuerpo  para adaptarse, sanar y fortalecerse. Además,   el abuso de estos medicamentos puede dañar  el hígado, los riñones y el estómago,   lo que a su vez reduce la absorción de nutrientes  esenciales para mantener los músculos sanos.   Y esto no es todo.
Muchas veces el dolor muscular  crónico es provocado por algo mucho más cotidiano   y peligroso que es la mala alimentación, porque  hay alimentos que generan inflamación y fatiga   en el cuerpo y sin saberlo, muchas personas  se están envenenando a diario. En el próximo   hábito te voy a revelar los peores alimentos que  destruyen tus músculos con el tiempo. Algunos de   ellos están presentes en desayunos, cenas  o incluso en productos que se promocionan   como saludables.
Hábito número seis, consumir  alimentos que degradan los músculos, refrescos,   carnes procesadas, emutidos, pan blanco y harinas  refinadas. También las comidas rápidas, frituras,   aceites de semillas vegetales, dulces y postres  industriales y por supuesto el alcohol en exceso,   las bebidas energéticas y los productos light con  edulcorantes artificiales.
Todos estos tienen algo   en común, que es alterar la microbiota intestinal  y la absorción de nutrientes. Todos aportan muchas   calorías, pero casi ningún nutriente esencial  para tus músculos. Son productos que inflaman,   roban energía y no contribuyen en nada a la  reparación y mantenimiento de la salud de tu   músculo. Y acá va una pregunta que puede ayudar  un poco a reflexionar.
¿Cuánto de estos alimentos   están presentes en tu despensa o refrigerador  en este momento? Muy bien, el siguiente hábito   te va a mostrar incluso que aunque comas bien,  si no cuidas este otro aspecto, podes seguir   perdiendo fuerza muscular sin darte cuenta. Hábito  número cinco, evitar hacer ejercicios de fuerza.   A medida que envejecemos, muchos evitan este tipo  de actividad física creyendo que no es necesario,   que es demasiado exigente o que van a sentir  dolor.
Sin embargo, pensar eso es uno de los   peores errores. El ejercicio de fuerza, como  levantar pesas, usar bandas elásticas o el peso   de tu propio cuerpo es esencial para mantener,  fortalecer e incluso revertir la pérdida de masa   muscular a cualquier edad, porque al envejecer  el cuerpo pierde entre 3 a 8% de músculo cada   década después de los 30 y esto aumenta el riesgo  de caídas y fracturas.
Con tan solo 30 minutos de   ejercicios de fuerza, dos a tres veces por  semana, los adultos mayores pueden mejorar   la calidad de músculos, la firmeza de los huesos  y combatir la sarcopeña. Todo esto va a reducir   el dolor articular, la fatiga y la dependencia  de los demás. Entonces, si estás evitando este   ejercicio de fuerza por miedo o porque creés  que eso protege a tu cuerpo, en realidad estás   acelerando la sarcopeña. Y acá viene una pregunta  clave.
¿Será que existe otro error aún más grave   que podés estar cometiendo? Vamos a verlo  directamente ahora. Mal hábito número cuatro,   no hidratarse correctamente. La hidratación es  clave para el buen funcionamiento de tus músculos.   Pensá en tus músculos como un motor. Necesitan  no solamente el combustible, sino también un   lubricante para funcionar de manera eficiente.  Y ese lubricante es el agua.
Cuando no tomas   suficiente agua, tus músculos pierden flexibilidad  y capacidad de recuperarse. Esto puede generar   calambres, dolores musculares y rigidez. Además,  una hidratación insuficiente afecta la circulación   sanguínea, lo que retrasa la entrega de nutrientes  a los músculos, dejándolos aún más débiles y   propensos al dolor.
Además, muchos ignoran que el  agua también es vital para prevenir el desgaste   de los huesos. Hoy sabemos que la deshidratación  acelera condiciones como la osteoporosis y también   la sarcopenia. ¿Será que estás tomando suficiente  agua para mantener tus músculos fuertes?   Recordad que la recomendación es lo necesario para  que tu orina sea clara y tus esces sean blandas. O   si quieres una cuenta simple, multiplica tu peso  por 30 y el resultado es la cantidad de mililros   al día que debes tomar.
Pero tened cuidado  porque no todas las bebidas hidratan de la   misma forma. El café, las infusiones, las sodas y  el alcohol pueden deshidratarte aún más y agravar   el problema. Muy bien, ahora llegamos a los tres  peores hábitos que debilitan tus músculos. En el   lugar número tres están consumir azúcar refinada a  diario.
Aunque todos sabemos que este producto no   es bueno, pocos conocen realmente su verdadero  impacto en la masa muscular. Cuando consumimos   azúcar, como las que se encuentran en los  refrescos, los jugos industriales, el pan blanco,   los pasteles, provocamos un pico de insulina que  no solamente afecta a la glucosa, sino que también   interrumpe la reparación del músculo y promueve  la inflamación crónica.
Con el tiempo, esta   inflamación debilita tanto tus músculos como los  huesos, acelerando nuevamente la sarcopenia. Esto   significa que aunque hagas ejercicios y duermas  bien, tus músculos no se regeneran adecuadamente   y envejece más rápidamente. Mi consejo como  nutricionista es, si la naturaleza no lo creó,   dud fuertemente que sea saludable, en especial  si vienen paquete de plástico y tiene una lista   enorme de ingredientes que hasta son difíciles de  leer, vieron que vienen con nombres muy extraños.
Te recomiendo que reemplaces los ultraprocesados  por opciones más naturales como frutas frescas,   nueces y semillas. Ahora, déjame preguntarte lo  siguiente. ¿Alguna vez pensaste en el impacto   que tiene el desayuno inadecuado en tus músculos?  Este es el hábito dañino número dos, no desayunar.   o peor aún, no desayunar bien.
Cuando te salteas  el desayuno o elegís una opción poco nutritiva,   como solo café con pan, por ejemplo, los efectos  en tus músculos pueden ser bastante devastadores.   Si tu primer alimento del día está lleno de  carbohidratos simples y casi sin nutrientes,   está afectando directamente el metabolismo  y la capacidad de tu cuerpo para repararse   a sí mismo.
Por otro lado, si decidís no  desayunar seguidamente, tu cuerpo entra   en modo de ahorro energético. Esto significa  que al no ofrecerle los nutrientes adecuados,   tu músculo no tiene lo necesario para estar fuerte  y comienzan a perder masa muscular con el tiempo,   especialmente si cometés todos los otros errores  que te comenté hace un ratito. Lo peor de todo es   que muchas personas optan por desayunos como un  té con leche o un café dulce con pan y mermelada.
que solamente te van a ofrecer azúcares  vacíos y no contienen las proteínas ni   las grasas saludables necesarias para mantener  la masa muscular. La solución a esto es hacer   un pequeño ajuste en lo que pones en tu plato.  Elegí alimentos ricos en proteína de alta calidad,   por ejemplo, dos a tres huevos con yema, yogur  grego o un pedazo de pechuga de pollo que ayuda   a la regeneración muscular.
Asegúrate también de  incorporar grasas saludables, aguacate, nueces,   aceite de oliva, que son esenciales para la salud  en general y la absorción de vitaminas. Y los   carbohidratos complejos presentes en avena  integral, frutas con cáscara y pan integral   proporcionan energía de mejor calidad sin causar  picos de azúcar ni de insulina, así como también   fibras para regular tu intestino. Ahora, mucha  atención porque llegamos al peor hábito de todos.
Es muy común y lo cometen ocho de cada  10 adultos mayores. Hábito número uno,   no hacerse chequeos médicos. La mayoría de las  personas no van al médico porque se sienten bien,   pero esto es un grave error. Enfermedades como  hipertensión, diabetes, colesterol alto, los   problemas renales, hepáticos e incluso el déficit  de vitamina D avanza sin dar señales claras al   comienzo y cuando aparecen síntomas, el daño  puede que ya esté hecho y cuesta mucho más tratar.
Las personas que nunca controlaron su vitamina  D pueden estar con deficiencia, lo que debilita   músculos, huesos y también el sistema inmune. O  si no, muchos toman medicamentos durante años sin   revisar si aún son necesarios o si hay mejores  opciones. Además, no se desparasitan una vez al   año y esto aumenta la inflamación.
Los parásitos  pueden estar allí sin que te des cuenta, sin tener   síntomas, robándote nutrientes y debilitando tu  salud. Mi recomendación es que vayas al médico   y te hagas los chequeos indicados sin esperar a  que estés enfermo. Un simple análisis de sangre,   control de presión arterial, evaluación de  medicación y chequeo general puede marcar la   diferencia. No esperes a tener síntomas. El peor  hábito, ¿saben cuál es? Ignorar lo que no se ve.