SU INFANCIA ESTUVO MARCADA POR LAS DROGAS Y PASÓ TRES VECES POR PRISIÓN. A LOS 48 AÑOS, SE GRADUÓ CON HONORES DE LA UNIVERSIDAD, Y HOY AYUDA A OTROS A CREER QUE TAMBIÉN ES POSIBLE ![]()
Ginny Burton creció en Seattle, Estados Unidos, en un hogar marcado por la adicción: su madre, quien enfrentaba una enfermedad mental, la expuso a las drogas desde muy pequeña. Su padre pasó tiempo en prisión.
Ella pasó por prisión en tres ocasiones. En una de esas condenas, tras un episodio en el que chocó un camión durante una persecución policial, decidió que algo tenía que cambiar.
“Pasé la mayor parte de mi adicción deseando que alguien me dejara sin vida,” confesó después sobre esos años.
Completó un programa judicial de recuperación de drogas y, casi al mismo tiempo, empezó a asistir a clases en el South Seattle College.
Descubrió ahí algo que no esperaba: tenía verdadera capacidad para estudiar. Solicitó su ingreso a la Universidad de Washington, y fue aceptada con una beca.
Estudió Ciencias Políticas, y en 2020 fue nombrada Becaria Truman, un reconocimiento prestigioso otorgado por su servicio público y desempeño académico.
A los 48 años, se graduó. Compartió en redes una foto suya con el mameluco naranja de prisión, junto a otra con toga y birrete universitario. ![]()
“Siempre pensé que moriría en el banco de un parque, de un pinchazo en el brazo, o de un disparo en la cabeza. Nunca imaginé que sería tal y como soy ahora,” escribió.
“Quiero que la gente sepa que hay esperanza. Nadie es desechable. No tienes que morir en la adicción,” ha dicho desde entonces, dedicándose a acompañar a otras personas en su propio proceso de recuperación.
A veces el punto más bajo de una vida no es el final de la historia, sino el momento exacto donde empieza la que de verdad importa contar.