Cómo funcionan las contracciones en cada etapa del parto

Las contracciones corresponden a la tensión y relajación rítmica del músculo uterino que logran abrir el cuello uterino y desplazar al bebé a través del canal de alumbramiento. El útero representa la estructura muscular más grande dentro del cuerpo gestante, y durante el trabajo de parto opera siguiendo un patrón ondulatorio coordinado, ejerciendo presión desde la parte superior hacia abajo para generar fuerza. Comprender cómo evoluciona este procedimiento, qué sensaciones provoca en cada fase y de qué manera distinguir las contracciones genuinas de las falsas puede disminuir el misterio de toda la vivencia.

Qué sucede dentro del útero
El útero se compone de capas de fibras musculares lisas orientadas en diversas direcciones. Al iniciarse el parto, el cerebro secreta oxitocina, una hormona que ordena a dichas fibras musculares tensarse. Una contracción de parto real se origina en la región superior del útero y desciende en forma de onda coordinada atravesando la zona media hasta alcanzar el segmento inferior. Este esquema descendente otorga potencia a las contracciones: la sección alta se comprime y acorta, estirando y abriendo hacia arriba la porción inferior junto con el cuello uterino.

Cada contracción disminuye de forma temporal el flujo sanguíneo dirigido al músculo uterino, algo similar a lo que ocurre al apretar con fuerza cualquier músculo. Dicha escasez breve de oxígeno en el tejido explica en gran parte el dolor de las contracciones. Paralelamente, el cuello uterino se estira y adelgaza, mientras la cabeza del feto presiona los nervios localizados en la pelvis. Ciertas sustancias químicas transmisoras del dolor denominadas prostaglandinas también participan, estimulando la actividad muscular y la inflamación local. Todos estos elementos se combinan para generar esa sensación intensa que la mayoría define como una ola de presión y dolor que asciende, alcanza su máximo y luego disminuye.

Cómo se abre el cuello uterino
Las contracciones generan dos efectos sobre el cuello uterino: lo adelgazan (borramiento) y lo abren (dilatación). Antes del parto, el cérvix se mantiene firme, grueso y cerrado. Conforme las contracciones empujan al bebé hacia abajo y traccionan la parte baja del útero hacia arriba, el cuello uterino se ablanda de manera paulatina, se acorta y asciende en dirección al útero. Con el tiempo, su grosor pasa de medir unos pocos centímetros hasta volverse delgado como el papel, calculándose en porcentajes de cero a cien por ciento de borramiento.

La dilatación ocurre de manera simultánea al borramiento. El cuello uterino necesita abrirse aproximadamente hasta alcanzar diez centímetros para permitir el paso del feto. En la fase inicial del parto, la dilatación avanza lentamente pudiendo detenerse o reiniciarse. Una vez establecida la fase activa, el cérvix suele abrirse de forma más constante con cada ciclo de contracciones.

Patrones de contracción a través de cada etapa
Las contracciones del parto siguen una progresión predecible, prolongándose, intensificándose y acercándose entre sí a medida que avanza el proceso.

Parto temprano
El parto temprano suele prolongarse de seis a doce horas. Las contracciones durante este lapso ocurren frecuentemente cada quince a treinta minutos, teniendo una duración de treinta a cuarenta y cinco segundos cada una. Se perciben como cólicos menstruales leves o moderados o como una presión en la zona lumbar. Numerosas personas prosiguen con sus labores cotidianas en esta etapa, mientras el cuello uterino se dilata hasta unos cinco o seis centímetros. Los intervalos entre contracciones resultan lo bastante amplios como para conversar, descansar y desplazarse sin inconvenientes.

Parto activo
El parto activo acostumbra durar entre cuatro y ocho horas. Las contracciones se presentan cada tres o cinco minutos, duran cerca de cuarenta y cinco a sesenta segundos y muestran una intensidad notablemente mayor. El cérvix se dilata desde aproximadamente seis centímetros hasta los diez completos. Esta fase corresponde al momento en que la mayoría acude al hospital o centro de maternidad, cobrando mayor importancia las alternativas para el manejo del dolor. El reposo entre contracciones se acorta y cada una demanda un nivel superior de concentración.

Transición
La transición constituye el tramo final previo a los pujos, cuando el cuello uterino pasa de ocho a diez centímetros. Las contracciones pueden manifestarse cada dos o tres minutos prolongándose de sesenta a noventa segundos, con escaso descanso intermedio. Representa la fase más intensa aunque también la más breve, abarcando habitualmente desde treinta minutos hasta dos horas. Muchos experimentan náuseas, temblores o un impulso imperioso de pujar durante la transición.

Contracciones de Braxton Hicks frente a contracciones reales
No toda tensión uterina indica el inicio del parto. Las contracciones de Braxton Hicks son episodios de práctica que pueden manifestarse desde el segundo trimestre. Se sienten como un endurecimiento localizado en una sola zona del abdomen y no siempre se propagan por la totalidad del útero. Las diferencias clave respecto al trabajo de parto genuino resultan predecibles una vez que se aprende a identificarlas.

Las contracciones de Braxton Hicks son irregulares. Los espacios entre ellas no se acortan, tampoco ganan intensidad con el paso del tiempo y eventualmente disminuyen hasta desaparecer. La actividad física puede de hecho desencadenarlas, si bien modificar la postura, ingerir agua o dar una caminata suele hacerlas cesar. Las contracciones de parto verdadero operan de forma contraria: continúan sin importar la acción que se realice, los intervalos entre ellas se reducen y cada episodio aumenta en intensidad y duración.

El método más sencillo para reconocer la diferencia radica en la regla cinco-uno-uno. Si las contracciones se suceden cada cinco minutos, cada una se extiende al menos durante un minuto y este comportamiento se mantiene constante por lo menos durante una hora, probablemente te encuentres en trabajo de parto real.

Por qué las contracciones inducidas se sienten diferentes
Cuando se induce el parto empleando oxitocina sintética, la vivencia de las contracciones puede diferir notablemente de un parto espontáneo. En un parto natural, el organismo incrementa de manera progresiva sus propias cantidades de oxitocina, elevando la intensidad de las contracciones a lo largo de las horas. Durante una inducción, la oxitocina sintética puede alcanzar concentraciones dos o tres veces mayores que las del parto natural según el protocolo aplicado. Una mayor cantidad de oxitocina equivale a contracciones más fuertes, prolongadas e intensas, presentándose a menudo con menor acumulación gradual.

Este motivo explica por qué quienes han atravesado ambos tipos de parto suelen calificar la inducción como más dolorosa. Asimismo, las contracciones pueden manifestarse más juntas desde etapas tempranas del proceso, concediendo menor tiempo de recuperación entre ellas. Lo anterior no significa que exista anomalía alguna. Simplemente indica que la señal química promotora de las contracciones llega con mayor rapidez y en concentraciones superiores a las que el cuerpo generaría por cuenta propia.

Contracciones durante el periodo de pujo
Una vez que el cérvix se encuentra completamente dilatado, las contracciones modifican su función. En lugar de abrir el cuello uterino, ahora colaboran para desplazar al bebé a lo largo del canal de parto. Numerosas personas experimentan un deseo intenso e involuntario de hacer fuerza con cada contracción. El útero continúa ejecutando la misma compresión de arriba hacia abajo, sumando además el esfuerzo voluntario de la musculatura abdominal. Las contracciones durante los pujos podrían espaciarse ligeramente en comparación con la fase de transición, brindando breves ventanas de recuperación. Esta etapa puede extenderse desde unos pocos minutos hasta varias horas, de acuerdo con la posición fetal y si se trata del primer alumbramiento.

Contracciones posteriores al alumbramiento
El útero no cesa su actividad contráctil tras el nacimiento del bebé. Las contracciones postparto, frecuentemente denominadas entuertos, cumplen dos misiones fundamentales. En primer lugar, comprimen los vasos sanguíneos donde se insertaba la placenta, disminuyendo la irrigación en dicha zona y previniendo hemorragias excesivas. En segundo término, facilitan que el útero recupere su tamaño previo a la gestación y expulse el tejido remanente.

Los entuertos suelen percibirse de manera notoria durante los primeros días posteriores al nacimiento. Es posible experimentar cólicos intensos con una duración aproximada de cinco minutos que luego disminuyen gradualmente. Dichas contracciones suelen intensificarse durante la lactancia materna, dado que amamantar estimula la secreción de oxitocina. Quienes han tenido embarazos previos tienden a percibir los entuertos con mayor intensidad en comparación con las madres primerizas, presumiblemente debido a que el útero debe esforzarse más para contraerse hasta su tamaño original tras haberse distendido en gestaciones anteriores.