Causa Infarto, Hígado Graso y Cáncer…ver más👇👇👇

¿Por qué las enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, cáncer y muertes prematuras siguen aumentando cada año y cada vez en personas más jóvenes? Y lo peor de todo es que aumenta a pesar de que estamos fumando menos, haciendo más ejercicio, cuidándonos mejor y siguiendo las recomendaciones de salud de las autoridades mundiales.
¿Qué es realmente lo que está sucediendo? ¿Qué nos está matando? ¿Será que hay algo que no nos cuentan? Lo que estás a punto de escuchar va a cambiar por completo la forma en que ven su cocina, su alimentación y hasta creencias sobre lo que es saludable porque nos han estado mintiendo. Y les advierto algo, hay cosas que van a molestar a muchas personas, pero como nutricionista no puedo dejar de contarles.
¿Les dijeron, por ejemplo, que una simple papa frita puede ser tan tóxica como un cigarrillo? ¿O escuchaste alguna vez que el azúcar es un producto que causa muchas enfermedades y muertes? Si eso les parece impactante, les cuento que hay algo aún peor, que mata 10 veces más que el azúcar, según estudios recientes. A lo largo de la historia nunca vimos un pacto tan grande entre industrias y nuestra alimentación.
Me refiero a los aceites vegetales, un ingrediente que está en casi todo lo que comemos y está arruinando nuestra salud. sin que nos demos cuenta. Nos vendieron desde chicos la idea de que los aceites de semillas son saludables, pero la verdad es que estos aceites son responsables de un desastre de salud masivo.
Hoy les voy a contar por qué los aceites vegetales son uno de los mayores enemigos de la salud y qué pueden hacer para protegerse. También te voy a contar cuál es el más tóxico y qué opciones saludables existen. Vamos a comenzar. ¿Qué tan peligrosos son realmente? Fíjense, estos aceites son inestables desde el momento que se extraen, lo que significa que empiezan a dañarse incluso dentro de la botella antes de que lleguen a tu mesa.
Imagina esto. Estos aceites reaccionan fácilmente con el oxígeno y la luz. Y este proceso genera sustancias tóxicas que en general no podemos ni ver ni oler. Estas toxinas comienzan a formarse mucho antes de que cocinen con ellos. Entonces, incluso si el aceite parece fresco y no tenga olor rancio, ya está parcialmente degradado.
Todo esto tiene un impacto directo en tu cuerpo, genera inflamación, daño celular y a largo plazo enfermedades crónicas. Y acá estoy hablando de hígado graso, cáncer de intestino, infartos, derrames y hasta demencia. De hecho, estudios demuestran que una de cada tres personas tiene hígado graso y no lo sabe y los aceites son en parte responsables de este problema.
Ahora, hay una buena noticia, la solución a esto es más simple de lo que creen. Ya se los voy a contar, pero primero entendamos algo clave. ¿Por qué los aceites de semillas como los de girasol, canola, maíz o soja son tan dañinos? La respuesta está en el proceso industrial que los transforma. Estos aceites comienzan siendo semillas que podrían tener algún valor nutricional si se las consumiera de forma natural, pero todo eso se pierde en las fábricas.
Primero, las semillas se someten a altas temperaturas y presiones externas para extraer el aceite. Durante este proceso, las grasas naturales, que en pequeñas cantidades son estables y saludables, se vuelven inestables y tóxicas. Luego el aceite se refina y pasa por procesos químicos para hacerlos supuestamente aptos para el consumo.
Pero el resultado es un líquido de dudoso valor nutricional que inflama el cuerpo por la forma en que se los consume. Y si fuese poco, el proceso de generación de toxinas no se detiene luego del refinado, sino que continúa mientras el aceite está almacenado. Y escuchen esto, todo eso acelera y amplifica al cocinar con él. Pero bien, ¿qué pasa cuando lo usamos para freír? Ahí es donde se vuelve aún peor.
Cada vez que se calientan estos aceites generan más y más toxinas. Así que cuando comemos algo frito en aceites vegetales como la papa frita un restaurant de comida rápida en términos de daño a nuestros órganos internos, estamos consumiendo sustancias que equivalen a fumar cigarrillo o respirar el humo de un caño de escape de un auto. Por eso es tan importante elegir un buen aceite para cocinar.
Enseguida les voy a contar varias alternativas mucho más estables y saludables. Ahora, ¿qué pasa cuando los consumimos en nuestro cuerpo? Los aceites de semillas producen radicales libres y daños por oxidación. Ambos procesos son devastadores para nuestras células. Para que lo entiendan mejor, el daño por oxidación es lo mismo que ocurre en tu piel cuando tenemos, por ejemplo, una quemadura solar queda inflamada y con ese daño visible.
Ahora, imaginemos eso ocurriendo dentro del cuerpo, pero de manera invisible, en cada una de nuestras células, en cada uno de nuestros órganos. Con el tiempo todo el organismo va a funcionar mal y ahí es cuando comienzan los síntomas, la fatiga crónica, los dolores en músculos y articulaciones que son inexplicados, malestar digestivo también crónico.
Y aquí viene lo más preocupante. Cada vez que consumimos estos aceites, ya sean en comidas fritas o procesadas, es como echar leña al fuego de esa inflamación crónica que con los años deriva en enfermedades graves, acelera el envejecimiento y provoca muertes prematuras. Y atención porque esto es muy impactante.
Hay estudios que muestran que consumir más de dos cucharadas y media de aceites vegetales por día aumenta el riesgo de morir prematuramente en un 62%. Para que te haas una idea, cada cucharada adicional por arriba de esa dosis equivale a fumar dos a tres cigarrillos. Pero no cuentes solamente las cucharadas que usas en la cocina, sino las cucharadas que consumís sin saberlo, porque recuerda que estos aceites están en todos lados y creo que ese es el problema principal, mezclados en lo que comes en el desayuno, en un pedazo de pan, por ejemplo, en medial
lunas, en galletitas, en pizzas, en tartas. Por otro lado, la inactividad física, beber alcohol y consumir azúcar en exceso, aumenta el riesgo de morir en torno al 12%. Es decir, los aceites vegetales puede que sean mucho peores que el azúcar, la inactividad física y el alcohol.
Y como esos aceites están en todas partes, hasta en la mayonesa aderezos e incluso en la mayoría de los restaurantes, es casi imposible evitarlos sin una estrategia clara. La buena noticia a todo esto es que eliminando los aceites de semilla de tu alimentación, gran parte del daño se revierte y podemos mejorar la salud rápidamente en cuestión de semanas.
Ahora bien, ¿qué podemos hacer para protegernos? Tres cosas muy simples. Primero, evitemos los aceites de semillas. Aprendamos a identificar productos que lo contienen. Leer las etiquetas cuidadosamente es la mejor forma. Dos, elijamos aceites saludables. En lugar de aceites de semillas, optemos por alternativas como el aceite de oliva, aguacate o césamo, todos en su versión virgen extra.
Esos son los mejores y hay un detalle, estos aceites no deben calentarse, hay que consumirlos a temperatura ambiente. Una cucharada en cada plato para reducir el riesgo cardíaco, prevenir el cáncer, desinflamar el intestino y proteger al cuerpo. Otra buena opción es el aceite de girasol puro oleico o alto oleico. Es un tipo especial de aceite de girasol que no es danino y se lo compara con el de oliva virgen extra.
Y ahora sí, si querés evitar que la comida se pegue cuando cocinas, sugiero colocar mantequilla clarificada o guí o también aceite de aguacate u oliva virgen. En poca cantidad, lo justo y necesario para aceitar la sartén y por supuesto cocinar a fuego bajo para evitar quemar las grasas. Y atención acá, ¿qué pasa con la grasa animal con la de cerdo? Como nutricionista no le recomiendo como primera opción para cocinar porque se quema muy rápido.
Con tan solo 160 180º ya comienza a soltar sustancias tóxicas que, créeme, no querés tener en tu cuerpo. Ahora, si bien es cierto que la grasa animal cuando es de buena calidad y está bien filtrada puede soportar mejor las temperaturas elevadas, las otras opciones que les mencioné son mejores para cocinar, son más estables, soportan temperaturas más altas y además son mucho más saludables.
Si te gusta la manteca de cerdo, te recomiendo dejarla para ocasiones especiales, evitando usarla en todas tus preparaciones. Y en el número tres, evita fritar tus alimentos. No importa cuál sea el aceite o la grasa, todos se vuelven malos al calentarse con temperaturas usadas en las frituras. Y ahora, como nutricionista, el consejo más importante que puedo darte hoy es no reutilices el aceite de tus frituras.
Esto es el peor error que podés cometer. Quizás sí ahorres dinero, pero con el tiempo tu salud te va a pasar factura muy cara. Yeah.