🥺💔🩺 Enfermera oaxaqueña dona sus órganos y salva vidas… Ver más
**¡HÉROE DE BLANCO HASTA LA MUERTE! ENFERMERA OAXAQUEÑA DONA SUS ÓRGANOS Y SALVA VIDAS Y SU ÚLTIMO PASILLO TIENE A TODO MÉXICO LLORANDO**
*La imagen que ves a la izquierda con el moño negro es de ella. La de la derecha, con todos los doctores y enfermeras aplaudiendo a una camilla, es su último adiós. Y lo que hizo antes de irse es tan grande que hoy todo Oaxaca y todo México la llora y la aplaude de pie.*
¡Qué historia tan dolorosa y tan hermosa a la vez!
Se llamaba **Citlali “N”**, pero todos en el hospital le decían Citi. Tenía apenas 26 años. Era enfermera oaxaqueña, de esas de corazón enorme, de las que nacieron para curar. Originaria de la Sierra, llegó a la ciudad con su uniforme blanco bien planchado y su sueño bien grande: salvar vidas. Y vaya que lo hizo. Hasta el último minuto de su vida.
La joven que ves en la foto principal, con su filipina blanca, su sonrisa dulce y tímida y el moño negro en la esquina, es ella. Una enfermera que amaba lo que hacía. Que se quedaba horas extra sin cobrar, que le agarraba la mano a los pacientes que tenían miedo, que les cantaba a los abuelitos para que no se sintieran solos. Sus compañeros dicen que nunca la vieron de malas. Siempre con una sonrisa, aunque estuviera cansadísima.
Pero hace una semana, la tragedia tocó su puerta.
Citlali iba de regreso a su casa después de una guardia de 24 horas. Venía en su moto, agotada pero feliz porque al día siguiente era su descanso. Según el parte de tránsito, un camión la embistió en una curva. El golpe fue brutal. Su cabeza pegó contra el pavimento. Cuando los paramédicos llegaron, todavía tenía pulso, pero su cerebro ya había sufrido un daño irreversible.
La llevaron de emergencia al mismo hospital donde ella trabajaba, al mismo hospital donde ella salvaba vidas todos los días. Ahora era ella la que estaba en la camilla. Los mismos doctores que eran sus maestros, sus amigos, sus compañeros de café, fueron los que la recibieron. Le hicieron de todo. La entubaron, la metieron a terapia intensiva, le hicieron estudios. Pero a las 48 horas, el diagnóstico más doloroso: muerte cerebral. Ya no había nada que hacer. Su cerebro ya no iba a despertar.
Su familia llegó desde su pueblo. Su mamá, una señora humilde que habla mixteco, no entendía qué pasaba. Solo lloraba y le acariciaba el pelo. Su papá estaba en shock. Y fue entonces cuando los doctores les hicieron la pregunta más difícil del mundo, pero también la más llena de amor: “¿Quisieran considerar la donación de órganos? Su hija puede salvar hasta 7 vidas”.
Al principio, su mamá dijo que no. Que cómo le iban a quitar algo a su niña. Pero entonces una de sus compañeras enfermeras, llorando, le dijo: “Doña, Citi siempre decía que si algún día le pasaba algo, quería seguir ayudando. Ella decía que quería ser héroe aunque ya no estuviera”. Y su mamá entendió. Y dijo que sí. Que su niña se fuera de este mundo haciendo lo que más amaba: salvando vidas.
Y entonces pasó lo que ves en las fotos de la derecha. Lo que en los hospitales llaman “El Pasillo de Honor”. El último pasillo de un héroe.
A las 6 de la mañana de ayer, todo el personal del hospital, desde el director hasta los intendentes, desde los cirujanos hasta las compañeras de limpieza, se formaron en dos filas a lo largo del pasillo que va de terapia intensiva al quirófano. Todos con su uniforme, con cubrebocas, con lágrimas en los ojos, aplaudiendo sin parar. En medio, la camilla con Citlali, tapada con sábanas blancas, con su familia tomándole la mano por última vez, siendo llevada a la sala donde le iban a procurar sus órganos.
Es una imagen que te rompe el alma. Los aplausos no eran de alegría. Eran de gracias. De respeto. De “gracias por tanto, compañera”. Muchos no pudieron contener el llanto. Sus amigas enfermeras de la foto de abajo, con su cofia blanca, lloraban a mares mientras aplaudían. Porque sabían que esa era la última vez que iban a ver a Citi.
En el quirófano, su corazón, su hígado, sus riñones y sus córneas fueron donados. Su corazón ya está latiendo en el pecho de un joven de 23 años de Puebla que llevaba 2 años esperando un trasplante. Sus riñones le salvaron la vida a dos personas que estaban en diálisis. Su hígado a un señor de 50 años. Y sus córneas le devolvieron la vista a dos niños.
Una sola enfermera oaxaqueña, de 26 años, salvó 6 vidas después de muerta.
Hoy, su pueblo la espera con flores, con banda y con lágrimas para darle el último adiós. En el hospital donde trabajó ya pusieron una placa con su nombre que dice “Enfermera Citlali, héroe por siempre. Tu luz seguirá salvando vidas”.
Esta no es una historia de muerte. Es una historia de amor. Del amor más grande que existe: dar vida cuando tú ya te vas.
Descansa en paz, Citi hermosa. Tu uniforme blanco ahora es capa de heroína. Oaxaca y todo México te aplaude de pie, como en ese pasillo. Gracias por todo.
Si tú también quieres ser donador de órganos, díselo a tu familia. Porque un héroe como Citlali puede vivir para siempre en otros corazones.