¿Sabías que el cáncer de colon puede avanzar en silencio sin darte síntomas hasta que ya es muy tarde? Por eso esta charla es tan importante. Te voy a explicar cuáles son las principales señales que te da tu cuerpo cuando algo no anda bien, pero también te voy a revelar qué alimentos están favoreciendo que ese cáncer se despierte.
También, por supuesto, te voy a enseñar cuáles pueden ayudarte a prevenirlo y hasta bloquearlo. Y no termina ahí porque también vamos a hablar de la colonoscopía con datos que te pueden impactar, además de otros estudios que ayudan a prevenir e incluso mejorar el cáncer de colon. Así que busca lápiz y papel porque hoy te voy a contar cosas de las que pocos hablan.
Por ejemplo, ¿sabías que hay alimentos presentes en la cocina de millones de personas que pueden dañar tu intestino? Vayamos directo al grano. Te estoy hablando de los aceites refinados como el girasol maíz. A simple vista parecen inofensivos, pero cuando los llevas a altas temperaturas generan sustancias que irritan la mucosa intestinal y esto con el tiempo puede favorecer inflamación y alterar la microbiota intestinal.
La microbiota son microorganismos que regulan gran parte de la salud digestiva y metabólica. ¿Querés una pista clara? Cada vez que cocinas con estos aceites, también el de sésamo, ves ese humo blanquecino, gris, incluso bastante oscuro, con olor rancio. Eso no es normal. Son compuestos que terminan impregnando los alimentos y tu cuerpo.
Por eso mi recomendación es clara. Evita freír con estos aceites y sobre todo si ya lo hiciste, no los reutilices. Por supuesto que podés seguir usando aceites. Yo enseguida te voy a contar cuáles son los mejores y cómo usarlos correctamente. Pero antes pensá esto. ¿Alguna vez notaste que las galletitas, los snacks, los jugos, las gaseosas pueden estar meses en una góndola y cuando los abrís siguen en perfecto estado? Crocantes, frescos o incluso parecieran como que están recién hechos.
Esto no es magia, es la industria. Y parte de ese efecto se logra con aditivos como el propilen glicol o la maclodextrina. Y si a todo eso le sumas cantidades altísimas de sal, azúcar, colorantes y otros aditivos, el impacto sobre tu intestino es enorme. No solamente favorecen la inflamación, también alteran profundamente la microbiota.
Y si te preocupa el cáncer, tenés que entender algo. Muchos tipos de cáncer empiezan justamente ahí con inflamación crónica sostenida todos los días. Y hay algo más que tenés que saber. Existen alimentos que han sido comparados con el tabaco. Te estoy hablando específicamente de la carne procesada, no de la carne roja en sí, sino la carne procesada, como embutidos, salchichas, tocinos, salame.
Estas carnes procesadas contienen nitritos y nitratos que al cocinarse o al entrar en contacto con el ácido del estómago se transforman en nitrosaminas. ¿Y qué hacen las nitrosaminas? están asociadas fuertemente con el desarrollo de cáncer, especialmente el cáncer de colon. Por eso, este tipo de productos deberías evitarlo al máximo.
Incluso pequeñas cantidades consumidas de forma diaria pueden generar daño acumulativo con el tiempo. Ahora bien, ¿qué pasa con la carne fresca como la de res o ternera? Es un poco más segura que la procesada y se la puede consumir, pero con moderación. La recomendación es no superar unos cuatro a cinco bifes a la semana, aproximadamente 500 g de carne cruda.
¿Por qué este límite? Porque consumos mayores se han asociado con mayor riesgo de cáncer de colon. Lo ideal es intercalar con otras fuentes como el pollo, pescado y sobre todo vegetales. Pero atención porque no solo importa lo que comes, sino con lo que cocinás. Como te decía anteriormente, esa costra marrón oscura o negra que aparece en la carne cuando la cocinas mucho, en el pollo, en el pescado, contiene compuestos que se llaman acrilamidas.
Estos compuestos también se relacionaron con mayor riesgo de cáncer. Entonces, un consejo práctico, evita las partes quemadas, cortalas si aparecen y busca cocciones más suaves donde el alimento quede bien cocido, pero no tostado en exceso. Puede parecer un detalle menor, pero repetido durante años hace la gran diferencia. Y ahora sí, vayamos a las buenas noticias.
¿Qué podés hacer para revertir el daño y mejorar tu microbiota? Empecemos por los aceites. Para cocinar, los mejores son el aceite de aguacate o el aceite de oliva, el de oliva virgen. En cambio, el aceite de oliva virgen extra es excelente, pero en crudo porque se oxida fácilmente. Entonces dijimos, para cocinar aguacate y si quieres hacer una cocción rápida o un salteado, puedes usar aceite de oliva virgen.
También de vez en cuando podrías utilizar mantequilla gui, pero no todos los días porque tiene mucha grasa saturada que en exceso puede afectar a la salud cardiovascular. Y la microbiota se reconstruye todos los días con los que comés. Podés empezar con algo tan simple, pero tan poderoso como los jugos verdes.
Agrégale apio, pepino, espinaca, kiwi, manzana, limón, jengibre, cúrcuma, lo que más te guste. Pero algo muy importante, no lo filtres, consumilo siempre con la pulpa. Esa fibra es clave para alimentar a las bacterias buenas que ya están en tu intestino. También puedes sumar alimentos fermentados como el yogur con probióticos, no el yogur azucarado del supermercado de dice qué frutilla, que lo último que trae fruta trae mucha azúcar.
Estamos hablando de consumir yogur natural sin azúcar, con probióticos. Puedes utilizar también que kefir, con bucha o chucrut. El chucrute es espectacular porque tiene tantos prebióticos, que sería el alimento de las bacterias, y tiene probióticos, que son las bacterias, tienen ambos. Todos estos que te nombré te van a aportar bacterias vivas que llegan a tu intestino para sumar más bacterias a tu microbiota.
Otro punto clave son las semillas, sésamo, lino, chía, pero recuerda activarlas, las vas a dejar en remojo unas horas. Idealmente puedes hacerlo desde la noche anterior. Vas a ver que forman un gel y ese gel es fibra pura que mejora el tránsito intestinal y tiene efectos antiinflamatorios y antioxidantes. Mucha gente me pregunta si se toma todo ese gel, la semilla o se toma solo el agua. Se toma todo.
El vaso completo suma también condimentos, remedios naturales como el jengibre, la cúrcuma, el orégano o la mostaza. Y te dejo un tip extra muy interesante. Si agregas un poco de polvo de mostaza en el brócoli, podés potenciar la formación de sulforafano, una sustancia con efecto protector frente al cáncer. Y para cerrar esta parte, uno de los mejores aliados es el vinagre de cidra de manzana, pero no cualquiera, tiene que ser uno que tenga la madre, esas partículas flotando que indican que tienen bacterias vivas. Puedes usarlo en
ensaladas o tomar unas dos cucharadas diluidas en agua. Eso sí, siempre el vinagre diluido en agua o en tu ensalada, nunca vinagre puro. Y acuérdate de esto, no alcanza solo con comer bien, también hay que cocinar bien. Como te decía, evita quemar los alimentos y prioriza a métodos como el vapor, el horno o las freidoras de aire.
Ahora, supongamos que empezas a notar algo extraño, dolor abdominal, hinchazón y además la materia fecal cambia, deja de ser como era antes y ahí aparece la duda que asusta a cualquiera. ¿Será cáncer? Bueno, vayamos por partes. La materia fecal normal suele tener color marrón, puede ser más clara o más oscura. Eso puede variar. Generalmente es alargada con forma cilíndrica, no muy agrietada.
Y en cuanto a la frecuencia, lo normal es ir de cuerpo desde una hasta tres veces por día. También puede ser una vez cada 3 días. Menos o más que eso podría estar indicando algún tipo de alteración. Hay personas que, por ejemplo, hacen bolitas de materia fecal, nosotros lo llamamos esescaprinas o notan que están muy agrietadas.
Muchas veces eso tiene que ver con falta de fibra o falta de agua. En esos casos, lo primero que hay que corregir es eso, mejorar la alimentación, aumentar la hidratación y si aún así no mejora, consulta con tu médico. Ahora, suponete que vos eras un relojito, ibas al baño siempre igual y de repente te constipas, te cuesta ir de cuerpo.
Esto es algo que muchos pacientes nos cuentan. Bueno, en este caso hay que consultar porque es lo que llamamos un cambio en el hábito evacuatorio y es un signo de alarma sobre todo en adultos mayores. Otra situación, ¿qué pasa si las esces en vez de tener forma bien cilíndrica se vuelven finitas como una cinta? Esto es motivo de consulta.
Lo mismo si notas cambios en el color, si están muy claras, si son negras o si cuando tiras la cadena el agua queda roja, ahí podrías estar perdiendo sangre. Y hay algo más que mucha gente no relaciona. Si te haces un análisis de sangre y aparece anemia, sobre todo en adultos mayores, y todavía no hablaste con tu médico sobre la colonoscopía, eso también puede ser señal de que estás perdiendo sangre por el intestino, incluso sin darte cuenta y sin tener síntomas evidentes.
Además, los pacientes que tienen algún tipo de cáncer muchas veces se sienten cansados, incluso habiendo dormido bien. pueden tener fatiga marcada, pérdida de peso, dolores abdominales o hinchazón. Pero ojo, porque lo más frecuente es que estos síntomas se deban a cosas más simples como gases o deshidratación, pero aún así vale la pena consultar y comentarlo con tu médico.
Ahora, lo más importante de esta charla, la mayoría de los cánceres en sus etapas iniciales no dan síntomas y por eso es tan importante no solo prevenir con la alimentación, como ya te conté, sino también hacerte estudios que permitan detectarlos a tiempo. Y acá entramos en el estudio clave, la colonoscopía. Este es un estudio que se utiliza una camarita que se introduce en el colon para ver si hay pólipos, divertículos, lesiones o sangrados.
Lo realiza obviamente un gastroenterólogo entrenado y tiene una gran ventaja. No solo te va a diagnosticar, sino que también puede tratar en el momento. Durante el estudio se pueden usar pequeñas pinzas para retirar los pólipos. Los pólipos son como pequeños tumorcitos. muchas veces muy chiquitos que se analizan luego en el laboratorio.
Es muy importante que sepas que los pólipos pueden ser benignos o también pueden ser lesiones que se pueden estar transformando en cáncer y al retirarlos a tiempo se puede prevenir el desarrollo de esta enfermedad tan fea o incluso curarlo cuando estás en etapas tempranas. Por eso decimos que la colonoscopía salva vidas.
Si tenés 45 años o más, es fundamental que hables con tu médico sobre este estudio. Y si tenés antecedentes familiares, padres, hermanos o tíos con cáncer de colon, esa conversación debería empezar antes, a partir de los 35 40 años, según cada caso. Como todo procedimiento invasivo puede tener complicaciones, pero la realidad es que la colonoscopía es en general muy segura.
Las complicaciones son raras y cuando aparecen suelen ser leves, como pequeños sangrados o molestias. Además, se realiza con una sedación suave para que el estudio sea lo más confortable posible. Y quiero que me cuentes si vos sos mayor de 45, si ya te hiciste la colonoscopía que te corresponde. Y quiero dejarte un último dato que suele sorprender.
Muchas veces culpamos a la genética, pero menos del 10% de los cánceres son hereditarios. La mayor parte tiene que ver con nuestros hábitos, con lo que comemos, con lo que no comemos y cómo vivimos. Así que en resumen, comé bien, haz ejercicio, maneja el estrés y sobre todo, no ignores las señales que te da tu cuerpo. Ante cualquiera de estos síntomas, consulta con tu médico.
Espero que esta charla te haya sido útil e informativa y si te gustó y quieres que hagamos más videos de este estilo, por favor hácelo saber en comentarios. M.