🚨COVID 19. Alerta mundial para los vacunados…Ver más

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🚨😱 ¡ALERTA! UNA IMAGEN MÉDICA SE HACE VIRAL Y ES PRESENTADA COMO “EL NUEVO EFECTO DEL COVID-19 EN PERSONAS VACUNADAS”

Una serie de imágenes médicas comenzó a circular en redes sociales acompañada de un mensaje alarmante que asegura que científicos habrían descubierto una nueva complicación relacionada con el COVID-19 y que esta estaría apareciendo en personas vacunadas.

El contenido resulta impactante a primera vista. La imagen está dividida en cuatro partes: en las primeras dos aparecen estudios de imagen del tórax, mientras que en las otras se observa el interior de las vías respiratorias mediante un procedimiento endoscópico. El montaje ha provocado miles de comentarios porque algunos usuarios interpretan las fotografías como evidencia de que algo extraño estaría ocurriendo dentro de los pulmones o la tráquea de quienes recibieron una vacuna contra el coronavirus.

Pero hay un detalle que cambia completamente la historia.

Estas imágenes, por sí solas, no demuestran que exista un “nuevo efecto” provocado por las vacunas contra COVID-19.

De hecho, las imágenes de radiografías y broncoscopias pueden utilizarse para investigar una gran variedad de problemas respiratorios. La broncoscopia permite a los médicos observar directamente las vías respiratorias y, en determinados casos, localizar obstrucciones, lesiones o cuerpos extraños que podrían explicar síntomas como tos persistente, dificultad para respirar o alteraciones en las imágenes radiológicas.

Existen casos médicos documentados en los que una radiografía puede revelar un objeto alojado en la tráquea o en los bronquios y posteriormente una broncoscopia permite localizarlo y retirarlo.

Por eso, observar una imagen de este tipo y relacionarla automáticamente con una vacuna puede llevar a una conclusión equivocada.

El mensaje viral habla de “científicos” y de un supuesto descubrimiento relacionado con personas vacunadas, pero no proporciona en la imagen el nombre del estudio, la identidad del paciente, el hospital, la fecha del procedimiento ni la publicación científica original. Sin esos datos, no es posible establecer qué enfermedad o condición representa exactamente el caso mostrado.

Y aquí es donde comienza la parte más importante de esta historia.

Durante los años de la pandemia, millones de personas recibieron vacunas contra COVID-19 y los sistemas de farmacovigilancia identificaron algunos efectos adversos poco frecuentes. Eso no significa que cualquier problema médico aparecido después de una vacunación haya sido causado por la vacuna.

La Organización Mundial de la Salud explica que, después de más de cinco años de datos provenientes de ensayos clínicos, vigilancia posterior a la comercialización y revisiones regulatorias internacionales, el perfil general de seguridad de las vacunas contra COVID-19 continúa siendo favorable y los eventos adversos graves son extremadamente raros en comparación con los más de 13 mil millones de dosis administradas a nivel mundial.

Eso no significa que las vacunas no tengan riesgos.

Sí existen efectos adversos poco frecuentes que han sido investigados científicamente. Por ejemplo, la OMS reconoce una asociación entre algunas vacunas de ARN mensajero y casos muy raros de miocarditis y pericarditis, especialmente en determinados grupos de edad y sexo. También se identificó un síndrome muy raro de trombosis con trombocitopenia asociado a algunas vacunas de vector adenoviral.

Precisamente por eso existe la farmacovigilancia: para detectar señales poco frecuentes, estudiarlas y determinar si realmente existe una relación causal.

Pero una fotografía médica aislada no puede realizar ese trabajo.

Para establecer que una determinada alteración fue provocada por una vacuna, los investigadores necesitan analizar el historial médico del paciente, el momento en que aparecieron los síntomas, antecedentes, medicamentos, infecciones previas, pruebas diagnósticas y, especialmente, comparar el evento con la frecuencia esperada en personas similares.

Incluso la OMS señala que un evento ocurrido después de una vacunación no necesariamente significa que haya sido causado por la vacuna y que los posibles eventos adversos deben investigarse científicamente.

Por eso, el mensaje que acompaña esta fotografía puede resultar mucho más alarmante que la evidencia disponible.

La escena médica es realista y puede resultar inquietante: radiografías, imágenes internas de las vías respiratorias y una zona aparentemente obstruida o alterada. Pero no existe información suficiente en la publicación para afirmar que representa una lesión causada por COVID-19 o por una vacuna contra el virus.

Además, existen numerosas publicaciones médicas donde imágenes de radiografías y broncoscopias se utilizan para mostrar casos completamente diferentes, incluyendo objetos extraños alojados accidentalmente en la vía respiratoria.

Esto explica por qué una imagen médica puede ser fácilmente utilizada fuera de contexto en redes sociales.

Una fotografía originalmente publicada para explicar un caso clínico específico puede terminar años después acompañada de una frase completamente diferente.

Primero aparece la imagen.

Después alguien agrega una advertencia.

Luego otro usuario la comparte.

Y finalmente miles de personas comienzan a creer que están observando una nueva enfermedad.

La realidad puede ser mucho más compleja.

Si una persona vacunada presenta dolor persistente en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones, desmayos u otros síntomas importantes, no debería intentar determinar el diagnóstico observando fotografías en internet. Debe buscar atención médica. La OMS recomienda atención inmediata ante síntomas compatibles con miocarditis o pericarditis, como dolor torácico persistente, falta de aire o palpitaciones después de la vacunación.

Pero tampoco es correcto generar pánico afirmando que una imagen demuestra que millones de personas vacunadas están desarrollando una nueva enfermedad.

Hasta que aparezca el estudio científico original y se conozca exactamente qué representa esta imagen, la afirmación de que se trata de un “nuevo caso descubierto en vacunados por COVID-19” debe considerarse no comprobada.

Y quizá lo más importante de todo sea recordar algo que las redes sociales suelen olvidar:

Una imagen médica puede ser auténtica.

Un caso clínico puede ser real.

Un efecto secundario puede existir.

Pero eso no significa automáticamente que todas esas cosas estén relacionadas entre sí.

Detrás de cada fotografía médica existe una historia clínica completa, pruebas, diagnósticos y análisis científicos que no pueden reducirse a una frase de “última hora”.

Por eso, antes de compartir esta imagen como una nueva amenaza mundial, hay una pregunta que todavía necesita respuesta:

¿Cuál es exactamente el estudio científico original que demuestra que las imágenes están relacionadas con la vacunación contra COVID-19?

Hasta que esa evidencia aparezca, la fotografía debe interpretarse con cautela y no como una prueba de que las vacunas estén causando la condición mostrada.