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La PELIGROSA CAUSA de la FLEMA TÓXICA PERSISTENTE… VER MÁS

EMBARGO TOTAL COMO CHINA ASFIXIA LA ECONOMÍA YANQUI

 

Buenas, buenas tardes. Aquí estoy en el epicentro de la tormenta perfecta. Estoy en Shanghai, concretamente en el distrito financiero de Lujiia. Desde este rascacielos, con una taza de té que se enfría en mis manos, observo el río Juanpú. Abajo, la vida parece seguir su curso con una normalidad pasmosa, pero la realidad, amigos míos, es que el mundo, tal y como lo conocíamos hasta el lunes pasado, ha dejado de existir.

El ambiente aquí arriba es de una calma tensa, eléctrica. Es esa quietud extraña, casi sólida, que precede al huracán. Porque lo que Shiinping acaba de desatar en las últimas 72 horas no es una simple represalia, no es una pataleta comercial ni una subida de aranceles al uso. Olvidaos de los titulares simplistas que os están vendiendo en Europa.

Esto es una declaración de guerra económica total, una maniobra de tierra quemada diseñada para redefinir el equilibrio de poder global para el próximo siglo. Desde mi ventana en la planta 47 veo los buques cargueros. Son bestias de acero que entran y salen del puerto de Shanghai, el más grande del planeta. Son el sistema circulatorio de la globalización.

Pero si tuviéramos acceso a los manifiestos de carga de esos barcos, veríamos algo que el haría la sangre a cualquier analista en Washington. Muchos de esos buques que durante 40 años han navegado con rumbo fijo hacia los puertos de Los Ángeles o Long Beach, hoy están virando. Están siendo redirigidos hacia Rotterdam, hacia Hamburgo, hacia el Pireo, hacia puertos en África y América Latina.

No es casualidad, no es logística, es el plan dragón. Y os voy a explicar por qué esto es el fin de la hegemonía americana, el ultimátum, la arrogancia como detonante. Para entender la magnitud del seísmo tenemos que rebobinar la cinta. Lunes pasado. Donald Trump, en un alarde de esa diplomacia de bulldozer que le caracteriza, anuncia el paquete de aranceles más agresivo de la historia moderna.

60% a todo lo chino, 25% a lo mexicano, 10% a lo europeo. Pero el veneno estaba en la letra pequeña, en el ultimátum. China tiene 30 días para desmantelar su modelo de economía estatal o enfrentará un bloqueo total. La arrogancia de esa demanda es asfixiante. Básicamente, Washington le dijo a Pekín, “Suicídate voluntariamente o te mataré yo.

” Trump y los halcones que le susurran al oído, gente como Lightheiser o Navarro, siguen operando bajo la premisa de los años 90. Creen que China es una fábrica de juguetes baratos que depende del consumidor americano para sobrevivir. Creen que pueden dictar leyes imperiales al Reino Medio durante 48 horas. Pekín guardó un silencio sepulcral en Wall Street.

Los cachorros de las finanzas, esos que no han pisado una fábrica en su vida, descorchaban el champán. Los índices subieron. China está acorralada, decían en la CNBC. Shi va a capitular. Trump twiteó triunfante que China sabe que no puede ganar. Qué equivocados estaban, qué peligrosamente equivocados. Ese silencio no era debilidad, era la calma de un francotirador ajustando la mira telescópica.

Era la activación de protocolos que llevan diseñándose en búnkeres de Pekín desde hace más de una década. La respuesta del dragón. El miércoles negro, miércoles 9:00 a hora de Pekín. Shijin Ping no salió a twitear. convocó una rueda de prensa en el gran salón del pueblo. Su mensaje fue gélido, sin estridencias, casi burocrático.

Estados Unidos ha elegido la confrontación. China acepta el desafío y entonces se abrieron las compuertas del infierno económico. En las siguientes 6 horas, China ejecutó una Blitz Creek, financiera y logística que dejará temblando los libros de historia. No fue una respuesta proporcional, fue una respuesta asimétrica y devastadora.

Primer golpe, el estrangulamiento de las tierras raras. China suspendió inmediatamente con efecto retroactivo la exportación de todas las tierras raras a Estados Unidos. Cero, nada. grifo cerrado. Para que entendáis la gravedad de esto, no estamos hablando de no poder comprar muñecos de plástico, estamos hablando de los 17 elementos químicos de la tabla periódica, el neodimio, el disposióo, el írio, el lantano, que son el ADN de la tecnología moderna.

China controla el 85% del procesamiento mundial de estos minerales. Sin neodimio, los motores de los casas F35 de Lockheit Martin no funcionan. Sin disprocio, los sistemas de guiado de los misiles Ritheon son ciegos. Sin lantano, las lentes de visión nocturna del ejército estadounidense son pisapeles caros, pero va más allá de lo militar.

Sin estos elementos no hay baterías para los coches eléctricos de Tesla, no hay catalizadores para la industria química, no hay pantallas para los iPhones. Durante décadas, Estados Unidos cerró sus minas, como la de Mountain Pass en California, porque era más barato y limpio dejar que China se encargara de la extracción sucia y contaminante.

Externalizaron la base de su propiaseguridad nacional para mejorar los márgenes de beneficio trimestrales. Ahora el mercadoolbre les ha pasado la factura. Reactivar esas cadenas de suministro no lleva meses, lleva años, quizás una década y China lo sabe. Han cortado el oxígeno tecnológico del Pentágono y de Silicon Valley de un solo tajo.

Segundo golpe, el ataque al corazón político. El segundo movimiento fue de una precisión política maquiabélica. China prohibió a sus empresas estatales, que son las que compran el grano, adquirir productos agrícolas estadounidenses, soja, maíz, trigo, carne de res. ¿Sabéis a quién afecta esto? Al Midwest, al cinturón agrícola de Estados Unidos, Iowa, Nebraska, las Dakotas.

Esos son los estados que votaron masivamente por Trump. Esos granjeros que ya vivían al límite con subsidios acaban de perder a su mayor cliente de la noche a la mañana. Shijin Ping no solo está atacando la economía, está fomentando una insurrección electoral interna en la base de Trump. Está utilizando la democracia estadounidense contra sí misma.

Tercer golpe, la opción nuclear financiera. Y aquí llegamos a lo que hace temblar los cimientos de Wall Street. China comenzó a liquidar sus tenencias de bonos del tesoro estadounidense. Estamos hablando de 1,1 billones de dólares, trillions en inglés. Durante años, los economistas occidentales decían, “China nunca hará eso porque devaluaría sus propias reservas.

” Pues bien, lo han hecho. Han decidido que el coste económico merece la pena por la victoria geopolítica. Al vender masivamente deuda estadounidense inundan el mercado. Cuando hay mucha oferta de bonos y nadie quiere comprarlos, el precio baja y la rentabilidad, el interés que EEU debe pagar se dispara. Esto significa que de repente endeudarse para el gobierno de EU se vuelve insosteniblemente caro.

Las hipotecas en Iowa, los préstamos para coches en Detroit, las tarjetas de crédito en Nueva York, todos los tipos de interés se van a las nubes. Es un ataque directo a la solvencia del dólar. El mensaje es claro. Si queréis guerra comercial, nosotros os provocaremos una crisis de deuda soberana. El asedio, aislar al imperio.

Pero lo más fascinante y de lo que nadie habla con suficiente detalle es la maniobra diplomática paralela, el cerco del dragón. Mientras cortaba el suministro a EE, Pekín envió cables diplomáticos urgentes a Berlín, a París, a Tokio, a Seú. La oferta era fáustica, pero irresistible. Tenéis acceso garantizado y prioritario a nuestras tierras.

raras a nuestro mercado de 100 millones de consumidores y a nuestra tecnología verde. Pero hay una condición. Debéis reducir vuestra exposición comercial a Estados Unidos un 30%. Es el viejo divide y vencerás. China le está diciendo a Europa, “Podéis hundiros con el barco del tío Sam o podéis subir a nuestro bote salvavidas.

” Y amigos, la hipocresía europea se huele desde aquí. Alemania, cuya industria automotriz Volkswagen, Mercedes, BMW, depende vitalmente del mercado chino, ya está revisando contratos. No pueden permitirse perder China. Japón, a pesar de ser un aliado férreo de Eouo, ha suspendido compras de armamento americano discretamente.

Corea del Sur cancelado inversiones en fábricas en suelo estadounidense. El Reino Unido, siempre el perrito faldero de Washington, está en pánico evaluando si pueden permitirse seguir ciegamente a un Trump errático. China está aislando a la superpotencia solitaria. Es un asedio medieval con herramientas del siglo XXI. La dimensión tecnológica.

Jaque mate. Ahora hablemos de tecnología porque aquí es donde la narrativa occidental se desmorona por completo. Nos han vendido que China solo copia, que no innova. Craso, error. Huawei acaba de presentar un chip de 3 nanómetros fabricado íntegramente en China, sin maquinaria holandesa de ASML, sin software americano.

han logrado la autosuficiencia en la litografía de semiconductores. Esto, señores, era considerado imposible por los expertos de Washington hace solo un año. B, el gigante de los coches eléctricos, ha lanzado baterías de estado sólido que cargan en 5 minutos y duran 1000 km. Dejan a Tesla en la edad de piedra. Y la jugada maestra.

China ha anunciado que liberará bajo licencia de código abierto, open source, miles de patentes de tecnologías verdes, inteligencia artificial y biotecnología para cualquier país, excepto Estados Unidos. Imaginad lo que esto significa para el sur global, para Brasil, para Indonesia, para Nigeria. China se presenta como el Prometeo moderno, regalando el fuego del desarrollo tecnológico a los países en vías de desarrollo, mientras pinta a Estados Unidos como el avaro que quiere mantener sus monopolios mediante sanciones. Es

una victoria de poder blando, soft power, brutal. China se convierte en el benefactor del mundo. Estados Unidos queda como el matón del barrio que cobra la protección. Las motivaciones profundas. el siglo de la humillación.¿Por qué ahora? ¿Por qué esta escalada tan violenta? Tenéis que entender la psique china.

Todo esto se remonta al siglo de la humillación 1839-1949 cuando las potencias occidentales y Japón saquearon China, impusieron tratados desiguales y destrozaron su soberanía. El Partido Comunista Chino basa su legitimidad en una promesa sagrada. Nunca más, nunca más China será sometida, nunca más agachará la cabeza ante un poder extranjero.

Para Shi Jin Ping, Trump no es solo un presidente hostil, es la encarnación del colonialismo occidental que se niega a aceptar que el mundo ha cambiado. La política de America first se lee en Pekín como supremacía blanca primero lo ven como un intento racista y desesperado de contener el ascenso natural de una civilización de 5,000 años.

China jugó según las reglas occidentales durante 40 años. Se unió a la OMC, compró deuda americana, fabricó vuestros iPhones por sueldos miserables. ¿Y cuál fue la recompensa? bases militares rodeándoles sanciones a sus mejores empresas Huawei, DJI y campañas mediáticas de demonización. Peekín ha dicho basta.

Han llegado a la conclusión de que Estados Unidos nunca aceptará una China próspera como igual y si no hay respeto, habrá guerra. La respuesta de Washington, caos y pánico. La reacción de la Casa Blanca ha sido, siendo generosos, patética. Primero, Trump amenazó con bombardear fábricas en China. Una locura. Sus propios generales tuvieron que explicarle, probablemente con marionetas, que atacar suelo chino desencadenaría la tercera guerra mundial y el fin de la civilización.

China tiene armas nucleares hipersónicas, señor presidente. No es Irak, no es Panamá. Luego intentaron la vía diplomática de emergencia. Janet Yellen, la secretaria del tesoro, voló en secreto a Hong Kong. Su misión, suplicar a los banqueros chinos que dejaran de vender deuda americana. Ofreció flexibilidad en las sanciones.

¿Sabéis qué pasó? Los banqueros chinos ni siquiera aparecieron, la dejaron plantada. Ese gesto, esa silla vacía en una sala de reuniones de Hong Kong dice más que 1000 discursos. simboliza el fin del miedo. China ya no teme al poder financiero de Estados Unidos porque ha construido su propio bote salvavidas, el nuevo orden, el cártel de los recursos.

Y esto nos lleva a la nueva arquitectura que se está gestando. China no está sola. Ha tejido una red de alianzas estratégicas que funciona a efectos prácticos como un cártel global de recursos. Mirad el mapa. China se coordina con Rusia. Rusia controla la energía, gas, petróleo y los fertilizantes, el 60% del mercado mundial junto con Bielorrusia.

Si unes la capacidad industrial de China con los recursos naturales de Rusia, tienes una autarquía perfecta. Son invulnerables al bloqueo naval. Añadid a Irán y Venezuela petróleo. Añadid al Congo, cobalto, controlado por empresas chinas. Añadid a Chile y Bolivia, litio. Añadid a Indonesia, níkel.Hành động của Trump ở Venezuela có thể tạo tiền lệ cho các cường quốc độc  tài - BBC News Tiếng Việt

China está creando una OPEP de todo, un cártel de materias primas críticas. Mientras Estados Unidos imprime billetes de papel verde que cada día valen menos, este bloque oriental controla las cosas tangibles, reales que se necesitan para construir el mundo físico. La desdolarización en marcha. El golpe de gracia es el sistema monetario.

China ha anunciado que el comercio con este nuevo bloque se hará en yuanes, rublos o monedas locales. Han activado el SIPS, su alternativa al Swift, a plena potencia, pero la genialidad está en el Fondo de Estabilización Antiperial. 500,000 millones dólar que China pone sobre la mesa para rescatar a países que tengan problemas de liquidez al abandonar el dólar. Es un anti FMI.

El Fondo Monetario Internacional FMI te presta dinero a cambio de austeridad, recortes sociales y privatizaciones para empresas occidentales. China te dice, “Te presto dinero para que construyas puertos y trenes con mis empresas.” Claro. Y no me importa tu política interna, solo quiero que comercies en yuanes.

Para un país africano o latinoamericano asfixiado por la deuda en dólares, ¿qué opción creéis que van a tomar? Brasil ya ha dicho que sí. Lula da Silva ha anunciado que sustituirá importaciones de EEUIQ por Chinas. Sudáfrica se ha sumado. Arabia Saudí está considerando seriamente aceptar yuanes por petróleo, el fin del petrodólar. Las víctimas colaterales, nosotros y quién paga los platos rotos, no os engañéis, no serán las élites.

En Estados Unidos la clase media va a ser triturada. La inflación que vimos en 2022 parecerá un juego de niños. Si Walmart no puede importar barato de China, los precios de la ropa, la electrónica y los muebles se duplicarán. La escasez de componentes parará las cadenas de montaje de Ford y General Motors.

Habrá despidos masivos en el Rust Belt. En China también habrá dolor. Millones de trabajadores que dependían de la exportación perderán sus empleos. Pero China es una dictadura con unacapacidad de control social y represión que Occidente no tiene. Y además tienen una tasa de ahorro brutal y un mercado interno que pueden estimular por decreto.

Están más preparados para sufrir que la sociedad hedonista y polarizada de Estados Unidos. Y en Europa hay Europa. Somos los espectadores en la grada que reciben los pelotazos. Nuestra industria depende de la energía que venía de Rusia y cortamos y de los mercados que están en China y EU nos exige cortar. Estamos ante la desindustrialización total del viejo continente si no tomamos decisiones valientes y autónomas.

Conclusión, el rey está desnudo. Mientras termino mi té mirando las luces de neón de Shanghai que se reflejan en el agua negra del río, no puedo evitar pensar en el cuento del traje nuevo del emperador. Durante décadas el poder estadounidense se ha basado en la percepción, la percepción de que su ejército era invencible, de que su economía era indispensable, de que su sistema financiero era el único seguro.

Lo que China ha hecho esta semana es gritar que el emperador está desnudo. ha demostrado que la hegemonía americana se basaba en el consentimiento del resto del mundo para usar el dólar y para comprar su deuda. En el momento en que la segunda economía del mundo retira ese consentimiento, el castillo de naipes empieza a temblar.

No estamos ante una nueva guerra fría. La guerra fría fue entre dos bloques separados que apenas comerciaban. Esto es mucho más complejo y peligroso. Es un divorcio traumático entre dos siameses que comparten órganos vitales. Estados Unidos puede tener los portaaviones, sí, pero China tiene las fábricas, los materiales para construir esos portaaviones y el dinero para financiarlos.

La pregunta que resuena en los pasillos del poder, desde Bruselas hasta Buenos Aires, ya no es, ¿quién ganará? La pregunta es, ¿cuánto tardará Estados Unidos en aceptar que ya no es el único gallo en el corral? Y lo que es más aterrador, ¿qué locura estará dispuesto a cometer un imperio herido para intentar detener el reloj de la historia? Desde Shanghai, viendo nacer un nuevo mundo, mientras el viejo se resiste a morir, soy vuestro corresponsal en el frente de la realidad.

Preparaos, porque lo que viene no sale en los manuales de economía. Buenas noches y buena suerte. La vais a necesitar.