Atención México. Shainbaum se sentó a negociar el TEMEC con el gobierno de Trump aquí en Ciudad de México. Esa misma mañana con los negociadores estadounidenses ya volando hacia México, Washington anunció una nueva tanda de aranceles contra 60 países, México entre ellos. Horas antes de sentarse. No días, horas.
Eso no es política comercial, eso es llegar a negociar enseñando el garrote. Pero cometieron un error de cálculo enorme porque Shainbom llevaba meses preparándose para exactamente esto. Quédate hasta el final porque el 85% de lo que México le vende a Estados Unidos ya estaba blindado. Y te voy a contar cómo lo blindó. Durante meses, Estados Unidos ha usado los aranceles como un garrote.
Amenaza, aprieta, suelta, vuelve a amenazar. Y de pronto ocurrió algo que nadie esperaba. La Corte Suprema de Estados Unidos les tumbó los aranceles. Los que había impuesto Trump por decreto de emergencia, aquellos que llegaron al 25% fueron anulados, perdieron su arma principal. ¿Y qué hicieron entonces? ¿Aceptaron la decisión de su propio tribunal? No, se pusieron a buscar otra puerta legal para volver a imponer lo mismo con otro nombre, otra ley, otro pretexto, mismo garrote.
Y ahí es donde aparece este nuevo arancel presentado como una cruzada contra el trabajo forzado, pero que en realidad viene a sustituir los que la Corte les anuló. Lo dice hasta la Secretaría de Economía de México con todas sus letras. Esta medida está relacionada con una estrategia para sustituir los aranceles impuestos antes.
O sea, no es una preocupación humanitaria, es un reemplazo. Y del otro lado de la mesa estaba Claudia Shainbound, que llevaba meses preparándose para exactamente esto. Hoy vamos a destapar tres cosas que tienes que saber. ¿Vas a entender por qué anunciaron esos aranceles justo horas antes de sentarse a negociar y qué buscaban con ese golpe de efecto? Vas a conocer el escudo que protege al 85% de las exportaciones mexicanas y quién se encargó de que existiera y vas a ver lo que le hicieron a Canadá un día antes,
algo que te va a dejar helado. Pero aquí viene lo más fuerte, hay una cuarta pieza porque en esa misma mesa, el gobierno de Shanbom les puso enfrente una acusación durísima con una palabra que no se suele usar en diplomacia. Quédate hasta el final porque esa palabra lo cambia todo. Vamos al corazón de esta historia y presten atención al reloj porque el reloj lo es todo aquí.
Martes por la mañana en Ciudad de México ya está todo listo. Tres días de conversaciones bilaterales sobre reglas de origen en autos, sobre acero, sobre aluminio, sobre lo que ellos llaman seguridad económica. La delegación estadounidense viene en camino y justo esa mañana el representante comercial de Estados Unidos se sienta en una televisión de negocios y suelta la noticia.
Preparan nuevos aranceles para 60 países, entre ellos México. Detente y procesa el momento. No lo anunció la semana pasada, no lo anunció después de la reunión, lo anunció horas antes, cuando ya no había margen para reaccionar, para consultar, para preparar una respuesta. Eso tiene un nombre en cualquier mesa de negociación del mundo, presión.
¿Y cuál es el pretexto? El trabajo forzado. Dicen que 60 países no aplican de forma efectiva las prohibiciones sobre bienes fabricados con trabajo forzado y que por eso obtienen una ventaja competitiva desleal. Suena muy noble. Ahora escuchen la letra pequeña porque aquí se cae la máscara. Estos aranceles vienen a reemplazar los que la Corte Suprema les anuló y también los que vencen el 24 de julio.
Es decir, no nacieron de una investigación sobre derechos humanos, nacieron de la necesidad de tapar el hueco que dejó su propio tribunal. Y para México la cifra propuesta es un 10% adicional, un 10% anunciado horas antes de sentarse a la mesa. Ese fue el golpe. Ahora viene lo que no calcularon. Y no calcularon una cosa muy simple, que del otro lado de esa mesa había una presidenta que llevaba meses esperando exactamente este movimiento.
Y aquí es donde hay que entender la jugada de Shabound, porque muchos no la vieron. ¿Qué habría hecho cualquier otro gobierno? Responder con la misma moneda, anunciar aranceles de vuelta, salir a los medios a gritar, dar el titular de México contraataca y sentirse muy valiente durante 24 horas. México no hizo nada de eso y no por miedo.
Escuchen bien. El gobierno de Shanba ha mantenido desde el primer día una postura de no represalia, ni un arancel de vuelta, ni una amenaza. Mucha gente lo criticó. Dijeron que era blandura, que México debía responder golpe por golpe, pero como el ajedrecista que no mueve la pieza que el rival está esperando, Shanbom entendió algo que el otro lado no.
Mientras Washington gastaba su energía en buscar nuevas leyes para volver a golpear, México estaba haciendo otra cosa, algo mucho más aburrido de contar y mucho más efectivo. Estaba construyendo el escudo y cuando llegó el golpe, el escudo ya estaba puesto, porque aquí está lo que Washington no calculó y es demoledor. Cuando anunciaron esos aranceles y en México se fueron a revisar cuánto daño harían, se encontraron con el número que lo cambia todo.
El 85% de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos queda exento porque cumplen las reglas de origen del TEMEC, porque están amparadas por el tratado. Ese mismo tratado que Shainbound ha defendido negociación tras negociación, mientras muchos le pedían que lo rompiera de una vez. Escuchen bien lo que significa esto.
El tratado que llevan meses amenazando con romper es precisamente el que protege a México de sus propios golpes. Cada vez que Washington amenaza con reventar el TEMEC, está amenazando con quitarle a México el escudo, pero también con quitarse a sí mismo las reglas que sostienen su propia industria. Y hay más, porque a esa exención se suma otra.
Los productos de autos, acero y aluminio tampoco entran en este nuevo arancel porque ya están bajo otro esquema. ¿Qué queda expuesto entonces? Un 15%. Un 15% sobre el que además México ya anunció que va a pelear. Se abrió un periodo de consultas y el gobierno mexicano va a presentar sus argumentos y sus acciones contra el trabajo forzado.
Vinieron a presionar con un arancel del 10% y descubrieron que solo alcanzaba la séptima parte de lo que México vende y que hasta esa parte se va a discutir. Eso no es suerte. es que Shainbound hizo la tarea mucho antes de que llegara el examen y lo más fuerte todavía no te lo he contado porque hay algo que no están contando con esta claridad.
¿Quieres saber lo que le pasa a un país que no se prepara? Mira lo que ocurrió un solo día antes de todo esto. Washington le impuso a Canadá nuevos aranceles por casi 20,000 millones de dólares. 20,000 millones. Y saben lo peor, que además lo dejaron fuera de las conversaciones más recientes del TEMEC, fuera de la mesa sincilla.
Y aquí está el detalle que remata todo. La reunión no fue en Washington, es Estados Unidos el que vino a México. Tres días de conversaciones en territorio mexicano con su representante comercial reuniéndose con Shabound en Palacio Nacional. Y esto no es un pleito lejano de negociadores en traje, esto te toca a ti directamente.
85% de las exportaciones protegidas. ¿Qué significa eso en la vida real? Significa fábricas que no paran. Significa turnos que no se recortan. Significa que el trabajador de una planta en Nuevo León, en Guanajuato, en Coahuila, no llega el lunes y se encuentra con que su línea de producción se detuvo porque un arancel volvió inviable.
Significa que el peso no se desploma, que los precios no se disparan, que la incertidumbre no llega a tu mesa. Cada punto de arancel que no entra es empleo mexicano que no se pierde. Y cada uno de esos empleos que no se perdió tiene un motivo con nombre, una presidenta que aguantó las críticas y no cambió su estrategia ni un solo día. Escuchen bien lo que significa.
Y ahora piensa en el otro lado de la moneda. Piensa en lo que le espera a las familias canadienses tras 20,000 millones en aranceles nuevos. Piensa en las plantas que sí van a parar allá. Esa era la escena que Washington tenía preparada para México y no ocurrió. Y hay algo todavía más profundo. Durante décadas nos enseñaron que México estaba condenado a aceptar lo que decidiera el vecino del norte, que cuando ellos apretaban aquí solo quedaba aguantar y esperar.
Y esta semana demostró otra cosa, que un país que hace su tarea, que construye sus defensas y que no se deja arrastrar a peleas que no le convienen, puede recibir el golpe más duro y seguir de pie, no con gritos, con preparación. Ahora ya no basta con enseñar el garrote para doblegar a este país. Washington eligió el momento con toda la intención.
Anunciar nuevos aranceles contra 60 países con México en la lista horas antes de sentarse a negociar en Ciudad de México. Un golpe psicológico perfecto y se encontró con una mesa en la que México llegaba blindado. 85% de las exportaciones protegidas por el tratado, los autos, el acero y el aluminio fuera de esa medida.
y el 15% restante en discusión con México presentando argumentos. Mientras tanto, a un día de distancia, Canadá recibía 20,000 millones en aranceles y quedaba fuera de la mesa. Esa es la diferencia entre un país que improvisa y un país que se prepara. Y fíjate cómo lo hizo Shanbound, sin represalias, sin gritos, sin romper nada, aguantando las críticas de quienes le pedían responder golpe por golpe.
Mientras ella seguía construyendo el escudo que hoy protege el trabajo de millones de mexicanos, vinieron con el puño en alto a nuestra casa y se encontraron con la puerta abierta, la silla puesta y el cristal blindado. Esa es la victoria que no salen los titulares, la de un país que ya no reza para que no le peguen, se prepara para aguantar el golpe.
Si te llena de orgullo que México llegara preparado mientras a otros los dejaban fuera de la mesa, suscríbete y activa la campana. Y ahora quiero leerte. México debería seguir sin represalias o ya es hora de responder golpe por golpe? Escríbeme en los comentarios. M.