Sucedió en Coppel, quedaron encerradas, todas perdieron la v… Ver más
El humo llegó primero, espeso, oscuro, arrastrándose por el techo como un presagio que nadie quiso entender al inicio. Luego vino el olor, ese olor que quema la garganta y hace arder los ojos incluso antes de que el miedo tenga nombre. En cuestión de segundos, el lugar que hasta hace poco era rutina —turnos, clientes, conversaciones breves— se transformó en una trampa.
Las llamas crecían afuera, devorando la fachada, rugiendo con una furia que no pedía permiso. Adentro, ellas quedaron encerradas. El sonido del fuego se mezclaba con gritos ahogados, con el golpeteo desesperado de manos buscando una salida que ya no existía. El aire se volvía cada vez más pesado, cada respiración costaba más que la anterior.
En un rincón, el tiempo parecía haberse detenido. Sentadas en el suelo, abrazándose unas a otras, los uniformes manchados de humo y ceniza, algunas lloraban en silencio; otras temblaban sin poder llorar más. Un teléfono en las manos, mensajes escritos a medias, audios que tal vez nunca se enviarían. En esos instantes no había jerarquías ni roles: solo personas enfrentando el miedo más primitivo, el de no saber si saldrían con vida.
Afuera, el caos. Vidrios rotos, estructuras cayendo, fuego iluminando la noche con un resplandor cruel. Adentro, la espera. Cada segundo era una eternidad. Cada tos, un recordatorio de lo frágil que puede ser la vida cuando el oxígeno se convierte en enemigo.
Algunas se sostenían mutuamente para no caer. Otras cerraban los ojos, no para rendirse, sino para reunir fuerzas. Pensaban en sus familias, en promesas pendientes, en mañanas que aún no querían perder. Nadie estaba preparada para eso. Nadie debería estarlo.
Esta imagen no muestra solo un incendio. Muestra el terror de quedar atrapadas, la angustia de no saber si alguien llegará a tiempo, el dolor invisible que deja una experiencia así incluso cuando el fuego se apaga. Porque aunque las llamas se extingan, el recuerdo sigue ardiendo por dentro.
Es una historia de miedo, de resistencia y de vidas marcadas para siempre. Una historia que no debería repetirse. Una historia que exige ser recordada, no por morbo, sino por humanidad.
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