Richard Wolff: ¡Lo que Trump MÁS TEMÍA! México CONTROLA el Comercio de EE.UU.

Richard Wolff: ¡Lo que Trump MÁS TEMÍA! México CONTROLA el Comercio de EE.UU.

 

Trump insultó a México 1 veces, los amenazó con cerrar la frontera, juró que los iba a arruinar, pero nunca quiso admitir la verdad. El comercio de Estados Unidos está en las manos de México y ahora no sabe qué hacer. Canadá y México tienen en sus manos el poder de destruir el comercio estadounidense por completo.

No es una exageración, no es una teoría, es un jaque al rey que ya comenzó y tiene temblando a Donald Trump. Miren, esta jugada ya está en marcha y lo que voy a revelarles hoy cambia todo el panorama geopolítico de Norteamérica. Hace apenas unos días les platicaba cómo Canadá se adelantó con una movida devastadora para el comercio estadounidense.

Firmaron un acuerdo comercial con China justo antes de que iniciara formalmente la revisión del TEMEC. Eso no es casualidad, eso es una señal directa de que Canadá ya no está dispuesto a seguirle el juego a Estados Unidos sin cuestionar nada. Pero aquí viene lo verdaderamente importante, la jugada de México, porque con ese tablero ya alterado, la moneda está en el aire y la bisagra del tratado comercial, la última palabra, está en manos de Claudia Shainbaum, no de Donald Trump.

México tiene que elegir qué camino va a seguir y esa decisión va a determinar el futuro económico no solo de nuestro país, sino de todo el continente americano. Bienvenidos a Alerta desde USA. Soy Richard Wolf y hoy vamos a desmenuzar la jugada más importante que ha visto Norteamérica en las últimas décadas. Lo que les voy a mostrar no lo van a encontrar en los medios tradicionales porque a Washington no le conviene que ustedes entiendan el verdadero poder que tiene México en este momento.

Déjenme ser absolutamente claro desde el principio. El camino equilibrado comercial con Estados Unidos se está derrumbando después de la jugada de Canadá. Trump lo sabe, por eso está temblando, por eso está desesperado y por eso la presión sobre México va a ser brutal en las próximas semanas. Ahora, permítanme mostrarles lo que realmente está pasando con este acuerdo entre Canadá y China. No es un acuerdo menor.

Se trata de un pacto que reduce los aranceles en sectores estratégicos. Estamos hablando de autos eléctricos, baterías, infraestructura tecnológica. Es exactamente el mismo tipo de sectores que Estados Unidos había querido blindar con subsidios internos y con todas las restricciones comerciales que han impuesto en los últimos años.

Y aquí vienen los números que van a hacer que Washington pierda el sueño. En términos de comercio bilateral, estamos hablando de que Canadá exportó a China bienes por más de 27,000 millones de dólares solo en lo que va del 2025. Ahora con este nuevo acuerdo, las proyecciones apuntan a que esa cifra podría duplicarse en menos de 3 años. Escuchen bien eso.

Duplicarse. Estamos hablando de más de 50,000 millones de dólares en comercio bilateral entre Canadá y China para el 2028. China ya está dentro de la ecuación. Canadá le abrió la puerta de par en par. Y ahora la pregunta del millón es, ¿a quién le está coqueteando China en este momento? a México. Beijing ya envió emisarios comerciales a Ciudad de México en las últimas semanas.

Ya hay conversaciones preliminares sobre inversiones adicionales en infraestructura portuaria, en manufactura avanzada, en tecnología de baterías y eso significa que se podría consolidar una puerta completamente abierta para el hemisferio norte. Pero la decisión, la decisión final está en manos de México.

Canadá ya diversificó sus alianzas comerciales. Para Washington esto significa que ya perdió el monopolio de influencia sobre su vecino más confiable. Ese es el primer golpe. Pero el verdadero problema para Estados Unidos no es solamente una cuestión de pérdida de poder, es que ya perdió la narrativa del control sobre Canadá y ahora los ojos del mundo entero están puestos sobre Claudia Shainbound porque el verdadero problema para Trump se llama México.

Escúchenme con atención porque esto es crucial para entender lo que viene. México representa más del 15% del comercio total con Estados Unidos. Es más grande que Canadá cuando hablamos del principal exportador hacia territorio estadounidense, más grande que China, más grande que la Unión Europea. Somos el socio comercial número uno de la potencia más grande del mundo.

Para ponerles cifras que saltan muchísimo a la vista, nada más en el 2025, el comercio bilateral entre México y Estados Unidos superó los 850,000 millones dó. Esa cifra ya de por sí se antoja escandalosa, pero a eso súmenle el hecho de que miles, literalmente miles de empresas dependen de esas cadenas de suministro, empresas estadounidenses que están completamente integradas con México, General Motors, Ford, Chrysler, Boeing, Caterpillar, todas dependen de componentes mexicanos para operar.

El nivel de vulnerabilidad de todas esas empresas se vuelve evidente cuando entiendes un dato simple. Si México cierra el grifo mañana, las líneas de producción de Detroit se paran en menos de 72 horas. Así de integradas están las cadenas de suministro. Así de dependiente es Estados Unidos de nosotros.

Dicho de otra forma, en estos momentos Claudia Shainbound tiene al comercio estadounidense en la palma de la mano. Y esto no era así la semana pasada, pero esta semana, después del golpe de Canadá, la única esperanza que tiene Estados Unidos para rescatar estas cadenas de suministro es México. Somos el último puntal que sostiene el edificio comercial de Washington.

Ahora sé que alguien me va a decir que esto no es cierto, que cómo podría ser posible que México tenga en la palma de su mano al comercio estadounidense. digo, no dudo que alguien pudiera decirlo, aunque me parecería ingenua la afirmación, porque todos sabemos que la mano de obra asequible de Estados Unidos para sus grandes fábricas y productos está en México, no está en Estados Unidos, no tienen la infraestructura, no tienen los trabajadores, no tienen los costos competitivos.

Pero por si alguien me quiere alegar esto, ya se volvió tan evidente que hasta Wall Street lo está registrando. Nada más en las últimas dos semanas, el índice de volatilidad para activos vinculados al comercio entre México y Estados Unidos aumentó un 18%. Los fondos de inversión están reposicionando sus portafolios. Las acciones de empresas con alta exposición a México cayeron un promedio de 7%.

Eso significa que los inversionistas están nerviosos. Los mercados están diciendo claramente que estamos en manos de México. Es como si Wall Street le estuviera gritando a Trump, “No la riegues, Donald, no la vayas a regar, porque si México decide cambiar de rumbo, los primeros en perder van a ser los accionistas estadounidenses.

Y mientras todo esto pasa, China no se está quedando de brazos cruzados.” Aquí viene un dato que debería preocupar profundamente a Washington. Estamos hablando de más de 100 empresas chinas que ya están operando en México en sectores clave: tecnología, manufactura, autos eléctricos, baterías, logísticas, semiconductores, empresas como BIDE, CATL, Huawei.

La inversión directa de China en México superó ya los 18,000 millones de dólares en el 2025 y eso sin contar las inversiones indirectas a través de fondos de inversión y joint ventures. Esto es un boquetón enorme para el comercio estadounidense. Si lo comparamos con los 4000 millones que teníamos en el 2020, estamos hablando de un crecimiento del 350% en apenas 5 años.

Ese ritmo de crecimiento no tiene precedentes en la historia económica de América Latina y resulta que muchas de esas inversiones tienen un solo objetivo, usar a México como plataforma de exportación hacia Estados Unidos. Los productos chinos entran por México, se ensamblan aquí y cruzan la frontera como productos mexicanos bajo el paraguas del TEMEC.

Es una jugada brillante que está volviendo loco a Washington. Ahora China está rodeando a Estados Unidos por ambos flancos, Canadá al norte, México al sur y está aprovechando precisamente las reglas del TEMEC para hacer una jugada maestra. Canadá ya dijo que le entra al juego y esa decisión tiene a Washington completamente irritado.

Miren, el problema de fondo es que en Washington sienten que el comercio de Norteamérica es solamente el comercio de Estados Unidos. Se les olvida que Norteamérica también es México y Canadá. Son tres países los que componen este continente, no solo ellos. Y ahora los otros dos están empezando a actuar con independencia.

Y aquí viene lo más grave para Trump. Ellos no pueden detener esta ola. Al menos no pueden detenerla sin derrumbar primero todo el sistema que ellos mismos construyeron. Y el único puntal que queda ahí firme para que eso no se les caiga a pedazos es México. Por eso la revisión del TMEC de este 2026, que ya comenzó, por cierto, se siente menos como una revisión técnica y más como un ultimátum final.

Estados Unidos ya dejó clarísimo que quiere imponerle nuevos términos a México y Canadá, pero la diferencia es que ahora México tiene opciones que antes no tenía y eso cambia completamente la dinámica de poder en la negociación. Recuerden lo que pasó el primero de febrero del año pasado. La administración Trump activó poderes económicos de emergencia.

La administración Biden había querido apuntalar el comercio con México y Canadá, pero cuando llegó Trump activó estos poderes de emergencia internacional y aplicó aranceles del 25% a productos mexicanos que no estaban en el paraguas del TEMEC. La excusa de Trump fue que era un motivo de seguridad nacional y todo el mundo se preguntaba cómo un aguacate, un tomate mexicano o una cerveza corona podía ser un riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Era absurdo en la superficie, pero la verdadera razón se descubrió después. Los sectores más afectados fueron precisamente los que tienen mayor participación China. Trump le estaba apuntando a la tecnología de los autos eléctricos. Trump le estaba apuntando al litio que México tiene en abundancia, porque Trump quiere explotar el petróleo y rezagar o poner en jaque al litio mexicano.

Es una guerra por los recursos del futuro disfrazada de política comercial. Y si alguien pensaba que ese era un movimiento aislado, lo que pasó con Venezuela apenas hace unas semanas es el ejemplo perfecto de hasta dónde está dispuesto a llegar Trump. Vimos como fuerzas estadounidenses secuestraron, porque esa es la palabra correcta, al presidente Nicolás Maduro.

Una operación militar que duró apenas 47 segundos sin previo aviso. se desató un verdadero infierno en Venezuela y eso, aunque parezca lejano, puso a temblar a más de un gobierno en América Latina, porque lo que quiso hacer Trump es una demostración de fuerza, un mensaje claro de que Estados Unidos está dispuesto a secuestrar a cualquier mandatario de cualquier país, a invadir o bombardear cualquier nación de América Latina si considera que sus intereses particulares están en riesgo, como si fuera éramos de

nuevo el patio trasero de Washington. Lo hizo con Venezuela y la pregunta que hacían muchos analistas es, ¿por qué no lo haría con México? ¿Qué lo frenaría? Bueno, hay una respuesta que a mí me parece muy clara. Primero, la presidenta Claudia Shainbound ha insistido muchísimo en mantener una estrategia de cabeza fría, no provocar, pero tampoco ceder.

Segundo, hay un contexto en donde se ha integrado tantísimo la cadena de suministro entre China, Canadá y México, que eso ha alejado la posibilidad de que Washington pueda actuar con la misma impunidad que lo hizo en Venezuela. Ahora, si Trump amenaza a México, está perdido, porque México es la única y última esperanza que le queda en Norteamérica para sostener sus cadenas de suministro.

piénsenlo un momento, solo somos tres países en este tratado y uno ya se fue con China. Bendito Dios que Canadá tomó esa decisión primero. Yo creo que fue una jugada maestra la de Mark Carney. Le quitó presión a México y nos dio una carta que no teníamos en la mano. Ahora la pregunta es, ¿cuál será la jugada de Shane Bom? Trump ya ha dejado clarísimo que no piensa negociar sin imponer.

Ha querido manotear la mesa como siempre lo hace, pero lo que pasó la semana pasada cambia todo el escenario. Trump sabe que es momento de hablarle bonito a México, porque si le habla feo y nos hace enojar y seguimos el mismo camino que tomó Canadá, es su fin, el fin del dominio comercial estadounidense en Norteamérica. Y esta va a ser una batalla de fondo.

En esa batalla, México tiene cuatro opciones sobre la mesa. Déjenme explicarles cada una porque las implicaciones son enormes para su bolsillo y para el futuro de sus familias. La primera opción es aceptar todo lo que Estados Unidos diga, firmar lo que Trump ponga en frente sin chistar.

La veo difícil, francamente, eso significaría entregar nuestra soberanía en bandeja de plata. Habría prosperidad económica a corto plazo, sí, pero a costa de perder el control sobre nuestro propio destino. La segunda opción es renovar el TMEC bajo los términos que Washington imponga. Si esta renovación se da, la próxima revisión no sería hasta el 2042.

Eso podría mantener una prosperidad económica porque el tratado ha llevado crecimiento a México, pero hay un frágil equilibrio donde esa prosperidad podría estar en la balanza contra la soberanía nacional. Ese es el riesgo de acceder a todo lo que Trump pida. La tercera opción es abrir una renegociación prolongada y cada vez más analistas están hablando de que esta sería la jugada que Shane Baum estaría planeando en esta negociación.

prolongada. El juego de la presidenta sería ganar tiempo, desesperar a Trump en la mesa. México podría negociar desde una posición que para Trump podría parecer débil ante sus arranques de locura, pero constante. Ahora sí, sin prisa, pero sin pausa. Como dice el dicho, el que habla primero pierde. Y a mí me parece que esa es la opción que estaría jugando México, ver lo que pasa en el escenario, que se peleen los que se tengan que pelear y nosotros viendo los toros desde la barrera.

La cuarta opción es la más peligrosa para Trump y es la que nadie se atrevía a discutir abiertamente hasta la semana pasada. Es lo que Canadá acaba de hacer, el pivote hacia Asia. Esa baraja que acaba de sacar Canadá no existía en la mesa hace unos días, pero ahora le da a México esta cuarta opción, a la cuarta transformación.

Fíjense lo que son las cosas. Es la posibilidad de que México decida integrarse a la estrategia canadiense, que nos unamos a la franja y la ruta y al sistema financiero que China está construyendo. Y olvídense de los bricks por un momento. México ni siquiera necesita meterse a los bricks si toma la postura que tomó Canadá. Ya hay cadenas de suministro que China está construyendo no solo en el sur global, ahora vimos que también en el norte de Norteamérica, pero aquí está lo importante.

No se trata de abandonar a Estados Unidos completamente. Lo que vimos con Canadá es que redujo la dependencia al máximo y ahora lo que está haciendo es negociar, pero en mejores términos. Porque Trump decía, “¿Cuál de estas tres opciones quieres?” Y Canadá dijo, “Ninguna.” Me voy por la cuarta opción. La pregunta ahora es, ¿qué hará la cuarta transformación? Tomará la cuarta opción.

Hoy por primera vez en décadas México tiene esa alternativa sobre la mesa que no existía y la pregunta es si vamos a tener el valor de usarla, porque Estados Unidos no se va a quedar de brazos cruzados, va a haber muchísima presión. Ya lo vimos desde que aumentaron las tensiones con China. Washington activó todo su mecanismo para frenar la expansión de Asia en América Latina, pero déjenme darles un análisis frío de los escenarios y esto es importante porque afecta directamente su bolsillo.

De las cuatro opciones, solo en un escenario perdemos realmente. Si no se renueva el tratado comercial en el peor escenario, México sería libre de abrir alianzas con cualquier otro país, especialmente con el bloque asiático. ¿Produciría esto una recesión temporal? Muy seguramente sí. Podríamos ver una caída del peso, un aumento temporal en los precios de algunos productos importados, pero a la larga el que ríe al último ríe mejor, porque esa libertad comercial nos abriría puertas que hoy están cerradas.

En la opción catastrófica, que sería que México acepte todas las condiciones de Trump sin chistar, habría prosperidad económica a corto plazo. Los empleos en las maquiladoras se mantendrían. El flujo de dólares seguiría llegando, pero lamentablemente a costa de perder soberanía. Y esa pérdida de soberanía eventualmente se traduce en pérdida económica también, porque cuando no controlas tu destino, tampoco controlas tu economía.

La opción de ganar tiempo en una negociación prolongada me parece que es la especialidad de la casa con Claudia Shinba. La paciencia en la negociación, la cabeza fría, dejar que se enfríen los ánimos, que se haga pedazos quien se tenga que hacer pedazos y el que dice la última palabra es el que gana. Si de alguna manera decidimos pivotear hacia Asia, la reacción obviamente va a ser inmediata.

No le gustaría a Estados Unidos, pero el costo de no hacerlo puede ser mayor, porque quedarse atrapados en una relación de chantaje constante es como estar en un matrimonio tóxico. En eso se ha convertido el TEMEC con Donald Trump. No lo era antes. Funcionaba. Había respeto mutuo, había beneficios para ambas partes, pero con un tipo como Trump se convirtió en eso, un matrimonio tóxico donde cada decisión se tiene que tomar bajo amenazas de represalia, donde cada negociación empieza con un insulto, donde cada acuerdo viene acompañado de

una humillación pública. Y aquí viene un dato que muestra hacia dónde va el mundo. Justo ahora que estamos a mitad de enero, los últimos datos que acaban de salir muestran que menos del 40% del crecimiento global está representado por Estados Unidos. China representa el 60%. Eso es un cambio histórico.

Hace apenas 10 años la proporción era completamente inversa. Estados Unidos dominaba el crecimiento global. Ahora ya no. El centro de gravedad económico del mundo se está moviendo hacia el este y no hay nada que Washington pueda hacer para detenerlo. Ahora con el boom que le dio Canadá al firmar con Beijing, ya hablamos de una nueva arquitectura del comercio que no gira en torno a Washington.

¿Y qué creen que está haciendo Europa? Volteando a ver a China, Alemania aumentó su comercio con Beijing, un 23% el año pasado. Francia firmó acuerdos de cooperación tecnológica. Italia se sumó a la franja y la ruta. Europa está mirando hacia los acuerdos regionales con Asia, hacia el desarrollo tecnológico liderado desde el este.

México, por el momento, no se conecta con ese nuevo sistema hasta que haya una renegociación y esa es la disyuntiva. ¿Qué riesgos corremos si nos quedamos atrapados en un modelo que ya dio todo lo que tenía que dar? Hacer acuerdos exclusivos con Trump es como depender del humor con el que se levante un marido agresivo cada mañana.

Es un modelo que nos integró. Funcionó muy bien. No podemos decir que ha funcionado mal. le ha dado a México prosperidad durante décadas, pero Trump está llevando las cosas a un punto de no retorno. Y ahora cuando intentamos movernos con independencia, aunque Trump diga que no le interesa el TMEC, la verdad es que sí le interesa y mucho.

Por eso vienen el castigo y las amenazas. Canadá lo entendió perfectamente, firmó con China, tomó distancia de Estados Unidos, se separó del tóxico y ya no espera la bendición de Washington para hacer lo que le conviene. Este no es un asunto nada más de comercio exterior. Esto ya se está convirtiendo en un tema de soberanía, un tema de futuro, de dignidad nacional.

Y mientras estas cuatro opciones se barajan en México, Estados Unidos ofrece solo un camino, el de las amenazas, el de estás conmigo o estás contra mí, el de o por las buenas o por las malas. Esa lógica ya no funciona en este mundo multipolar. Las economías más fuertes son precisamente las que logran equilibrar alianzas, las que negocian con todos, las que no se casan con un solo bloque.

Y México, geográficamente hablando, pero también por historia y por economía, hoy está en el lugar perfecto. Somos la bisagra para jugar ese papel estratégico. Tenemos frontera con la economía más grande del hemisferio occidental. Tenemos costas en ambos océanos. Tenemos tratados comerciales con más de 50 países. Tenemos una población joven y una clase trabajadora capacitada.

Si lo aprovechamos, podemos convertirnos en un actor clave del siglo XXI, en el puente entre Oriente y Occidente, en la plataforma de manufactura más importante del mundo. Pero si no, seguiremos siendo un apéndice del mercado estadounidense, un modelo que ha funcionado, pero que es tiempo de evolucionar hacia un nuevo orden multipolar.

Riesgoso, sí, pero así es el futuro y el futuro no espera a nadie. La jugada de Canadá ya dejó eso clarísimo. China ya está jugando en nuestra cancha, en América del Norte específicamente. Y ese tratado que nos amarra a Estados Unidos hoy se está revisando porque la presión ya no es solamente comercial, ahora también es de soberanía, es de estrategia y porque ahora más que nunca la decisión está en manos de México.

El futuro de Norteamérica increíblemente está en manos de México. Por eso les digo que a mí me parece que la jugada de Shine Bound va a ser el que ríe al último ríe mejor. Ganar tiempo, ver que todos saquen sus cartas primero para sacar la nuestra al final en la prudencia de la cabeza fría. Y aquí está lo verdaderamente importante.

Tienes dos opciones y quiero saber tu opinión. Una opinión que no encontrarás en los medios tradicionales. ¿Tú qué piensas? Déjame en los comentarios la letra A si crees que México debe tomar la cuarta opción y seguir el camino de Canadá hacia Asia o la letra B si crees que es mejor mantener la negociación prolongada y ganar tiempo sin arriesgar la estabilidad actual.

Y dime algo más, ¿cuál fue el momento más importante para ti en este análisis? El que te hizo decir esto es crucial. fue cuando hablamos de los 18,000 millones de inversión china en México o cuando expliqué las cuatro opciones que tiene Shinbaum. Pon tu respuesta en el comentario junto con tu letra. Si valoraste este análisis, dale like para que esta verdad pueda ser vista por más personas.

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