A 500 m bajo la cordillera iraní, enterrados a mayor profundidad que cualquier rascacielos, miles de misiles balísticos descansan sobre plataformas de lanzamiento verticales cargados, apuntando y esperando una sola orden electrónica. En junio de 2025, las bombas antibúnker más potentes de todo el arsenal estadounidense impactaron en la instalación nuclear iraní de Fordow.
Un complejo enterrado a solo 80 m bajo tierra. 15 años de meticulosa planificación. Miles de millones de dólares en armamento de precisión. Bombarderos furtivos volando bajo el amparo de la oscuridad. El resultado, una destrucción sin confirmar. Las ojivas no podían garantizar la destrucción a 80 m bajo la superficie.
Las ciudades de misiles de Irán se encuentran seis veces más profundas que eso. Y ese único y devastador hecho ha reescrito de la noche a la mañana toda la ecuación militar en Oriente Medio. Si es la primera vez que nos visitas, suscríbete y activa las notificaciones. Este canal cubre los acontecimientos militares y los cambios geopolíticos que los medios de comunicación convencionales no tratan.
Ahora volvamos al tema. Durante décadas la doctrina militar estadounidense basó en una suposición inquebrantable. La superioridad aérea total se traduce directamente en la destrucción preventiva de las capacidades del enemigo. La fórmula funcionó a la perfección en Irak. En 1991, cuando oleadas de misiles de crucero destruyeron las instalaciones militares en superficie en las primeras horas de la operación tormenta del desierto.