La predicción de Edgar Cayce para Colombia en 2026 es diferente a todo lo que hemos visto
Entre todas las profecías que Edgar Kaise dejó para la humanidad, existe una que pocos conocen, una advertencia específica, directa y perturbadora sobre un país que él consideraba esencial para el futuro de la humanidad. Colombia no fue una mención casual, no fue una referencia vaga, fue una profecía detallada, urgente y cargada de significado que permaneció escondida por casi un siglo.
Mientras el mundo entero se concentra en sus predicciones sobre los Estados Unidos, Japón o Europa. La verdad es que Edgar Kaise vio algo diferente en Colombia, algo que ni siquiera los colombianos imaginan. Y ese algo está a punto de manifestarse en el año 2026. Hoy en este video voy a revelar lo que este profeta vio para esta tierra bendita.
Voy a mostrar por qué Colombia no es solo un país más en sus visiones, sino una pieza central en el rompecabezas del futuro de la humanidad. Voy a compartir las cartas olvidadas, los documentos recién descubiertos y las señales que ya empiezan a manifestarse en las montañas, en los volcanes y en el alma misma del pueblo colombiano.

Si eres colombiano o amas a alguien que vive en Colombia, este video puede cambiar completamente la forma como ves el futuro. Antes de continuar, deja tu like, suscríbete al canal y activa las notificaciones, porque este mensaje necesita llegar a cada corazón que todavía está dispuesto a escuchar. Quédate hasta el final. Lo que viene a continuación puede salvar vidas.
Edgar Casy no era un místico común. Nacido en 1877 en Kentucky, Estados Unidos. Vivió una vida sencilla, pero tenía un don extraordinario. Cuando entraba en estado de trance profundo, su conciencia parecía acceder a información imposible de conocer por medios normales. En ese estado, Kaise diagnosticaba enfermedades con precisión médica, incluso sin conocimiento formal de medicina.
Describía civilizaciones antiguas antes de que la arqueología las descubriera. y más importante para nosotros hoy, revelaba eventos futuros con una claridad que asusta. predijo la Gran Depresión de 1929, años antes de que sucediera. Anunció las dos guerras mundiales cuando nadie imaginaba tal horror. Habló sobre el colapso de imperios y el surgimiento de nuevas potencias mundiales, eventos que se cumplieron con una precisión inquietante.
Kaiser realizó más de 14,000 lecturas documentadas a lo largo de su vida, cada una registrada, fechada y archivada. Y entre esas miles de lecturas existen menciones específicas a América del Sur y particularmente a Colombia que durante décadas fueron ignoradas o mal entendidas. Hoy, con los eventos globales desarrollándose exactamente como él predijo, sus palabras sobre Colombia cobran una urgencia imposible de ignorar.
Durante años, investigadores enfocaron su atención en las profecías de Kaise sobre el hemisferio norte. Pero en archivos privados, guardados por familias que temían hacer públicas ciertas informaciones, existían cartas que hablaban de otra cosa, el destino de América Latina y especialmente de la región andina.
Esas cartas fueron escritas en las últimas décadas de la vida de Kaice, entre los años 1930 y 1940, periodo en que sus visiones se volvieron más específicas y urgentes. En ellas describía no solo eventos, sino también la importancia espiritual de ciertas regiones que el mundo occidental siempre menospreció. Colombia aparecía repetidamente en esos documentos.
Kaise la llamaba el corazón espiritual de la nueva era, un país posicionado estratégicamente, no solo geográficamente, sino energéticamente. Veía en las montañas andinas colombianas una fuerza especial, una energía que permanecía dormida, pero que despertaría en momentos críticos de la humanidad. ¿Por qué esas cartas quedaron escondidas? Algunas familias temían el ridículo, otras se preocupaban por las implicaciones políticas de revelar información sobre países específicos en medio de las tensiones de la Guerra Fría. Y había quienes simplemente no
creían que un país como Colombia pudiera tener importancia global en las profecías de Kaise. Pero en los últimos años, a medida que fragmentos de esas cartas empezaron a salir a la luz a través de investigadores independientes y descendientes de las familias guardianas de esos documentos, un patrón claro surgió.
Kaise no solo mencionó a Colombia, la vio como protagonista de eventos que definirían el destino de millones de personas. Y esos eventos, según él, empezarían a manifestarse intensamente a partir de 2026. ¿Qué exactamente predijo Edgar Keise para Colombia? Las lecturas son claras, directas y, en algunos aspectos, aterradoras, pero también llevan una promesa de esperanza que no puede ser ignorada.
Primero habló sobre cambios geológicos dramáticos en la cordillera de los Andes. Kaise predijo que la región andina de Colombia experimentaría un despertar sísmico y volcánico significativo. No se trataba de eventos aislados, sino de una reacción encadenaque afectaría especialmente la región central y sur del país. Mencionó que las montañas que duermen despertarán y con ellas la conciencia de un pueblo.
Este despertar geológico, según Kaise, no sería solo destrucción, sería también purificación. Las cenizas volcánicas, los temblores y los cambios en el paisaje obligarían a las personas a reconectarse con la tierra, con sus raíces espirituales y con el propósito mayor de la existencia humana. Pero la profecía más sorprendente de Caice para Colombia no era sobre destrucción, era sobre liderazgo.
Vio a Colombia emergiendo como un faro espiritual para América Latina y eventualmente para el mundo. En sus palabras, “Del corazón de América del Surgirá una luz, no de guerra, no de conquista, sino de comprensión espiritual. Colombia mostrará el camino cuando otros estén perdidos.” Kaice describió que después de un periodo de gran tribulación global entre 2025 y 2027, Colombia sería uno de los pocos lugares donde las comunidades lograrían mantener cohesión, fe y esperanza.
Esto no sucedería por casualidad, sino porque el pueblo colombiano pasaría por un despertar espiritual forzado por las circunstancias. También predijo cambios políticos profundos. habló de una Colombia que se liberaría de influencias externas corruptoras y encontraría su propia voz. Un nuevo tipo de liderazgo surgiría no basado en poder o dinero, sino en sabiduría y compasión genuinas.
Más inquietante aún, Kaise mencionó una gran decisión que el pueblo colombiano enfrentaría en 2026. una elección colectiva entre seguir el camino fácil del materialismo y la división o abrazar un camino más difícil de unidad espiritual y servicio. La elección, según él, determinaría no solo el destino de Colombia, sino que influenciaría toda América Latina.
Las palabras de Edgar Kaise ya no son solo profecías distantes, se están manifestando ahora frente a nuestros ojos en territorio colombiano. Las señales que describió hace casi un siglo empiezan a aparecer con una frecuencia que no puede ser ignorada. En los últimos 5 años, la actividad sísmica en Colombia aumentó significativamente.
El Servicio Geológico colombiano registró un aumento del 40% en los temblores de magnitud superior a 4.0 en la escala Rixer, especialmente en la región andina central. No son solo números, son advertencias de la Tierra. Los volcanes están despertando. El nevado del Ruiz, que devastó Armero en 1985, muestra señales crecientes de actividad.
El Galeras en el sur mantiene a las autoridades en alerta constante. El cerro machín, considerado uno de los volcanes más peligrosos de Colombia, demuestra un comportamiento inusual que los científicos luchan por explicar completamente. Pero las señales no son solo geológicas. Kaise habló de una crisis espiritual que precedería el gran despertar.
Colombia enfrenta hoy divisiones sociales profundas, polarización política extrema y una sensación creciente de que los viejos sistemas ya no funcionan. Exactamente como él predijo, los cambios climáticos afectan a Colombia de maneras específicas que Kaise mencionó. Patrones de lluvia erráticos en la región andina, derretimiento acelerado de glaciares y fenómenos climáticos extremos.
que alternan entre sequías severas e inundaciones devastadoras. Todo esto lo describió como señales de la tierra pidiendo atención. Más sorprendente todavía es el despertar espiritual silencioso que ocurre en comunidades colombianas. Hay un retorno creciente a las prácticas ancestrales, un interés renovado en sabiduría indígena y una búsqueda de significado espiritual que trasciende las religiones tradicionales.
Personas comunes empiezan a sentir que algo grande está a punto de suceder, incluso sin conocer las profecías de Caice. Cada una de estas señales aisladamente podría ser coincidencia, pero juntas forman un patrón, el mismo patrón que Edgar Kaise describió décadas antes. Y según su línea de tiempo, el punto culminante de estos eventos se acerca rápidamente. El año 2026.
Edgar Kaise no habló de Colombia en términos generales. Mencionó regiones específicas, cada una con su propio papel en el futuro que vislumbró. Bogotá y la región de la Sabana fueron descritas como el centro de la transformación espiritual. Kaise vio a la capital no solo sobreviviendo a las tribulaciones, sino emergiendo como un lugar de liderazgo moral para el continente.
Dijo que de la altitud surgirá claridad, una posible referencia a la capacidad de Bogotá de mantener perspectiva en medio del caos global. La zona cafetera, Caldas, Risaralda y Quindío fue mencionada como crucial para la reconstrucción. Kaice la describió como la tierra que alimentará cuerpos y almas. sugiriendo que esta región mantendría productividad agrícola, incluso cuando otras áreas enfrentaran dificultades.
El eje cafetero sería un refugio de estabilidad. La costa delPacífico aparece en sus visiones de forma ambigua. Kaise predijo cambios geográficos dramáticos en las costas y la costa pacífica colombiana no sería la excepción. Habló de inundaciones y alteraciones en la línea costera, pero también de una renovación que vendría del mar.
Medellín y el valle de Aburrá fueron descritos como un centro de innovación y adaptación. Kais vio esta región desarrollando soluciones creativas para los desafíos que vendrían, convirtiéndose en un ejemplo de resiliencia humana. La región amazónica colombiana fue mencionada como una zona de protección natural. Caice creía que la selva serviría como un escudo espiritual y físico, un lugar donde aquellos que buscaran refugio encontrarían paz.

También mencionó que ciertas áreas rurales, especialmente aquellas mantenidas por comunidades indígenas que preservaron sus tradiciones, serían islas de cordura en un mar de confusión. Estas comunidades, según Kaise, poseían conocimiento ancestral que sería esencial para la sobrevivencia y reconstrucción. ¿Por qué Edgar Kaise veía a Colombia como espiritualmente significativa? La respuesta está en algo que él llamaba geografía sagrada.
La idea de que ciertos lugares en la Tierra tienen vibraciones espirituales únicas que influyen en el destino de la humanidad. Para Kaise, Colombia ocupaba un punto energético crucial en el planeta, posicionada donde las cordilleras andinas se dividen en tres ramales cerca del Ecuador y sirviendo como puente entre América Central y América del Sur.
Colombia era, en sus palabras un chakra del corazón de la Tierra. Veía en las montañas colombianas más que formaciones geológicas. Eran, según él, antenas espirituales que canalizaban energía cósmica hacia el planeta. Las tradiciones indígenas, que siempre consideraron ciertas montañas como sagradas, no estaban equivocadas.
Ellas intuitivamente comprendían lo que Kaice confirmaba en sus visiones. El pueblo colombiano, según Kaice, llevaba una mezcla especial. La fusión de sangre indígena europea y africana creó en sus palabras un pueblo capaz de comprender múltiples realidades simultáneamente. Esta capacidad de integrar diferentes perspectivas sería esencial en los tiempos difíciles que vendrían.
Kaise habló de una antigua profecía indígena que él decía haber redescubierto en sus lecturas, la del pueblo del sol y del agua, que un día mostraría al mundo cómo vivir en armonía. Creía que los colombianos eran ese pueblo, aunque no lo supieran. Más importante, veía en Colombia una humildad espiritual que faltaba en naciones más poderosas.
Esta humildad, combinada con una profunda conexión a la Tierra y a las tradiciones ancestrales, preparaba a Colombia para ser una luz en tiempos de oscuridad. El despertar espiritual de Colombia, según Kaice no sería opcional. Sería forzado por las circunstancias, pero una vez completo transformaría al país en un faro de esperanza para toda la humanidad.
Llegamos al punto más crucial. ¿Qué exactamente predijo Edgar Kaise que sucedería en 2026? Sus lecturas específicas sobre ese año en relación a Colombia son perturbadoras, pero también llevan semillas de esperanza. Kaice describió 2026 como un año de decisión para Colombia. No sería un solo evento catastrófico, sino una convergencia de múltiples desafíos ocurriendo simultáneamente.
Predijo que entre marzo y noviembre de 2026, Colombia enfrentaría una secuencia de eventos que probaría la fibra moral y espiritual de la nación. Primero, vio actividad sísmica y volcánica significativa, no necesariamente una erupción única y devastadora, sino una serie de eventos que desplazarían poblaciones y obligarían a cambios profundos.
en la forma como los colombianos viven y se relacionan con la Tierra. Segundo, Kais predijo una crisis económica que afectaría especialmente a las clases medias. Describió esto como parte de un colapso financiero global, pero dijo que Colombia sentiría los efectos de manera particular debido a su dependencia de exportaciones y a su vulnerabilidad a fluctuaciones internacionales.
Tercero, y tal vez más significativo, habló de una fractura social que alcanzaría su punto máximo. Divisiones entre lo urbano y lo rural, entre diferentes regiones y entre diferentes visiones de futuro, crearían tensión extrema. Pero según Kaise, sería exactamente en ese momento de máxima presión que algo cambiaría. vio un despertar colectivo sucediendo entre junio y agosto de 2026, una especie de momento de claridad nacional donde los colombianos se darían cuenta de que o se unían espiritualmente o perdían todo.
Esta percepción no vendría de líderes políticos, sino del mismo pueblo. Kaise describió escenas de colombianos de todas las regiones ayudándose mutuamente, compartiendo recursos, formando comunidades de apoyo mutuo basadas no en ideología política, sino en solidaridad humana básica.
vio estocomo el nacimiento de algo nuevo, una forma de organización social que serviría de modelo para otras naciones. La gran decisión de 2026, según Kaise, sería entre elegir el miedo o la fe, entre la división o la unión, entre el materialismo o el espíritu, y creía que Colombia elegiría correctamente. Entonces, ¿qué deben hacer los colombianos? ¿Cómo prepararse para lo que Edgar Ke predijo? Sus recomendaciones eran prácticas y espirituales al mismo tiempo.
Preparación espiritual. Primero, Kais insistía en que sin una base espiritual sólida ninguna preparación física sería suficiente. Recomendaba oración diaria, meditación y conexión consciente con algo más grande que nosotros mismos. No necesariamente a través de religiones organizadas, sino a través de práctica espiritual genuina.
Fortalece comunidades locales, conoce a tus vecinos, forma redes de apoyo mutuo. Kai se veía el futuro no en términos de naciones salvando naciones, sino de comunidades cuidándose unas a otras. La fuerza estaría en lo local, no en lo nacional. Regresa a la Tierra cuando sea posible. Aprende a cultivar alimentos, aunque sea a pequeña escala.
Desarrolla habilidades prácticas que no dependan de tecnología compleja. Kaise creía que la autosuficiencia comunitaria sería esencial. Preserva conocimiento ancestral. Reconéctate con tradiciones indígenas y sabiduría de los mayores. Este conocimiento, según Kaise, contiene llaves de sobrevivencia que la ciencia moderna olvidó. No cedas al miedo.
Este era tal vez su consejo más importante. El miedo, decía, es más destructivo que cualquier desastre natural. Mantén fe, esperanza y compasión, sin importar lo que suceda. Sirve a los demás. En tiempos de crisis, aquellos que piensan primero en los otros, no en sí mismos, serán protegidos de maneras que la lógica no puede explicar.
El servicio desinteresado crea una protección espiritual real. Kaise no estaba pidiendo que las personas se volvieran prepers paranoicos. Estaba pidiendo un retorno a valores fundamentales de humanidad, solidaridad y fe. A pesar de la seriedad de las advertencias de Edgar Kaise, su mensaje final sobre Colombia no era de perdición, sino de esperanza.
extraordinaria. Veía a este país no como víctima del destino, sino como protagonista de una nueva era. Después de la tormenta, Kaise predijo que Colombia surgiría transformada, ya no como un país periférico, sino como un líder espiritual reconocido globalmente, un lugar donde otras naciones buscarían inspiración sobre cómo vivir en armonía con la Tierra y entre sí.
vio a Colombia desarrollando nuevos modelos de educación, salud y gobernanza basados en principios espirituales. Vio a una juventud colombiana despertada hacia su verdadero propósito, llevando un mensaje de esperanza para el mundo. La profecía de Kaise para Colombia no es un final, es un comienzo, es un llamado, una invitación para que cada colombiano se pregunte qué papel voy a desempeñar en esta transformación.
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Que Dios bendiga a Colombia y a su pueblo. Hasta el próximo video.