HARFUCH DESMANTELA el RANCHO de “La Mane” Lider Femenina de la Unión Tepitoo: GRAN DECOMISO

HARFUCH DESMANTELA el RANCHO de “La Mane” Lider Femenina de la Unión Tepitoo: GRAN DECOMISO

2, y medio de cocaína pura, un mono araña encadenado y desnutrido y la mujer que controlaba 40 manzanas del corazón de la ciudad de México. Eso es lo que Omar García Harfuch le arrancó a la Unión Tepito en una sola madrugada. Pero no fue solo droga ni animales exóticos. Fueron libretas con nombres de comerciantes extorsionados, armas ligadas a por lo menos cuatro homicidios sin resolver y una red de lavado de dinero que movía millones cada mes a plena luz del día a unas cuadras del zócalo capitalino. Lo que vas a

escuchar no es un operativo cualquiera contra el narcomenudeo. es la caída de la Mane, la líder femenina que desafió todas las reglas de un mundo dominado por hombres y construyó un imperio criminal en el territorio más disputado de la capital mexicana. Y todo comenzó cuando los helicópteros aparecieron sobre las azoteas de la colonia Morelos a las 3 de la madrugada del domingo 18 de enero de 26.

mientras la ciudad dormía sin saber que estaba a punto de perder a una de sus criminales más poderosas, Manuela Eunice N tenía 34 años cuando las fuerzas federales derribaron su puerta, pero su edad no reflejaba ni remotamente la magnitud de lo que [música] había construido. En un ecosistema criminal donde las mujeres tradicionalmente ocupaban roles secundarios, donde eran parejas de capos o lavadoras de dinero en la sombra, la Mane había roto todos los moldes.

Controlaba directamente una célula de la Unión Tepito que operaba en las alcaldías Venustiano, Carranza y Cuautemoc. Cobraba extorsiones personalmente, ordenaba ejecuciones sin intermediarios y mantenía vínculos con proveedores de cocaína que llegaban desde Guerrero hasta su territorio. Su apodo circulaba en los pasillos de inteligencia federal desde hacía años.

Los informantes la describían como calculadora, implacable y sorprendentemente discreta para alguien con tanto poder. No ostentaba en redes sociales como otros líderes del crimen organizado. No aparecía en fiestas con narco de fondo, ni presumía camionetas blindadas. Su único lujo visible era un tatuaje de lealtad a la unión Tepito, que llevaba en el cuerpo como marca de pertenencia absoluta.

Y ese perfil bajo la había mantenido operando durante años, mientras otros capos caían uno tras otro. Harf llevaba meses tejiendo la red de inteligencia que eventualmente la atraparía. La información llegaba en fragmentos dispersos que sus analistas iban conectando como piezas de un rompecabezas. un nombre aquí, una dirección allá, una transferencia bancaria que no cuadraba con ningún negocio legítimo.

Pero la pieza clave llegó cuando interceptaron comunicaciones entre la Mane y sus proveedores en Guerrero. Conversaciones cifradas que los especialistas tardaron semanas en descifrar, pero que revelaron algo invaluable. Las ubicaciones exactas de sus casas de seguridad en el centro de la ciudad. El despliegue comenzó a las 2 de la madrugada.

140 elementos de cuatro corporaciones diferentes salieron simultáneamente de bases operativas en distintos puntos de la capital. La Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México aportó 60 efectivos con experiencia en operativos urbanos. La Fiscalía General de Justicia Capitalina envió 15 agentes de investigación que conocían cada callejón del barrio de Tepito.

La Secretaría de Marina desplegó un grupo táctico de 25 elementos entrenados para intervenciones de alto riesgo y la Guardia Nacional completó el contingente con 40 uniformados que sellarían el perímetro para evitar cualquier fuga. Dos helicópteros despegaron de una base en el sur de la ciudad, volando bajo para evitar alertar a los vigías que la Unión Tepito mantiene en las azoteas de la colonia. Morelos.

Tres drones equipados con cámaras térmicas se adelantaron para confirmar presencias humanas en los inmuebles Objetivo. Las imágenes que transmitían en tiempo real mostraban figuras en movimiento dentro de las propiedades, confirmando que los blancos estaban donde la inteligencia indicaba que estarían.

Harf coordinaba todo desde un centro de mando móvil estacionado a 500 m del primer objetivo. No quería estar lejos, quería escuchar el momento exacto en que las puertas se dieran y el Imperio de la Mane comenzara a derrumbarse. Había apostado demasiado en este operativo como para conformarse con reportes de segunda mano. La sincronización era crítica.

La Unión Tepito opera con una red de comunicación instantánea entre sus células. un solo error, un solo halcón que alcanzara a dar aviso y los objetivos se evaporarían entre los laberintos de vecindades y callejones que solo los locales conocen. Por eso, Harfó que todos los equipos entraran exactamente al mismo tiempo, a las 3:14 de la madrugada, sin margen para improvisaciones.

El primer objetivo era una casa de dos pisos en la colonia Morelos, a tres cuadras del corazón de Tepito. Desde afuera aparecía una vivienda cualquiera con fachada descuidada y cortinas corridas que no dejaban ver el interior. Pero los drones térmicos habían detectado cinco figuras en movimiento adentro y los informantes confirmaban que ahí dormía la mane cuando no estaba supervisando sus puntos de venta.

El segundo objetivo era un departamento en la colonia Guerrero, donde la inteligencia ubicaba el centro de operaciones financieras de la célula. Ahí se guardaban las libretas de extorsión, los registros de cuentas y el efectivo que todavía no había sido lavado a través de negocios fachada. El tercer objetivo era una bodega cerca del mercado de la lagunilla, utilizada como almacén de droga y punto de distribución a los narcomenudistas que trabajaban las calles del centro.

A las 3:14 de la madrugada, los arietes golpearon simultáneamente las tres puertas. El estruendo rompió el silencio de las calles vacías como [música] truenos sincronizados que rebotaron entre las fachadas de edificios centenarios. Los vecinos que despertaron con el ruido no se asomaron a las ventanas. En esas colonias la curiosidad [música] se paga cara y todos han aprendido que es mejor no ver nada.

Si estás pensando que atrapar a una líder criminal en el corazón de la Ciudad de México suena casi imposible. Te entiendo perfectamente, pero lo que encontraron adentro superó todas las expectativas del operativo. En la casa de la colonia Morelos, los elementos tácticos entraron gritando identificaciones mientras sus linternas barrían cada rincón en busca de amenazas.

La resistencia que esperaban nunca llegó. La man estaba en el segundo piso, en una habitación sin ventanas que servía como dormitorio improvisado. Cuando los agentes derribaron la puerta, la encontraron sentada en el borde de la cama, completamente vestida, como si hubiera estado esperando ese momento durante horas.

Su expresión era de una frialdad que desconcertó a los elementos que la rodearon. No hubo gritos, no hubo intentos de fuga, no hubo súplicas ni amenazas, solo una mirada calculadora que evaluaba la situación con la calma de quien ya ha pensado mil veces en ese escenario. Cuando le colocaron las esposas, ni siquiera preguntó de qué se le acusaba.

Sabía perfectamente por qué estaban ahí. Junto a ella, en la misma propiedad, cayó Guillermo N. Su pareja sentimental y principal operador de violencia. Los expedientes lo describían como cobrador y sicario, el brazo ejecutor de las órdenes que la Mane daba desde las sombras. Tenía antecedentes por homicidio y portación de armas, pero nunca había sido vinculado directamente con la estructura de la Unión Tepito hasta esa noche, en el departamento de la colonia Guerrero, los agentes encontraron a María Marisol N, la encargada de las finanzas de la célula.

Estaba rodeada de lo que parecía ser el corazón administrativo del imperio. Pilas de billetes ordenados por denominación, libretas con registros de extorsiones que detallaban nombres de comerciantes, cantidades cobradas y fechas de pago, tarjetas bancarias a nombres que no coincidían con ninguno de los presentes y documentos falsos que incluían credenciales de elector y pasaportes con fotografías alteradas.

Daniel N fue detenido en la misma ubicación. Su función era menos glamorosa, pero igualmente vital. Empaquetador y distribuidor, el eslabón que conectaba la droga almacenada con los puntos de venta callejeros que abastecían la demanda del centro de la ciudad. Y en la bodega cerca de la lagunilla, Gastón nene intentó huir por una ventana trasera cuando escuchó los arietes. No llegó lejos.

Un equipo de contención lo interceptó a 20 m del inmueble derribándolo sobre el pavimento mojado por la llovisna que había caído horas antes. Su rol en la organización era logístico, el contacto con los proveedores de Guerrero que abastecían la cocaína que luego se distribuía en el territorio de la Mane.

Cinco detenidos en menos de 10 minutos. Pero el operativo apenas comenzaba porque lo que guardaban esas propiedades revelaría la verdadera magnitud de lo que la Mane había construido durante años de impunidad. En la bodega encontraron el cargamento principal, 2,G5 k de cocaína de alta pureza, empaquetada en bolsas selladas y lista para su distribución.

Cada bolsa tenía marcas que los investigadores ya conocían. Sellos distintivos que identificaban el producto como procedente de laboratorios en Guerrero. Junto a la cocaína había marihuana en varias presentaciones, desde bolsas pequeñas para venta callejera hasta paquetes más grandes destinados a distribuidores intermedios.

Pero lo que realmente interesó a los fiscales no fue la droga, fueron las armas. Siete pistolas de diferentes calibres aparecieron en registros posteriores de las tres propiedades. Cuatro de ellas ya estaban siendo analizadas por el laboratorio de balística para cotejar sus casquillos con los encontrados en escenas de homicidios no resueltos en la zona.

Las primeras pruebas, según fuentes cercanas a la investigación, vinculaban al menos cuatro ejecuciones con esas armas específicas. Cuatro familias que llevaban meses o años esperando justicia podrían finalmente saber qué pasó con sus seres queridos. Dale like si no te esperabas que un operativo contra narcomenudeo destapara homicidio sin resolver. Porque esto apenas comienza.

Los celulares incautados fueron otro hallazgo crucial. Nueve dispositivos con sistemas de encriptación que los técnicos forenses tardarían días en vulnerar, pero que prometían revelar la red completa de contactos, proveedores, compradores y posibles cómplices dentro de instituciones que deberían combatir el crimen.

La experiencia de operativos anteriores había demostrado que los teléfonos de líderes criminales frecuentemente contenían evidencia de corrupción que alcanzaba niveles que nadie quería imaginar. Las libretas de extorsión, sin embargo, fueron lo que heló la sangre de los investigadores, páginas y páginas escritas a mano con caligrafía meticulosa, documentando un sistema de cobro que abarcaba cientos de negocios en las 40 manzanas que controlaba [música] la mane.

Fondas, tiendas de abarrotes, puestos de mercado, talleres mecánicos, papelerías, cada uno con una cuota semanal asignada según su tamaño y ganancias estimadas. Junto a cada nombre había fechas de pago, cantidades entregadas y en algunos casos anotaciones sobre consecuencias para quienes se atrasaban. Ese sistema representaba millones de pesos mensuales fluyendo hacia las arcas de la Unión Tepito.

Dinero extraído a punta de miedo de comerciantes que solo querían ganarse la vida honestamente, que abrían sus negocios cada mañana sabiendo que una parte de lo que ganaran iría a parar a manos de criminales que los amenazaban con quemar sus locales o hacerle daño a sus familias si no pagaban. El efectivo incautado confirmó la magnitud del flujo financiero.

Fajos de billetes de todas las denominaciones, desde 20 arrugados hasta billetes de 500 prácticamente [música] nuevos, sumaban una cantidad que todavía estaba siendo contabilizada cuando el sol comenzó a asomarse sobre los edificios del centro. Pero el hallazgo que nadie esperaba, el que convertiría este operativo en algo más que una captura criminal rutinaria, estaba en el segundo piso de la casa de la colonia Morelos.

Detrás de una puerta que los primeros elementos en entrar casi pasan de largo. Era una habitación pequeña, sin ventanas, que olía a humedad y a algo más que los agentes tardaron segundos en identificar. Ahí, dentro de una jaula improvisada con alambre y madera, encontraron al mono araña. El animal estaba encadenado del cuello con una cadena corta que apenas le permitía moverse dentro de su prisión.

Su pelaje, que debería haber sido brillante y oscuro, se veía opaco y maltratado. Sus costillas eran visibles bajo la piel. Sus ojos, cuando las linternas lo iluminaron, reflejaron un terror que ningún ser vivo debería conocer. Los agentes se detuvieron. Habían visto cosas terribles en sus años de servicio. Habían entrado a casas de seguridad donde encontraron evidencia de torturas, donde el olor a muerte impregnaba cada superficie, donde la crueldad humana se manifestaba en formas que preferían no recordar.

Pero algo en ese mono encadenado los afectó de manera diferente. Quizás porque era inocente, quizás porque no podía entender por qué estaba ahí ni qué había hecho para merecer ese destino. Quizás porque representaba de forma brutal y directa el tipo de crueldad gratuita que define a quienes han perdido toda humanidad en su camino hacia el poder.

Cuéntame en los comentarios si alguna vez imaginaste que un operativo contra una célula del narcotráfico terminaría rescatando a un mono araña desnutrido. Porque yo honestamente no me lo esperaba cuando empecé a investigar esta historia. Las autoridades ambientales fueron notificadas de inmediato. Un equipo especializado llegó a la propiedad antes del amanecer para evaluar el estado del animal y coordinar su traslado a un centro de rehabilitación donde recibiría la atención veterinaria que desesperadamente necesitaba. La cadena

fue cortada con cuidado, la jaula desmantelada y el mono araña salió de esa casa en brazos de rescatistas que lo trataron con una gentileza que probablemente nunca había conocido. El contraste era surrealista. Mientras afuera los camiones blindados transportaban a cinco detenidos acusados de narcomenudeo, extorsión, lavado de dinero y homicidios, adentro, un grupo de personas se esforzaba por salvar a una criatura que había sido [música] víctima colateral de la misma maldad que ahora enfrentaba la justicia. Ese mono se

convirtió, sin que nadie lo planeara en el símbolo del operativo, no por su valor monetario ni por su relevancia criminal, sino por lo que representaba, el capricho absoluto del poder, la capacidad de quienes lo ejercen para causar sufrimiento sin propósito ni ganancia, simplemente porque pueden. El amanecer llegó con el operativo aún en marcha.

Los primeros rayos de sol iluminaron una escena que los vecinos de la colonia Morelos observaban desde lejos con esa mezcla de curiosidad y cautela que caracteriza a quienes han aprendido a convivir con el crimen organizado como parte del paisaje cotidiano. Camionetas oficiales estacionadas en doble fila, agentes entrando y saliendo con cajas de evidencia, perímetros acordonados con cinta amarilla que nadie se atrevía a cruzar.

Y en el centro de todo la confirmación de que algo importante había ocurrido durante la noche, aunque los detalles tardarían horas en filtrarse. La Mane fue trasladada en un vehículo blindado hacia instalaciones de la fiscalía, donde comenzaría el proceso legal que podría mantenerla en prisión durante décadas si las pruebas sostenían los cargos que se acumulaban contra ella.

Durante el trayecto, según fuentes cercanas al operativo, no pronunció una sola palabra. mantuvo la misma expresión de frialdad calculadora con la que había recibido a los agentes que la detuvieron, como si ya estuviera planeando su siguiente movimiento desde el asiento trasero de la patrulla. Sus cuatro colaboradores fueron procesados por separado, cada uno enfrentando cargos específicos según su rol en la organización.

Guillermo N por homicidio y delincuencia organizada. María Marisol N por lavado de dinero y extorsión. Daniel N. Por narcomenudeo y posesión de sustancias ilícitas. Gastón N por tráfico de drogas y asociación delictuosa. La conferencia de prensa se programó para el mediodía. Harf apareció flanqueado por mandos de la Secretaría de Marina, representantes de la Fiscalía y funcionarios de la Secretaría de Seguridad Ciudadana Capitalina.

Detrás de él la escenografía que ya se había vuelto familiar en este tipo de eventos. Paquetes de droga exhibidos sobre mesas metálicas, armas desplegadas con sus cargadores vacíos. Fajos de billetes ordenados en torres que reflejaban los flashes de las cámaras. Este operativo representa un golpe importante al corazón.

Operativo de la Unión Tepito en el centro de la ciudad, dijo Harf con la voz firme que caracteriza sus intervenciones públicas. No capturamos solo a una distribuidora de drogas. Capturamos a una operadora de alto nivel que controlaba 40 manzanas de territorio, que ordenaba ejecuciones, que extorsionaba a cientos de comerciantes y que había logrado mantenerse en las sombras durante años mientras acumulaba poder e influencia.

Las preguntas de los periodistas se sucedieron con la urgencia habitual. ¿Cuántas armas se habían incautado? ¿Qué vinculación tenían con homicidios previos? ¿Cómo lograron ubicar las propiedades? ¿Qué impacto tendría esto en las operaciones de la Unión Tepito? Harf respondió con precisión, revelando solo lo que la estrategia permitía [música] compartir.

Las armas incautadas estaban siendo analizadas por el laboratorio de balística y los resultados preliminares vinculaban al menos cuatro de ellas con homicidios cometidos en la zona durante los últimos 2 años. Los celulares encriptados serían procesados por especialistas forenses y se esperaba que revelaran información adicional sobre la estructura de la organización.

Las libretas de extorsión ya estaban siendo utilizadas para identificar a las víctimas y ofrecerles protección mientras se desarrollaba el proceso judicial. Y luego vino la advertencia que todos esperaban pero que nadie quería escuchar. “Debemos ser realistas”, continuó Harf mirando directamente a las cámaras. La Unión Tepito opera con una estructura horizontal que incluye entre 25 y 40 células activas en distintas zonas de la ciudad.

La captura de la Mane y el desmantelamiento de su célula es un avance significativo, pero no podemos pretender que esto acaba con la organización. Las vacantes se llenan rápido en este mundo, por eso nuestro trabajo no termina hoy. Esto es apenas un paso en una estrategia de largo plazo que requiere constancia. recursos y el apoyo de la ciudadanía.

Esa honestidad brutal era parte de lo que distinguía a Harf de otros funcionarios que prometían victorias definitivas que nunca llegaban. No vendía ilusiones. Presentaba los hechos, celebraba los logros, pero siempre recordaba que la guerra contra el crimen organizado era un maratón, no una carrera de velocidad. La historia de la Mane comenzó a reconstruirse en las horas siguientes cuando los investigadores empezaron a unir las piezas de su trayectoria criminal.

Los informes de inteligencia la vinculaban con Andrés Felipe García Munera, alias el colocho, un operador colombiano que había sido su pareja sentimental años atrás y que había establecido las rutas de suministro de cocaína que conectaban a proveedores sudamericanos con el mercado mexicano. Esa conexión internacional elevaba el perfil de la mane más allá de una simple líder de narcomenudeo local.

La convertía en un eslabón de una cadena que cruzaba fronteras, que conectaba laboratorios en la selva colombiana con calles del centro de la Ciudad de México, que transformaba hojas de coca en polvo blanco que destruía vidas a miles de kilómetros de donde fue producido. El colocho había sido detenido años atrás en un operativo separado, pero su legado permanecía vivo en las rutas que había establecido y en los contactos que había dejado a quienes le sucedieron.

La Mane había heredado parte de esa red, adaptándola a las necesidades de su territorio y expandiéndola con proveedores adicionales en Guerrero que le garantizaban un flujo constante de mercancía sin depender de un compulitas solo origen. El tatuaje de lealtad a la Unión Tepito que llevaba en el cuerpo era, según los [música] expertos en simbología criminal, una marca que pocos miembros de la organización ostentaban.

No era solo decoración, era un compromiso de sangre, una declaración de pertenencia absoluta que se ganaba después de demostrar lealtad inquebrantable durante años. Que una mujer lo portara era prácticamente inédito en una organización conocida por su machismo estructural. Los investigadores que revisaban su historial encontraron referencias a su ascenso dentro de la organización que databan de casi una década atrás.

Había comenzado como cualquier otra mujer en ese mundo, en roles secundarios que la mantenían lejos de las decisiones importantes. Pero algo cambió en algún momento de su trayectoria, algo que la impulsó hacia arriba en una estructura que normalmente reservaba el poder para los hombres. Algunos informantes sugerían que su relación con el colocho había sido el catalizador, que él vio en ella capacidades que otros ignoraban y le dio oportunidades que nadie más le habría ofrecido.

Otros argumentaban que la mane simplemente era más inteligente, más despiadada y más ambiciosa que quienes la rodeaban y que habría llegado a la cima con o sin ayuda externa. La verdad probablemente estaba en algún punto intermedio, como suele ocurrir con las historias de ascenso en el crimen organizado, una combinación de circunstancias favorables, conexiones correctas y una voluntad férrea de hacer lo que fuera necesario para acumular poder.

Si conoces a alguien que necesita saber cómo opera el crimen organizado en el corazón de la Ciudad de México, compártele este video. A veces la información correcta cambia la manera en que vemos las cosas que pasan a nuestro alrededor. Los días siguientes al operativo trajeron consecuencias que se extendieron más allá de los detenidos.

En las 40 manzanas que la Mane controlaba, los comerciantes vivieron una semana de incertidumbre. Algunos reportaron que nadie había llegado a cobrar la cuota semanal. Otros notaron la ausencia de los halcones que normalmente vigilaban las esquinas. Adolescentes reclutados por la organización para alertar sobre presencia policial.

Unos pocos, los más optimistas, se atrevieron a pensar que quizás, solo quizás las cosas podrían cambiar. Un taquero de la calle, Jesús Carranza, entrevistado por un medio local bajo condición de anonimato, describió la situación con palabras que capturaban el sentir de muchos. Llevamos años pagando, dijo. Cada semana llegan y hay que tener el dinero listo porque si no, ya sabes lo que pasa.

Esta semana no vino nadie. No sé si alegrarme o preocuparme más, porque cuando hay vacío de poder, siempre llega alguien peor a llenarlo. Esa incertidumbre reflejaba una realidad que Harf conocía demasiado bien. La captura de un líder criminal no significaba liberación para las comunidades afectadas. significaba un periodo de transición donde todo podía pasar, donde las reglas que habían mantenido cierto orden, por injusto que fuera, dejaban de aplicar y donde nuevos actores competían por establecer su dominio.

Pero la realidad del crimen organizado en la Ciudad de México es más compleja que una sola captura, por que sea. La estructura horizontal de la Unión Tepito, esa red de células semiautónas que operan con cierta independencia, pero bajo un liderazgo difuso. Garantiza que la caída de una líder no significa el colapso de la organización.

Otras células observaban desde las sombras calculando cómo absorber el territorio vacante, cómo reclutar a los distribuidores que quedaron sin jefa, cómo llenar el vacío de poder antes de que un competidor lo hiciera. En los barrios aledaños a Tepito, los rumores comenzaron a circular casi de inmediato. Se hablaba de reuniones nocturnas entre líderes de otras células, de negociaciones para dividirse el territorio de la Mane, de amenazas veladas hacia quienes intentaran operar de forma independiente aprovechando el

caos. El ecosistema criminal se reacomodaba con la velocidad de siempre, adaptándose a la nueva realidad como un organismo que pierde una extremidad, pero sigue funcionando. Era el ciclo perpetuo que Harf conocía demasiado bien. Golpear, desarticular, capturar, celebrar el avance y luego prepararse para el siguiente operativo, sabiendo que los espacios vacíos nunca permanecían vacíos por mucho tiempo.

el mono araña. Mientras tanto, comenzaba su recuperación en un centro especializado donde veterinarios trabajaban para revertir meses o quizás años de desnutrición y maltrato. Las primeras evaluaciones indicaban que sobreviviría. Aunque el trauma de su cautiverio dejaría secuelas que tomarían tiempo en sanar, se convirtió, sin proponérselo, en el rostro más compartido del operativo en redes sociales.

Más que las armas incautadas, más que la droga decomizada. Más que la imagen de la man esposada, fue ese animal encadenado el que generó la reacción emocional más intensa del público. Las fotografías del rescate circularon por todas las plataformas. El contraste entre la fragilidad del animal y la brutalidad del entorno donde lo encontraron generó miles de comentarios de indignación, de tristeza, de rabia contenida.

Organizaciones de protección animal emitieron comunicados exigiendo penas más severas para quienes traficaban con especies protegidas. Usuarios anónimos prometían seguir el caso hasta asegurarse de que el mono recibiera la atención que necesitaba. Quizás porque era más fácil de entender. Quizás porque la crueldad hacia un ser indefenso resultaba más tangible que las cifras de extorsión o los kilogramos de cocaína.

Quizás porque en ese mono se reflejaba algo sobre la naturaleza del poder criminal que las estadísticas nunca logran capturar, la arbitrariedad, el capricho, la capacidad de causar sufrimiento simplemente porque nadie lo impide. Harfud no mencionó al mono araña en la conferencia de prensa. No era relevante para los cargos legales ni para la estrategia de seguridad, pero en privado, según personas cercanas a él, comentó que ese hallazgo le había afectado más de lo que esperaba, que después de años de ver lo peor de la humanidad en su trabajo, todavía había

cosas que lograban sorprenderlo. El territorio de la Mane permanece hoy en una especie de limbo criminal. Las fuerzas de seguridad mantienen presencia reforzada en las colonias afectadas, patrullas adicionales que recorren las calles donde antes solo se veían halcones y cobradores, pero todos saben que eventualmente esa presencia se relajará y alguien llegará a llenar el vacío.

Puede ser otra célula de la Unión Tepito. Puede ser un grupo rival que vea una oportunidad. Puede ser una nueva generación de criminales que crezca desde las mismas calles que vieron nacer a la Mane décadas atrás. Los comerciantes que fueron identificados en las libretas de extorsión [música] están siendo contactados por las autoridades.

Se les ofrece protección temporal, asesoría legal, la posibilidad de denunciar formalmente lo que han sufrido durante años. Algunos aceptan aliviados de finalmente poder hablar. Otros prefieren el silencio, desconfiando de un sistema que los ha abandonado tantas veces antes, temiendo represalias de quienes eventualmente llenarán el vacío dejado por la Mane.

El ciclo continuará porque las condiciones que lo alimentan siguen intactas. La demanda de drogas sigue existiendo. La pobreza que empuja a jóvenes hacia el crimen organizado sigue presente. La corrupción que permite que las organizaciones operen con relativa impunidad. sigue infiltrada en instituciones que deberían combatirla.

Un operativo exitoso, por más espectacular que sea, no resuelve problemas estructurales que llevan generaciones gestándose, pero eso no significa que el operativo carezca de valor. Cada golpe al crimen organizado importa. Cada líder capturada es una red debilitada, aunque sea temporalmente. Cada arma incautada es un arma que no disparará contra un inocente.

Cada libreta de extorsión recuperada es evidencia que puede proteger a comerciantes que vivían amenazados. Cada mono araña rescatado es una pequeña victoria contra la crueldad que define a quienes ejercen el poder desde las sombras. Harf sabe, por eso sigue trabajando. Por eso coordina operativos a las 3 de la madrugada mientras la ciudad duerme.

Por eso arriesga su vida en una guerra que muchos consideran imposible de ganar. Porque ganar no significa eliminar el crimen para siempre. Significa no rendirse, no ceder terreno, no aceptar que el Estado es impotente frente a organizaciones que se creen invencibles. La MANE hoy enfrenta un proceso judicial que podría mantenerla tras las rejas durante décadas.

Sus cuatro colaboradores enfrentan cargos que los vincularán con una organización criminal, aunque intenten distanciarse de ella. Las armas incautadas están siendo analizadas para resolver homicidios que parecían destinados a quedar impunes. Los celulares encriptados revelarán secretos que mantendrán ocupados a los investigadores durante meses.

Las libretas de extorsión servirán como evidencia en procesos que podrían liberar a cientos de comerciantes del yugo que soportaban en silencio. Y el mono Araña, contra todo pronóstico, tiene una segunda oportunidad que nunca debió necesitar. Eso es lo que un solo operativo puede lograr cuando se ejecuta correctamente.

No la victoria final, sino un avance en una guerra de desgaste donde cada paso cuenta, donde cada golpe importa, donde cada madrugada de trabajo puede marcar la diferencia para alguien que vive con miedo en las calles del centro de la ciudad. La historia del domingo 18 de enero de 2026 no terminó cuando el sol iluminó las calles de la colonia Morelos ni cuando los últimos camiones con evidencia abandonaron la zona.

Terminará, si es que termina algún día, cuando las condiciones que permiten que líderes como la Mane existan dejen de existir, cuando los jóvenes de Tepito tengan opciones diferentes al crimen organizado. Cuando los comerciantes puedan abrir sus negocios sin temer extorsiones, cuando ningún mono araña termine encadenado en una habitación oscura, porque a alguien con poder se le ocurrió que sería divertido tener uno.

Hasta  entonces habrá más operativos, más madrugadas, más puertas derribadas y más líderes esposados. Y yo voy a estar aquí para contártelos, para que sepas lo que realmente está pasando en tu ciudad, aunque otros prefieran que no te enteres. Si quieres seguir enterándote de lo que ocurre en la guerra contra el crimen organizado en México, suscríbete al canal y activa la campanita para que YouTube te avise cada vez que suba un video nuevo.