EL CHATARRERO QUE LE ROBÓ 15 MILLONES AL CHAPO GUZMÁN (HISTORIA REAL)

EL CHATARRERO QUE LE ROBÓ 15 MILLONES AL CHAPO GUZMÁN (HISTORIA REAL)

 

Lo que voy a contarte suena a película, pero no es película. Es la historia real de un chatarrero de Mazatlán que compró cinco camionetas destruidas del Chapo en suasta del gobierno por 180,000 pesos. Lo que encontró adentro valía más de 15 millones de dólares. Pero eso no es lo más fuerte de esta historia.

Lo más fuerte es lo que pasó después, porque ese dinero no estaba olvidado y la gente que lo buscaba no era gente que perdona. Si crees que sabes cómo termina, te equivocas, porque esta historia tiene más giros que Túnel del Chapo. Quédate hasta el final, no te vas a arrepentir. Julio de 2017, Mazatlán, Sinaloa. Gonzalo Terrazas tenía 45 años y un yonke que se estaba muriendo, negocio heredado de su padre.

Terreno grande en las afueras de la ciudad, lleno de carros destrozados, piezas oxidadas y fierro viejo que cada vez valía menos. dinero que en los tiempos buenos, cuando su padre vivía, el John quedaba suficiente para vivir bien. Ahora apenas alcanzaba para pagar la luz y comer. Su esposa Graciela llevaba años pidiéndole que vendiera y buscara trabajo de verdad.

Sus dos hijos, Daniela de 19 y Emiliano de 16, necesitaban dinero para la escuela. Daniela quería estudiar medicina, pero la universidad costaba lo que Gonzalo ganaba en un año. Estamos perdiendo dinero cada mes, Gonzalo. Este yonke se va a hundir y nosotros con él. Le voy a dar la vuelta. Solo necesito un buen lote. Un buen lote. Eso decía cada mes.

Cada mes la misma promesa que no se cumplía. Pero en julio de 2017 el buen lote apareció. Subasta pública del gobierno federal. Bienes confiscados al crimen organizado, propiedades, joyas, carros, todo vendiéndose al mejor postor. Gonzalo se enteró por anuncio en el periódico. Lista de vehículos que incluía camionetas blindadas, carros de lujo, motos.

Pero lo que le llamó la atención fue un lote específico. Lote 47. Cinco camionetas tipo V descritas como vehículos dañados en operativo no funcionales, vendidos como chatarra para desmantelamiento. Precio base 150,000 pes. A por chatarra, exactamente lo que Gonzalo sabía manejar. Cinco camionetas blindadas, aunque estuvieran destruidas, tenían piezas que valían una fortuna.

Transmisiones, motores, cristales blindados que podía vender a talleres especializados. Si tenía suerte, podía sacar medio millón de pesos en piezas. Fue a la subasta, sala de gobierno en el centro de Mazatlán. 40 personas compitiendo por diferentes lotes. La mayoría iban por los carros de lujo. BM, Mercedes, Audi.

Carros que podían repararse y revenderse. Nadie quería la chatarra. Cuando llegó el lote 47, solo Gonzalo y otro hombre levantaron la mano. $150,000 160,000, dijo el otro. $10,000, dijo Gonzalo. El otro hombre negó con la cabeza. No valía más para él. Vendido al señor Terrazas por 180,000 pes. Gonzalo pagó con dinero que había juntado durante meses, todo lo que tenía.

Si este lote no funcionaba, no había vuelta atrás. Lo que Gonzalo no sabía era que ese lote iba a cambiar su vida para siempre, pero no de la forma que esperaba. Antes de seguir, necesito que entiendas algo. Si esas cinco camionetas no eran chatarra cualquiera, eran parte de la flotilla personal del Chapo Guzmán en Mazatlán, las mismas camionetas que usaba para moverse por la ciudad antes de su captura en el hotel Miramar en febrero de 2014.

Cuando los marinos cayeron sobre el Chapo confiscaron todo, propiedades, carros, [música] lanchas, todo. Las camionetas fueron llevadas a corralón del gobierno, donde estuvieron 3 años acumulando polvo. Nadie las revisó a fondo. Nadie pensó que adentro podía haber algo más que fierro y motor. Pero el Chapo no usaba camionetas normales.

El Chapo usaba camionetas preparadas, blindadas por fuera, modificadas por dentro. Y una de esas modificaciones eran los compartimentos secretos donde movía efectivo por toda la ciudad. Gonzalo no sabía nada de esto. Para él eran cinco camionetas destruidas que [música] iba a convertir en piezas. Lo que encontró adentro lo hizo el hombre más rico y más asustado de Mazatlán, [música] Norlas.

Dos días después de la subasta. Grua llevó las cinco camionetas al Yonke. Las acomodaron en la parte trasera del terreno, lejos de la vista de la calle. Oaqueafe Gonzalo empezó con la primera. Suburba negra, cristales rotos, carrocería perforada por impactos, modelo 2012, blindaje nivel 5 que había resistido varios balazos, pero no todos.

Empezó a desmontar las puertas. Trabajo normal de chatarrero. Quitar tornillos, separar paneles, extraer componentes. Cuando quitó el panel interior de la puerta del conductor, vio algo raro. El espacio entre el blindaje y el panel exterior era más ancho de lo normal, mucho más ancho. En camioneta blindada estándar, el espacio lo ocupa el queblar y la placa de acero, pero aquí había algo más.

Gonzalo metió la mano, tocó plástico, sacó el primer paquete, bolsa de plástico negro sellada al vacío, pesada del tamaño de un ladrillo. Acas la abrió con cúter, billetes, dólares americanos, fajos organizados con ligas, billetes de $100. Gonzalo se quedó mirando el paquete en sus manos, sin moverse, sin respirar. revisó el espacio otra vez, había más paquetes.

Metió el brazo hasta el fondo, sacó otro y otro y otro. La puerta del conductor tenía ocho paquetes. Corrió a la puerta del copiloto, abrió panel, más paquetes, puertas traseras, más piso del carro. Doble fondo soldado profesionalmente abrió con cincel y martillo. Adentro más paquetes, docenas de paquetes. Gonzalo los sacó todos, los acomodó en el piso de su taller.

Contó 47 paquetes en total. Cada paquete contenía fajos de billetes de $100. Tardó 2 horas en contar. Manos temblando, [música] mente negándose a creer lo que veía. 200,000 $3,200,000 escondidos en una sola camioneta. Gonzalo miró hacia las otras cuatro camionetas estacionadas en su yonkeó. Y aquí es donde necesito que me digas algo en los comentarios.

Si fueras Gonzalo, si acabaras de encontrar 3 millones de dólares en la primera camioneta y tuvieras otras cuatro esperando, ¿las abrirías o llamarías a la policía? piénsalo bien, porque la decisión que Gonzalo tomó en los siguientes 30 minutos [música] determinó todo lo que vino después. Clapevas, dale like si tú las abrirías.

Suscríbete si quieres saber qué encontró en las otras cuatro. Gonzalo no llamó a nadie, cerró el taller con candado. Verificó que nadie hubiera visto. Su empleado Tomás no venía ese día. Graciela estaba en casa, los hijos en la escuela. Solo él sabía. fue directamente a la segunda camioneta Escalade Negra, más destruida que la primera, a techo aplastado [música] como si algo pesado hubiera caído encima. Puertas soldadas por el impacto.

Tuvo que usar soplete para abrirla. Cuando finalmente entró, encontró el mismo sistema. Compartimentos en puertas, doble fondo en piso, espacio detrás de asientos traseros. Sacó los paquetes. $2,800,000. Tercera camioneta, Suburban Gris. $3,100,000. Cuarta camioneta. Taoe negra, la más dañada de todas.

Le tomó casi una hora abrirla, pero los compartimentos estaban intactos. $,900,000. Quinta camioneta Escalight Blanca, la única que no tenía daños de balas, sino de choque, como si hubiera sido abandonada durante persecución. de dólares. Gonzalo se sentó en el piso de su taller rodeado de montañas de dinero.

La suma total era imposible de procesar, 15 millones de dólares, más de 280 millones de pesos encontrados en cinco camionetas destruidas que había comprado por 180,000 pesos en su basta del gobierno. El chatarrero más pobre de Mazatlán se había convertido en millonario en una tarde. Pero antes de que pienses que esta es historia de Final Feliz, antes de que imagines a Gonzalo comprando mansiones y carros nuevos, necesito que entiendas algo.

Ese dinero era del Chapo Guzmán y el Chapo estaba preso en Estados Unidos, pero su gente no. Su organización seguía operando. Sus lugartenientes seguían en Sinaloa y 15 millones de dólares no se pierden sin que alguien venga a buscarlos. Gonzalo todavía no lo sabía, pero acababa de firmar su sentencia. La pregunta no era si iban a venir por el dinero. La pregunta era cuándo.

Esa noche Gonzalo no durmió. Se quedó en el taller con las puertas cerradas, [música] mirando los paquetes apilados contra la pared, fortuna que no cabía en su cabeza. 15 millones de dólares. Haz cuánto era eso realmente era la Universidad de Daniela pagada 50 veces. Era el futuro de Emiliano asegurado.

Era la casa nueva que Graciela siempre quiso. Era el retiro tranquilo que su padre nunca tuvo. Era todo, pero también era trampa. Gonzalo no era ingenuo. Vivía en Mazatlán, Sinaloa. Sabía cómo funcionaban las cosas. Sabía que el dinero del narco siempre tenía dueño. Sabía que encontrar dinero así [música] era como encontrar bomba sin desactivar.

Podía explotar en cualquier momento. ¿Qué hacía? Opción uno, reportar al gobierno, entregar los 15 millones de dólares, recibir palmada en la espalda y tal vez recompensa de unos miles de pesos. Y después vivir con miedo de que los dueños del dinero supieran que él fue quien lo encontró y lo entregó. Opción dos, quedarse con todo, esconderlo.

Gastar poco a poco durante años. Resolver la vida de su familia sin que nadie supiera de dónde salió el dinero. Opción tres, destruirlo. Quemar los 15 millones y pretender que nunca existieron. B. Nadie en su sano juicio elegiría la opción tres. La opción uno era la correcta, la opción que haría cualquier ciudadano honesto.

Pero Gonzalo no era ciudadano honesto que ganaba bien. Era chatarrero que no podía pagar la universidad de su hija, que debía 3 meses de luz, que estaba a punto de perder el negocio de su padre. Eligió la opción dos. Pero lo que no sabía Gonzalo, lo que no podía saber en ese momento, era que la subasta donde compró las camionetas había sido observada, no por el gobierno, no por la policía, por alguien mucho más peligroso.

Y esa persona sabía exactamente qué había comprado Gonzalo Terrazas. Quédate porque lo que viene es donde esta historia se pone verdaderamente peligrosa. Y te prometo que no vas a adivinar quién estaba observando esa subasta. Antes de continuar, necesito que entiendas quién estaba observando la subasta ese día.

Se llamaba Herriiberto Luján. [música] Tenía 52 años y durante 15 años había sido el hombre que preparaba las camionetas del Chapo. No era sicario, no era lugar teniente, era mecánico, el mejor mecánico que el cártel de Sinaloa había tenido, el hombre que instalaba los blindajes, los compartimentos secretos, los dobles fondos, el que convertía camionetas normales en fortalezas rodantes.

Herrierto había instalado personalmente los compartimentos de esas cinco camionetas. Sabía exactamente dónde estaban, sabía exactamente qué contenían. Cuando capturaron al Chapo en el hotel Miramar en 2014, Eriiberto desapareció. Se fue de Culiacán, se escondió en pueblo de Nayarit, esperó a que las cosas se calmaran.

No era hombre buscado, no tenía orden de apreensón, era mecánico que había hecho su trabajo y se había retirado. Pero nunca olvidó las camionetas. Sabía que estaban en corralón del gobierno. Eh, sabía que nadie las había revisado a fondo. Sabía que los 15 millones de dólares seguían adentro esperando. Durante 3 años esperó.

Esperó a que las camionetas salieran del corralón. Esperó a que el gobierno las vendiera. Tenía contacto en la oficina de subastas que le avisaba de cada lote nuevo. Cuando el lote 47 apareció, Heriberto supo que era su momento. El plan era simple. ir a la subasta, comprar las camionetas como chatarra, llevárselas y recuperar los 15 millones que técnicamente ya no tenían dueño. El Chapo estaba preso.

La estructura original del cártel se había fragmentado. Nadie iba a reclamar dinero que oficialmente no existía, pero Heriberto cometió error. Llegó tarde a la subasta, problemas en la carretera, accidente que bloqueó el tráfico durante hora y media. Cuando llegó el lote 47 ya estaba vendido.

Comprador Gonzalo Terrazas, Yonke Terrazas, Mazatlán. Herriberto vio al chatarrero salir de la sala con los papeles en la mano. Lo vio subir a su camioneta vieja. Lo vio alejarse sin saber que cargaba los documentos de propiedad de 15 millones de dólares. Y lo siguió. Esto es importante. Quédate conmigo porque aquí es donde la historia se complica.

Herberto sabía dónde estaba el yonke. [música] Sabía quién era Gonzalo. Sabía que en cuestión de días el chatarrero iba a descubrir lo que había dentro de esas camionetas. Tenía dos opciones. Llegar antes de que Gonzalo abriera las camionetas. ofrecerle comprar el lote por precio mayor, recuperar las camionetas antes de que el chatarrero descubriera el secreto o esperara que Gonzalo las abriera, descubriera el dinero y entonces quitárselo.

Fuatete, Herriiberto eligió la primera opción, menos riesgo, menos violencia, más limpio. Pero llegó un día tarde. Cuando Eriberto se presentó en el Yonke, Gonzalo ya había abierto las cinco camionetas. Ya había encontrado los 15 millones de dólares, ya había tomado su decisión. Eso Heriberto no lo sabía todavía. Buenos días.

Busco al dueño del Yonke. Gonzalo salió del taller. Manos sucias de grasa, cara de hombre que no había dormido. Soy yo. ¿En qué le ayudo? Me enteré que compró un lote de camionetas en la subasta del gobierno. Me interesan. Se las compro por el doble de lo que pagó. Oferta directa, 360,000 pesos. Dinero que cualquier chatarrero aceptaría sin pensar.

Fate, pero Gonzalo ya sabía lo que había adentro. No están a la venta. Le ofrezco el triple. 40,000. No están a la venta. Herberto lo miró evaluando, tratando de leer la expresión del chatarrero. Puedo verlas al menos me interesan las piezas de blindaje. No hay nada que ver. Ya empecé a desmantelarlas. Mentira, las camionetas estaban intactas, excepto por los compartimentos que Gonzalo había abierto para sacar el dinero, pero no iba a dejar que un desconocido entrara a su taller.

Herberto entendió la expresión de Gonzalo, los ojos nerviosos, el rechazo a oferta generosa, el taller cerrado con candado nuevo. El chatarrero ya lo sabía, ya había encontrado el dinero. Herriiberto asintió lentamente. Si cambia de opinión, aquí le dejo mi número. Le dio tarjeta con nombre falso y teléfono. Se fue.

Gonzalo lo vio alejarse en camioneta gris. Memorizó las placas, manos temblando. Alguien sabía de las camionetas. Alguien que había venido específicamente a comprarlas. Alguien que sabía lo que contenían. El peligro había empezado. Y aquí viene el primer error de Gonzalo. El error que desencadenó todo lo que vino después. o alflastto, en lugar de asustarse y deshacerse del dinero, en lugar de esconder mejor o buscar forma segura de moverlo, Gonzalo hizo lo peor que podía hacer.

Le contó a alguien, Tomás, su empleado de toda la vida, hombre de 38 años que trabajaba en el Yonke desde los 20, más que empleado, era como hermano menor. Gonzalo confiaba en él completamente. Error. Esa noche, después de que Heriberto se fue, Gonzalo llamó a Tomás. Necesito que vengas al yonke, es urgente. Tomás llegó en media hora. Gonzalo lo metió al taller.

[música] Le mostró los paquetes de dinero apilados contra la pared. Co. Tomás se quedó mudo. ¿De dónde sacaste esto? De las camionetas de la subasta. Todas tenían compartimentos con dinero. ¿Cuánto hay? 15 millones de dólares. Tomás se sentó en el piso. Piernas que no [música] sostenían. ¿Estás bromeando? ¿Te parece que estoy bromeando? Gonzalo le contó todo.

El descubrimiento, la cuenta, la visita de Heriberto. Tomás escuchó con ojos que se hacían más grandes con cada detalle. ¿Qué vas a hacer? Esconderlo, gastar poco a poco, resolver nuestras vidas. Nuestras. Gonzalo lo miró. Tú y yo, Tomás, mitad y mitad. Has trabajado conmigo 18 años ganando miseria. Te mereces esto tanto como yo.

Oferta que selló pacto entre los dos hombres, pero también selló otra cosa que Gonzalo no podía ver todavía. Si estás viendo esto y ya sospechas lo que va a pasar, escríbelo en los comentarios, porque la traición que viene no es la que piensas, es peor. Siguiente paso, esconder el dinero.

No podían dejarlo en el yonke, demasiado arriesgado. El hombre de la camioneta gris podía volver, podía traer gente. Gonzalo pensó durante horas. Su padre había comprado terreno en las afueras de Mazatlán hace 30 [música] años. Terreno valdío que nunca construyeron. Sin escrituras formales, solo acuerdo de palabra con el dueño original que ya había muerto.

Nadie sabía que ese terreno existía. Perfecto. Compraron cinco tambos de plástico industriales, grandes, sellados, resistentes al agua. Dividieron los 15 millones de dólares en los cinco tambos, 3 millones en cada uno. Fueron al terreno de noche. Cavaron cinco hoyos separados por 10 m cada uno. Enterraron los tambos, cubrieron todo, marcaron las ubicaciones con estacas que parecían parte del terreno.

Cuando terminaron, el sol empezaba a salir. Dos hombres sucios de tierra sudando, admirando el terreno que ahora guardaba fortuna del Chapo Guzmán. Nadie puede saber de esto. Nadie. Ni tu esposa ni la mía. Nadie. ¿Entendido? Ni una palabra. Pacto de silencio. Pero los pactos de silencio solo funcionan cuando los dos hombres tienen lo mismo que perder.

Y Tomás no tenía lo mismo que perder. Gonzalo tenía esposa, hijos, casa, yonke, tenía vida que proteger. Tomás tenía departamento rentado, carro viejo y novia que lo presionaba por boda que no podía pagar. Para Gonzalo, el dinero era seguridad futura. Para Tomás el dinero era oportunidad de cambiar todo ahora, diferencia que iba a destruirlos.

Pero eso viene después, primero los días felices. Dos semanas después del descubrimiento, Gonzalo desenterró medio paquete, 50,000, cantidad pequeña que no levantaría sospechas. Primer gasto. Pagó la inscripción de Daniela en la universidad, medicina en la UAS, [música] matrícula, libros uniforme. La hija lloró de alegría.

¿De dónde sacaste el dinero, papá? Vendí lote de piezas a taller de Culiacán. Buen negocio, Astla. Mentira que Daniela aceptó sin cuestionar. Estaba demasiado feliz para preguntar. Segundo gasto. Pagó las tres mensualidades de luz atrasadas. Pagó agua, pagó predial del Yonke, deudas que se acumulaban durante meses liquidadas en una tarde. Tercer gasto.

Compró el Yonke, soplete profesional, compresor industrial, gatos hidráulicos, equipo que necesitaba desde hace años. Nada exagerado, nada que llamar la atención. Gastos normales de hombre que tuvo buena temporada de trabajo. Gonzalo era cuidadoso. Tomás no. Primer error de Tomás. Compró camioneta nueva, no de agencia, pero sí del año.

Pickup Ford, que costaba más de lo que ganaba en dos años. Gonzalo lo confrontó. Ara, ¿qué hiciste? La necesitaba. La mía ya no arrancaba. ¿Con qué la pagaste? Tomás lo miró. Con mi parte. Desenterraste dinero sin decirme, es mi mitad, tengo derecho. Primer conflicto. Gonzalo había puesto regla, nada de gastos grandes sin consultar.

Tomás la había roto en dos semanas. Aten, escúchame bien. Si compras cosas así, la gente pregunta. Los vecinos, los amigos, Hacienda, ¿de dónde sacó un empleado de Yonke para camioneta del año? Fato, me la regaló un primo y cuando Hacienda investigue al primo, tigo ingenuidad peligrosa. Gonzalo insistió, no más gastos grandes, nada que llame la atención.

Si quieres gastar, hablas conmigo primero. Tomás aceptó. Pero la expresión en su cara decía otra cosa. Decía que no le gustaba que le dijeran qué hacer con su dinero. Y eso, déjame decirte, es exactamente cómo empiezan los problemas cuando un hombre tiene millones enterrados y otro hombre le dice que no puede tocarlos. Agosto 2017, Herriberto no se había rendido.

Ostatna, después de la visita al Yonke, se había instalado en Mazatlán. Rentó casa en Colonia Popular. Compró carro discreto, empezó a vigilar. Vigiló el Yonke durante dos semanas. Vio que Gonzalo y Tomás habían sacado las camionetas del taller y las habían acomodado en el fondo del terreno. Vio que los compartimentos estaban abiertos, vacíos.

El dinero ya no estaba en las camionetas, pero estaba en algún lugar. Herriberto empezó a seguir a Gonzalo, discretamente, sin acercarse demasiado, aprendiendo su rutina. Casa en la mañana. Yonke de 8 a 6, casa en la noche, los fines de semana visitaba a su madre en colonia del centro. Vida normal de hombre normal. Pero también notó los cambios.

La herramienta nueva en el Yonke, la hija que empezó a ir a la universidad. Gastos que un chatarrero quebrado no podía explicar fácilmente. Gonzalo estaba gastando el dinero lentamente, con cuidado, pero lo estaba gastando. Eriberto tomó nota, paciencia de hombre que había esperado 3 años por este dinero.

Podía esperar un poco más, pero necesitaba plan. No podía llegar con pistola y exigir 15 millones de dólares. No tenía gente para eso. No era hombre violento, era mecánico. Necesitaba otra forma y la encontró. Septiembre 2017, Gonzalo recibió visita en el Yonke. No era Heriberto, era hombre que Gonzalo no conocía.

traje, corbata, maletín, aspecto de abogado o contador. Señor Terrazas, vengo de parte de la unidad de extinción de dominio del gobierno federal, sangre de Gonzalo helándose. Entiendo que compró usted un lote de vehículos en su reciente. Lote 47. Sí, hay problema. Posiblemente. Estamos revisando irregularidades en la subasta. Algunos lotes fueron vendidos sin inspección completa.

Ah, necesitamos verificar el estado actual de los vehículos. Verificar cómo. Revisión física. Confirmar que los vehículos están aquí y en qué condiciones. Gonzalo pensó rápido. Los compartimentos estaban vacíos. Si revisaban las camionetas, encontrarían los dobles fondos abiertos, pero sin dinero. Eso podría generar preguntas.

Ma, ¿cuándo quiere hacer la revisión? Mañana estaría bien. El hombre dejó tarjeta oficial con logo del gobierno. Se despidió. Gonzalo miró la tarjeta. Parecía legítima, pero en Sinaloa cualquier cosa podía ser falsa. Llamó al número de la oficina de subastas, preguntó si había revisiones pendientes sobre el lote 47. No, señor. Una vez comprado, el lote es suyo.

No hay revisiones posteriores. La tarjeta era falsa. El hombre no era del gobierno. Eriberto. Tenía que ser Heriberto, mandando gente disfrazada para entrar al yonke y verificar qué había pasado con el dinero. Gonzalo no durmió esa noche. La presión estaba aumentando. Alguien lo vigilaba, alguien mandaba gente a investigar, alguien que sabía exactamente qué había dentro de esas camionetas.

Y Gonzalo no tenía forma de saber cuántas personas estaban detrás de ese alguien. Para que entiendas la gravedad de lo que estaba pasando, necesito recordarte algo. Estamos hablando de 15 millones de dólares del Chapo Guzmán. El hombre que mandó construir túneles de kilómetros bajo la frontera para mover mercancía. El hombre que escapó de dos prisiones de máxima seguridad.

El hombre cuya organización movía miles de millones al año.0000es dólar era cambio suelto [música] para el Chapo, pero para la gente que los buscaba era fortuna que justificaba hacer cualquier cosa. Gonzalo estaba en medio de algo que no podía controlar. Octubre 2017. Segundo error de Tomás. Gonzalo se enteró por accidente. Fue a taller mecánico a recoger pieza para cliente.

El dueño del taller, hombre que conocía de años, lo saludó con sonrisa extraña. Oye, Gonzalo, ¿es cierto que te sacaste la lotería? ¿De qué hablas? Es lo que anda diciendo Tomás, que te ganaste premio gordo y que le diste su parte. Gonzalo sintió que el piso se abría bajo sus pies. Tomás había hablado no con detalles. No había dicho la verdad exacta, pero había dicho suficiente.

Había dicho [música] lotería. Había explicado la camioneta nueva, la ropa nueva, los restaurantes donde ahora comía. Y en Mazatlán, cuando un chatarrero empieza a gastar y su empleado dice que se ganaron la lotería, la gente no piensa en Melate, piensa en otra cosa. AFA. Gonzalo fue directamente al yonke, encontró a Tomás trabajando, lo agarró de la camisa.

Le dijiste a alguien, “¿De qué hablas?” “De la lotería. Andas diciendo que me gané la lotería.” Tomás palideció. Solo les dije eso para que no preguntaran. Necesitaba explicar la camioneta. ¿Sabes lo que hiciste? ¿Sabes lo que pasa cuando en Sinaloa un hombre pobre de repente tiene dinero y dice que se lo ganó? Tomás bajó la mirada. Vienen a preguntar Tomás.

Los de siempre, los que cobran piso, los que quieren su parte. Y si descubren de dónde salió el dinero realmente, no van a descubrir. Ya hay alguien buscando. Ya mandaron a alguien al yonke haciéndose pasar por gobierno. Y tú andas diciendo que nos sacamos la lotería. Silencio. Se acabó. No más gastos, no más historias.

Te callas o te juro que esto se acaba para los dos. Amenaza que Gonzalo no sabía si podía cumplir, pero necesitaba que Tomás entendiera. Tomás asintió. Cara de hombre que sabía que había [música] cometido error, pero o que no estaba seguro de que le importara. Y esa noche, mientras Gonzalo estaba en su casa tratando de dormir, Tomás estaba en restaurante de mariscos con su novia, contándole que pronto se iban a casar, que pronto comprarían casa, que la vida estaba por cambiar.

bomba que Gonzalo no sabía que estaba a punto de explotar. Y si crees que los problemas de Gonzalo ya eran graves, déjame decirte algo. Hasta ahora solo hemos hablado de Eriiberto el mecánico y de Tomás el empleado indiscreto. Pero hay alguien más. Alguien que todavía no ha aparecido en esta historia. Alguien mucho más peligroso que Eriberto.

Alguien conectado directamente con la estructura del Chapo. Y ese alguien ya sabe que los 15 millones de dólares aparecieron. Gokoaja. Suscríbete ahora si quieres saber quién es. Dale like, activa la [música] campana porque el siguiente capítulo de esta historia es donde Gonzalo Terrazas descubre que 15 millones de dólares son la peor maldición que le puede caer a un hombre pobre y no vas a poder dejar de escuchar. Noviembre 2017.

La persona de la que te voy a hablar ahora cambia todo. Se llamaba licenciada Mirna Castaño, 48 años, abogada, pero no cualquier abogada. Era la encargada de administrar propiedades y bienes del Chapo Guzman, que no habían sido confiscados por el gobierno. Déjame explicarte cómo funcionaba. Cuando capturaron al Chapo, el gobierno confiscó todo lo que pudo, casas, ranchos, carros, cuentas bancarias.

Pero el Chapo tenía tanto que era imposible encontrar todo. Había propiedades a nombre de prestanombres, cuentas en países que no cooperaban, caletas que solo conocían dos o tres personas. Mirna era la que llevaba el registro de lo que el gobierno no había encontrado, el inventario oculto, los bienes fantasma Oscl.

Y en ese inventario estaban los 15 millones de dólares de las camionetas. Mirna sabía que las camionetas tenían dinero, sabía que estaban en corralón del gobierno, sabía que eventualmente la subastarían. Había intentado comprarlas a través de intermediarios, pero la burocracia fue más lenta [música] que ella. Cuando se enteró de que el lote 47 había sido vendido a chatarrero de Mazatlán, hizo llamada.

No llamó a Eriberto, no lo conocía. Llamó a gente del Chapo, los que todavía operaban, los que todavía mataban. Hay 15 millones de dólares que necesitamos recuperar. Están en Mazatlán, en manos de civil. ¿Quiere que lo visitemos? Todavía no. Primero necesito saber si ya encontró el dinero o si las camionetas siguen cerradas. Lo averiguamos.

estructura del Chapo moviéndose para recuperar lo que consideraban suyo. Y Gonzalo sin saber que ya no solo lo buscaba Heriberto el mecánico, ahora lo buscaba gente con armas, con recursos, con capacidad de hacer desaparecer personas. Sarab, si estás pensando que Gonzalo debió haber entregado ese dinero desde el principio, escríbelo en los comentarios, porque lo que viene le va a dar la razón a todos los que pensaron eso. Diciembre 2017.

Las cosas se aceleraron. Primer evento. Tomás desapareció durante tr días. Gonzalo llegó al yonke el lunes. Tomás no estaba, no contestaba teléfono, no estaba en su departamento. Tres días sin saber nada. Gonzalo entró en pánico. Lo habían agarrado. Había hablado. Estaba muerto. Al cuarto día, Tomás apareció.

Llegó al yonke como si nada. ¿Dónde estuviste? En Puerto Vallarta con mi novia. Fin de semana largo. Puerto Vallarta. ¿Con qué dinero? Tomás no respondió. Va, sacaste más dinero del terreno. Silencio que confirmaba. ¿Cuánto? $100,000. Gonzalo sintió que la sangre le hervía. Fuiste al terreno solo, sin decirme, es mi mitad, Gonzalo, ya te lo dije.

No necesito tu permiso para gastar mi dinero. No es tu dinero, es dinero del Chapo Guzmán que estamos escondiendo para sobrevivir. ¿No entiendes la diferencia? Tomás se cruzó de brazos. Lo que entiendo es que tú quieres controlar todo. Tú decides cuánto [música] se gasta, cuándo se gasta, en qué se gasta. Pero la mitad es mía.

La mitad te la di yo, te la regalé. Pude haberme quedado con todo, pero no lo hiciste y ahora somos socios iguales. Warras conflicto que crecía cada semana. Dos hombres con visiones opuestas del mismo dinero. Gonzalo quería sobrevivir. Tomás quería vivir y la diferencia entre esas dos cosas iba a costar [música] muy caro. Segundo evento.

La novia de Tomás empezó a publicar en redes sociales fotos en Puerto Vallarta, hotel de lujo, restaurantes caros, ropa de marca. Novia de empleado de Yonke viviendo como esposa de empresario. En Mazatlán, donde todos se conocían, esas fotos fueron dinamita. La gente empezó a hablar. ¿Viste a la novia de Tomás? ¿De dónde sacan para esos viajes? Dicen que Gonzalo se ganó la lotería y le dio parte a Tomás. Lotería.

Nadie se gana la lotería así. Rumores que crecían. Rumores que llegaban a oídos que Gonzalo no quería que llegaran. Tercer evento. Herberto hizo su segundo movimiento. No fue al Yonke, esta vez fue a la casa de Gonzalo. Un sábado por la mañana, Graciela estaba sola. Los hijos en la escuela. Gonzalo en el yonke tocaron la puerta.

Buenos días, Kisa. Señora, soy comprador de autopartes. Busco al señor Terrazas. No está. Está en el yonke. Matasa, ¿me puede dar su número de teléfono? Graciela le dio el número sin sospechar. Herriberto agradeció y se fue, pero antes de irse miró la casa. Notó la cocina nueva que se veía por la ventana. Notó el carro diferente estacionado afuera, notó los cambios.

El chatarrero estaba gastando. Confirmado. Esa noche Heriberto llamó a Gonzalo. Señor Terrazas, habla Heriberto Luján. Nos conocimos en su yonke hace unos meses. Le ofrecí comprar las camionetas. Gonzalo reconoció la voz. Sangre helándose. ¿Qué quiere? Hablar. Solo hablar. Tomar un café. Sin presiones.

No tenemos nada de que hablar. Yo creo que sí. Sé lo que encontró en las camionetas. Sé cuánto hay y sé que usted no tiene forma de gastarlo sin que lo descubran. Silencio largo. No sé de qué habla. Señor Terrazas. Yo instalé esos compartimentos con mis propias manos. Sé exactamente cuánto dinero pusieron adentro porque yo estuve presente cuando lo cargaron.

000 con $200,000 para ser exactos. Número que Gonzalo no había calculado con tanta precisión, pero que confirmaba que este hombre decía la verdad. ¿Qué quiere? Heriberto habló con calma. No quiero quitarle nada. Quiero proponerle negocio. Usted tiene el dinero, pero no puede moverlo. Yo tengo los contactos para convertir esos dólares en pesos limpios sin que nadie pregunte.

Trabajamos juntos, los dos ganamos. ¿Cuál es su parte? 40%. Casi 6 millones de dólares por lavar dinero que Gonzalo no podía mover solo. Y sí digo que no. Herberto suspiró. Entonces le deseo suerte, pero le advierto algo. Yo no soy el único que sabe de ese dinero. Hay gente más arriba que también lo busca y esa gente no ofrece negocios.

Esa gente toma, ¿me está amenazando? Le estoy diciendo la verdad. Piénselo. Tiene mi número. Colgó. Ostasche. Gonzalo se quedó con el teléfono en la mano temblando. Ahora tenía tres problemas. Heriberto, que quería [música] negociar, Tomás, que no podía controlar y gente del Chapo, que todavía no se había presentado, pero que según Heriberto ya estaba buscando.

¿Cuál de los tres lo iba a destruir? Primero, quédate porque los tres problemas van a explotar al mismo tiempo. Enero 2018, Gonzalo tomó decisión desesperada. llamó a Eriberto. Acepto. 40%. ¿Cómo funciona? Simple. Usted me entrega el dinero en efectivo. Yo lo paso por negocios que tengo, lavanderías, estacionamientos, tiendas de abarrotes.

El dinero entra sucio y sale limpio. Le devuelvo su 60% en cuenta bancaria a nombre de quien usted quiera. ¿Cuánto tiempo? Depende de la cantidad. Si procesamos $500,000 al mes, en 2 años y medio, terminamos. Dos años y medio lavando dinero del Chapo a través de negocios de fachada. Gonzalo no tenía opción mejor. ¿Cuándo empezamos? Tráigame el primer medio millón la próxima semana.

Gonzalo fue al terreno esa noche. Solo desenterró uno de los sacó 00,000. Volvió a enterrar el resto. Le entregó el dinero a Eriberto en estacionamiento de centro comercial. Intercambio rápido, sin testigos. Eriberto contó los paquetes satisfecho. En dos semanas tiene su dinero limpio. Le mando datos de la cuenta. Y así empezó la operación de lavado.

Febrero 2018. Primer depósito llegó a cuenta que Gonzalo abrió a nombre de Graciela. $300,000 convertidos en pesos. Dinero limpio en cuenta bancaria. Gonzalo respiró por primera vez en meses. Funcionaba. Heriberto cumplía. Segundo medio millón entregado en marzo, tercer medio millón en abril. El sistema funcionaba como reloj.

Gonzalo empezó a mover dinero con más confianza. Pagó la casa completa, compró terreno para construir casa nueva, abrió cuenta de ahorro para los hijos. Graciela preguntaba, ¿de dónde sale tanto dinero? El yon que está dando. Conseguí contrato grande con aseguradora que me manda carros chocados cada semana. mentira elaborada que Gonzalo había preparado.

Incluso creó papeles falsos del supuesto contrato. Graciela quería creer. La cocina nueva, la tranquilidad de no deber nada, la posibilidad de que Daniela terminara la carrera sin deudas. Todo era demasiado bueno para cuestionarlo. Pero algo no cuadraba y Graciela era mujer inteligente. Lo dejó pasar por ahora.

marzo 2018, Tomás se enteró de Heriberto, no porque Gonzalo le dijera, porque vio a Gonzalo reunirse con hombre desconocido en el estacionamiento. Lo siguió un día, vio el intercambio de dinero. Confrontó a Gonzalo esa tarde. ¿Quién es ese tipo? Nadie. Te vi dándole dinero, paquetes, los mismos paquetes del [música] terreno. Gonzalo no podía mentir.

Tomás conocía el dinero, conocía los paquetes, conocía el terreno. Se llama Eriberto. Está lavando el dinero para nosotros. Sin consultarme necesitaba mover rápido. Hay gente buscando los 15 millones de dólares. Y le diste 40%. De mi mitad también fue lo que pidió. No hay otra forma de lavar esa cantidad.

¿Quién te dio derecho de decidir por mí, Tomás? Estoy tratando de salvarnos. Salvarnos. Estás regalando millones a tipo que no conozco. Millones que son míos. Rabia creciendo en Tomás. Resentimiento que se había acumulado durante meses. Primero me dices que no gaste. Después me dices que no hable.

Ahora me dices que le diste 40% a desconocido. ¿Cuándo me vas a tratar como socio de verdad? Cuando te comportes como socio, los socios no compran camionetas sin consultar. Los socios no se van a Puerto Vallarta tirando dinero. Los socios no andan diciendo que se ganaron la lotería. Golpe directo que Tomás recibió con expresión de rabia pura.

¿Sabes qué, Gonzalo? Creo que necesitamos renegociar. ¿Renegociar qué? Todo. Mi parte, las reglas, ¿quién decide qué? No hay nada que renegociar. Es mitad y mitad menos el 40 de Heriberto. Así quedamos. Así quedaste tú. Yo no quedé en nada porque no me consultaste. Silencio tenso. Si te parece poco, ahí está la puerta. Ah.

Amenaza que Gonzalo no midió. Palabras que lanzó por frustración. Tomás lo miró. Expresión que cambió de rabia a algo más frío, más calculado. Está bien, voy a aceptar lo que hay por ahora. Por ahora. Dos palabras que deberían haber alarmado a Gonzalo, pero estaba demasiado ocupado manejando a Heriberto, escondiendo dinero de su esposa, manteniendo las apariencias en el yonke y vigilando que nadie más se acercara.

No vio lo que Tomás estaba planeando, Sainei. Y lo que Tomás planeaba era mucho peor que comprar camionetas o irse a Puerto Vallarta. Abril 2018, Gonzalo desenterró el cuarto tambo. Le quedaba uno. Había entregado millones de dólares a Eriberto en 4 meses. El sistema funcionaba. Pero esa semana pasó algo que cambió todo.

Fue al terreno de noche como siempre, estacionó lejos, caminó con linterna, llegó al lugar donde estaba el quinto tambo, el último. La tierra estaba removida. Bosecos Gonzalo cabó rápido, manos directamente en la tierra. Kamerox, el tambo estaba ahí, pero cuando lo abrió faltaba la mitad del dinero. 1.5 millones de dólares habían desaparecido.

Alguien había estado ahí antes que él. Honor. Solo una persona conocía la ubicación de los dos Tomás. su socio, [música] su empleado de 18 años, el hombre en quien había confiado, le había robado 1,500,000 de dólares. Y si crees que eso es lo peor que pasó esa noche, estás equivocado, porque cuando Gonzalo regresó a su camioneta, encontró algo en el parabrisas, Sapple, un papel con un mensaje.

Sabemos lo que tienes, sabemos dónde vives, sabemos dónde van tus hijos a la escuela. Queremos nuestro dinero, tienes una semana. No firmaba Heriberto, no firmaba Tomás, firmaba con símbolo que cualquiera en Sinaloa reconocería. Gente del Chapo. La licenciada Mirna había mandado a sus hombres o hasta y le daban una semana.

Si en este momento tu corazón está latiendo rápido, imagina cómo estaba el de Gonzalo. Solo en terreno oscuro con 1,500,000 robados por su socio y amenaza de muerte del Cártel del Chapo. Suscríbete si quieres saber cómo sobrevivió. Dale like si crees que no sobrevivió. Activa la campana porque lo que viene en el siguiente bloque es el momento donde todo explota.

Y te prometo que el final de esta historia no lo vas a ver venir una semana. 7 días para conseguir 15 millones de dólares que ya no tenía completos. Hagamos las cuentas junto con Gonzalo, porque es importante que entiendas la magnitud del problema. Los 15 millones de dólares originales se habían repartido así. Millones de dólares entregados a Heriberto para lavar.

De esos, Heriberto se quedaba con el 40%. $800,000 para él. 1,2 millones dó devueltos a Gonzalo en dinero limpio ya depositado en cuentas. 5 millones de dólares robados por Tomás. Desaparecidos. Dinero gastado en efectivo antes de empezar con Eriberto. Universidad de Daniela, deudas, herramientas, cocina nueva. Gastos [música] varios, aproximadamente $200,000.

Total que ya no existía, 3,7 millones de dólares. Quedaban 11,3 millones de dólares en los tambos enterrados. [música] El cártel quería los 15 millones de dólares completos. Faltaban casi 4 millones de dólares. Gonzalo estaba muerto a menos que encontrara forma de resolver la diferencia o de desaparecer o de negociar con gente que no negociaba.

Primera noche, miércoles, Gonzalo no fue a su casa, no podía. Si lo estaban vigilando, ir a su casa significaba llevarlos directamente a su familia. Manejó durante horas por Mazatlán pensando, calculando, buscando salida que no existía. A las 3 de la mañana estacionó en el malecón, miró el mar.

¿En qué momento su vida se había convertido [música] en esto? Chatarrero que compraba fierro viejo, que llegaba a casa cansado, pero tranquilo, que cenaba con su esposa y veía [música] televisión con sus hijos. Hombre simple, con vida simple. y ahora era hombre con amenaza de muerte del cártel del Chapo Guzmán.

Por codicioso, por no haber llamado a la policía cuando encontró el primer paquete, por haber pensado que podía quedarse con 15 millones de dólares y que nadie vendría a buscarlos. Estúpido. A las 5 de la mañana tomó primera decisión. Llamó a Heriberto. Tenemos problema. Le contó todo, la nota en el parabrisas, la amenaza, la semana de plazo.

Eriberto escuchó en silencio. ¿Sabe quién mandó la nota? Gente del Chapo, estoy seguro. Silencio largo. Esto es lo que temía. Le dije que había gente más arriba buscando. ¿Puede ayudarme? Ayudarlo como esa gente no es como yo. No negocian porcentajes. Quieren todo o quieren sangre. Entonces estoy muerto. Tal vez no. Déjeme hacer unas llamadas.

Eriberto colgó. Gonzalo esperó. Una hora, dos. Sol saliendo sobre Mazatlán iluminando ciudad que no sabía que un chatarrero estaba a punto de morir. Heriberto llamó de vuelta. Hablé con un contacto. La persona que está detrás de esto es abogada del Chapo. Se llama Mirna Castaño. Mujer peligrosa pero inteligente.

No es icaria, es negociante. Eso significa que hay espacio para hablar. ¿Hablar de qué? ¿Quieren 15 millones de dólares que ya no tengo completos? ¿Cuánto tiene Gonzalo? Hizo la cuenta. 11,3 millones de dólares en los tambos más 1,2 millones de dólar en cuenta limpia. Total recuperable, 12,5 millones de dólares.

Y el resto, mi socio me robó millón y medio y lo demás se gastó. Heriberto suspiró. Faltan 2,5 millones de dólares. Eso es lo que tiene que resolver. ¿De dónde saco 2,5 millones de dólares? Eso no lo sé, pero le sugiero que los encuentre antes de que termine la semana. ¿No puede hablar con ella? A explicarle.

Puedo intentar, pero no le prometo nada. Era lo único que tenía. Segunda decisión, encontrar a Tomás. Ese día Gonzalo fue al departamento de Tomás, tocó la puerta. Nadie abrió. Preguntó a los vecinos. Tomás se fue hace tres días con su novia. Llevaban maletas. Se había ido. Con los 1.5 millones de dólares robados. Gonzalo revisó el yonke.

Las cosas personales de Tomás habían desaparecido. Herramientas propias, ropa que guardaba en el taller, todo. 18 años trabajando juntos, 18 años de confianza. Y Tomás había tomado el dinero y desaparecido. La traición que había anticipado, pero que no quiso ver. Y aquí necesito que entiendas algo. Gonzalo no estaba enojado con Tomás por el robo.

Estaba aterrorizado porque Tomás sabía todo, el terreno, los tambos, las cantidades. Y si la gente del Chapo lo encontraba antes que Gonzalo, Tomás hablaría. Hablaría de Gonzalo, [música] de su familia, de todo. Tomás era bomba caminando. Segundo día, jueves. Eriberto llamó con noticias. Hablé con intermediario de Mirna.

¿Está dispuesta a reunirse? ¿Cuándo? ¿Mañana? ¿Dónde? Restaurante en el centro, lugar público. No va a pasar nada ahí. Wasa, seguro. Mirna no es sicaria, es abogada. Las abogadas no matan en restaurantes. Lógica que Gonzalo quería creer. Está bien, mañana. Esa noche Gonzalo fue a su casa por primera vez en dos días.

Graciela lo recibió preocupada. ¿Dónde has estado? No contestas el teléfono. Los niños preguntan por ti. Trabajo, problemas con un cliente. ¿Qué clase de problemas? Gonzalo la miró. Su esposa, 20 años juntos. Mujer que había aguantado pobreza sin quejarse, que había confiado en él. Siempre le debía la verdad, pero la verdad la pondría en peligro.

Nada que no pueda resolver, solo dame unos días. Graciela no insistió. Pero a sus ojos decían que sabía que algo andaba muy mal. Gonzalo cenó con sus hijos. Daniela, hablando de la universidad, de sus clases de anatomía, de que quería especializarse en pediatría. Emiliano hablando de partido de fútbol del fin de semana.

Vida normal que Gonzalo estaba a punto de destruir. Ja. Los miró durante la cena grabando sus caras en la memoria, preguntándose si sería la última vez que los veía así, tranquilos, felices, sin saber que su padre estaba negociando con gente del Chapo para no morir. Si eres padre, sabes exactamente lo que Gonzalo estaba sintiendo.

Ese miedo que te aprieta el pecho cuando piensas que algo podría pasarles a tus hijos por culpa tuya. Comenta si sabes de qué hablo, porque esa sensación es la que mantuvo a Gonzalo despierto esa noche. Tercer día, viernes, la reunión. Restaurante de mariscos en el centro de Mazatlán. Mediodía, lugar lleno de gente comiendo.

Gonzalo llegó primero, se sentó en mesa del fondo. Herriiberto llegó 5 minutos después. Nervioso. ¿Tú qué crees? Tranquilo. Mirna es mujer razonable. Si le ofrece algo real, va a escuchar. A la 1 en punto entró Mirna Castaño. No era lo que Gonzalo esperaba. Mujer elegante, traje sastre negro, pelo recogido, lentes que le daban aspecto de profesora universitaria, bolsa de diseñador, zapatos caros. Costa.

Si la veías en la calle pensabas abogada de corporativo, no pensabas cártel del Chapo. Iba acompañada de hombre joven, traje también, maletín, aspecto de asistente. Se sentaron frente a Gonzalo y Eriberto. Mirna habló primero. VZ tranquila, directa. Señor Terrazas, voy a ir al grano porque ninguno de los dos tiene tiempo que perder.

Usted tiene dinero que no le pertenece. Ah, yo represento a las personas a quienes sí les pertenece. Necesitamos llegar a acuerdo. Fosata. ¿Qué acuerdo? Usted devuelve los 15 millones de dólares. Nosotros lo dejamos en paz. Fin de la historia. No tengo los 15 millones de dólares completos. Mirna levantó ceja.

¿Cuánto tiene? Gonzalo tragó saliva. Puedo juntar 12,5 millones de dólares. El resto se gastó y mi socio me robó. Mirna miró a su asistente. El joven abrió maletín, sacó carpeta. Según nuestra información, usted ha gastado en los últimos 6 meses aproximadamente 200,000 en mejoras a su casa, universidad de su hija, deudas y equipo para su negocio.

Su socio Tomás Rentería desapareció hace 3 días con cantidad estimada de 1,5 millones de dólares y usted ha entregado 2 millones de dólares al señor Lujan aquí presente para lavado. Tate información precisa. Sabían todo. Habían investigado cada movimiento. Gonzalo miró a Eriberto. El mecánico no parecía sorprendido.

Había hablado con Mirna, le había dado información. Eriberto evitó su mirada. Traición silenciosa que Gonzalo entendió inmediatamente. [música] Herberto trabajaba para los dos. Ah, lavaba dinero para Gonzalo y pasaba información a Mirna. Había sido espía desde el principio. Antes de que pienses algo equivocado, déjeme explicar.

Heriberto levantó las manos. No lo traicioné. Mirna me contactó hace un mes. Me dieron opción. Cooperar o desaparecer. Cooperé, pero nunca dejé de lavar su dinero. Todo lo que le devolví es real. Se supone que eso me hace sentir mejor. Se supone que eso le muestra que estoy de su lado. Si no fuera por mí, Mirna no estaría en este restaurante hablando.

Estarían tres hombres en su casa con pistola. Mirna intervino. Es cierto. El señor Lujan nos convenció de que usted es hombre razonable, que podemos llegar a acuerdos sin violencia. Tenía razón. OFat. Gonzalo miró a la abogada, mujer que controlaba millones del Chapo, que decidía quién vivía y quién moría con una llamada telefónica.

¿Qué quiere exactamente? Los 12,5 millones de dólares que tiene entregados en 48 horas. ¿Y la diferencia? Mirna sonrió levemente. La diferencia la va a pagar trabajando. Trabajando como su yonke es negocio útil para nosotros. Carros confiscados, [música] piezas, chatarra. Sirve para mover cosas. Usted nos presta sus instalaciones cuando las necesitemos.

Sin preguntas durante 2 años. Convertir su yonke en fachada del cártel, lavar dinero, esconder mercancía, mover vehículos, todo pasando por el negocio que su padre había construido con trabajo honesto. Wakegui, y si digo que no. Mirna lo miró fijamente. Señor Terrazas, le estoy ofreciendo vivir. Le estoy ofreciendo que su esposa siga cocinando en su cocina nueva, que su hija siga estudiando medicina, que su hijo siga jugando fútbol los sábados.

Pausa calculada. No hay opción B. Gonzalo entendió. No era negociación, era sentencia con barniz de cortesía. Acepto. Bien. Los 12,5 millones de dólares los recogemos el domingo. Usted nos indica dónde están. En terreno de mi padre. Enterrados. Le damos un día para desenterrarlos. El domingo a las 6 de la tarde, mis hombres pasan por su yonke. Entendido.

Mirna se levantó, se alizó el traje. Una cosa más, su socio Tomás Rentería. Necesitamos encontrarlo. No sé dónde está. Lo sé, pero si aparece nos avisa inmediatamente. ¿Qué le van a hacer? Mirnan no respondió. No hacía falta. Salió del restaurante con su asistente, paso firme, como si acabara de cerrar contrato de bienes raíces.

Gonzalo y Eriberto se quedaron solos. Silencio, me vendiste o pa le salvé la vida. Trabajar para ellos durante dos años es salvarme la vida. Prefería la [música] alternativa. No, no la prefería. Herberto habló más bajo. Escúcheme bien. Los dos años van a pasar rápido. Use el yonke como fachada. No pregunte, no mire.

Cuando terminen los 2 años, Mirna lo suelta y usted sigue con su vida. Y si no me suelta, lo va a soltar. Mirna cumple acuerdos, es abogada. Los acuerdos son su negocio. Sas. Confianza en mujer del cártel. Última opción de hombre sin opciones. ¿Qué pasa con el dinero que ya lavaste? los 1,2 millones de dólares en la cuenta. Mirna no sabe de esa cuenta. No le dije.

Gonzalo lo miró sorprendido. ¿Por qué no? Porque le debía eso, por haberlo metido en esto sin avisarle. Gesto de Heriberto que no compensaba la traición, pero que al menos dejaba algo. 1.2 millones de dólares en cuenta limpia que nadie conocía. Dinero que Mirna nunca sabría que existía. Eso es suyo para su familia. Gástelo con cuidado cuando todo se calme. Gracias. No me agradezca.

Solo sobreviva los próximos [música] dos años. Sábado. Gonzalo fue al terreno por última vez. Osa. Desenterró los cuatro tambos restantes, 11,3 millones de dólares en total. Los cargó en su camioneta cubiertos con lonas. miró los hoyos vacíos, meses de esperanza enterrada en ese terreno. Fortuna que había encontrado, disfrutado brevemente y ahora devolvía.

De 15 millones de dólares se quedaba con ,200,000 limpios, el 8%. Pero estaba vivo, su familia estaba viva. Era suficiente, ¿o no? Domingo, 6 de la tarde. Dos camionetas negras llegaron al Yonke. Cuatro hombres bajaron. Armados, profesionales. ¿Dónde está? Gonzalo señaló su camioneta donde estaban los tambos.

Los hombres cargaron todo en menos de 10 minutos. Verificaron cantidades rápidamente. B, faltan 2,5 millones de dólares. Lo sé. La licenciada Mirna y yo tenemos acuerdo sobre eso. El líder del grupo hizo llamada. habló brevemente, colgó, “Confirmado. Dice que lo va a contactar esta semana para lo otro. Se fueron. Gonzalo se quedó solo en su yonke, rodeado de carros destrozados y fierro viejo, exactamente como había estado antes de la subasta, excepto que ahora tenía ,200,000 escondidos en cuenta [música] bancaria y deuda de 2 años con el cártel del Chapo.

Victoria o derrota. Difícil decir, pero la historia no termina aquí porque falta algo, algo que Gonzalo no esperaba, algo que ni Mirna ni Eriberto habían contemplado. Falta Tomás y Tomás no había desaparecido para siempre. Si crees que esta historia ya dio todos sus giros, te equivocas. El último giro es el más fuerte y llega en el próximo bloque.

Suscríbete, dale like, activa la campana porque el final de esta historia es algo que no vas a olvidar. Marzo 2018, Dorre. Los dos años de servicio al cártel empezaron. Cada dos o tres semanas, camioneta llegaba al yonke de noche. Gonzalo abría las puertas. Los hombres descargaban cajas que él no abría, las guardaban en bodega del fondo.

Días después venían por ellas. Gonzalo no preguntaba, no miraba, no existía durante esas noches. Fantasma en su propio negocio. Graciel anotó los cambios. Las noches que Gonzalo se quedaba en el yonke sin explicación. Los hombres que llegaban en camionetas que ella no conocía, el nerviosismo constante de su esposo. ¿En qué estás metido? En nada.

Son clientes nuevos que trabajan de noche. Gonzalo, mírame a los ojos y dime la verdad. Gonzalo la miró, no pudo mentir completamente. Hice algo estúpido. Estoy pagando las consecuencias. Pero tiene fecha de vencimiento. 2 años y se acabó. ¿Dos años de qué? Asén. No preguntes más, por favor. Solo confía en mí. Graciela no preguntó más, pero empezó a dormir con el teléfono cerca, lista para llamar a quién fuera si algo pasaba.

Junio 2018, Tomás reapareció, pero no como Gonzalo esperaba. Policía Federal lo detuvo en Guadalajara. Lo agarraron en hotel de lujo con su novia, gastando como si no hubiera mañana. Relojes, cadenas, ropa de marca. $200,000 en efectivo encontrados en la habitación. Lo detuvieron por lavado de dinero y delincuencia organizada.

Gonzalo se enteró por las noticias. Y aquí es donde llega el giro que te prometí, el que no va a ver venir. Tomás habló. No por voluntad. Lo presionaron. Le dijeron que enfrentaba 20 años de prisión si no cooperaba. Le ofrecieron trato, nombres, ubicaciones, todo lo que sabía. Y Tomás sabía mucho.

Sabía de Gonzalo, sabía del terreno, sabía de los tambos. sabía de Heriberto, pero lo que realmente interesó a las autoridades fue otra cosa. ATA Tomás sabía que el yonke de Gonzalo estaba siendo usado por el cártel. Lo había visto antes de irse. Las camionetas de noche, las cajas, los hombres armados. Le dio todo al Ministerio Público a cambio de reducción de sentencia. Julio 2018.

Operativo en el Yonke. 6 de la mañana. 30 agentes federales, camionetas, helicóptero, perros. Gonzalo estaba abriendo el portón cuando llegaron. Lo tiraron al piso. Esposas, cara contra el asfalto. Encontraron las cajas en la bodega del fondo. Encontraron las camionetas del Chapo todavía en el terreno. Encontraron registros de movimientos.

Gonzalo Terrazas fue arrestado por delincuencia organizada, al lavado de dinero y posesión de bienes procedentes del narcotráfico. Y lo que más dolió no fueron las esposas, no fue la patrulla, no fue la celda. Lo que más dolió fue la cara de Daniela cuando la llamaron para decirle que su padre estaba preso, la cara de Emiliano cuando lo vio en las noticias, la cara de Graciela cuando entendió que las mentiras de su esposo eran peor de lo que imaginaba.

familia destruida por dinero que nunca fue suyo. Pero la historia no termina en prisión porque recuerda algo, los 200,000 en la cuenta limpia, cuenta que estaba a nombre de Graciela. Dinero que Heriberto había lavado perfectamente. [música] Dinero que nadie sabía que existía. Ni Mirna, ni Tomás, ni la policía. As. Dinero invisible.

Desde la cárcel, Gonzalo mandó mensaje a Graciela a través de abogado. La cuenta del banco, no la toques hasta que me den sentencia. Cuando todo se calme, usa ese dinero para los hijos, para que Daniela termine la carrera, para que Emiliano tenga futuro. ¿Cuánto hay, suficiente. Graciela no preguntó más.

Ya había aprendido que con Gonzalo. Ah, las preguntas traían respuestas que era mejor no saber. Septiembre 2018. Sentencia. Gonzalo negoció con el Ministerio Público. No tenía información valiosa sobre la estructura del cártel, pero cooperó en todo lo que pudo. Declaró sobre las camionetas, la subasta, el dinero encontrado.

No mencionó a Mirna, no mencionó a Eriberto, no mencionó la cuenta bancaria. Lealtad o miedo, tal vez los dos. Le dieron 8 años. Con buena conducta podía salir en cinco. Tomás recibió 4 años por su cooperación. Heriberto desapareció. Nadie lo buscó porque nadie sabía [música] que existía. Mirna Castaño siguió operando como si nada.

Abogada fantasma que nunca dejaba rastro. 2023. 5 años después, Sha. Gonzalo salió de prisión. 50 años. Pelo gris, cuerpo gastado por años de encierro, ojos de hombre que había visto cosas que prefería olvidar. Graciela lo esperaba afuera sola. Daniela no vino. No había hablado con su padre desde el arresto. La vergüenza de tener padre preso había sido demasiado.

Había terminado la carrera de medicina con el dinero de la cuenta. Era doctora en hospital de [música] Culiacán, pero no quería ver a Gonzalo. Emiliano sí vino 21 años ahora. Trabajaba en taller mecánico. Había dejado la escuela cuando arrestaron a su padre. Alguien tenía que trabajar. Hola, papá. Hola, mi hijo. Abrazo que duró varios minutos.

Padre e hijo que se habían perdido 5 años. Graciela manejó de vuelta a Mazatlán, casa más pequeña que la anterior. El yonke había sido confiscado. La cocina nueva ya no existía, vida modesta otra vez. Pero la cuenta seguía ahí. Atta. 1.2 millones de dólares que habían crecido con intereses [música] durante 5 años.

dinero que nadie había tocado, excepto para la Universidad de Daniela. Gonzalo no lo tocó al salir. No inmediatamente esperó un año. Dejó que las cosas se calmaran. Trabajó en taller mecánico donde Emiliano le consiguió empleo. Chatarrero convertido en ayudante de taller Vida humilde otra vez. 2025 presente. Gonzalo tiene 52 años.

Vive en casa rentada con Graciela y Emiliano. Trabaja de lunes a sábado. Gana lo suficiente para comer. Daniela sigue sin hablarle. Gonzalo le escribe cartas que ella no responde, pero sabe que es doctora, sabe que está bien, sabe que el dinero que a él encontró en esas camionetas pagó la carrera que le dio futuro.

La cuenta sigue ahí, $,200,000 esperando. Gonzalo no los toca. Dice que es para Daniela y Emiliano para cuando él ya no esté, para que tengan lo que él no pudo darles de la forma correcta. Graciela le preguntó una vez, “¿Valió la pena?” Gonzalo pensó durante largo rato, “El dinero no. Ese dinero me quitó más de lo que me dio.

Me quitó 5 años con mis hijos. Me quitó el yonke de mi padre. Me quitó la confianza de Daniela. Entonces, pero aprendí algo. Aprendí que no hay dinero que valga más que llegar a tu casa y cenar con tu familia sin miedo, sin mentiras, sin esperar que alguien toque la puerta a las 3 de la mañana. Silencio. Eso vale más que 15 millones.

Los domingos Gonzalo camina por el malecón de Mazatlán, el mismo lugar donde estacionó aquella noche cuando no sabía si iba a sobrevivir. Mira el mar, piensa en las camionetas, en los compartimentos llenos de dinero, en el momento exacto donde su vida cambió. Si pudiera regresar al día de la subasta, levantaría la mano otra vez. Fatan, no.

Nan dejaría que alguien más cargara con esa maldición, pero no puede regresar. Nadie puede, solo puede caminar hacia adelante y esperar que algún día Daniela conteste el teléfono. Y ahora dime tú, ¿Gonzalo hizo bien en quedarse con el dinero? ¿Debió haber reportado desde el principio? ¿Habrías hecho lo mismo en su lugar? ¿O habrías llamado a la policía cuando abriste la primera puerta de esa suburba negra? Sé honesto, escríbelo en los comentarios porque el 99% de las personas dicen que llamarían a la policía, pero el 99% de las personas

nunca han tenido 3 millones de dólares en las manos y una hija que no puede pagar la universidad. La historia de Gonzalo Terrazas es la historia de lo que hacer el dinero del Chapo le hace a la gente común, gente que trabaja, que lucha, que sueña con algo mejor y que cuando la oportunidad aparece descubre que las oportunidades del narco siempre cobran más de lo que dan.

Cabbios, si esta historia te atrapó hasta el final. Si quieres más historias de gente común que se cruzó con el mundo del Chapo, suscríbete ahora. No mañana, ahora. Dale like, activa la campana, porque tenemos docenas de historias esperando ser contadas. Historias de dinero encontrado, de decisiones imposibles, de familias destruidas y reconstruidas.

Y la próxima podría ser la más fuerte que hayas escuchado. Nos vemos en el siguiente video. Shatia. M.