Hace unas horas, aviones F15 israelíes atravesaron el espacio aéreo libanés y bombardearon simultáneamente tres centros de mando de Hesbolá en el valle de la Bec. Ocho miembros de Hesbolá murieron en cuestión de segundos, entre ellos tres comandantes locales Ali Al Musawi, Muhamad al Musawi y Hussein Yagui, hijo de uno de los miembros fundadores de Gesbolá, que en su día se sentó junto al propio Hassan Nasralá.
Y pero ese no fue el detalle que conmocionó a las agencias de inteligencia de todo Oriente Medio. Según fuentes citadas por el medio saudí al Arabilla, oficiales del IRGC, comandantes del cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, se encontraban físicamente dentro del edificio cuando detonaron las municiones israelíes.
Se habían reunido con la unidad de misiles de Jesbola, planificaban ataques contra ciudades israelíes. Coordinaban secuencias de ataque. Israel no solo mató a comandantes de Jesbolá, Israel persiguió a oficiales iraníes que operaban en territorio libanés. Y lo que eso revela sobre la desesperación de Teerán es algo que Irán nunca quiso que el mundo viera.
Para entender por qué los coroneles iraníes estaban sentados en una sala de guerra de Jesbolá en el valle de Beca, hay que retroceder a junio de 2025, a la guerra de 12 días entre Israel e Irán, que reconfiguró toda la región. Durante ese conflicto a el secretario general de Esbolá, Naim Kassem, recibió múltiples solicitudes de Teerán para abrir un frente norte contra Israel.