“TORTILLERA JUSTICIERA” DE NEZAHUALCÓYOTL: ELENA RAMÍREZ ENV3N3NÓ A MÁS DE 15 SICARIOS DEL CJNG QUE QUEM4R0N VIVA A SU MADRE

  • Nesa Walcoyotl, Estado de México. Madrugada del 15 de agosto de 2023. Una [ __ ] de 54 años es detenida mientras paramédicos luchan por salvar a un sicario del CJ que agoniza en el pavimento. Elena Ramírez acababa de envenenar a su víctima número 15 usando el alimento más sagrado de México, la tortilla hecha a mano.
  • Pero esta no es la historia de una asesina serial. Es la historia de una madre que vio arder a la suya y decidió que si la justicia no existía, ella la haría con sus propias manos. Nesawalcoyotl nunca fue un lugar amable. Fundada en los años 50 sobre el lecho seco del lago de Texcoco, la ciudad creció como un refugio para quienes no tenían más opciones.
  • Calles de tierra que se convertían en lodasales cada temporada de lluvias. casas de blog sin terminar, comercios informales que aparecían y desaparecían según las necesidades del día. Pero en medio de ese caos organizado, entre las colonias Benito Juárez y Esperanza había un negocio que llevaba 25 años en el mismo lugar.
  • Tortillería La Lupita, Elena Guadalupe. Ramírez Soto abrió ese negocio en 1998 con el dinero que su esposo había ahorrado trabajando en construcción. Un local de 3 por 4 m con piso de cemento pulido, paredes de block pintadas de blanco y una puerta de metal corrugado que chirriaba cada vez que se abría.
  • En el centro, montado sobre un fogón artesanal de ladrillo refractario, descansaba un comal de 40 cm que Elena había heredado de su madre. Ese comal era su herramienta principal, su sustento y su orgullo. Para 2023, Elena tenía 54 años. Su rostro moreno estaba curtido por décadas de calor constante. Sus manos callosas mostraban la huella de 40 años moldeando masa y su cabello, mitad negro, mitad gris, lo recogía siempre en una trenza apretada.
  • Vestía blusas florales desteñidas y pantalones de mezclilla oscura que lavaba cada dos días porque no tenía más. En el cuello llevaba una cadena de plata delgada con una medalla de la Virgen de Guadalupe, la única joya que poseía. Elena vivía sola desde que sus tres hijos migraron a Houston, entre 2015 y 2019. Los tres habían cruzado la frontera buscando lo que Nesawalcoyot no podía darles.
  • Empleos formales, seguridad, futuro. Se fueron prometiendo enviar dinero cada mes, pero las remesas fueron espaciándose hasta convertirse en llamadas esporádicas los domingos. Elena los entendía. Sabía que la vida en Estados Unidos era cara y complicada. Sabía que sus nietos, cinco en total, crecían hablando inglés y comiendo hamburguesas en lugar de tortillas.
  • Sabía que probablemente nunca los conocería en persona, pero no vivía del todo sola. Su madre, Lupita Soto, de 79 años, compartía con ella una casa de dos cuartos a tres cuadras de la tortillería. Lupita había enviudado a los 35 años y crió a Elena vendiendo tamales en las esquinas. Fue ella quien le enseñó el oficio.
  • ¿Cómo preparar el NXAL dejando el maíz en agua con cal viva durante 12 horas? ¿Cómo moler los granos hasta conseguir una masa tera y húmeda? ¿Cómo calcular la temperatura del comal solo con acercar la mano? La tortilla lleva el alma de quien la hace, mi hija le decía Lupita mientras amasaban juntas. Si la haces con coraje, sale amarga.
  • Si la haces con amor, alimenta el espíritu. Elena producía entre 800 y 1000 tortillas diarias. Las vendía a 20 pesos el kilo, lo que le dejaba unos 3000 pesos a la semana. No era mucho, pero alcanzaba para pagar los 2,500 pesos de renta, comprar maíz y cal, mantener el tanque de gas lleno y comer dos veces al día.
  • Lupita contribuía con su propia chamba. Vendía elotes en una barraquita instalada a tres cuadras de distancia. ganaba entre 500 y 700 pesos semanales, dinero que guardaba en una lata de café bajo su cama. Juntas habían ahorrado 15,000 pesos en 2 años. El plan era llegar a 25,000 para comprar boletos de autobús a la frontera y luego cruzar legalmente con visa de turista para visitar a los hijos de Elena en Houston.
  • Querían conocer a los nietos, abrazarlos aunque fuera una vez. La rutina de Elena no variaba. Despertaba a las 4:30 de la mañana, rezaba un Ave María antes de levantarse, preparaba el nixtamal y lo molía en una máquina de metal que tenía más de 30 años. A las 6 abría la puerta de metal corrugado y comenzaba a producir.
  • Los primeros clientes eran albañiles y obreros que pasaban camino a las obras de construcción. Compra dos o tr kilos, pagaban en efectivo, se iban sin decir mucho. A las 2 de la tarde cerraba, limpiaba el comal con un trapo húmedo, guardaba las tortillas que no se vendieron y caminaba de regreso a casa. Comía con Lupita. Descansaba viendo alguna novela en la televisión.
  • A las 6 de la tarde rezaban el rosario juntas en la sala frente a un altar improvisado con una imagen de la Virgen de Guadalupe, tres veladoras y una foto del esposo muerto de Elena. Cenaban algo simple: frijoles, arroz, tortillas recalentadas. A las 9 de la noche, Elena se acostaba. Dormía profundo porque el cansancio físico no dejaba espacio para el insomnio. Esa era su vida.
  • Humilde, repetitiva, digna. Elena no pedía nada extraordinario. Solo quería seguir trabajando hasta que sus manos ya no pudieran sostener la masa, ahorrar lo suficiente para ver a sus nietos una vez antes de morir y cuidar a Lupita hasta el final. No ambicionaba riqueza ni reconocimiento. Sabía que la pobreza no era una maldición, sino una condición estructural, algo contra lo que no se podía pelear, pero sí sobrellevar con dignidad.
  • En Nesawalcoyotlle, donde la violencia era tan cotidiana como el tráfico, Elena se consideraba afortunada. Nunca le habían robado, nunca había perdido mercancía por asaltos. Sus clientes eran gente trabajadora que respetaba su esfuerzo. Incluso los jóvenes tatuados que a veces compraban tortillas le hablaban con educación. Buenas tardes, doña, deme 2 kilos.
  • Ella no preguntaba en qué trabajaban, no era asunto suyo. Pero todo eso terminó la noche del 18 de marzo de 2023. El CJNG comenzó a operar en Nesacoyot con mayor intensidad a partir de 2022. no eran los únicos. La zona siempre había sido disputada por células del crimen organizado, pero el cártel Jalisco Nueva Generación llegó con una estrategia distinta, extorsión sistemática de comerciantes pequeños.
  • No les interesaban las tiendas grandes ni las franquicias. Querían controlar el dinero que circulaba en los mercados, las fondas, las tortillerías, las barracas de comida. El modelo era simple. Cobrar derecho de piso semanalmente. Quien no pagaba perdía el negocio, literalmente. En febrero de 2023, un sicario apodado El Greñas visitó la barraquita de elotes de Lupita Soto.
  • Era un hombre de 28 años con el cabello largo y grasiento, tatuajes mal hechos en los antebrazos y una mirada vidriosa de quien lleva años consumiendo cristal. Se acercó a Lupita un martes por la tarde cuando ella estaba cocinando mazorcas en una olla de peltreolida. “Buenas tardes, mi señora”, le dijo con una sonrisa que no llegaba a los ojos.
  • “Vengo de parte del jefe. A partir de hoy va a pagar 500 pesos a la semana derecho de piso para que pueda trabajar tranquila.” Lupita, mujer de voz suave pero carácter firme, lo miró sin parpadear. No tengo 500 pesos, joven. Apenas saco para comer. El greña se rió. Todos dicen lo mismo, señora, pero siempre encuentran de dónde sacar.
  • Tiene una semana. Si no paga, le quemamos el changarro y usted sabe que no estoy jugando. Lupita sí sabía. Había visto tres negocios incendiados en los últimos 6 meses. Una lonchería, una tlapalería, un puesto de frutas. Los dueños nunca denunciaron porque sabían que la policía no haría nada.
  • Así que Lupita hizo lo único que pudo. Le pidió dinero prestado a Elena. Elena le dio 2000 pesos sin preguntar para qué los necesitaba. Lupita pagó las primeras dos semanas, pero en la tercera semana ya no tenía más. No quiso pedirle otra vez a su hija, no quiso ser una carga. Entonces decidió hacer algo que ella consideraba razonable, hablar con el greñas y explicarle que no podía seguir pagando.
  • El 18 de marzo de 2023 era sábado. Lupita cerró su barraca como siempre, alrededor de las 9 de la noche. Caminó las tres cuadras que separaban su puesto de la casa que compartía con Elena. no notó que un suru blanco la seguía despacio. Cuando llegó a la puerta de su casa, el auto se detuvo. Bajaron tres hombres. Uno de ellos era el greñas.
  • “Señora”, dijo él acercándose mientras los otros dos bloqueaban la calle. “Le dije que tenía que pagar.” “¿Dónde está mi dinero?” Lupita, cansada y asustada, respondió con la verdad. No tengo más dinero. Ya soy vieja. Déjenme en paz. El greña sacó una botella de plástico del maletero del sur gasolina. Pues ahora va a aprender, [ __ ] vieja.
  • Los otros dos icarios sujetaron a Lupita por los brazos. Ella gritó, pero en Nesacoyotl nadie abre la puerta cuando escucha gritos nocturnos. El greñas vació la gasolina sobre el cuerpo de la anciana. Cabeza, pecho, piernas. Lupita suplicó, rezó, lloró. El greñas encendió un encendedor desechable y lo lanzó. Lupita ardió.
  • Corrió 5 metros con el cuerpo en llamas antes de desplomarse en el pavimento. Los vecinos comenzaron a salir con cubetas de agua, pero ya era tarde. La piel de Lupita se había desprendido en amplias zonas. El olor a carne quemada impregnó la cuadra entera. Elena llegó 15 minutos después. Venía del mercado donde había comprado cal para el mixtamal del día siguiente.
  • Encontró a su madre tendida en el suelo, envuelta en sábanas mojadas que los vecinos habían puesto sobre ella para apagar las llamas. Lupita todavía estaba consciente. Sus ojos, hinchados y enrojecidos, buscaron a Elena. Su boca, agrietada y sangrante, intentó formar palabras. La ambulancia de la Cruz Roja llegó a las 9:40 de la noche.
  • Trasladaron a Lupita al hospital general de Nesualcoyotl. Elena subió con ella sosteniéndole la mano durante todo el trayecto. Lupita murió a la 1:47 de la madrugada del 19 de marzo. Paro cardíaco provocado por choque séptico. Sus últimas palabras fueron no llores, mi hija. Dios me lleva con tu papá. Cuídate mucho. Te amo.
  • Elena no lloró en ese momento. Se quedó sentada junto al cuerpo cubierto con una sábana blanca, mirando la pared de azule lejos del hospital, sintiendo como algo dentro de ella se rompía sin hacer ruido. A las 10 de la mañana del 19 de marzo, Elena fue a la policía municipal de Nesawal Coyotl a presentar una denuncia.
  • El oficial de guardia, un hombre de unos 40 años con sobrepeso y expresión aburrida, ni siquiera levantó la vista de su celular mientras ella hablaba. Fue un accidente, señora. Se le cayó una vela. Así dice el reporte. Mentira, respondió Elena con voz firme. Fueron sicarios. Tengo testigos. No hay testigos, señora. Nadie vio nada.
  • puede retirarse. Al día siguiente, Elena fue a la Fiscalía General del Estado de México. Esperó 4 horas para que una gente la atendiera. Cuando finalmente pudo hablar, el hombre le dijo lo mismo. Sin testigos ni pruebas, no podemos abrir investigación. Lo siento, Elena insistió. Yo sé quién fue. Se llama el Greñas.
  • Viene a mi tortillería. El agente suspiró. Señora, ese es un apodo. Necesitamos nombre completo. Identificación. Tiene eso Elena guardó silencio. No tenía nada de eso. El caso fue archivado oficialmente como accidente doméstico el 21 de marzo de 2023. El velorio de Lupita se realizó dos días después en una capilla modesta de la colonia Benito Juárez.
  • El ataúd permaneció cerrado porque el cuerpo estaba demasiado quemado para ser expuesto. Elena llegó sola. Ninguno de sus hijos pudo viajar desde Houston. Se arrodilló frente al ataú y encendió 15 veladoras alrededor. No sabía por qué 15. Solo sintió que ese era el número correcto.
  • Antes de irse, susurró algo que nadie más escuchó. Perdóname, mamá. Perdóname, Virgencita, pero si la ley no los castiga, yo sí. Te lo juro por Dios. Si estás siguiendo esta historia y quieres saber qué viene después, suscríbete y activa la campanita. Cuéntame en los comentarios desde qué ciudad o estado nos estás viendo. Elena reabrió la tortillería el 23 de marzo de 2023. No tenía opción.
  • Si dejaba de trabajar, perdería el ingreso semanal y no podría pagar la renta. Así que se levantó a las 4:30 de la mañana como siempre, preparó el nixtamal y molió el maíz. Pero algo había cambiado. Sus movimientos eran mecánicos, precisos, vacíos. Los clientes que llegaban notaban su silencio. Algunos preguntaban por Lupita.
  • Elena no respondía, solo entregaba las tortillas, recibía el dinero y continuaba trabajando. Por las noches, cuando cerraba la cortina de metal y regresaba a la casa vacía, Elena no dormía. Se sentaba en la cama con un celular Samsung Galaxy Huawe que había comprado usado 3 años atrás. No sabía mucho de tecnología, pero sabía buscar información en internet.
  • Comenzó con términos simples, plantas venenosas México. Los resultados la llevaron a páginas sobre herbolaria tradicional, remedios caseros y advertencias sobre especies tóxicas. leyó sobre el Toloache, una planta de la familia Datura que crece silvestre en varias regiones de México. Sus flores son blancas y en forma de trompeta, hermosas letales.
  • Los curanderos la usaban en dosis mínimas para tratar dolores y espasmos, pero en cantidades mayores provocaba alucinaciones, convulsiones y muerte. También leyó sobre la Adelfa, un arbusto ornamental común en parques y camellones. Cada parte de esa planta contenía glucóidos cardíacos capaces de detener el corazón. Elena anotaba todo en un cuaderno escolar con la imagen de la Virgen de Guadalupe en la portada.
  • No escribía con la caligrafía temblorosa de una mujer de su edad, sino con letras claras y ordenadas, como si estuviera siguiendo una receta de cocina. Toloache, 1 gr causa náuseas, 3 g pueden matar. Adelfa, jugo de cinco hojas es suficiente para adulto promedio. El 28 de marzo, Elena tomó un autobús hacia la Ciudad de México.
  • Tardó una hora y media en llegar al mercado de Sonora, un lugar famoso por vender todo tipo de hierbas medicinales, amuletos y productos esotéricos. Se perdió entre los pasillos hasta encontrar un puesto atendido por un hombre mayor que vendía manojos de plantas secas colgadas del techo. “Buenas tardes”, dijo Elena con voz tranquila.
  • “¿Tiene to?” El hombre la miró con curiosidad. “Sí, señora. ¿Para qué lo quiere?” “Para limpias espirituales, respondió Elena sin dudar. había ensayado esa mentira durante todo el viaje en autobús. El vendedor asintió y le entregó una bolsa con 200 g de toloache seco. Son 150 pesos. Tenga cuidado, es muy fuerte. Dos días después, Elena visitó un vivero en Chimaluacán y compró una planta de Adelfa en maceta por 80 pesos.
  • La llevó a su casa y la colocó en el pequeño patio trasero. Nadie preguntó para qué la quería. Las Adelfas eran plantas comunes. Entre el 1 y el 10 de abril de 2023, Elena realizó pruebas. Compró ratas vivas en el mercado, las metió en una caja de cartón y comenzó a experimentar. La primera prueba fue con jugo de Adelfa, extrajo el líquido de tres hojas machacadas, lo mezcló con una tortilla mojada y se la dio a una rata.
  • El animal murió en 8 horas después de convulsionar violentamente. Elena anotó. Muy rápido, van a sospechar. La segunda prueba fue con Toloache en polvo. Molió las semillas secas hasta convertirlas en un polvo fino. Lo mezcló con masa cruda y asó una tortilla. La rata que la comió murió en 14 horas. Elena escribió, “Mejor, parece enfermedad.
  • ” La tercera prueba combinó ambos venenos. Usó un gr y medio de toloache y cinco gotas de jugo de Adelfa por tortilla. La rata murió en 10 horas con síntomas que Elena reconoció de inmediato: cólicos severos, vómito, diarrea, convulsiones y, finalmente, paro cardíaco. Cualquier médico que viera esos síntomas pensaría en intoxicación alimentaria común.
  • Elena anotó dosis perfecta, síntomas de intoxicación alimentaria. El siguiente paso era garantizar que las tortillas envenenadas no se mezclaran con las normales. Elena desarrolló un sistema de marcación. En cada bolsa de tortillas envenenadas hacía un punto rojo microscópico con un plumón. Era tan pequeño que nadie lo notaría a menos que lo buscara específicamente.
  • Probó el sistema separando lotes limpios y contaminados. 100% de precisión, cero errores. El 10 de abril, Elena finalizó su método. Sabía exactamente cuánto veneno usar, cómo incorporarlo a la masa sin alterar el sabor, cómo marcar las bolsas y cómo distribuirlas sin levantar sospechas. Solo faltaba decidir a quién.
  • Esa noche, arrodillada frente al altar de su sala, Elena rezó. No pidió perdón, pidió fuerzas. Virgencita, perdóname por lo que voy a hacer, pero tú sabes que la justicia de los hombres no sirve. Dame fuerzas. Abrió su cuaderno y escribió 19 nombres. No eran nombres completos, eran apodos. El chore, el trébol, la gerüera, el greñas.
  • Eran los sicarios que operaban en su colonia, los que ella había visto entrar y salir de casas de seguridad, los que extorsionaban a los comerciantes, los que hablaban en voz alta sobre la plaza y el jefe. Elena tenía memoria fotográfica para rostros. 40 años atendiendo clientes le habían enseñado a nunca olvidar una cara.
  • El primer nombre en la lista era el Chore, un hombre de 26 años, estatura baja, con una cicatriz vertical en el cuello. Elena lo recordaba perfectamente. Dos días después de que quemaran a Lupita, el chore había entrado a la tortillería riéndose con otro sicario. Hablaban sobre una vieja que no quiso pagar.
  • Uno de ellos dijo, “Se puso como antorcha, gey.” Ambos rieron. Elena no dijo nada en ese momento, solo les vendió 2 kg de tortillas, recibió el dinero y los vio irse, pero grabó esa risa en su memoria y ahora, un mes después, estaba lista para borrarla. El 12 de abril de 2023, Elena abordó a doña Chela, una mujer de 60 años que vendía quesadillas en un puesto cercano a la colonia Esperanza.
  • Doña Chela era conocida en la zona porque surtía comida a varias casas de seguridad del CJNG. No lo hacía por complicidad, sino por necesidad. Los sicarios pagaban bien y nunca regateaban. Elena lo sabía, por eso la eligió. Chela le dijo Elena una tarde mientras la mujer freía quesadillas en un comal portátil.
  • ¿Sigue surtiendo a los muchachos de la esperanza? Doña Chela levantó la vista sorprendida. Sí, Elena. ¿Por qué? Tengo tortillas de calidad. Te doy buen precio si me las compras. 15 pesos el kilo en vez de 20, pero solo para ti. Doña Chela, siempre atenta a ahorrar costos, aceptó sin pensarlo dos veces.
  • ¿Cuándo me las puedes surtir? Mañana, respondió Elena. Te llevo 2 kg limpios y 2 kg especiales. Los especiales tienen un punto rojo en la bolsa. Esos dáselos a los muchachos tatuados. Dicen que son más buenas. Doña Chela no preguntó más. Para ella, el punto rojo era solo una marca de calidad.
  • El 13 de abril Elena preparó 4 kg de tortillas. Dos eran normales, hechas con su masa habitual. Los otros dos llevaban la mezcla letal, 1 gr y medio de tolo molido y cinco gotas de jugo de Adelfa por cada tortilla. Las envenenó durante la madrugada cuando nadie pasaba frente a su negocio. Trabajó con guantes de látex que había comprado en una farmacia.
  • Lavó el comal tres veces entre lotes y marcó las bolsas contaminadas con un punto rojo casi invisible. A las 8 de la mañana del 14 de abril, Elena entregó las tortillas a doña Chela. Las del punto rojo son para pedido especial, las otras para venta normal. Doña Chela asintió y guardó las bolsas en una hielera.
  • A las 12 del mediodía llegó a una casa de la colonia Esperanza, donde ocho sicarios comían, bebían cerveza y jugaban cartas. Doña Chela separó las tortillas marcadas y las puso en la mesa principal. donde estaban los hombres con tatuajes en los brazos. El chore estaba ahí. Tomó ocho tortillas y las comió con carne asada que otro sicario había preparado.
  • Elena no estuvo presente, regresó a su tortillería y trabajó el resto del día como siempre. A las 2 de la tarde cerró, limpió el comal y caminó a su casa. Cenó sola frente al televisor, rezó el rosario sola. se acostó a las 9 de la noche. A las 10 de la noche del 14 de abril, el chore comenzó a sentir cólicos.
  • Pensó que era algo que comió. A las 11:30 vomitó tres veces. A la 1 de la madrugada del 15 de abril tenía diarrea severa y sudaba frío. Sus compañeros creyeron que había consumido droga cortada con alguna sustancia tóxica. A las 3:15 de la madrugada, el chore comenzó a convulsionar. Espuma blanca salió de su boca.
  • Sus ojos se pusieron en blanco. A las 3:30 su corazón se detuvo. Los otros sicarios entraron en pánico. No llamaron a una ambulancia porque no querían que la policía llegara a la casa de seguridad. En su lugar envolvieron el cuerpo de El Chore en una lona de plástico. Lo metieron en la cajuela de un auto y lo llevaron a un terreno valdío en Chimaluacán.
  • Lo dejaron ahí entre basura y escombros. El cuerpo nunca fue reclamado. La familia del Chore nunca supo dónde terminó. Para el CGHNG, la muerte del Chore no fue sospechosa. Pensaron que había consumido cristal de mala calidad. Esas muertes eran comunes. Nadie investigó. Nadie conectó los puntos. Elena Ramírez, la [ __ ] de 54 años que abría su negocio todos los días a las 6 de la mañana.
  • No estaba en el radar de nadie. El 15 de abril a las 6 de la tarde, Elena caminó a la iglesia de San Juan. Era una construcción modesta con paredes de concreto pintadas de blanco y un altar sencillo presidido por una imagen de la Virgen de Guadalupe. Elena se arrodilló frente al altar, sacó una veladora de su bolso y la encendió.
  • Luego sacó una tortilla limpia recién hecha esa mañana y la dejó junto a la veladora como ofrenda. El padre Damián, un hombre de 60 años que llevaba 22 años como párroco de esa iglesia, observó la escena desde el confesionario. Conocía a Elena desde hacía décadas. La había visto bautizar a sus hijos, llorar en el funeral de su esposo, rezar cada semana sin falta, pero nunca la había visto dejar tortillas en el altar.
  • Elena se quedó arrodillada durante 10 minutos. No rezó en voz alta, solo movió los labios en silencio. Antes de irse, susurró algo que el padre Damián no alcanzó a escuchar. Una mamá. Quedan 18. Esa noche Elena durmió por primera vez en semanas. No soñó, no se despertó a medianoche. Su cuerpo descansó como si finalmente hubiera encontrado un propósito claro.
  • A la mañana siguiente se levantó a las 4:30. preparó el nixtaal y abrió la tortillería a las 6 en punto. Los clientes notaron que Elena parecía distinta, más tranquila, más erguida. Algunos comentaron, “Elena está mejor, gracias a Dios.” Pero Elena no estaba mejor. Simplemente había encontrado una manera de canalizar su dolor en algo tangible. Y apenas comenzaba.
  • Mayo de 2023 llegó con calor seco y cielos grises por la contaminación. Nesagualcoyotu seguía siendo la misma ciudad de siempre, ruidosa, caótica, indiferente. Elena continuó con su rutina diaria sin levantar sospechas. Despertaba antes del amanecer, molía maíz, producía tortillas y atendía clientes.
  • Nadie habría imaginado que esa mujer callada, de manos callosas y blusa floral desteñida, estaba ejecutando un plan meticuloso de venganza. El 2 de mayo, Elena identificó a sus siguientes objetivos: el trébol y la hera. El trébol era un sicario de 29 años encargado de cobrar extorsiones en la colonia Benito Juárez. Elena lo había visto varias veces amenazando a comerciantes que no pagaban a tiempo.
  • La Hüera era su novia, una mujer de 24 años que trabajaba como halcón, vigilando las calles y avisando cuando veía patrullas. Ambos vivían juntos en una casa cercana a la tortillería. Elena sabía que el trébol compraba tortillas regularmente, pero no podía venderle directamente las envenenadas porque él conocía su negocio.
  • Necesitaba un intermediario. Eligió a don Rafa, un vendedor de quesadillas de 70 años que tenía un puesto en la esquina de la calle donde vivían el trébol y la Hüera. Don Rafa era un hombre neutral, ajeno al negocio del crimen. Solo vendía comida para sobrevivir. Elena se acercó a don Rafa una tarde.
  • Don Rafa, ¿puede llevar estas tortillas a la casa azul de la esquina? Es un pedido. Don Rafa, confiado, preguntó, “¿Cuánto cobro?” “Nada, es regalo para unos clientes,”, respondió Elena con una sonrisa tranquila. Don Rafa aceptó sin dudar. Al día siguiente, 4 de mayo, llevó 2 kilos de tortillas marcadas con el punto rojo a la casa del trébol.
  • El sicario abrió la puerta, tomó la bolsa y agradeció. Esa noche, el trébol y la hera cenaron tacos con esas tortillas. Comieron seis cada uno. El trébol comenzó a sentir síntomas a las 10 de la noche. Náuseas, dolor abdominal, mareos. Pensó que era indigestión. A las 2 de la madrugada del 5 de mayo vomitaba sin control. A las 8 de la mañana murió en su cama por paro cardíaco.
  • La hera, que había comido menos tortillas, tardó más. Comenzó a sentirse mal al día siguiente. El 6 de mayo, por la tarde, comió las tortillas sobrantes que quedaban en el refrigerador. A las 3 de la madrugada del 7 de mayo también murió. Cuando los otros miembros del CNG encontraron los cuerpos, entraron en alerta.
  • Dos muertes en 72 horas no podían ser coincidencia. Sospecharon envenenamiento, pero no sabían de dónde venía. Comenzaron a investigar internamente buscando traidores. Culparon a un cartel rival llamado Los Viagra, que operaba en algunas zonas del Estado de México. En represalia, el CJNG mató a dos personas inocentes que supuestamente tenían vínculos con los Viagra.
  • No tenían ninguna relación, eran trabajadores de construcción que estaban en el lugar equivocado. Elena leyó la noticia en un periódico local. sintió una punzada de culpa. No había planeado que murieran inocentes, pero tampoco se detuvo. Esa tarde fue a confesarse con el padre Damián. “Padre, hay daños colaterales”, dijo Elena desde el otro lado de la rejilla del confesionario.
  • “¿Es pecado si no los maté directamente?” El padre Damián frunció el seño. “Hija, toda violencia engendra más violencia. ¿De qué hablas?” Elena guardó silencio, luego respondió, “Nada, padre, solo reflexiones.” Salió del confesionario sin recibir la absolución completa. No le importó. Sabía que lo que estaba haciendo iba más allá del perdón religioso.
  • Era una cuenta pendiente con la justicia terrenal. El 10 de junio, Elena identificó a tres halcones jóvenes que operaban en la zona. tenían 17, 19 y 20 años. Su trabajo era vigilar las calles, cobrar extorsiones pequeñas y avisar de operativos policiales. Elena los vio extorsionando a una mujer embarazada en el mercado.
  • La mujer lloraba. Suplicaba que no le quitaran el dinero porque lo necesitaba para pagar al médico. El halcón de 19 años le dijo, “Me vale madre. Paga o te quemo el changarro.” Elena escuchó esas palabras y sintió un escalofrío. Eran las mismas palabras que le dijeron a Lupita. decidió que esos tres también pagarían, pero necesitaba una forma de llegar a ellos sin levantar sospechas.
  • Investigó sus rutinas y descubrió que jugaban fútbol en un torneo clandestino que se organizaba cada mes en un campo valdío de la colonia Estado de México. Elena decidió patrocinar el premio del torneo Tacos gratis para el equipo ganador. Invirtió 500 pesos de su propio dinero.
  • El 18 de junio se llevó a cabo el torneo. El equipo de los tres halcones ganó. Celebraron comiendo tacos hechos con tortillas que Elena había preparado especialmente para ellos. Marcadas, por supuesto. Cada uno comió alrededor de 12 tortillas. A las 3 de la madrugada del 19 de junio, los tres comenzaron a convulsionar en sus respectivas casas.
  • A las 8 de la mañana, los tres estaban muertos. Las autoridades atribuyeron las muertes a comida contaminada de vendedores ambulantes. Cerraron cuatro puestos de tacos en la zona, pero ninguno era de Elena. Nadie investigó las tortillerías. Las familias de los halcones lloraron. Una madre desconsolada gritaba en el mercado, “Mi niño, mi bebé, ¿por qué Dios me lo quitó?” Elena pasó junto a ella sin detenerse.
  • Internamente pensó, “Porque tu niño quemaba gente viva.” Esa tarde Elena encendió tres veladoras en la iglesia. Ya llevaba seis en total. El padre Damián continuaba observándola desde lejos, cada vez más intrigado por ese ritual extraño. El 25 de junio de 2023, Elena regresó al confesionario de la iglesia de San Juan.
  • No tenía planeado confesarse, pero sentía la necesidad de hablar, aunque fuera en términos ambiguos. El padre Damián la recibió con la paciencia que caracterizaba sus 22 años de sacerdocio. Había escuchado miles de confesiones en esa iglesia. Adulterios, robos, mentiras, violencia doméstica. Pero algo en la voz de Elena le generaba inquietud.
  • Padre, ¿es pecado hacer justicia cuando Dios no castiga?”, preguntó Elena desde el otro lado de la rejilla. El padre Damián respiró profundo antes de responder, “Hija, la justicia es de Dios, no nuestra. ¿Qué has hecho?” “Nada aún, Padre, solo pienso. El pensamiento no es pecado, pero la venganza sí. Reza conmigo.” Elena rezó 10 Ave Marías con el padre Damián.
  • Al terminar se levantó y salió del confesionario sin decir más. El sacerdote se quedó sentado en la penumbra mirando el crucifijo que colgaba frente a él. Esa noche, antes de dormir, anotó en su diario paroquial, “Elena Ramírez está cambiada. Ore por ella.” Esas palabras serían importantes meses después, cuando el padre Damián testificara en el juicio de Elena.
  • Mientras tanto, el Sej comenzaba a notar un patrón preocupante. En menos de dos meses habían perdido ocho integrantes. Algunos eran sicarios de rango medio, otros eran halcones. Todos habían muerto con los mismos síntomas: vómito, diarrea, convulsiones, paro cardíaco. Las autopsias, cuando las había, indicaban intoxicación alimentaria.
  • Pero el cartel no creía en coincidencias. El líder de la célula en Nesawahcoyotl era el Greñas, el mismo hombre que había ordenado quemar a Lupita. A sus años, el Greñas controlaba cuatro colonias: Benito Juárez, Esperanza, Estado de México y Aurora. Bajo su mando operaban 12 sicarios activos y ocho halcones. Generaba alrededor de 500,000 pesos mensuales entre extorsiones y venta de cristal.
  • No era el jefe máximo del CJNG en el Estado de México, pero sí era un operador importante. El greñas consumía metanfetamina desde los 19 años. Eso le daba una energía frenética, pero también lo volvía paranoico. Comenzó a sospechar que alguien dentro de su propia organización estaba traicionándolo. Interrogó a varios sicarios, torturó a un par de ellos, no encontró nada.
  • Luego pensó en los Viagra, el cartel rival. Ordenó una serie de ataques de represalia. Mataron a cinco personas en dos semanas. Ninguna de esas víctimas tenía relación real con los Viagra. Eran taxistas, comerciantes, un mecánico. Pero el CJ necesitaba mostrar fuerza. La violencia llamó la atención de la Fiscalía General del Estado de México, pero no lo suficiente.
  • Las autoridades estaban acostumbradas a las guerras entre carteles. Mientras no hubiera masacres en lugares públicos, el caso se manejaba con rutina burocrática. Se abrían carpetas de investigación que nunca avanzaban. Se hacían declaraciones públicas sobre operativos que nunca ocurrían. La impunidad seguía intacta. Elena leía las noticias en el periódico local.
  • Veía cómo la violencia escalaba, cómo morían personas inocentes. Sabía que su plan estaba generando caos, pero no se detuvo. Desde su perspectiva, el caos ya existía. Ella solo estaba reequilibrando la balanza. En julio de 2023, Elena comenzó a planear algo más ambicioso. Hasta ese momento, había matado a sicarios de bajo rango, cobradores, halcones, operadores menores, pero quería llegar a El Greñas.
  • Sabía que era más difícil. El Greñas no compraba tortillas en la calle, no comía en fondas públicas, vivía en una casa de seguridad con vigilancia constante. Elena necesitaba una oportunidad. Y esa oportunidad llegó el 8 de agosto cuando escuchó a dos sicarios hablando en su tortillería.
  • Va a estar buena la fiesta del Greñas. Habrá cheves y carnita asada. Elena levantó la vista. ¿Cuándo es? Uno de los sicarios, un joven de unos 22 años con tatuajes en el cuello, respondió riéndose. El sábado, vieja. ¿Por qué quieres ir? Elena sonrió levemente. Solo curiosidad, los sicarios pagaron y se fueron.
  • Elena cerró la tortillería esa tarde con una idea clara en la cabeza. El sábado 10 de agosto habría una fiesta organizada por el Greñas para celebrar el aniversario del líder regional del CJNG, conocido como Santo. Sería en un terreno abandonado detrás de una fábrica desactivada en la colonia Esperanza. Habría música, alcohol, carne asada y tortillas.
  • Elena sabía que esta era su oportunidad de hacer el mayor daño posible. El 9 de agosto comenzó a preparar el plan más arriesgado hasta ese momento. Necesitaba producir una cantidad grande de tortillas envenenadas sin contaminarlas limpias. Necesitaba garantizar que solo los sicarios las comieran y necesitaba un intermediario que no sospechara nada.
  • Nuevamente eligió a doña Chela. La mañana del 9 de agosto, Elena visitó el puesto de quesadillas de doña Chela. “Chela, necesito que me hagas un favor. Te voy a pagar 2000 pesos.” Doña Chela, que apenas ganaba 4000 pesos al mes, abrió los ojos con sorpresa. “¿Qué necesitas? Voy a preparar tortillas para la fiesta del sábado.
  • Voy a hacer dos tipos, unas en bolsa blanca y otras en bolsa roja. Las rojas son más caras, son especiales. Necesito que las entregues solo a los hombres con tatuajes en las mesas principales. Las blancas para todos los demás. ¿Puedes hacerlo? Doña Chela no entendía por qué había dos tipos, pero 2000 pesos eran demasiado dinero como para preguntar.
  • Claro, Elena, cuenta conmigo. Elena sabía que estaba arriesgando todo. Si algo salía mal, si las tortillas se mezclaban, si un niño comía de las envenenadas, el plan colapsaría, pero también sabía que no tendría otra oportunidad como esta. El 10 de agosto de 2023 amaneció con un cielo gris y aire denso. Elena se levantó a las 3 de la mañana, 2 horas antes de lo habitual.
  • No rezó, no prendió veladoras, solo encendió el fogón de ladrillo, preparó el nixtamal y comenzó a producir. Trabajó durante 5 horas continuas. Primero hizo 15 kg de tortillas limpias, las normales que vendería durante el día y que doña Chela entregaría en la fiesta para las familias y personas ajenas al cartel. Luego limpió el comal con agua hirviendo, lo secó con trapos limpios y comenzó con el segundo lote.
  • Para las tortillas envenenadas usó 3 kg de masa. Cada tortilla llevaba un gramo y medio de toloache molido y cinco gotas de jugo de Adelfa, extraído de las hojas que cultivaba en su patio. Elena trabajaba con guantes de látex, no podía permitirse ningún error. Cada tortilla era moldeada a mano, colocada en el comal durante el tiempo exacto y luego enfriada antes de empacarla.
  • Marcó las bolsas con un punto rojo apenas visible en la esquina inferior derecha. A las 8 de la mañana, Elena ya tenía 18 kg listos. Metió todo en dos cajas de plástico y las llevó al puesto de doña Chela. La mujer estaba preparando su comal portátil cuando Elena llegó. “Aquí están”, dijo Elena bajando las cajas. “Las del punto rojo son para los muchachos tatuados de las mesas principales.
  • Las blancas para todos los demás. Es muy importante que no las mezcles.” Doña Chela. asintió. No te preocupes, Elena. Sé separar. Elena le entregó los 2,000es en efectivo. Era la mitad de sus ahorros. Doña Chela guardó el dinero en su delantal y cargó las cajas en un carrito de metal oxidado que usaba para transportar mercancía.
  • A las 7 de la tarde llegó al terreno abandonado donde se realizaría la fiesta. El lugar estaba lleno, alrededor de 30 personas, sicarios, sus novias, algunos vendedores ambulantes que habían sido contratados para llevar comida y bebidas. Habían instalado mesas de madera improvisadas, bocinas grandes conectadas a un generador eléctrico y una parrilla de tambos cortados por la mitad donde asaban carne. El ambiente era festivo.
  • Música de corridos sonaba a todo volumen. Hombres bebían cerveza directo de la botella. Algunos fumaban marihuana. Doña Chela montó su puesto en una esquina. Comenzó a preparar quesadillas usando las tortillas que Elena le había dado. Separó las bolsas como le habían indicado. Las blancas las usó para servir a las mujeres, los niños y los vendedores ambulantes.
  • Las rojas las reservó para los hombres tatuados que ocupaban las mesas principales. Ahí estaba el greñas sentado en el centro bebiendo cerveza y riendo con otros nueve sicarios. A las 9:30 de la noche comenzaron a servir la cena. Carne asada, frijoles, arroz, salsa y tortillas. El greñas comió 12 tortillas.
  • Las acompañó con pedazos grandes de carne y tragos largos de cerveza. Los otros nueve sicarios comieron entre seis y 10 tortillas cada uno. Nadie notó nada extraño. El sabor era normal. La textura era perfecta. Doña Chela había hecho bien su trabajo sin saber que estaba distribuyendo veneno. A las 10 de la noche, doña Chela recogió su puesto y se fue.
  • Elena, mientras tanto, estaba en su casa. Había cenado sola, como siempre. Se había acostado temprano. No sabía si el plan funcionaría, solo podía esperar. A las 2:45 de la madrugada del 11 de agosto, el greñas comenzó a vomitar. Pensó que había bebido demasiada cerveza. Salió del terreno y vomitó junto a un árbol seco. Regresó, se sentó y siguió bebiendo.
  • Media hora después volvió a vomitar. Esta vez con más violencia tenía cólicos que le retorcían el estómago. A las 3 de la madrugada, otros tres sicarios también comenzaron a sentirse mal. Uno de ellos, un hombre de 30 años apodado el tachas, se dobló del dolor y cayó al suelo. A las 3:15, 11 hombres estaban tirados en el piso del terreno convulsionando.
  • Las mujeres gritaban. Los vendedores ambulantes huían del lugar. Entre el caos, nadie notó que un niño de 9 años también comenzaba a convulsionar. Se llamaba Cristian. era hijo de el tachas. El niño había tomado dos tortillas de la mesa roja porque se veían más doraditas. Su madre estaba borracha y no lo había visto.
  • Ahora el niño estaba tirado en el piso con espuma en la boca temblando. Alguien llamó a la Cruz Roja. Llegaron tres ambulancias a las 3:45 de la madrugada. Los paramédicos encontraron una escena dantesca. 11 cuerpos convulsionando, vómito por todas partes, gente corriendo. Dos sicarios murieron en el lugar antes de que los paramédicos pudieran hacer algo.
  • Los otros nueve, incluidos el Greñas y Cristian, fueron trasladados al hospital general de Nesawalcoyotlle. Elena se enteró de todo al día siguiente. Un cliente llegó a la tortillería hablando sobre una intoxicación masiva en una fiesta del CJNG. Elena escuchó sin hacer preguntas. Cuando el cliente se fue, Elena cerró la puerta, se sentó en el suelo de concreto y lloró. No de tristeza, de alivio.
  • El greñas había caído, pero también se enteró de algo que no había planeado. Un niño de 9 años estaba grave en el hospital. El 11 de agosto a las 12 del mediodía, los reportes médicos del Hospital General Denesa Walcoyotl confirmaron lo que todos sospechaban. Envenenamiento masivo. Cuatro sicarios habían muerto, dos en el terreno, dos en el hospital durante las primeras horas de atención.
  • Los otros siete estaban internados en la unidad de cuidados intensivos con síntomas severos, fallo renal, convulsiones persistentes, arritmias cardíacas. Entre ellos estaba el greñas, que había ingerido la mayor cantidad de tortillas envenenadas. También estaba Cristian, el niño de 9 años, quien había recibido una dosis menor, pero suficiente para ponerlo en peligro.
  • Las autoridades sanitarias del Estado de México emitieron un comunicado advirtiendo sobre posible contaminación alimentaria en eventos públicos. La Fiscalía General del Estado de México abrió una carpeta de investigación por homicidio múltiple, pero inicialmente atribuyeron las muertes a comida contaminada de vendedores ambulantes sin licencia.
  • Mientras tanto, el CJNG entró en modo de crisis. El segundo al mando, un sicario apodado El Tachas, que era el padre de Cristian, organizó una junta de emergencia con los sicarios sobrevivientes. Secuestraron a ocho vendedores ambulantes que habían estado en la fiesta, incluida doña Chela. Los llevaron a un lugar desconocido y los interrogaron brutalmente.
  • Doña Chela, bajo tortura, reveló la verdad. Elena, Elena Ramírez, la [ __ ] de la Benito Juárez. Ella me dio las tortillas, me dijo que las rojas eran especiales. Yo no sabía, yo no sabía nada. El tacha soltó a doña Chela después del interrogatorio. Le dijo que se fuera y no hablara con nadie. Doña Chela caminó tres cuadras antes de que un auto la alcanzara.
  • La metieron a la fuerza. Nadie volvió a verla. Su cuerpo nunca apareció. La familia presentó denuncia de desaparición el 13 de agosto. La policía archivó el caso como ausencia voluntaria. Elena no sabía nada de esto todavía. continuó trabajando en su tortillería los días 11, 12, 13 y 14 de agosto. Producía tortillas, atendía clientes, cerraba a las 2 de la tarde.
  • Todo parecía normal, pero el 12 de agosto algo cambió. Ese día la Fiscalía General del Estado de México asignó el caso a un investigador veterano llamado licenciado Martínez. Tenía 48 años y 25 de experiencia en crimen organizado. Había investigado narcotráfico, secuestros, homicidios, pero nunca algo como esto.
  • Nueve muertos en 4 meses, todos con los mismos síntomas, todos vinculados al CJ. Martínez comenzó a revisar los expedientes médicos de las víctimas anteriores. El chore, el trébol, la hera, los tres halcones jóvenes. Todas las autopsias indicaban intoxicación alimentaria. Todas habían muerto entre 8 y 14 horas después de comer.
  • Martínez conectó los puntos. No era casualidad, era un patrón. ordenó que revisaran las escenas de las muertes anteriores. En tres de ellas encontraron bolsas de tortillas con una pequeña estampa de la Virgen de Guadalupe impresa en la parte trasera. Martínez rastreó esa marca. Solo una tortillería en Nesawalcoyotle usaba esas bolsas.
  • Tortillería La Lupita. El 14 de agosto, Martínez visitó a los vecinos de Elena. Preguntó discretamente sobre ella. Una vecina le contó, “Pobre mujer, le mataron a su mamá hace unos meses, la quemaron viva. Dicen que fueron del CJNG, pero la policía no hizo nada. Martínez pidió el expediente del caso de Lupita Soto. Lo encontró archivado como accidente doméstico. Leyó las declaraciones.
  • Vio que Elena había intentado denunciar. vio que nadie le había hecho caso. Revisó las fechas. Lupita murió el 19 de marzo. Las muertes por envenenamiento comenzaron en abril. El móvil era claro. Martínez sabía que tenía suficiente para solicitar una orden de aprensión. Esa misma tarde, el 14 de agosto, un juez autorizó la orden de captura contra Elena Guadalupe Ramírez Soto por 15 homicidios calificados.
  • Martínez organizó un operativo para la madrugada del día siguiente. Participarían ocho agentes de la policía ministerial y cuatro de la Guardia Nacional. Elena, ajena a todo esto, cerró su tortillería a las 2 de la tarde del 14 de agosto. Caminó a su casa, preparó la masa para el día siguiente. Cenó sola, rezó el rosario frente al altar de la sala.
  • se acostó a las 9 de la noche. A las 4:30 de la mañana del 15 de agosto, Elena despertó como siempre. Se levantó, rezó un Ave María y comenzó a preparar el nixtamal. A las 5:15 abrió la puerta de metal corrugado de su tortillería. 5 minutos después el operativo llegó. Cuatro patrullas bloquearon las dos salidas de la calle donde estaba la tortillería.
  • Ocho agentes de la policía ministerial y cuatro de la Guardia Nacional bajaron con chalecos antibalas y armas largas. El licenciado Martínez lideraba el operativo. No esperaba resistencia, pero tampoco podía arriesgarse. Habían visto casos donde personas aparentemente inofensivas terminaban siendo violentas cuando eran acorraladas.
  • Elena estaba de espaldas moliendo maíz en la máquina antigua de metal cuando escuchó el ruido de las puertas de las patrullas cerrándose. Volteó y vio a los agentes aproximándose. No corrió, no gritó, solo apagó la máquina y se limpió las manos en el delantal. Martínez entró primero. Elena Ramírez.
  • Sí, respondió ella con voz tranquila. Queda detenida por 15 homicidios calificados. tiene derecho a guardar silencio. Todo lo que diga puede ser usado en su contra. Elena asintió. Extendió las manos para que le pusieran las esposas. No puso resistencia. Los agentes la esposaron y la sacaron de la tortillería mientras los vecinos comenzaban a salir de sus casas para observar la escena.
  • Algunos grababan con sus celulares, otros murmuraban entre ellos. Elena, la [ __ ] no puede ser. Martínez ordenó que comenzaran la búsqueda en la tortillería y en la casa de Elena. Los agentes revisaron cada rincón. En la tortillería encontraron 2 kg de tortillas ya preparadas con el punto rojo microscópico en las bolsas. En la casa de Elena, dentro de una caja de zapatos bajo la cama, encontraron el caderno escolar con la imagen de la Virgen de Guadalupe en la portada.
  • Adentro estaba todo. 19 nombres con 15 tachados. La receta exacta del veneno, las fechas de las muertes, las notas de las pruebas con ratas. En la última página, Elena había escrito, “Mamá, ya casi termino, te amo.” También encontraron 200 g de toloache seco en una bolsa de plástico, la planta de Adelfa en el patio trasero con la mitad de sus hojas arrancadas, guantes de látex usados y una lata de café con 13,000 pesos en efectivo.
  • Todo fue confiscado como evidencia. Elena fue subida a una patrulla. Martínez se sentó junto a ella en el asiento trasero mientras el vehículo avanzaba por las calles de Nesahualcoyot hacia las instalaciones de la fiscalía, Martínez rompió el silencio. ¿Por qué lo hizo, señora? Elena miró por la ventana. Las calles estaban vacías a esa hora.
  • Solo algunos comerciantes abriendo sus negocios, algunos niños caminando hacia la escuela. Respondió sin voltear a verlo. Porque quemaron viva a mi madre. Porque la policía dijo que fue un accidente. Porque la fiscalía archivó el caso. Porque nadie hizo nada. Porque Dios no los castigó. Entonces yo lo hice.
  • Martínez escribió las palabras en una libreta. ¿Sabe cuántos mató? 15. Iba por cuatro más, pero ustedes me detuvieron. Hubo un silencio largo. Martínez dudó antes de hacer la siguiente pregunta, pero necesitaba saberlo. Había un niño de 9 años en el hospital. ¿Sabía eso? Elena volteó bruscamente. Por primera vez desde que la detuvieron, su rostro mostró emoción, shock, horror.
  • ¿Qué? ¿Un niño? No, no, yo nunca. Yo solo quería los sicarios. Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro. Elena, que no había llorado desde la muerte de Lupita, rompió a llorar en el asiento trasero de la patrulla. Dios mío, ¿está vivo? Sí, sobrevivió. Elena cerró los ojos y susurró, gracias a Dios. Gracias a Dios.
  • Pasaron 5 minutos en silencio. Elena lloraba en voz baja. Martínez solo observaba. Finalmente, Elena habló de nuevo. Hice mal, lo sé, pero si tuviera que elegir otra vez, lo haría porque mi mamá murió gritando y nadie pagó por eso. La patrulla llegó a las instalaciones de la fiscalía a las 6:30 de la mañana. Elena fue ingresada, fotografiada, fichada.
  • Le tomaron huellas digitales, le hicieron firmar documentos, le asignaron un abogado de oficio. A las 10 de la mañana rindió su declaración completa frente al Ministerio Público. Confesó todo. No omitió detalles. No intentó justificarse legalmente, solo narró los hechos tal como habían ocurrido. El abogado de oficio intentó construir una defensa basada en legítima defensa emocional, pero era inútil.
  • Elena había premeditado cada homicidio. Había llevado registro escrito, había probado el veneno en animales, había distribuido las tortillas de manera calculada. No había defensa legal posible. El 16 de agosto, Elena fue presentada en audiencia inicial. El juez dictó prisión preventiva.
  • Fue trasladada al cerezo femenil de Nesawal Coyotol esa misma tarde. Mientras tanto, en el hospital general de Nesawal Coyotle, el greñas seguía internado. Había sobrevivido al envenenamiento, pero con secuelas graves, daño renal permanente, temblores en las manos. Necesitaría tratamiento de por vida. Cristian, el niño de 9 años, recibió el alta médica el 22 de agosto.
  • Su madre decidió irse de Nesawal Coyotl. No quería que su hijo creciera en un lugar donde casi lo matan por ser hijo de un sicario. Se mudaron a Puebla. El 31 de agosto, el Greñas recibió el Alta Hospitalaria. Salió caminando con dificultad, escoltado por dos agentes de la policía de investigación. tenía una orden de apreensón pendiente por 14 homicidios, extorsión organizada, tráfico de drogas y asociación delituosa.
  • Fue arrestado en la puerta del hospital y trasladado al cerezo de Chiconautla. Su sentencia esperada era de 60 años o más. La célula del CJ de NG en Nesawalcoyot colapsó. 12 sicarios presos, siete muertos. El resto huyó a otras zonas. Las extorsiones cayeron 60% entre septiembre y diciembre de 2023, pero la paz duró poco.
  • En marzo de 2024, otro grupo criminal llamado La Unión Tepito comenzó a operar en la zona. La violencia regresó. El ciclo continuó. El caso de Elena Ramírez explotó en los medios el 20 de agosto de 2023. Los titulares eran sensacionalistas. La [ __ ] vengadora de Nesa envenenó a 15 sicarios del CJ. Los noticieros entrevistaron a vecinos, a clientes de la tortillería, a expertos en criminología.
  • La opinión pública se dividió. Algunos la llamaban heroína, otros asesina serial. En las redes sociales, el caso generó debates intensos. Había quienes argumentaban que Elena había hecho lo que el Estado no pudo, eliminar criminales peligrosos. Otros señalaban que había tomado la justicia en sus manos y que eso era inaceptable en una sociedad de derecho.
  • Los comentarios en las noticias reflejaban esa división. Elena hizo lo correcto. Esos animales merecían morir. No importa qué tan malo sea el crimen, matar está mal. Ella también es una criminal. El 25 de agosto apareció un video en redes sociales. Era una grabación hecha con un celular el 15 de marzo de 2023, tr días antes de que quemaran a Lupita.
  • En el video se veía a Elcreñas y otros dos sicarios amenazando a Lupita frente a su barraca de elotes. Paga o te quemamos, vieja. El video había sido grabado por un vecino desde una ventana. Ese vecino, por miedo, nunca lo mostró a la policía. Pero ahora con Elena detenida y el caso en los medios, decidió hacerlo público.
  • El abogado de oficio de Elena intentó usar el video como evidencia de que el sistema judicial había fallado. Primero argumentó que si la policía hubiera investigado la denuncia de Elena en marzo, nada de esto habría pasado. Pero legalmente no cambiaba nada. Elena seguía siendo responsable de 15 homicidios premeditados.
  • El 12 de octubre de 2023 comenzó el juicio. La jueza asignada fue la doctora Patricia Hernández, una mujer de 52 años conocida por ser estricta pero justa. El juicio duró 3 días. La fiscalía presentó las pruebas, el caderno con la lista de víctimas, la receta del veneno, las bolsas de tortillas marcadas, los testimonios de los médicos que atendieron a las víctimas, el testimonio de Martínez.
  • La defensa presentó el contexto, la muerte de Lupita, la negligencia policial, el video de las amenazas, testimonios de vecinos que describían a Elena como una mujer trabajadora y pacífica. El padre Damián testificó, dijo que Elena era una mujer de fe, que siempre había sido respetuosa y calmada, que la muerte de su madre la había destruido.
  • “No justifico lo que hizo,” dijo el sacerdote, “pero entiendo por qué lo hizo.” El 15 de octubre, la jueza Hernández dictó sentencia. Antes de leerla se dirigió a Elena directamente. Señora Ramírez, entiendo su dolor. Entiendo la impunidad que sufrió. Entiendo que el sistema falló, pero este tribunal no puede permitir que los ciudadanos se conviertan en verdugos.
  • Si todos hiciéramos justicia por mano propia, el caos sería total. Sin embargo, reconozco que el sistema falló primero. Por eso, aunque su crimen es grave, considero las circunstancias atenuantes. La sentencia fue de 45 años de prisión. No era cadena perpetua, pero era suficiente para que Elena pasara el resto de su vida en la cárcel sin posibilidad de libertad anticipada antes de cumplir 30 años.
  • Elena tendría 84 años cuando pudiera solicitar su liberación. Elena escuchó la sentencia sin reaccionar. No lloró, no protestó, solo asintió. Fue trasladada al cerezo femenil de Nesawal Coyotle esa misma tarde. Mientras tanto, el impacto en la red criminal continuaba. La célula del CNG en Nesawalcoyot quedó completamente desarticulada.
  • 12 sicarios estaban presos, siete habían muerto, el resto había huido. Las extorsiones en las colonias. Benito Juárez, Esperanza, Estado de México y Aurora cayeron dramáticamente. Los comerciantes respiraron con alivio, pero esa paz fue temporal. En diciembre de 2023, un grupo rival llamado La Unión Tepito comenzó a expandirse hacia Nesawalcoyotl.
  • Para marzo de 2024 ya controlaban dos de las cuatro colonias que antes manejaba el Greñas. Las extorsiones regresaron, la violencia regresó, el ciclo vicioso continuó. Una encuesta realizada en octubre de 2023 por un periódico local reveló que el 62% de los residentes de Nesawalcoyot apoyaba a Elena.
  • 38% la condenaba, pero esas cifras no cambiaron nada en términos legales. Elena estaba en prisión y ahí se quedaría. En el cerezo femenil, Elena fue asignada a una celda compartida con tres internas más. Dos por narcotráfico, una por fraude. Al principio las otras internas la evitaban, pero con el tiempo comenzaron a hablar.
  • Elena no hablaba mucho de su caso, solo decía, “Hice lo que tenía que hacer.” Fue asignada a trabajar en la cocina del penal. La ironía no pasó desapercibida. La mujer que había envenenado a 15 personas, ahora preparaba comida para cientos de internas. Elena aceptó el trabajo sin quejarse. Hacía tortillas todos los días, las mismas tortillas que había hecho durante 40 años, pero ahora lo hacía dentro de una prisión.
  • Elena adaptó su vida a la rutina carcelaria con la misma disciplina que había aplicado a su trabajo como [ __ ] Despertaba a las 6 de la mañana, se duchaba en los baños comunitarios, desayunaba en el comedor y se reportaba a la cocina. a las 8 trabajaba hasta las 2 de la tarde. Luego tenía tiempo libre hasta las 6 cuando se servía la cena.
  • A las 9 luces apagadas. Armó un pequeño altar en su celda. No tenía veladoras reales porque el fuego estaba prohibido, pero consiguió una veladora de plástico con luz LED. Junto a ella, colocó una foto de Lupita que uno de sus hijos le había enviado por correo. Era la única foto que tenía. También bordó una tortilla en un pedazo de tela usando hilo que le dieron en el taller de costura.
  • La colgó en la pared junto a la foto. Todos los días a las 6 de la tarde, sin importar qué estuviera pasando, Elena rezaba el rosario. Las otras internas la dejaban en paz durante esa hora. Algunas hasta rezaban con ella, no porque fueran especialmente religiosas, sino porque la rutina les daba estructura en un lugar donde todo era caos.
  • El padre Damián comenzó a visitarla una vez al mes. La primera visita fue en noviembre de 2023. Se sentaron en una mesa de la sala de visitas, separados por nada más que aire. No había cristales ni rejas entre ellos. El sacerdote la miró durante un largo rato antes de hablar. ¿Cómo estás, hija? Bien, padre. Aquí se come mejor que en mi casa.
  • El padre Damián rió tristemente. No vine a hablar de la comida. Elena asintió. Lo sé. ¿Te arrepientes? Elena pensó antes de responder. Me arrepiento del niño. Nunca quise lastimar a un niño, pero de los sicarios no. Ellos eligieron ese camino. Yo solo aceleré el final. El padre Damián suspiró. Elena, Dios no nos da derecho a decidir quién vive y quién muere.
  • Entonces, Dios debió haber protegido a mi mamá. No hubo respuesta para eso. El sacerdote guardó silencio. Finalmente dijo, “Rezo por ti todos los días.” Lo sé, padre. Gracias. se despidieron con un abrazo. Elena regresó a su celda y el padre Damián salió del penal con el corazón pesado. Elena escribió varias cartas a sus hijos en Houston.
  • La primera fue en noviembre de 2023. Les explicaba lo que había pasado, por qué lo había hecho, cuánto los amaba. Les pedía que entendieran. La envió por correo y esperó respuesta. No llegó ninguna. Escribió una segunda carta en diciembre, luego una tercera en enero de 2024, luego una cuarta, una quinta, una sexta. Ninguna fue respondida.
  • En mayo de 2024, Elena escribió su última carta. Decía, “Mis amores, sé que me odian. Sé que les di vergüenza, pero lo hice porque su abuela murió gritando y nadie hizo nada. Perdónenme si pueden. Los amo, mamá. Tampoco hubo respuesta. Elena aceptó que sus hijos la habían borrado de sus vidas. No los culpaba. Sabía que lo que había hecho era imperdonable para mucha gente. Siguió adelante.
  • En el penal, Elena se ganó el respeto de las otras internas. No porque fuera violenta o intimidante, sino porque era consistente. Trabajaba sin quejarse, no se metía en pleitos, no robaba, no mentía. Las internas mayores la buscaban para pedirle consejo. Las más jóvenes la llamaban doña con respeto genuino. Hubo un incidente en marzo de 2024.
  • Una interna de 22 años que estaba por narcotráfico intentó quitarle la foto de Lupita a Elena. No lo hizo por maldad, sino porque quería el marco. Elena, normalmente calmada, se enfrentó a la joven sin titubear. Esa foto no se toca. La joven rió. ¿Qué vieja, me vas a envenenar? Elena la miró fijamente, no levantó la voz, solo dijo, “No necesito envenenarte.
  • Solo necesito que sepas que no me importa pasar el resto de mi vida aquí. Ya no tengo nada que perder. Tú sí piénsalo. La joven devolvió la foto y nunca volvió a molestar a Elena. Fuera del penal, la vida continuaba. La tortillería La Lupita había cerrado definitivamente. Los hijos de Elena vendieron la propiedad en diciembre de 2023. El nuevo dueño abrió una pollería llamada El buen sabor.
  • No quedaba rastro de las tortillas de Elena. Pero en enero de 2024, alguien pintó un graffiti en la pared lateral del edificio. Decía, “Aquí vivió una madre. Aquí nació una justiciera. Descansa en paz, Lupita.” Las autoridades lo borraron, pero al mes siguiente apareció de nuevo. Lo volvieron a borrar. Volvió a aparecer. Finalmente dejaron de borrarlo.
  • En el mercado de Nesawalcoyotle, algunos vendedores comenzaron a hacer un minuto de silencio cada 18 de marzo, aniversario de la muerte de Lupita. No era oficial, no estaba organizado, simplemente sucedía. A las 9 de la noche, algunos comerciantes apagaban sus puestos por 60 segundos, luego volvían al trabajo.
  • Comenzó a circular una leyenda urbana. Decían que cuando un sicario moría de forma misteriosa era la maldición de la [ __ ] No tenía base real, pero el mito se arraigó en la cultura local. Elena, sin quererlo, se había convertido en símbolo. En el cerezo femenil de Nesawalcoyot, la vida de Elena se convirtió en un ciclo interminable de días idénticos.
  • Despertar, ducharse, desayunar, trabajar en la cocina, comer, descansar. rezar, cenar, dormir. No había variación, no había sorpresas, solo rutina. Y Elena, que había vivido 40 años en la misma rutina haciendo tortillas, no tenía problema con eso. Pero había algo que la atormentaba cada noche. No eran los sicarios que había matado, era Cristian, el niño de 9 años que casi muere por comer sus tortillas envenenadas.
  • Elena rezaba por él todas las noches. Pedía perdón a la Virgen de Guadalupe por haberlo puesto en peligro. No sabía si el niño estaba bien, si había quedado con secuelas, si su madre lo había perdonado. No tenía forma de saberlo y eso la consumía. En junio de 2024, Elena recibió una visita inesperada.
  • No era el padre Damián. Era una mujer de unos 30 años con un niño de la mano. Elena no la reconoció al principio. La mujer se sentó frente a ella en la sala de visitas y habló con voz firme, pero sin odio. Soy la mamá de Cristian. Elena sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Miró al niño. Estaba de pie junto a su madre, mirando alrededor con curiosidad. Parecía saludable.
  • Parecía normal. Vine porque necesitaba verte”, continuó la mujer. “Necesitaba saber quién eras. Necesitaba entender por qué casi matas a mi hijo.” Elena comenzó a llorar. “Lo siento, no sabía que había niños. Nunca quise lastimar a tu hijo. Nunca.” La mujer asintió. “Lo sé. Leí tu declaración.
  • Leí todo el caso y entiendo por qué lo hiciste. Mi esposo era un hombre malo. Yo lo sabía. Pero era el padre de mi hijo y no podía irme. Cuando murió, me sentí libre por primera vez en años. Pude irme de Enesalcoyuton. Ahora vivimos en Puebla. Cristian va a la escuela. Está bien, no tiene secuelas. Elena cerró los ojos y agradeció en silencio.
  • Gracias por decirme eso. Gracias. La mujer se levantó. No vine a perdonarte. Vine a que supieras que mi hijo está bien, pero también vine a decirte algo más. Tu venganza no cambió nada. El CJNG sigue operando. Otro cartel tomó su lugar. La violencia sigue. Mataste a 15 hombres y nada cambió. Elena abrió los ojos, miró a la mujer.
  • Lo sé, pero al menos el greñas está en la cárcel. Al menos los hombres que quemaron a mi mamá pagaron. Eso no te va a traer paz. No, pero es suficiente. La mujer tomó a Cristian de la mano y se fueron. Elena se quedó sentada en la sala de visitas llorando en silencio. Pasaron los meses. Elena continuó trabajando en la cocina del penal. Continuó rezando todos los días.
  • Continuó escribiendo cartas a sus hijos que nunca respondían. Para diciembre de 2024, Elena había aceptado completamente su destino. Moriría en esa prisión. No volvería a ver a sus hijos. No conocería a sus nietos. Esa era la consecuencia de sus decisiones, pero no se arrepentía, no de los sicarios, solo del niño.
  • Una noche de diciembre, Elena estaba acostada en su litera mirando el techo de concreto. Su compañera de celda le preguntó, “¿En qué piensas, doña?” Elena respondió sin voltear, “En mi mamá. ¿En cómo murió? ¿En cómo grité pidiendo justicia y nadie me escuchó? en cómo tuve que hacerla yo misma y valió la pena.
  • Elena pensó largo rato antes de responder, “No lo sé, pero si tuviera que elegir otra vez lo haría porque mi mamá no merecía morir así.” Fuera del penal, Nesawalcoyotl seguía siendo Nesacoyotlle. La Unión Tepito controlaba ahora las colonias que antes manejaba el CJNG. Las extorsiones continuaban, la violencia continuaba. El ciclo vicioso continuaba.
  • Elena había eliminado a 15 sicarios, pero el sistema que los creaba seguía intacto. El greñas cumplía su condena en el cerezo de Chiconautla. Tenía secuelas permanentes del envenenamiento, daño renal, temblores, problemas cardíacos. Pasaría el resto de su vida en prisión. Su sentencia final fue de 68 años por 14 homicidios, extorsión y narcotráfico.
  • Nunca más vería la calle. En el primer aniversario de la muerte de Lupita, 18 de marzo de 2024, Elena pidió permiso para encender una veladora en la capilla del penal. Se lo concedieron. Encendió la veladora y rezó durante una hora. No pidió perdón, solo agradeció a su madre por enseñarle a hacer tortillas.
  • por enseñarle a sobrevivir, por enseñarle que la dignidad no se negocia. Elena Ramírez pasará el resto de su vida en prisión. Tiene 55 años. Si vive hasta los 84, podría solicitar libertad anticipada, pero lo más probable es que muera en esa celda y está en paz con eso. Las calles de Nesawal Coyotol no recuerdan su nombre.
  • Los periódicos ya no escriben sobre ella. Pero en el mercado, algunos vendedores todavía guardan un minuto de silencio cada 18 de marzo. Y cuando un sicario muere misteriosamente, algunos todavía susurran, fue la maldición de la [ __ ] Elena eliminó a 15 sicarios que el sistema nunca tocó. Pagó con su libertad.
  • Pero en su celda, frente a la foto de Lupita, ella sigue creyendo que hizo lo correcto. No justicia, venganza. Y para ella, en ausencia de lo primero, lo segundo fue suficiente. Si esta historia te dejó pensando, suscríbete y activa las notificaciones para no perder el siguiente capítulo. Antes de irte, deja en los comentarios desde qué ciudad o estado nos ves. Me encantará saberlo.