Agente CIA CONFIESA TODO: El Reloj De Maduro Grababa Todo y Enviaba Audios 3 Veces Al Día

Agente CIA CONFIESA TODO: El Reloj De Maduro Grababa Todo y Enviaba Audios 3 Veces Al Día

Voy a contar algo que llevo guardando demasiado tiempo. Trabajé para la Agencia Central de Inteligencia durante 14 años en operaciones de campo en América Latina. Mi especialidad era infiltración tecnológica y seguimiento de objetivos de alto valor. Lo que voy a decir ahora puede costarme la vida, pero después de lo que pasó con Maduro, creo que la gente tiene derecho a saber cómo funcionan realmente estas cosas.

El reloj que Nicolás Maduro llevaba en la muñeca no era un simple regalo, era un dispositivo de espionaje que grababa todo lo que pasaba a su alrededor y enviaba audios tres veces al día vía satélite. Yo formé parte del equipo que coordinó esa operación y lo que voy a contarles no lo van a escuchar en ningún otro lugar porque la mayoría de los que saben están muertos o callados.

Empiezo por el principio para que entiendan cómo llegamos hasta ahí. En la agencia llevábamos años intentando penetrar el círculo cercano de Maduro. El problema con Venezuela siempre fue el mismo. El tipo era paranoico y con razón porque sabía que medio mundo lo quería fuera del poder.

Cambiaba de residencia constantemente, usaba dobles en eventos públicos y su equipo de seguridad revisaba cada objeto que entraba a su espacio personal. Yo entré a trabajar en la división de América Latina en 2010, más o menos. Al principio hacía trabajo de escritorio, análisis de comunicaciones interceptadas, cosas así. Pero después de unos años me pasaron a operaciones de campo porque hablaba español sin acento y podía pasar por latinoamericano sin problema.

Mi madre era colombiana, así que crecí hablando los dos idiomas. La obsesión con Maduro empezó fuerte como en 2017 o 18. Ya había sanciones, ya había presión internacional, pero el tipo seguía ahí y cada vez que pensábamos que iba a caer encontraba la manera de mantenerse. El problema era que no teníamos ojos adentro.

Teníamos informantes en el gobierno, claro, pero nadie lo suficientemente cerca como para darnos información en tiempo real. Me acuerdo de una reunión en Langli, creo que fue a finales de 2019. Estábamos como ocho personas en una sala sin ventanas discutiendo opciones. Alguien mencionó que necesitábamos un dispositivo que pudiera estar con Maduro las 24 horas.

El problema era cómo meterlo. Ahí fue cuando empezamos a trabajar con el Mossad. Los israelíes son los mejores del mundo en esto. Ustedes seguro recuerdan lo de los buscapersonas que explotaron y mataron a docenas de miembros de Gesbola. Eso fue obra del Mossad. tienen una capacidad técnica que ni nosotros tenemos y llevaban años desarrollando dispositivos miniaturizados para espionaje.

La idea del reloj surgió como 6 meses después de esa reunión. Un técnico del Mossad, no voy a decir su nombre, propuso usar un reloj de lujo como plataforma. La lógica era simple. Los dictadores son vanidosos, les gustan las cosas caras. Si le regalas a Maduro un reloj que cuesta $100,000, no lo va a tirar a la basura.

Se lo va a poner, pero el problema seguía siendo el mismo. ¿Cómo se lo entregamos sin que sospeche? Ahí es donde entra Guinea Visao. Miren, la mayoría de la gente no tiene idea de lo que pasa en Guinea Visao. Es un país pequeño, en África occidental, sin tratado de extradición con Estados Unidos y con un gobierno corrupto hasta la médula.

Maduro llevaba años usando ese lugar para esconder dinero. Estamos hablando de miles de millones en lingotes de oro y diamantes. Tenemos evidencia de que movió más de 100 toneladas de oro venezolano a ese país. El presidente de Guinea, Bisao, Umaro Sisokoal, era básicamente un empleado de Maduro. Le debía el poder. Cuando perdió las elecciones hace unos años, Maduro le envió 7 millones de dólares para financiar un golpe de estado.

compró al ejército completo. Cada general recibió como medio millón de dólares para apoyar el golpe. Nosotros sabíamos todo esto. Teníamos interceptadas las comunicaciones, los movimientos de dinero, todo. Y decidimos usar esa relación a nuestro favor. Mi trabajo fue ir al Congo, donde Sisoko estaba escondido después del golpe, esperando que las cosas se calmaran.

Fue una misión complicada. Tuve que entrar al país con documentos falsos, hacerme pasar por un empresario europeo interesado en inversiones mineras. Me tomó casi dos semanas establecer contacto con la gente de Sisoco. La reunión con él fue en una casa en las afueras de Brazaville. Era un lugar grande, con mucha seguridad, pero no del nivel que uno esperaría para un jefe de estado.

Me revisaron tres veces antes de dejarme entrar. Me quitaron el teléfono, el reloj, todo. Sisoko es un tipo bajito con cara de no confiar en nadie. Hablamos en francés porque era el idioma que teníamos en común. Le expliqué la situación de manera muy directa. Sabíamos lo del dinero de Maduro, sabíamos lo del golpe, sabíamos todo. Podíamos hacerle la vida muy difícil o podíamos llegar a un acuerdo. El acuerdoera simple.

Él nos ayudaba a meter el dispositivo a Maduro y nosotros mirábamos para otro lado con respecto a sus negocios. Además, le garantizábamos que si las cosas se ponían feas, tendría un lugar donde refugiarse. Sioko no era estúpido, sabía que Maduro tarde o temprano iba a caer y cuando eso pasara, todo el dinero que tenía guardado en Guinea, Bisao iba a quedar en el aire.

Prefería tener a Estados Unidos de su lado que quedarse solo con la lealtad de un dictador en declive. El plan era que Sisoko le regalara el reloj a Maduro como agradecimiento por haberlo ayudado con el golpe, pero había un problema. Maduro era tan paranoico que no aceptaba regalos directamente de nadie.

Todo pasaba por filtros de seguridad, revisiones, análisis. Ahí es donde entró Abdul Gani Tauti. Este tipo es uno de los testaferros más importantes de Maduro. Maneja todas sus criptomonedas, miles de millones de dólares en billeteras digitales. Maduro confía en él porque le ha sido leal durante años y porque sabe demasiado como para traicionarlo.

O eso pensaba Maduro. Nosotros habíamos estado trabajando a Tao desde antes. como lo reclutamos exactamente, pero le hicimos entender que colaborar con nosotros era mejor que la alternativa. Tiene propiedades en Europa, cuentas en bancos suizos, familia en Francia. Todo eso podía desaparecer con una llamada nuestra a las autoridades correctas.

El trato con Taoti fue que él entregaría el reloj en nombre de Sisoco. Maduro no sospecharía porque venía de alguien en quien confiaba. Era un regalo de agradecimiento de un aliado entregado por un hombre que manejaba su dinero, completamente limpio desde la perspectiva de Maduro. El reloj en sí era una obra maestra de ingeniería.

Los técnicos del Mossat trabajaron en él durante meses. Por fuera parecía un reloj de lujo normal, una marca suiza de las caras. Por dentro tenía un sistema de posicionamiento GPS modificado, un micrófono ultrasensible y lo más impresionante, un microsema desarrollado con tecnología de Apple para conectarse vía satélite.

La manera en que funcionaba era así. El reloj grababa todo lo que pasaba alrededor de Maduro, conversaciones, reuniones, llamadas telefónicas que hacía acerca del reloj. Todo quedaba almacenado en una memoria interna diminuta. Luego, tres veces al día, cuando el reloj detectaba que estaba en un lugar con acceso al cielo, enviaba los audios vía satélite a un servidor nuestro.

Maduro vivía en un búnker la mayor parte del tiempo. Ahí el satélite no llegaba, pero cada vez que salía, cuando iba a eventos públicos, cuando viajaba, el reloj aprovechaba para transmitir. A veces pasaban días sin recibir nada. Y de pronto llegaba un paquete con horas de audio. Yo no estuve presente cuando le entregaron el reloj, eso fue trabajo de Tauti.

Pero me contaron que Maduro estaba encantado con el regalo. Era exactamente el tipo de cosa que le gustaba, cara, ostentosa, un símbolo de poder. Se lo puso ese mismo día y casi no se lo quitaba. Los primeros audios empezaron a llegar como una semana después de la entrega. Recuerdo que estábamos en una sala de operaciones en Miami esperando.

Cuando llegó la primera transmisión hubo aplausos. 14 meses de trabajo y finalmente teníamos oídos dentro del círculo de Maduro. Lo que escuchamos en esos primeros días era principalmente rutina, reuniones con ministros, conversaciones con su esposa Silia Flores, llamadas con asesores. Pero poco a poco empezamos a armar el rompecabezas, quién era leal y quién no, quién estaba negociando a espaldas de quién, los planes de contingencia que tenían, si las cosas se ponían feas.

Una de las cosas más reveladoras fue descubrir la desconfianza que había entre ellos. Maduro no confiaba en Dios dado Cabello. Cabello no confiaba en Delsy Rodríguez. Delsy hermano Jorge estaban jugando su propio juego. Padrino, el ministro de Defensa, hablaba con todo el mundo y no era leal a nadie. Era un nido de víboras donde cada uno estaba buscando la manera de salvarse cuando llegara el momento.

Hubo una conversación en particular que me quedó grabada. Fue entre Maduro y alguien de su equipo de seguridad, no sé exactamente quién. Estaban hablando de las sanciones y de la presión internacional. Maduro dijo algo como, “Estos gringos no entienden que yo no me voy a ir nunca me van a tener que sacar muerto.

” El tipo de seguridad le respondió algo que no alcancé a entender bien y Maduro se rió y dijo, “El que me traicione no vive para contarlo.” La ironía de estar escuchando eso a través de un regalo de uno de sus supuestos aliados era demasiada. El reloj funcionó durante meses sin ningún problema. Maduro no sospechaba nada.

lo llevaba a reuniones con militares, a encuentros con aliados extranjeros, a conversaciones privadas con su familia. Nosotros lo sabíamos todo. Sabíamos cuándo iba a viajar antes de que lo anunciaran públicamente. Sabíamos qué generales estabancontemplando desertar. Sabíamos dónde dormía cada noche. Esa información fue crucial para planificar la operación que eventualmente llevó a su detención.

No voy a dar detalles de eso porque todavía hay gente en el terreno y no quiero poner en riesgo a nadie. Pero les puedo decir que sin el reloj, sin esos meses de inteligencia, hubiera sido mucho más difícil. Cuando finalmente lo detuvieron, una de las primeras cosas que hicieron fue recuperar el reloj. Ahora está de vuelta en manos del Mossat, según tengo entendido.

Probablemente lo van a estudiar para mejorarlo, para usarlo en futuras operaciones contra otros objetivos. Pero la historia no termina ahí. Maduro no fue el único al que le pusimos un dispositivo. A Dios dado Cabello le regalaron un llavero de oro con forma de bate de béisbol. Era una referencia a su programa de televisión, ese donde dice con el mazo dando.

El llavero era otro dispositivo de rastreo similar al reloj, pero más simple. No grababa audio, solo transmitía ubicación. El problema es que cabello es más paranoico que maduro. Alguien de su equipo de seguridad, no sé cómo, detectó algo raro en el llavero. Lo hicieron analizar y descubrieron el dispositivo. Cabello se volvió loco.

Hizo que destruyeran el llavero y purgó a varias personas de su círculo cercano que podrían haberlo traicionado. Pero no se preocupen, tenemos otras formas de rastrearlo. No voy a decir cuáles porque eso sí sería comprometerlo todo, pero les puedo asegurar que sabemos exactamente dónde está las 24 horas del día. Lo mismo con Delsey Rodríguez.

Después de la detención de Maduro, la situación en Venezuela se volvió caótica. Todos empezaron a desconfiar de todos. Los que se consideraban aliados de repente eran sospechosos de traición y con razón, porque varios de ellos sí estaban negociando con los otros a espaldas de los demás. Hay evidencia bastante fuerte de que Delfi y Jorge Rodríguez facilitaron información que ayudó a la captura de Maduro.

No sé si lo hicieron porque les prometimos algo o porque simplemente querían sacarlo del medio para quedarse ellos con el poder. Probablemente un poco de ambas cosas. Silvia Flores, la esposa de Maduro, también podría haber estado involucrada. Eso no lo puedo confirmar con certeza, pero hay indicios. Ella tiene sus propios intereses, su propia red de corrupción y quizás calculó que le convenía más un trato con Estados Unidos que seguir atada a un marido que tarde o temprano iba a caer.

Vladimir Padrino, el ministro de Defensa, es otro caso interesante. Ese tipo ha sobrevivido a todo porque sabe jugar el juego. Nunca se compromete completamente con nadie, siempre tiene un pie afuera. Según nuestros informes, estaba en contacto con nosotros desde antes de la detención, explorando opciones por si las cosas salían mal.

La realidad es que el chavismo está podrido por dentro. Todos están buscando la manera de salvarse, de quedarse con la mayor parte del botín posible antes de que se derrumbe todo. No hay lealtad, no hay ideología, solo supervivencia y dinero. Lo del reloj de Maduro es solo un ejemplo de cómo funcionan estas operaciones.

La gente piensa que la CIA A trabaja con agentes secretos tipo James Bond con tiroteos y persecuciones. La realidad es que la mayor parte del trabajo es paciencia, manipulación y tecnología. Encontrar la debilidad de alguien y explotarla. Convertir aliados en traidores. Meter dispositivos donde nadie sospecha. Sis Soco de Guinea Bisau pensó que estaba siendo inteligente al colaborar con nosotros.

Probablemente cree que tiene garantizada su protección. Lo que no sabe es que tenemos grabaciones de todas sus conversaciones también. Cuando deje de sernos útil, esa información va a salir a la luz y va a terminar igual que Maduro. Taouti, el testaferro que entregó el reloj, está en una situación similar. Colaboró con nosotros para salvar sus propiedades y su familia, pero ahora está manchado.

Si el nuevo gobierno de Venezuela descubre que él fue parte de la operación, está muerto. Y si nosotros decidimos que ya no nos sirve, podemos soltar esa información cuando queramos. Así funciona este mundo. No hay amigos, solo intereses temporales. Todos son herramientas que se usan y se descartan cuando ya no sirven.

Yo mismo soy un ejemplo de eso. Trabajé 14 años para la agencia. Arriesé mi vida en docenas de operaciones y cuando empecé a hacer preguntas incómodas me sacaron. No me despidieron oficialmente. Me dieron una jubilación anticipada con una pensión decente y una advertencia muy clara de que mantuviera la boca cerrada. La advertencia no funcionó, como pueden ver, ¿por qué estoy contando todo esto ahora? Porque creo que la gente tiene derecho a saber cómo funcionan realmente los gobiernos.

No solo el de Venezuela, el de todos. Estados Unidos no es diferente. Solo somos mejores escondiéndolo. Las mismas tácticas que usamos contra Maduro las hemos usadocontra líderes de otros países, aliados y enemigos por igual. La tecnología que hay ahora hace que sea prácticamente imposible mantener secretos. Si la agencia quiere saber lo que estás haciendo, lo va a saber.

No importa cuánta seguridad tengas, no importa cuánto te cuides, siempre hay una vulnerabilidad, siempre hay alguien dispuesto a traicionar por el precio correcto. Maduro confió en Sisoko porque le había pagado millones para mantenerlo en el poder. Confió en Tauti porque manejaba su dinero y esa confianza fue exactamente lo que lo destruyó.

El regalo que pensó que era un símbolo de lealtad era en realidad el instrumento de su caída. Hay una lección ahí para cualquiera que tenga poder. Tus aliados de hoy son tus enemigos potenciales de mañana y en este juego nadie está realmente de tu lado. Ahora mismo, mientras ustedes escuchan esto, hay operaciones similares en marcha contra otros objetivos.

No voy a decir quiénes, porque eso sí sería pasarme de la raya. Pero les puedo asegurar que el reloj de Maduro no fue un caso único. Es un modelo que se ha replicado y se seguirá replicando. La próxima vez que vean a un líder mundial con un reloj caro o un accesorio de lujo, pregúntense de dónde vino.

Pregúntense quién se lo regaló y por qué, porque en este mundo los regalos casi nunca son gratis. Después de que recuperamos el reloj de Maduro, hubo una reunión en Langli para evaluar la operación. Todos estaban celebrando, felicitándose por el éxito, pero yo no podía dejar de pensar en la ironía de todo. Habíamos derrocado a un dictador corrupto usando exactamente las mismas tácticas que él usaba.

Manipulación, traición, engaño. Eso nos hace mejores que él. No lo sé. Supongo que depende de quién cuente la historia. Lo que sí sé es que Venezuela no va a cambiar de la noche a la mañana porque Maduro esté preso. El sistema que él construyó o más bien que heredó de Chávez sigue ahí. Los mismos generales corruptos, los mismos políticos ladrones, la misma estructura de poder, solo cambió la cara de arriba.

Dios dado Cabello sigue libre. Dels Rodríguez sigue en el poder. El dinero que Maduro robó sigue escondido en Guinea, Visau, en Suiza, en paraísos fiscales por todo el mundo. Los presos políticos que prometieron liberar siguen en las cárceles porque Cabello no deja que lo suelten. Según lo que me han dicho, hay una segunda fase de operaciones en marcha.

El objetivo principal ahora es cabello y a diferencia de Maduro, con él no van a tener paciencia. Si no cooperas y sigue bloqueando la liberación de presos y obstaculizando la transición, probablemente no lo van a extraer con vida. Eso suena duro, pero así son las cosas. En este juego no hay lugar para medias tintas.

O colaboras o desapareces. Yo ya no soy parte de nada de eso. Mi tiempo en la agencia terminó y no tengo intención de volver, pero sigo teniendo contactos, sigo recibiendo información y lo que escucho no es alentador. La situación en Venezuela puede empeorar antes de mejorar. Hay rumores de que Cabello y Padrino están planeando algo, posiblemente un golpe contra Delse.

El Cevin, la policía política, está moviendo armas a lugares estratégicos. Nadie confía en nadie y todos están preparándose para lo peor. Si eso pasa, va a haber sangre, mucha sangre. Y los que van a pagar son los venezolanos comunes, como siempre. Miren, yo no soy ningún héroe. Hice cosas de las que no estoy orgulloso. Manipulé gente, exploté debilidades, contribuí a desestabilizar países, todo en nombre de la seguridad nacional, o al menos eso me decían. Pero hay un límite.

Y cuando empecé a ver que las mismas tácticas que usábamos contra enemigos las empezábamos a usar contra ciudadanos americanos, decidí que era hora de irme. El reloj de Maduro es solo la punta del iceberg. La capacidad de vigilancia que tienen ahora las agencias de inteligencia es aterradora. Pueden escuchar cualquier conversación, rastrear cualquier movimiento, acceder a cualquier dispositivo y no solo contra dictadores extranjeros, contra cualquiera que consideren una amenaza.

¿Quién define qué es una amenaza? Esa es la pregunta que nadie quiere responder. Yo me mudé a un lugar que no voy a mencionar. Vivo tranquilo o tan tranquilo como puede vivir alguien que sabe lo que yo sé. Cada vez que suena el teléfono, cada vez que veo un carro desconocido en la calle, pienso que pueden ser ellos.

Probablemente estoy siendo paranoico o probablemente no. En este mundo ya no se puede saber. Lo que les puedo decir es que lo del reloj de Maduro no es ficción. Pasó exactamente como lo estoy contando. El Mossad fabricó el dispositivo, la CIA coordinó la operación. Sisoko y Taouti fueron los intermediarios y Maduro llevó el instrumento de su propia caída en la muñeca durante meses sin sospecharlo.

Trump sabía todo. Sabía dónde dormía Maduro, qué comía, con quién hablaba. Sabía los planes de contingencia, lasrutas de escape, los escondites alternativos. Por eso la detención fue tan rápida y limpia. No hubo sorpresas porque nosotros sabíamos exactamente qué esperar. El reloj ahora está de vuelta con el Mossad.

van a estudiarlo, mejorarlo y usarlo contra el próximo objetivo. Quizás ya lo están haciendo. Y mientras tanto, en Venezuela, el pueblo sigue esperando que las cosas cambien. Los presos siguen en las cárceles, el dinero robado sigue escondido y los mismos corruptos de siempre siguen peleándose por el poder. Ojalá pudiera decir que todo esto sirvió para algo, que la caída de Maduro va a traer democracia y prosperidad a Venezuela.

Pero la verdad es que no lo sé. Lo que sí sé es que este juego nunca termina. Cuando uno cae, otro toma su lugar y el ciclo continúa. Eso es todo lo que tengo que decir. Si esta grabación llega a hacerse pública, probablemente me van a buscar. Quizás ya me están buscando. Pero alguien tenía que contar la verdad de lo que pasó.

El reloj de Maduro grababa todo y enviaba audios tres veces al día, y el hombre que lo llevaba puesto no tenía idea de que cada palabra que decía estaba siendo escuchada por sus enemigos. Así cayó uno de los dictadores más resistentes de América Latina, no con un ejército, no con una invasión, sino con un regalo de un supuesto amigo que sirva de elección para los que quedan. Yeah.