¿CÓMO SE FORMA UN PEDO Y POR QUÉ ALGUNOS HUELEN TAN FEO?
Todo comienza mucho antes de que sientas ganas de expulsar un gas. Empieza desde el momento en que llevas el primer bocado a la boca. Mientras comes y bebes también tragas pequeñas cantidades de aire. Una parte vuelve a salir en forma de eructo, pero otra continúa su recorrido por el aparato digestivo.
Después entra en juego algo todavía más interesante. Cuando los alimentos llegan al intestino grueso, las bacterias que viven ahí comienzan a fermentar ciertas partes de la comida que nuestro organismo no pudo digerir completamente. Durante ese trabajo producen gases como hidrógeno, dióxido de carbono y, en algunas personas, metano.
Esos gases se van acumulando y desplazando por el intestino hasta llegar al recto. Cuando la presión aumenta, el cuerpo necesita expulsarlos. Los músculos que controlan el ano se relajan y finalmente sale la flatulencia que todos conocemos como pedo.
Pero entonces aparece la pregunta que seguramente más de uno se ha hecho: si todos tenemos gases, ¿por qué algunos casi no huelen y otros pueden apestar una habitación entera?
La mayor parte del gas intestinal prácticamente no tiene olor. El problema está en cantidades muy pequeñas de ciertos compuestos producidos por las bacterias intestinales, especialmente los que contienen azufre. Sustancias como el sulfuro de hidrógeno y otros compuestos azufrados son responsables de buena parte de ese olor desagradable.
La comida influye bastante. Los huevos, ajo, cebolla, brócoli, coliflor, repollo y algunas carnes contienen sustancias azufradas que pueden hacer que las flatulencias huelan más fuerte en algunas personas.
Los frijoles tienen una historia diferente. Contienen ciertos carbohidratos que nuestro intestino delgado no logra digerir completamente. Cuando llegan al colon, las bacterias los fermentan y producen bastante gas. Por eso pueden hacerte expulsar más pedos, aunque eso no quiere decir que necesariamente serán los que peor huelan.
Y soltarlos es completamente normal.
Una persona puede expulsar gases alrededor de 10 a 20 veces durante el día, aunque la cantidad cambia según lo que come, su microbiota intestinal y cuánto aire traga. La mayoría de las veces ocurre sin que siquiera prestemos atención.
El famoso sonido también tiene explicación. Un pedo pequeño puede hacer muchísimo ruido y uno grande salir prácticamente en silencio. Esto depende de la velocidad con la que pasa el gas y de la posición y tensión de los músculos de la salida. El gas hace vibrar los tejidos al escapar y de ahí aparece ese sonido tan particular.
¿Y qué ocurre cuando te lo aguantas porque estás rodeado de gente?
Generalmente termina saliendo después. Retenerlo durante un rato puede provocar inflamación abdominal, presión y cólicos, porque el gas continúa dentro del intestino hasta encontrar nuevamente la oportunidad de salir. Una parte también puede absorberse a través del intestino y posteriormente eliminarse mediante la respiración.
Si últimamente sientes que produces demasiado gas, observa primero cómo estás comiendo. Comer despacio, masticar bien, disminuir las bebidas gaseosas, mascar menos chicle y evitar tragar demasiado aire puede reducir las molestias. También conviene identificar qué alimentos te producen más gases, porque cada intestino responde de manera diferente.
Lo que sí merece atención es un cambio repentino acompañado de dolor abdominal intenso, sangre en las heces, diarrea persistente, pérdida de peso sin explicación o cambios importantes al evacuar. En esas condiciones ya conviene buscar una valoración médica para conocer la causa.
Así que la próxima vez que alguien suelte uno y todos comiencen a buscar al culpable, recuerda lo que realmente ocurrió dentro de su cuerpo: comida que llegó al intestino, bacterias que comenzaron a fermentarla, gases que se acumularon y finalmente encontraron la salida.
Y si olió terriblemente mal, ahora también sabes a quién culpar: a esos pequeños compuestos azufrados que viajaban escondidos dentro del gas.
¿CÓMO SE FORMA UN PEDO Y POR QUÉ ALGUNOS HUELEN TAN FEO?
Todo comienza mucho antes de que sientas ganas de expulsar un gas. Empieza desde el momento en que llevas el primer bocado a la boca. Mientras comes y bebes también tragas pequeñas cantidades de aire. Una parte vuelve a salir en forma de eructo, pero otra continúa su recorrido por el aparato digestivo.
Después entra en juego algo todavía más interesante. Cuando los alimentos llegan al intestino grueso, las bacterias que viven ahí comienzan a fermentar ciertas partes de la comida que nuestro organismo no pudo digerir completamente. Durante ese trabajo producen gases como hidrógeno, dióxido de carbono y, en algunas personas, metano.
Esos gases se van acumulando y desplazando por el intestino hasta llegar al recto. Cuando la presión aumenta, el cuerpo necesita expulsarlos. Los músculos que controlan el ano se relajan y finalmente sale la flatulencia que todos conocemos como pedo.
Pero entonces aparece la pregunta que seguramente más de uno se ha hecho: si todos tenemos gases, ¿por qué algunos casi no huelen y otros pueden apestar una habitación entera?
La mayor parte del gas intestinal prácticamente no tiene olor. El problema está en cantidades muy pequeñas de ciertos compuestos producidos por las bacterias intestinales, especialmente los que contienen azufre. Sustancias como el sulfuro de hidrógeno y otros compuestos azufrados son responsables de buena parte de ese olor desagradable.
La comida influye bastante. Los huevos, ajo, cebolla, brócoli, coliflor, repollo y algunas carnes contienen sustancias azufradas que pueden hacer que las flatulencias huelan más fuerte en algunas personas.
Los frijoles tienen una historia diferente. Contienen ciertos carbohidratos que nuestro intestino delgado no logra digerir completamente. Cuando llegan al colon, las bacterias los fermentan y producen bastante gas. Por eso pueden hacerte expulsar más pedos, aunque eso no quiere decir que necesariamente serán los que peor huelan.
Y soltarlos es completamente normal.
Una persona puede expulsar gases alrededor de 10 a 20 veces durante el día, aunque la cantidad cambia según lo que come, su microbiota intestinal y cuánto aire traga. La mayoría de las veces ocurre sin que siquiera prestemos atención.
El famoso sonido también tiene explicación. Un pedo pequeño puede hacer muchísimo ruido y uno grande salir prácticamente en silencio. Esto depende de la velocidad con la que pasa el gas y de la posición y tensión de los músculos de la salida. El gas hace vibrar los tejidos al escapar y de ahí aparece ese sonido tan particular.
¿Y qué ocurre cuando te lo aguantas porque estás rodeado de gente?
Generalmente termina saliendo después. Retenerlo durante un rato puede provocar inflamación abdominal, presión y cólicos, porque el gas continúa dentro del intestino hasta encontrar nuevamente la oportunidad de salir. Una parte también puede absorberse a través del intestino y posteriormente eliminarse mediante la respiración.
Si últimamente sientes que produces demasiado gas, observa primero cómo estás comiendo. Comer despacio, masticar bien, disminuir las bebidas gaseosas, mascar menos chicle y evitar tragar demasiado aire puede reducir las molestias. También conviene identificar qué alimentos te producen más gases, porque cada intestino responde de manera diferente.
Lo que sí merece atención es un cambio repentino acompañado de dolor abdominal intenso, sangre en las heces, diarrea persistente, pérdida de peso sin explicación o cambios importantes al evacuar. En esas condiciones ya conviene buscar una valoración médica para conocer la causa.
Así que la próxima vez que alguien suelte uno y todos comiencen a buscar al culpable, recuerda lo que realmente ocurrió dentro de su cuerpo: comida que llegó al intestino, bacterias que comenzaron a fermentarla, gases que se acumularon y finalmente encontraron la salida.
Y si olió terriblemente mal, ahora también sabes a quién culpar: a esos pequeños compuestos azufrados que viajaban escondidos dentro del gas.