¡EJÉRCITO SELLA ZAMORA! MURCIÉLAGOS TAPONAN SALIDAS, BUSCAN al CJNG y ABATEN 127 SICARIOS

¡EJÉRCITO SELLA ZAMORA! MURCIÉLAGOS TAPONAN SALIDAS, BUSCAN al CJNG y ABATEN 127 SICARIOS

 

180 soldados de élite, cinco helicópteros de la Fuerza Aérea, todas las salidas de Zamora selladas. Este lunes por la madrugada, el ejército mexicano desplegó a los murciélagos sus fuerzas especiales más letales en un operativo que convirtió a Zamora, Michoacán, en una zona de guerra controlada.

El objetivo, desmantelar una célula regional del cártel Jalisco Nueva Generación, que ha mantenido enjaque a la región durante meses. Mientras las familias zamoranas dormían, columnas militares se posicionaron en cada acceso carretero. Vehículos tácticos Black Mamba bloquearon las salidas hacia la Piedad, Jacona y Tangamandapio. Helicópteros artillados sobrevolaban la zona y francotiradores de élite se desplegaban en posiciones estratégicas.

No fue un operativo ordinario, fue un cerco militar diseñado para que nadie escapara. A las 6 de la mañana comenzaron los enfrentamientos. Durante las siguientes 8 horas, las fuerzas especiales ejecutaron detenciones simultáneas en cinco municipios, aseguraron arsenales completos y neutralizaron a más de 100 integrantes de una estructura criminal que operaba con impunidad en la región del Bajío Michoacano.

Esto no fue solo una redada, fue la primera demostración real de que el plan Michoacán está cambiando las reglas del juego contra el CJNG. Hoy vamos a desglosar minuto a minuto cómo se ejecutó esta operación. Vamos a ver quiénes son estos murciélagos y por qué son diferentes a cualquier otra fuerza militar. Y vamos a analizar qué significa este operativo para el futuro de la seguridad en Michoacán, porque detrás de cada detención hay una comunidad que merece vivir sin miedo.

Para entender la magnitud de lo que ocurrió en Zamora, necesitamos contexto. Michoacán lleva años siendo el campo de batalla de una guerra territorial que ha dejado a comunidades enteras bajo el control del crimen organizado. Según reportes del especialista en seguridad Víctor Sánchez Valdés, en este estado operan 17 organizaciones criminales diferentes.

  1. Y de los 113 municipios que conforman Michoacán, el cártel Jalisco Nueva Generación tiene presencia en 110 de ellos. Zamora no es la excepción. Este municipio se ha convertido en un punto estratégico para el CJNG debido a su ubicación en el corredor que conecta Jalisco con Guanajuato y el Bajío.

Controlar zamora significa controlar rutas de trasciego de drogas sintéticas, extorsión a productores agrícolas y acceso a las autopistas que comunican con el centro del país. Pero lo que hace a Asamora particularmente crítico es que aquí opera una célula especializada en ataques directos contra fuerzas federales.

La misma estructura que semanas atrás colocó ponchaylantas en carreteras y emboscó a soldados cuando bajaban a cambiar neumáticos. La misma que asesinó a tres elementos del ejército en la carretera Chilchota Zamora. El mensaje del CJNG ha sido claro. Están dispuestos a atacar, a matar y a paralizar regiones enteras para mantener su control territorial.

Por eso, este operativo no fue solo una acción contra sicarios, fue una respuesta directa a meses de impunidad. Fue el gobierno federal diciéndole al CJ que la capacidad de operar con libertad en Michoacán se acabó. Las fuerzas especiales que llegaron a Zamora no fueron elementos ordinarios. Fueron los murciélagos del cuerpo de fuerzas especiales del Ejército Mexicano, unidades de élite entrenadas en Temamatla, Estado de México, con capacitación en combate nocturno, infiltración silenciosa, desactivación de explosivos, francotirador de largo

alcance y operaciones de guerra no convencional, soldados que entrenan en las mismas condiciones que fuerzas especiales internacionales. Soldados que pueden moverse en la oscuridad total. operar drones de reconocimiento y ejecutar detenciones quirúrgicas con margen de error casi nulo. Y ahora esas mismas fuerzas estaban desplegadas en Zamora con una orden clara: desmantelar la estructura operativa del CJNG en la región.

Lo que estaba en juego no era solo la captura de sicarios, era la capacidad del Estado mexicano de recuperar el control territorial de una de las zonas más violentas del país. El operativo comenzó en la oscuridad total. A las 3 de la madrugada del lunes, las primeras unidades de los murciélagos se desplegaron desde las bases de la 21h y 43 zonas militares con sede en Morelia y Apatzingán.

180 soldados de élite divididos en equipos tácticos especializados. Cinco helicópteros de la Fuerza Aérea Mexicana equipados con cámaras térmicas y sistemas de visión nocturna, y vehículos tácticos blindados Black Mamba que pueden resistir fuego de rifles de alto calibre. La instrucción era precisa. Sellar Zamora y ejecutar detenciones simultáneas en cinco puntos clave de la región del Bajío Michoacano.

A las 4:30 de la mañana, los primeros convoyes militares tomaron posiciones en los accesos carreteros. La autopista Zamora a la Piedad fue bloqueada a la altura de las fuentes en Ecuandureo. La carretera Zamora Jacona quedó cerrada en ambos sentidos. El acceso desde Tangamandapio hacia el sur fue sellado por unidades de la Guardia Nacional y sobre la autopista Zamora Ecuandureo, en el poblado de El Saus se estableció un punto de control con detectores de blindaje artesanal.

Ningún vehículo podía entrar o salir de Zamora sin ser inspeccionado. Mientras esto ocurría en tierra, los helicópteros sobrevolaban la zona utilizando equipos de detección térmica para identificar movimientos sospechosos en brechas y caminos de terracería. Los murciélagos no estaban buscando a ciegas. Tenían inteligencia precisa sobre las ubicaciones de casas de seguridad, narcoamentos y puntos de reunión de la célula del CJNG que opera en Zamora.

A las 6 de la mañana comenzaron las primeras incursiones. El primer objetivo fue una casa de seguridad ubicada en la periferia de Zamora, en una zona conocida por ser territorio controlado por el CJNG. Los soldados utilizaron técnicas de infiltración silenciosa, acercándose a pie bajo cobertura de la oscuridad, sin disparos, sin alertar a los vecinos.

En menos de 3 minutos el inmueble estaba asegurado y 23 integrantes de la organización criminal fueron detenidos sin que pudieran reaccionar. Dentro de la casa se encontró un arsenal completo, tres ametralladoras calibre, 50 17 rifles de asalto AR 15 y A40 y siete más de 2,000 cartuchos útiles, chalecos tácticos con la inscripción CJNG y equipo de comunicación encriptado que utilizaban para coordinar movimientos con otras células.

Pero el operativo apenas comenzaba, a las 7 de la mañana, un segundo equipo de murciélagos asaltó un narcocampamento localizado en una zona serrana cercana a la comunidad de la Salatera. Este campamento funcionaba como centro de almacenamiento y distribución de drogas sintéticas para toda la región del Bajío. Las fuerzas especiales llegaron por aire, descendiendo desde helicópteros en una maniobra de inserción rápida.

Los sicarios que custodiaban el campamento intentaron resistir abriendo fuego contra las aeronaves. Fue un error fatal. Los francotiradores de élite que viajaban en los helicópteros neutralizaron a los tiradores en cuestión de segundos. Disparos precisos de largo alcance que dejaron fuera de combate a quienes representaban una amenaza directa.

El resto de los presentes en el campamento se rindió de inmediato al darse cuenta de que estaban enfrentando a fuerzas especiales, no a elementos ordinarios. En el narcoamento se aseguraron más de 200 kg de metanfetamina cristal, 50 kg de fentanilo en polvo, equipo de laboratorio para producción de drogas sintéticas y siete vehículos con blindaje artesanal que utilizaban para trasciego.

Todo fue documentado, fotografiado y posteriormente incinerado bajo protocolos de destrucción de estupefacientes. 42 personas fueron detenidas en este segundo punto. Mientras esto ocurría, un tercer equipo ejecutaba detenciones en la carretera Jacona Yikilpan, en la localidad de Puerto de Lucas, municipio de Tangamandapio.

Aquí operaba un grupo de sicarios especializados en extorsión a transportistas y productores agrícolas de la región. Los soldados establecieron un operativo de alto impacto, deteniendo a 19 personas y asegurando seis vehículos que eran utilizados para cobros de piso. A las 9 de la mañana, el cerco militar comenzó a mostrar resultados adicionales.

En puntos de control establecidos sobre las carreteras bloqueadas, elementos del ejército detectaron tres vehículos que intentaban huir de la zona con integrantes de la célula criminal. Los conductores aceleraron al ver los retenes militares, pero los vehículos tácticos Black Mamba los interceptaron en cuestión de minutos.

27 personas más fueron detenidas en estos intentos de fuga. Lo que hacía diferente a este operativo era la coordinación milimétrica. Mientras los murciélagos ejecutaban las detenciones en campo, unidades de la Guardia Nacional y de la Policía Estatal de Michoacán mantenían el perímetro de seguridad, evitando que otros grupos criminales pudieran organizar bloqueos de represalia, como los que ocurrieron semanas atrás cuando intentaron capturar a El camaleón.

No hubo narcobloqueos, no hubo vehículos incendiados, no hubo caos en las calles. El CJNG no tuvo tiempo de reaccionar porque el operativo fue más rápido y más coordinado de lo que esperaban. A las 11 de la mañana, las fuerzas especiales ejecutaron el último asalto del día en un inmueble ubicado en el centro de Zamora, que funcionaba como centro de operaciones financieras de la organización criminal.

Aquí se coordinaban los cobros de extorsión, se distribuían los pagos a sicarios y se lavaban los recursos obtenidos por actividades ilícitas. 16 personas fueron detenidas en este punto, incluyendo a contadores y operadores financieros que manejaban las cuentas de la célula del CJNG en la región. Al finalizar el operativo, a las 2 de la tarde los números eran contundentes.

127 integrantes de la organización criminal detenidos, ocho artefactos explosivos improvisados asegurados, 53 armas de fuego de alto poder, más de 4000 cartuchos útiles, 18 vehículos asegurados, siete de ellos con blindaje artesanal, tres narco destruidos, más de 250 kg de drogas sintéticas incineradas y tres casas de seguridad desmanteladas.

Pero más allá de los números, lo que realmente importaba era el mensaje. El ejército mexicano había demostrado que cuando despliega a sus fuerzas especiales con inteligencia precisa, coordinación interinstitucional y decisión política de actuar, el crimen organizado no tiene escapatoria. Pero aquí es donde la historia toma un giro que revela algo mucho más profundo sobre la situación en Michoacán, porque de los 127 detenidos en el operativo de Zamora, 43 no eran sicarios de bajo nivel, no eran simples halcones o distribuidores

de droga en las calles, eran operadores de alto rango, gente con responsabilidades estratégicas dentro de la estructura del CJNG. Entre los detenidos se encontraban tres jefes de plaza que controlaban las operaciones del cártel en Zamora, Jacona y Tangamandapio. personas que tomaban decisiones sobre extorsiones, cobros de piso y que coordinaban directamente con lugartenientes del CJNG en Jalisco, gente que tenía acceso a comunicaciones encriptadas con el tío Laco Heraclio Guerrero Martínez, uno de los operadores

más cercanos a Nemesio o Ceguera Cervantes, el Mencho. También fueron detenidos cinco contadores que manejaban las finanzas de la organización en la región del Bajío. Personas que lavaban millones de pesos mensualmente a través de negocios fachada que coordinaban pagos a autoridades corruptas y que llevaban registros detallados de las operaciones ilícitas.

Y lo más importante, fueron asegurados 11 teléfonos celulares con información que las autoridades federales consideran de alto valor para la investigación. dispositivos con conversaciones, registros de transferencias bancarias, listas de contactos y rutas de distribución que conectan esta célula de Zamora con estructuras del CJNG en Jalisco, Guanajuato y Colima.

Esto no fue solo una redada contra sicarios de bajo nivel que pueden ser reemplazados en 48 horas. Fue un golpe quirúrgico contra la estructura operativa y financiera de una célula completa del CJ. Pero hay algo más que hace este operativo particularmente significativo. Durante las investigaciones previas al operativo, la inteligencia militar identificó que esta misma célula de Zamora estuvo involucrada en los ataques contra elementos del ejército que ocurrieron semanas atrás.

Los mismos que colocaron ponchalantas en la carretera Chilchota Zamora. Los mismos que emboscaron y asesinaron a tres soldados cuando bajaban a cambiar neumáticos. Los mismos que lanzaron ataques coordinados contra la Guardia Nacional en al menos seis municipios de Michoacán, en los celulares asegurados se encontraron fotografías de retenes militares, ubicaciones de patrullas y conversaciones donde planificaban nuevos ataques contra fuerzas federales.

Esta célula no solo traficaba drogas y extorsionaba, estaba activamente cazando soldados y ahora esa estructura está desmantelada. Las autoridades federales confirmaron que los detenidos fueron trasladados a instalaciones de la Fiscalía General de la República en la Ciudad de México, donde enfrentan cargos por delincuencia organizada, portación de armas de uso exclusivo del ejército, homicidio calificado contra servidores públicos y asociación delictuosa.

Los de mayor rango serán procesados en el Centro Federal de Readaptación Social número uno, el Altiplano, el mismo penal de máxima seguridad donde fue trasladado el licenciado tras su captura por el asesinato del alcalde de Uruapan. Pero la pregunta que muchos se hacen ahora es, ¿cómo reaccionará el CJNG? Porque cuando las autoridades capturaron a el camaleón en un operativo similar semanas atrás, el cártel respondió con 15 narcobloqueos simultáneos que paralizaron a Michoacán durante horas.

Vehículos incendiados en Patscuaro, Morelia, La Piedad, Yurécuaro, carreteras bloqueadas en al menos 16 municipios, tiendas oxo quemadas y una demostración de fuerza que buscaba enviar un mensaje claro. Si nos atacan, paralizamos el estado. Esta vez no hubo narcobloqueos, no hubo respuesta inmediata del CJNG.

¿Por qué? Porque el operativo fue tan rápido, tan coordinado y tan efectivo que el cártel no tuvo tiempo de organizar una reacción. Los murciélagos ejecutaron las detenciones en menos de 8 horas, sellaron todas las salidas y neutralizaron a los operadores clave antes de que pudieran alertar a sus superiores.

Pero también porque el gobierno federal aprendió de los errores del pasado. Esta vez no hubo filtraciones previas, no hubo operativos anunciados con días de anticipación y no hubo margen para que el crimen organizado se adelantara. Fue un operativo de inteligencia, velocidad y fuerza aplicada en el momento exacto y eso marca una diferencia fundamental en cómo se está enfrentando al CJNG en Michoacán.

A las 2 de la tarde del lunes, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana Federal, Omar García Harfuch, confirmó oficialmente los resultados del operativo en Zamora. En un mensaje directo y sin rodeos, García Harfuch informó que las fuerzas federales habían ejecutado una de las operaciones más exitosas contra el CJNG, en lo que va del año 127 detenidos, tres células desmanteladas, arsenales completos asegurados y lo más importante, cero bajas entre elementos de las fuerzas federales y cero daños colaterales a

población civil. Fue un operativo limpio, quirúrgico, efectivo, pero el secretario también fue claro en algo más. Este operativo forma parte del plan Michoacán, una estrategia integral que no se limita a detenciones reactivas, sino que busca desarticular de raíz las estructuras operativas del crimen organizado en el Estado.

Y esa declaración es fundamental para entender lo que realmente está ocurriendo en Michoacán, porque durante años los operativos contra el crimen organizado en este estado seguían un patrón predecible. Las autoridades llegaban, detenían a algunos sicarios de bajo nivel, decomizaban armas y drogas y se retiraban.

Dos semanas después, el cártel reponía a los detenidos y todo seguía igual. Era una guerra de desgaste donde el estado no ganaba terreno real. El plan Michoacán está cambiando esa dinámica. Desde su implementación en noviembre, el plan ha desplegado a más de 1980 efectivos de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano de forma permanente en la región.

No son operativos esporádicos, es presencia territorial constante en los municipios más violentos, Tepalcatepec, Apatzingán, Uruapan, Zamora, Morelia. Y dentro de ese despliegue, los murciélagos representan la punta de lanza, las fuerzas especiales que ejecutan operaciones de alto impacto cuando la inteligencia identifica objetivos prioritarios.

El operativo de Zamora demostró exactamente para qué fueron entrenados estos soldados. Desde su creación en los años 90, el cuerpo de fuerzas especiales del ejército mexicano ha sido la respuesta táctica de élite contra las amenazas más complejas que enfrenta el país. Actualmente está conformado por seis batallones, una fuerza especial conjunta y un grupo de respuesta a emergencias.

Soldados que pasan por un proceso de selección extremadamente riguroso y que entrenan en el centro de adiestramiento de Temamatla, Estado de México. Ahí aprenden guerra no convencional, operaciones de comando, combate cuerpo a cuerpo, manejo de explosivos, paracaidismo, tiro de francotirador de largo alcance y supervivencia en ambientes extremos desde la jungla hasta la montaña.

Su entrenamiento es comparable al de fuerzas especiales internacionales como los Navy Seals de Estados Unidos o el SAS británico. Y lo que los hace particularmente efectivos contra el crimen organizado es su capacidad de operar en la oscuridad total. De ahí viene su apodo, murciélagos. Soldados que pueden infiltrarse en zonas hostiles sin ser detectados, moverse en completo silencio y ejecutar detenciones con precisión milimétrica.

En Zamora vimos exactamente eso. Infiltración nocturna en casas de seguridad, asaltos aéreos a narcocampamentos, cercos militares que bloquearon todas las rutas de escape y detenciones simultáneas en cinco puntos diferentes coordinadas al segundo. No hubo persecuciones caóticas, no hubo tiroteos prolongados en zonas urbanas, no hubo familias atrapadas en fuego cruzado.

Fue una operación militar profesional que neutralizó una amenaza sin poner en riesgo a la población civil. Y ese es exactamente el tipo de operativo que México necesita para recuperar el control territorial en zonas dominadas por el crimen organizado. Pero más allá de los números y la efectividad táctica, este operativo envió tres mensajes fundamentales.

El primero al CJNG. les dejó claro que atacar a fuerzas federales tiene consecuencias, que las células que asesinan soldados van a ser perseguidas con toda la capacidad del Estado mexicano hasta desmantelarlas por completo. Que la impunidad se acabó. El segundo mensaje fue para las comunidades de Michoacán.

les demostró que el gobierno federal tiene la capacidad de actuar, de proteger y de recuperar territorios que no están abandonadas, que hay una estrategia real para devolverles la seguridad que merecen. Y el tercer mensaje, quizás el más importante, fue para el resto de las organizaciones criminales que operan en México.

les demostró que cuando el Estado decide desplegar a sus fuerzas especiales con inteligencia precisa, coordinación interinstitucional y decisión política de actuar, ningún cártel es invencible. El operativo de Zamora concluyó con una victoria táctica contundente. 127 detenidos, tres células desmanteladas, una estructura operativa del CJNG destruida, pero la verdadera victoria será si esto marca el inicio de una recuperación territorial permanente en Michoacán, si esta presencia de fuerzas federales se mantiene, si los murciélagos siguen ejecutando

operaciones de alto impacto contra las estructuras criminales que han sembrado el terror durante años, porque un operativo exitoso es importante. Pero lo que realmente cambia la realidad de las comunidades es una estrategia sostenida que no permita que el crimen organizado vuelva a tomar el control. Y eso es exactamente lo que está en juego en Michoacán.

El operativo de Zamora terminó a las 2 de la tarde del lunes, pero sus implicaciones apenas comienzan a sentirse en Michoacán. Según datos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana Federal, este operativo representa una afectación económica de más de 40 millones de pesos para el CJ en la región del Bajío Michoacano.

No solo por las drogas incineradas y los vehículos asegurados, sino por la desarticulación de una estructura operativa completa que generaba ingresos a través de extorsión, cobro de piso y tráfico de drogas sintéticas. 40 millones de pesos que ya no llegarán a las arcas del cártel, que ya no se utilizarán para comprar armas, reclutar sicarios o corromper autoridades.

Pero más allá del golpe económico, el verdadero impacto de este operativo está en lo que representa para la estrategia de seguridad en el estado, porque Michoacán lleva años siendo uno de los territorios más complejos de México en términos de seguridad, un estado donde operan 17 organizaciones criminales diferentes, donde el CJNG tiene presencia en 110 de los 113 municipios, donde las comunidades han normalizado vivir bajo el control del narco porque durante años no vieron una respuesta efectiva del Estado. El plan Michoacán

busca romper precisamente esa dinámica. Desde su implementación ha combinado tres elementos fundamentales: presencia territorial permanente de fuerzas federales, operativos de alto impacto contra estructuras criminales y programas de desarrollo social para atender las causas de fondo de la violencia.

Es una estrategia integral que no se limita a detenciones reactivas, sino que busca recuperar el control territorial de forma sostenida y los resultados empiezan a verse. En las últimas curo semanas, las fuerzas federales han ejecutado 12 operativos de alto impacto en Michoacán. Han detenido a más de 200 personas vinculadas al crimen organizado.

Han desmantelado 27 narco han asegurado arsenales que incluyen ametralladoras calibre. 50 lanzagranadas y explosivos improvisados y han incinerado más de 1000 kg de drogas sintéticas. Pero quizás lo más significativo es que han logrado reducir los narcobloqueos que durante meses paralizaban al Estado cada vez que había un operativo importante.

Cuando intentaron capturar a el camaleón en noviembre, el CJNG respondió con 15 narcobloqueos simultáneos. Cuando detuvieron a el licenciado por el asesinato del alcalde de Uruapan, hubo vehículos incendiados en múltiples municipios. Esta vez en Zamora, con 127 detenidos y tres células desmanteladas, no hubo narcobloqueos, no hubo represalias inmediatas.

Eso no significa que el CJNG se haya rendido. Significa que la velocidad, coordinación y efectividad de las fuerzas federales está limitando su capacidad de reacción. Y esa es una señal de que la estrategia está funcionando. Pero seamos claros en algo. Un operativo exitoso no soluciona el problema de fondo. El CJNG sigue siendo una de las organizaciones criminales más poderosas de México.

Sigue controlando rutas estratégicas en Michoacán. sigue teniendo la capacidad de reclutar, de armarse y de operar en zonas donde el Estado no tiene presencia permanente. La batalla por Michoacán no se gana con un solo operativo, se gana con una presencia sostenida del Estado, con fuerzas federales que no se retiran después de las detenciones, con inteligencia que identifica y neutraliza amenazas antes de que escalen, con coordinación entre el Ejército, la Guardia Nacional y las Policías estatales y con programas que ofrezcan

alternativas reales a las comunidades para que no caigan en las redes del crimen organizado. El operativo de Zamora demuestra que México tiene la capacidad militar para enfrentar al CJNG cuando decide hacerlo. Los murciélagos demostraron que son una fuerza de élite comparable a cualquier unidad especial del mundo.

Demostraron que pueden ejecutar operaciones quirúrgicas sin daños colaterales y demostraron que cuando el Estado actúa con decisión, el crimen organizado no es invencible. Ahora la pregunta es, ¿se mantendrá esta presencia? ¿Seguirán llegando los murciélagos cada vez que la inteligencia identifique un objetivo prioritario? ¿O volveremos al patrón de operativos esporádicos que no cambian la realidad de fondo? Porque las familias de Zamora, de Apatzingán, de Uruapan, de Tepalcatepec merecen más que un operativo exitoso. Merecen vivir sin

miedo. Merecen que sus hijos puedan ir a la escuela sin escuchar balaceras. merecen que sus negocios puedan operar sin pagar extorsión. Merecen recuperar la paz que el crimen organizado les arrebató. Y eso solo se logra con una estrategia sostenida que no permita que el CJNG vuelva a tomar el control. El operativo de Zamora fue un golpe contundente.

127 detenidos, tres células desmanteladas, una estructura operativa destruida. Pero la verdadera victoria será cuando las comunidades de Michoacán puedan decir que ya no viven bajo el control del narco, porque detrás de cada operativo, detrás de cada detención, detrás de cada narco destruido, hay familias que merecen vivir en paz.