Prepárate El 06 de Enero No Será Normall
Apaga el teléfono, cierra esa pestaña del navegador. Dile a quien esté cerca que no te interrumpa, porque lo que vas a escuchar en los próximos minutos no es un sermón más para llenar el tiempo ni una reflexión motivacional para que te sientas bien contigo mismo. Esto es una advertencia que llegó a mis manos hace exactamente 72 horas y desde entonces no he podido dormir más de 3 horas seguidas.
No he podido comer con tranquilidad. No he podido sostener conversaciones superficiales porque algo se rompió en mi espíritu cuando recibí esta palabra y ahora tengo la responsabilidad de entregártela completa, sin editar, sin suavizar, sin quitarle el filo que trae desde el trono. Y si decides ignorar esto, si decides minimizarlo, si decides tratarlo como contenido más entre el mar de contenido que consumes cada día, entonces no me hagas responsable de lo que vas a experimentar.
cuando llegue el sexto día de enero y te encuentres desprevenido, desprovisto, desarmado frente a algo que pudo haberse evitado si hubieras prestado atención ahora mismo, en este instante preciso donde nuestros caminos se cruzan no por casualidad, sino por designio divino, porque yo no escogí este mensaje. Este mensaje me escogió a mí y ahora te está escogiendo a ti.
Así que respira hondo, ajusta tu postura, prepara tu corazón y entiende que los próximos minutos van a dividir tu vida en un antes y un después. Era exactamente las 3:47 de la madrugada del martes pasado, cuando mi teléfono vibró sobre la mesa de noche con una intensidad que me despertó no solo físicamente, sino espiritualmente. Esa vibración no era como las demás.
No sé si alguna vez has experimentado eso. Cuando algo del mundo natural porta algo del mundo espiritual y lo sabes, aunque no puedas explicarlo con lógica, tomé el teléfono y vi un mensaje de un número que no tenía registrado. El mensaje decía simplemente, “El hermano Elías necesita hablar contigo urgente.
No es para mañana.” Adjuntaba una ubicación en las afueras de la ciudad, un lugar que yo conocía solo de nombre. una casa de oración que funciona 24 horas, donde un grupo de intercesores ha mantenido fuego en el altar sin apagarse durante 11 años consecutivos. Nunca había estado ahí, nunca había tenido contacto directo con ese ministerio, aunque había escuchado testimonios de personas cuyas vidas fueron completamente transformadas después de pasar tiempo en ese lugar.
Pero lo que merizó la piel no fue la ubicación, ni la hora, ni siquiera la urgencia del mensaje. Fue el nombre. Hermano Elías. Yo sabía quién era el hermano Elías, aunque nunca lo había visto en persona. Sabía que era un hombre de 83 años, que llevaba más de 40 años en ayuno perpetuo, comiendo solo una vez al día después de las 6 de la tarde.
Sabía que había perdido a su esposa y sus tres hijos en un accidente cuando él tenía 38 años y que, en lugar de amargarse contra Dios se entregó por completo a la intercesión, sabía que había rechazado múltiples ofertas para viajar a países y hablar en grandes conferencias, porque su llamado no era el protagonismo, sino el altar.
sabía que había profetizado con exactitud eventos que luego ocurrieron tal cual él los describió, incluyendo el terremoto del 2012 que devastó parte de la región tres meses antes de que sucediera cuando nadie hablaba de actividad sísmica. Sabía todo eso, pero nunca lo había conocido. Y ahora, a las 3:47 de la madrugada alguien me enviaba un mensaje urgente con su nombre y una ubicación.
Sentí miedo. No voy a mentirte. Sentí ese tipo de miedo que no es cobardía, sino reverencia. Ese miedo que sintió Moisés frente a la zarza ardiente. Ese miedo que sintió Isaías cuando vio al Señor alto y sublime, ese miedo que no te paraliza, sino que te activa, porque sabes que estás a punto de cruzar un umbral y del otro lado ya no serás el mismo.
Me levanté de la cama sin despertar a mi esposa, me vestí en silencio, tomé las llaves del auto y conduje durante 40 minutos por carreteras vacías bajo un cielo extrañamente despejado, donde las estrellas brillaban con una intensidad que no había visto en años. Y durante todo el trayecto, una frase golpeaba mi mente como un martillo incesante, una frase que no venía de mi razonamiento, sino que se imponía desde afuera.
La frase era esta y quiero que la grabes en tu memoria porque la vas a escuchar múltiples veces antes de que termine este mensaje. El sexto día no será como los otros días. El sexto día no será como los otros días. El sexto día no será como los otros días. Esa frase resonaba una y otra vez mientras conducía, y cada repetición le añadía peso, le añadía gravedad, le añadía una urgencia que me hacía acelerar, aunque sabía que no debía hacerlo.
Llegué al lugar exactamente a las 4:32 de la madrugada. Era una casa sencilla de dos pisos con ventanas iluminadas. Se escuchaba adoración desde adentro, una adoración profunda, no esos coros pegajosos que repites sin pensar, sino esos cánticos antiguos que salen del quebranto. Estacioné el auto y antes de bajar tuve que quedarme quieto unos minutos porque sentí que si entraba en ese lugar sin la actitud correcta, algo malo podría sucederme.
No algo supersticioso, sino algo real, como cuando Uza extendió su mano para sostener el arca y cayó muerto, no porque Dios fuera caprichoso, sino porque hay protocolos espirituales que no se pueden violar sin consecuencias. Oré una oración corta, pidiéndole al Señor que preparara mi corazón. Bajé del auto, caminé hacia la puerta de madera que estaba entreabierta y entré.
Adentro había aproximadamente 15 personas distribuidas en diferentes posiciones, algunos de rodillas, otros postrados completamente en el suelo, otros de pie con las manos levantadas. Nadie me miró cuando entré, nadie interrumpió su oración. Era como si yo fuera invisible o como si ellos estuvieran en otra dimensión.
Aunque físicamente compartíamos el mismo espacio, caminé lentamente hacia el frente, donde había un altar simple, una mesa de madera con una Biblia abierta y siete velas encendidas. Y ahí, sentado en una silla de madera, al lado derecho del altar, estaba él, el hermano Elías, un hombre pequeño de estatura, delgado hasta el punto donde los huesos se marcaban bajo la piel, vestido con ropa sencilla, sin nada que lo distinguiera exteriormente, pero con unos ojos que cuando me miraron sentí que veían no solo mi rostro, sino mi historia completa, mis luchas
secretas, mis victorias escondidas, mis fracasos que nadie conoce. me hizo una seña con la mano para que me acercara. Me acerqué y me senté en otra silla que estaba frente a él. Nos separaban quizás 2 metros, pero sentí que estábamos en un espacio completamente apartado del resto.
Aunque la adoración continuaba alrededor nuestro, él no me saludó con cortesías, no me preguntó mi nombre ni cómo estaba, simplemente me miró fijamente durante lo que parecieron eternos 30 segundos y luego dijo con una voz suave pero firme, “El sexto día no será como los otros días y tú tienes que advertirles. Yo no dije nada, solo asentí porque sabía que cualquier palabra que saliera de mi boca en ese momento sería inadecuada.
Él continuó, “Hace tres meses, el Señor me despertó a la misma hora que te despertó a ti esta madrugada, 3:47 y me mostró algo que no puedo guardar más. Intenté callarlo. Intenté pensar que tal vez era mi imaginación o mi edad avanzada jugándome una mala pasada, pero cada vez que lo ignoraba, la palabra ardía más fuerte en mi pecho, hasta que entendí que si no la soltaba, me iba a consumir por dentro.
El Señor me mostró una escena repetida en múltiples hogares. Vi creyentes sinceros, gente que va a la iglesia, gente que levanta las manos en la adoración, gente que tiene biblias subrayadas y aplicaciones de devocionales en sus teléfonos. Pero cuando llegó el sexto día de enero algo cambió. Vi que muchos de ellos no estaban preparados para lo que ese día traería.
No hablo de un evento apocalíptico visible en el cielo. No hablo de una catástrofe global que saldrá en las noticias. Hablo de algo más sutil y por lo tanto más peligroso. Hablo de una puerta que se abre en el ámbito espiritual y lo que entre por esa puerta determinará la trayectoria del resto del año. Y ahora mismo, mientras te cuento esto, sé que hay alguien escuchando que ya está pensando en apagar esto.
Alguien que está sintiendo que esto es exagerado, que esto es sensacionalismo, que esto es manipulación emocional. Y déjame decirte algo con todo respeto, pero con toda firmeza. Esa resistencia que estás sintiendo no es tu discernimiento, es tu comodidad siendo amenazada, es tu zona de confort siendo sacudida. Es ese parte de ti que prefiere lo familiar, aunque lo familiar te esté matando lentamente.
Y si cedes a esa resistencia ahora mismo, si decides que ya escuchaste suficiente y pasas a otra cosa, vas a recordar este momento el 6 de enero, cuando te encuentres en medio de algo que no entiendes y no sepas cómo salir. Así que antes de que sigas escuchando, necesito que hagas algo. Necesito que tomes una decisión física que represente una decisión espiritual.
Vea los comentarios de este mensaje justo ahora y escribe estas cuatro palabras. El hijo estar preparado. No las escribas a la ligera. No las copies y pegues sin pensar. Escríbelas con intención, porque en el reino espiritual las palabras tienen peso. Tus declaraciones públicas crean alineaciones invisibles.
Cuando declaras algo abiertamente, estás invitando testigos celestiales a que te sostengan en esa decisión. Entonces, hazlo ahora. Pausa si necesitas. Ve y escribe el hijo estar preparado y luego regresa porque lo que viene a continuación va a construirse sobre esa decisión que acabas de tomar. Adelante, hazlo ahora.
Y mientras lo haces, entiende que no es un ritual mágico, sino un acto de obediencia que rompe la pasividad. Esa pasividad que ha mantenido a millones de creyentes en un estado de dormancia espiritual, donde asisten a servicios, pero no experimentan transformación. Donde leen versículos, pero no ven milagros. Donde oran, pero no reciben respuestas.
Esa pasividad tiene que romperse hoy, porque el sexto día no será como los otros días. y los pasivos serán arrastrados mientras los decididos serán establecidos. Ahora que ya escribiste esas palabras, regresemos a la casa de oración. Regresemos al hermano Elías, quien después de decirme que yo tenía que advertirles, se reclinó en su silla, cerró los ojos durante unos segundos y cuando los abrió continuó.
Antes de decirte que vi exactamente, necesito que entiendas el marco. Necesito que veas el fundamento bíblico, porque si te doy la revelación sin el fundamento, vas a procesarla con emociones y las emociones cambian, pero la palabra permanece. Se levantó lentamente de su silla, caminó hacia el altar, tomó la Biblia que estaba abierta, regresó y comenzó a leer sin preguntarme si yo conocía el pasaje.
Comenzó a leer Amó, capítulo 4, versículo 6 al 12, donde Dios habla a través del profeta describiendo cinco juicios progresivos que él envió a Israel: hambre, sequía, plagas, guerra y destrucción. Pero después de cada juicio hay una frase devastadora que se repite cinco veces. Pero no os volvisteis a mí, dice Jehová, cinco veces Dios interviene tratando de captar la atención de su pueblo.
Cinco veces ellos ignoran la intervención. Y después del quinto rechazo viene el versículo 12, que el hermano Elías leyó con una lentitud que hizo que cada palabra penetrara como flecha. Por tanto, de esta manera te haré a ti, oh Israel, y porque te he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel. Prepárate para venir al encuentro de tu Dios.
Cerró la Biblia y me miró fijamente. Esa palabra prepárate en el hebreo original, significa no solamente estar listo, sino estar establecido, estar firme, estar en posición correcta. No es una preparación pasiva donde esperas que las cosas sucedan. Es una preparación activa donde te posicionas estratégicamente para lo que viene.
Y aquí está la clave que la mayoría de los creyentes no entiende. Dios no te está advirtiendo para asustarte, sino para posicionarte. Las advertencias divinas son misericordia preventiva. Cuando Dios dice, “Prepárate”, no está siendo dramático, está siendo preciso. Está diciéndote que hay una cita, hay un encuentro programado en el calendario celestial y tú puedes llegar preparado o desprevenido.
La cita va a suceder de todas formas, pero tu condición al llegar determinará el resultado. tomó aire profundamente y continuó. El 6 de enero no es una fecha que yo escogí, es una fecha que el Espíritu Santo destacó repetidamente en diferentes contextos durante mis oraciones de los últimos tres meses. Cada vez que preguntaba cuándo, la respuesta era la misma.
El sexto día del primer mes y cuando investigué qué sucede tradicionalmente en esa fecha, encontré algo fascinante. En muchas tradiciones religiosas es el día de la epifanía. El día que conmemora la manifestación de Cristo a los gentiles representados por los magos del oriente, es un día de revelación, un día donde lo oculto se hace visible, pero aquí está el giro.
Así como hay epifanías divinas, también hay revelaciones oscuras. Así como hay manifestaciones de luz, también hay desenmascaramientos de tinieblas. Y lo que el Señor me mostró es que el 6 de enero de este año será un día de revelación en ambos sentidos. Se manifestará claramente quién ha estado verdaderamente preparado y quién solo ha estado actuando.
Se revelará quién tiene aceite en su lámpara y quién solo tiene la lámpara vacía con buena apariencia externa. Ahora dejó la Biblia sobre su regazo y se inclinó hacia delante, acercándose más a mí. Vi hogares que desde afuera lucían idénticos, mismas estructuras, mismas rutinas, mismas declaraciones de fe. Pero cuando llegó el sexto día y comenzó la presión, unos resistieron y otros colapsaron.
Y la diferencia no estaba en lo visible, sino en lo que habían construido en secreto durante los días previos. Vi creyentes que habían pasado el final del año anterior en fiestas interminables, en celebraciones legítimas, pero excesivas, en distracciones justificadas como descanso. Y cuando llegó el 6 de enero, se encontraron espiritualmente exhaustos, con las defensas bajas, con el tanque vacío.
Y lo que entró por esa puerta espiritual abierta fue devastador. No porque fuera más poderoso que la sangre de Cristo, sino porque ellos no activaron la cobertura. Tenían el seguro, pero no hicieron la reclamación. Tenían el poder, pero no lo conectaron. Hizo una pausa larga, tan larga, que me incomodó, pero entendí que estaba pesando sus palabras.
Finalmente continuó. Y vi otro grupo creyentes que tomaron en serio los últimos días de diciembre, que usaron esos días no solo para reflexionar, sino para limpiar, para arrepentirse, para reposicionarse. Y cuando llegó el 6 de enero o algo, sí tocó a su puerta, pero no pudo entrar porque había un sello, había una marca, había una consagración que actuó como escudo.
Terminó de hablar y el silencio que siguió fue tan denso que podía sentirlo físicamente. Yo no sabía qué decir. No sabía si debía hacer preguntas o simplemente recibir. Finalmente rompí el silencio. Hermano Elías, ¿qué entra exactamente por esa puerta? ¿Cómo se llama? ¿Cómo se manifiesta? Él sonrió levemente, no con alegría, sino con esa sonrisa triste de quien sabe que la respuesta es complicada.
No tiene un solo nombre porque no es una sola entidad. Es una confederación, una coordinación de fuerzas. que han estado esperando una ventana de tiempo específica para ejecutar una estrategia específica. Y antes de que pienses que estoy siendo vago, déjame explicarte cómo opera esto. En el ámbito espiritual hay lo que podríamos llamar temporadas de acceso, momentos en el calendario donde por diferentes razones, algunas por desobediencia humana, otras por ciclos proféticos, otras por acumulación de iniquidad, se abren ventanas que
normalmente están cerradas. El 6 de enero de este año es una de esas ventanas. No es la única que ha existido, ni será la última, pero es la que nos corresponde enfrentar a nosotros ahora. Y lo que entra por esa ventana no viene con forma de monstruo ni con apariencia grotesca. Viene con disfraces sofisticados.
Viene como desánimo que parece razonable. Viene como distracción que parece necesaria. Viene como división que parece justificada. Viene como duda que parece intelectual. Viene como lujuria que parece amor. Viene como codicia que parece ambición. Viene como orgullo que parece confianza. Viene como control que parece liderazgo.
¿Entiendes lo que estoy diciendo? No podrás reconocerlo por su apariencia externa. Solo podrás reconocerlo por sus frutos. Y para entonces, si no estás preparado, ya habrá entrado demasiado profundo. Sus palabras me produjeron un escalofrío literal. Sentí frío a pesar de que la habitación estaba templada y él notó mi reacción.
Bueno, veo que estás empezando a entender la gravedad, pero no te quedes en el miedo. El miedo sin dirección paraliza el temor de Dios con instrucción activa. Así que ahora voy a darte la parte práctica. Voy a decirte exactamente qué tiene que suceder entre hoy y el 5 de enero para que el 6 de enero te encuentre preparado.
Y esto no es sugerencia, no es recomendación motivacional, esto es protocolo espiritual tan preciso como las instrucciones que Noé recibió para construir el arca o las instrucciones que Moisés recibió para construir el tabernáculo. Cada detalle importa. Cada paso tiene propósito. ¿Estás listo para recibirlo? Asentí con la cabeza, aunque honestamente no sabía si estaba listo, pero sabía que no tenía opción.
Él continuó, “Primero, del día de hoy hasta el 5 de enero vas a establecer lo que yo llamo la frontera del amanecer. Esto significa que cada mañana, sin excepción, vas a levantarte antes de que salga el sol. No importa qué hora te acuestes, no importa qué tan cansado estés, vas a levantarte en la oscuridad y vas a tomar los primeros minutos del día antes de que el mundo despierte.
¿Por qué? Porque el enemigo sabe que quien controla el amanecer controla el día completo. Si tú le das a Dios las primicias de tu tiempo, si tú estableces tu postura espiritual antes de que las demandas del día comiencen a llegar, estás poniendo un fundamento que nada podrá quebrar durante las siguientes 24 horas.
En ese tiempo de amanecer, no vas a hacer una oración bonita y superficial. Vas a hacer algo más profundo. Vas a declarar quién eres en Cristo. Vas a recordarte a ti mismo tu identidad antes de que el mundo intente asignarte una identidad falsa. vas a declarar, “Soy hijo del Dios altísimo, comprado con sangre, sellado con el espíritu, guardado por ángeles, destinado para gloria, escogido antes de la fundación del mundo, justificado por fe, santificado por verdad, glorificado en esperanza.
” Vas a declarar eso en voz audible, porque tu voz crea atmósfera, tu voz desplaza tinieblas, tu voz activa ángeles. No lo pienses solamente, decláralo. Segundo, durante estos días vas a hacer un ayuno específico. No estoy hablando de un ayuno total de alimentos, aunque si Dios te guía eso, hazlo. Estoy hablando de un ayuno de tres cosas que la mayoría de los creyentes no consideran.
Primero, hay una de opiniones. Deja de dar tu opinión sobre todo. Deja de comentar en cada publicación. Deja de corregir a cada persona que dice algo con lo que no estás de acuerdo. Cierra tu boca. Guarda tus palabras, porque tus palabras están creando compromisos espirituales que ni siquiera te das cuenta.
Cada vez que opinas sobre algo, estás invirtiendo energía espiritual en ese tema. Estás creando conexiones invisibles y si tus palabras están siendo desperdiciadas en debates innecesarios, entonces no tendrás palabras con poder cuando realmente las necesites. Segundo, hay una de validación. Deja de buscar likes, deja de buscar afirmación.
Deja de necesitar que la gente reconozca lo que estás haciendo. Si sirves que sea en secreto, si oras que sea en el cuarto cerrado. Si das que sea sin anunciarlo, entrena tu alma para no necesitar el aplauso humano. Porque si dependes de la validación externa, entonces el día que esa validación no llegue, vas a colapsar.
Y tercero, hay una de entretenimiento pasivo. No estoy diciendo que no puedas descansar, estoy diciendo que dejes de consumir contenido basura. que no aporta nada a tu espíritu. Dejas las series adictivas, dejas los vídeos sin fin, dejas el scrolling infinito en redes sociales, porque todo eso está diseñado no solo para entretenerte, sino para sedarte, para mantenerte en un estado de dormancia mental donde no piensas profundamente, no cuestionas tus paradigmas, no escuchas la voz del espíritu y en estos días previos al 6 de enero, necesitas tu mente despejada,
necesitas tu atención enfocada, necesitas tu espíritu alerta. Tercero, vas a limpiar tu casa físicamente y espiritualmente. Y aquí la mayoría de la gente se ríe porque piensan que es superstición. Pero déjame explicarte el principio. Tu entorno externo afecta tu estado interno. Si vives en desorden físico, es mucho más difícil mantener orden espiritual.
No porque el desorden sea pecado, sino porque todo está conectado. Eres un ser integral. Tu espíritu habita en un cuerpo que habita en un espacio. Entonces, vas a tomar estos días y vas a limpiar, vas a organizar, vas a deshacerte de cosas que ya no necesitas. Ropa que no has usado en años, objetos rotos que guardas con la ilusión de repararlos algún día, papeles acumulados, basura escondida en cajones.
vas a limpiar todo eso y mientras limpias vas a orar sobre cada espacio. Vas a declarar que tu casa es territorio consagrado, que ningún poder oscuro tiene derecho legal de operar ahí, que tu hogar es un santuario. Cuarto, vas a hacer inventario de tus relaciones. Vas a sentarte con papel y lápiz, no en tu teléfono, porque las distracciones digitales interrumpirán el proceso y vas a escribir los nombres de las personas con quienes interactúas regularmente, familia, amigos, compañeros de trabajo, hermanos de la iglesia y vas a hacerte preguntas
honestas sobre cada relación. Esta persona me acerca a Dios o me aleja, ¿esta relación me edifica o me desgasta? ¿Estoy siendo yo mismo o estoy actuando un personaje? Hay contienda no resuelta, hay perdón pendiente y basado en esas respuestas, vas a tomar decisiones, vas a buscar a quien necesites pedirle perdón, vas a perdonar a quien te haya ofendido, aunque esa persona nunca te pida disculpas, vas a establecer límites saludables con relaciones tóxicas.
No estoy diciendo que cortes a la gente cruelmente, estoy diciendo que protejas tu paz, que guardes tu corazón, porque el 6 de enero, cuando esa puerta espiritual se abra, si tienes relaciones sin resolver, si tienes amarres emocionales con personas equivocadas, esas serán las grietas por donde entrará lo que no debe entrar.
Quinto, vas a leer el libro de Efesios completo en voz alta de principio a fin, al menos tres veces antes del 6 de enero. ¿Por qué Efesios? Porque es el manual de guerra espiritual más completo del Nuevo Testamento. Porque allí Pablo no solamente identifica al enemigo, sino que te da las armas, te explica tu posición en Cristo, te revela los misterios del reino, te enseña cómo vestirte espiritualmente y cuando leas no lo hagas corriendo para cumplir un requisito.
Léelo despacio, medita cada versículo, deja que las verdades penetren, no solo tu mente, sino tu espíritu. Sexto, vas a eliminar de tu vida cualquier puerta abierta a lo oculto. Y sé que esto suena extremo, pero escúchame, la mayoría de los creyentes tienen puertas abiertas y no lo saben. ¿Alguna vez consultaste horóscopo aunque sea solo por diversión? Puerta abierta.
Tienes objetos en tu casa que fueron regalos de personas involucradas en brujería o nueva era aunque los objetos en sí parezcan inofensivos. Puerta abierta. ¿Viste películas o series que glorifican lo demoníaco y te gustaron? Puerta abierta. ¿Has hablado palabras de maldición sobre tu vida o la vida de otros? Puerta abierta.
Cada una de estas cosas que la cultura moderna ha normalizado son grietas en tu armadura espiritual. Entonces, durante estos días vas a renunciar específicamente a cada una. vas a decir en voz alta, “Renuncio a toda fascinación con lo oculto. Renuncio a toda curiosidad malsana con las tinieblas. Renuncio a todo entretenimiento que glorifica al enemigo y cierro en el nombre de Jesús toda puerta que yo haya abierto, consciente o inconscientemente.
Séptimo, vas a sembrar, vas a dar una ofrenda sacrificial antes del 6 de enero, no una ofrenda cómoda, no lo que te sobra, sino algo que te cueste, algo que requiera fe. Porque la siembra estratégica crea cobertura espiritual. Cuando tú sueltas lo que aprecias, estás demostrando que tu confianza está en Dios, no en tus recursos.
Y esa demostración de fe activa provisión celestial, pero también protección celestial. Busca alguien que esté en necesidad genuina. Puede ser un ministerio que conozcas que está haciendo obra legítima. Puede ser una familia que esté pasando por crisis. Puede ser alguien que Dios ponga en tu corazón y siembra generosamente en secreto, sin esperar reconocimiento.
Y cuando sueltes esa ofrenda, declara, siembro esto como pacto de protección para mi familia, como declaración de que Dios es mi proveedor, como acto profético que cierra puertas al devorador. Octavo, vas a escribir un testimonio de lo que Dios ha hecho en tu vida. No importa si piensas que tu historia no es espectacular.
Escribe lo que sea que Dios haya hecho. ¿Cómo te salvó? ¿Cómo te libró? ¿Cómo te sanó? ¿Cómo proveyó? Escríbelo con detalles y luego léelo en voz alta. Porque el libro de Apocalipsis dice que ellos le vencieron por la sangre del cordero y la palabra del testimonio de ellos. Tu testimonio es un arma. Cuando tú declaras lo que Dios ha hecho, no solo estás recordando el pasado, estás profetizando el futuro.
Estás diciendo, “El Dios que hizo esto, entonces puede hacer esto ahora.” Noveno, vas a establecer un altar en tu casa. No me refiero a algo supersticioso o idolátrico. Me refiero a un lugar físico específico donde tú te encuentras con Dios regularmente. Puede ser una esquina de tu cuarto, puede ser un closet, puede ser donde sea, pero tiene que ser un lugar que tú apartes exclusivamente para oración.
Pon allí tu Biblia, un cuaderno para escribir lo que Dios te hable, quizás una vela si eso te ayuda a concentrarte y comprométete a ir a ese lugar todos los días antes del 6 de enero. Cuando tienes un lugar físico de encuentro con Dios, estás creando una historia en ese espacio. estás acumulando presencia y con el tiempo ese lugar se vuelve tan saturado de la presencia de Dios que cuando llegas allí es más fácil conectar porque hay una memoria espiritual en ese espacio.
Décimo, vas a identificar tu pecado recurrente, ese pecado que has justificado, ese pecado que has minimizado, ese pecado al que le has puesto apodos cariñosos para que no suene tan grave. Puede ser pornografía, puede ser chisme, puede ser gula, puede ser pereza, puede ser codicia, puede ser orgullo.
Sea lo que sea, vas a nombrarlo sin eufemismos. Vas a llamarlo por su nombre verdadero, pecado, y vas a arrepentirte no con culpa religiosa, sino con verdadero dolor por haber ofendido a un Dios santo, vas a confesar ese pecado a Dios. Y si es necesario también a una persona de confianza que pueda ayudarte a caminar en rendición de cuentas, porque la confesión rompe el poder del pecado secreto, cuando lo sacas a la luz pierde su fuerza y luego vas a poner estructuras prácticas para no caer otra vez.
Si tu pecado tiene que ver con internet, vas a poner filtros y rendición de cuentas digital. Si tiene que ver con personas, vas a cambiar tus rutas y tus horarios. Si tiene que ver con pensamientos, vas a memorizar escrituras que combatan esos pensamientos. Vas a pelear no solo con intención, sino con estrategia. El hermano Elías hizo una pausa para tomar agua.
Sus manos temblaban levemente, no de debilidad, sino de intensidad. Se notaba que estas palabras le costaban, que no las estaba diciendo con ligereza. Después de tomar varios sorbos, continuó. Y ahora viene la parte que más me cuesta decir, la parte que he intentado suavizar en mi mente, pero el espíritu no me deja. Vi en la visión dos tipos de creyentes el 6 de enero.
Dos tipos que externamente lucían idénticos, pero internamente eran opuestos. El primer tipo eran los que yo llamo creyentes de sala, personas que tienen su fe organizada como una sala de estar, todo decorado, bonito, todo en su lugar, versículos enmarcados en las paredes, música cristiana de fondo, conversaciones espirituales correctas.
Pero cuando llegas al fondo de la casa, cuando abres los cuartos traseros, cuando miras en los closets, hay desorden, hay suciedad, hay cosas escondidas. Estos creyentes saben qué decir en público, saben cómo actuar en la iglesia, saben cómo posar para las fotos espirituales, pero su vida privada no coincide con su imagen pública.
Lo que oran en el altar no es lo que viven en casa. Lo que cantan el domingo no es lo que practican el lunes. Hay una división, una doble vida, no necesariamente grosera, pero sí real. Y el problema no es que sean hipócritas intencionales, el problema es que han normalizado la distancia entre su confesión y su realidad.
Se han acostumbrado a la mediocridad espiritual. Han aceptado que así es la vida cristiana. Un poquito de Dios, un poquito de mundo, un balance. Pero el reino de Dios no funciona con balances, funciona con rendición total. Entonces, cuando llegó el 6 de enero en la visión, estos creyentes de sala fueron los primeros en ser afectados, porque lo que entró por esa puerta espiritual buscaba grietas, buscaba inconsistencias, buscaba áreas no consagradas.
Y cuando las encontró, entró sin resistencia. Y estos creyentes no entendían qué estaba pasando. Decían, “Pero yo oro, pero yo voy a la iglesia, pero yo leo mi Biblia.” Sí, pero todo eso era ritual, sin transformación. forma sin poder, apariencia sin sustancia. El segundo tipo eran los que yo llamo creyentes de raíz, personas cuya fe no es un departamento de su vida, sino el fundamento de toda su existencia.
No tienen vida espiritual y vida normal. Tienen una sola vida integrada donde Cristo es señor de todo o no es señor de nada. Estos creyentes han hecho el trabajo difícil de confrontar sus pecados, de sanear sus relaciones, de ordenar sus prioridades, de alinear su vida privada con su confesión pública. No son perfectos, siguen cometiendo errores.
Pero hay una diferencia. Cuando caen se levantan rápido, cuando pecan arrepienten genuinamente. Cuando se desvían regresan al camino. Hay una trayectoria de santidad, aunque no sea una línea recta. Y cuando llegó el 6 de enero, estos creyentes también sintieron la presión, también experimentaron el ataque, también fueron tocados por lo que entró por esa puerta espiritual.
Pero había una diferencia crucial. Tenían raíces, tenían fundamento, tenían historia con Dios. Entonces, cuando vino el viento, no cayeron. Cuando vino la lluvia, no se desmoronaron. Cuando vino la inundación no fueron arrastrados. Resistieron no porque fueran más fuertes en sí mismos, sino porque estaban conectados a una fuente más fuerte que ellos.
Se detuvo y me miró con una intensidad que me incomodó. Ahora quiero que te hagas una pregunta y que la respondas con honestidad brutal. No me la digas a mí, dísela a ti mismo, a Dios. ¿Cuál de los dos eres tú? ¿Eres creyente de sala o creyente de raíz? Tu fe es decoración o fundamento. ¿Tu relación con Dios es actuación o transformación? Y antes de que respondas rápido con lo que suena bien, piensa en tu vida real.
Piensa en lo que haces cuando nadie te ve. Piensa en cómo gastas tu dinero. Piensa en cómo usas tu tiempo. Piensa en qué ocupa tu mente cuando estás solo. Piensa en tus conversaciones privadas. Piensa en tu historial de internet. Piensa en tus pensamientos secretos. Piensa en tus motivaciones ocultas. Ahora con esa información real, no con la versión editada que presentas a otros.
¿Cuál de los dos eres? Porque el 6 de enero va a revelar la verdad. Va a quitar las máscaras. va a exponer los fundamentos y mejor que lo descubras ahora cuando todavía tienes tiempo de cambiar, que descubrirlo ese día cuando sea demasiado tarde para prepararte. Sus palabras me penetraron como cuchillos.
Yo sabía la respuesta, aunque no quería admitirla. Sabía que había áreas en mi vida donde yo era definitivamente creyente de sala, áreas donde mi apariencia pública no coincidía con mi realidad privada. Y creo que mi rostro lo delató porque él asintió levemente como diciendo, “Sí, ya veo que entendiste.” Luego su tono cambió, se suavizó un poco, pero aquí está la esperanza, aquí está la misericordia, todavía hay tiempo.
Por eso Dios te está advirtiendo ahora. Por eso me levantó a las 3 de la mañana para darte este mensaje. Por eso tú estás escuchando esto en este momento preciso, porque hay una ventana de gracia entre hoy y el 5 de enero donde tú puedes pasar de ser creyente de sala a ser creyente de raíz.
No es un proceso que tomará años. Es una decisión que tomas hoy y que implementas con acciones concretas durante los próximos días. Es como cuando un edificio que ha estado operando con generador eléctrico finalmente se conecta a la planta principal. El cambio no es gradual, es inmediato. Un momento estás dependiendo de tu propia energía limitada y al siguiente estás conectado a una fuente ilimitada. Así es este cambio.
No es evolución, es conversión, no es mejoramiento, es transformación y se activa con una decisión radical seguida de obediencia consistente. Se levantó de la silla, caminó hacia la ventana, que daba al oriente, donde ya se veía el primer resplandor del amanecer. se quedó mirando hacia fuera durante lo que parecieron varios minutos y yo no me atreví a interrumpir su silencio.
Finalmente se volteó hacia mí. Hay una última cosa que necesito decirte antes de que te vayas. Es la parte más práctica y la más importante. El día 5 de enero en la noche. No importa qué tan ocupado estés, no importa qué otros planes tengas, vas a hacer algo específico. Vas a cerrar con llave tu puerta.
Vas a pagar todos los dispositivos. electrónicos, todos, teléfono, televisión, computadora, todo. Vas a tomar una vela, vas a encenderla en tu altar o en tu lugar de oración y vas a pasar las últimas horas del 5 de enero en adoración, arrepentimiento y consagración. No es un servicio religioso, no es un cumplimiento de requisitos, es un encuentro real con Dios donde tú le entregas todo, donde tú renuevas tu pacto con él, donde tú declaras con tu boca y con tu vida, Señor, tú eres mi Dios, no tengo otro.
Renuncio a todo ídolo. Renuncio a toda fuente falsa de seguridad. Renuncio a toda confianza en mi propia fuerza. y te declaro a ti como único Señor, único salvador, único suficiente. Y mientras haces esa declaración, vas a ungir tu casa, vas a caminar por cada cuarto con aceite si tienes.
Si no tienes aceite, simplemente con tu mano extendida y vas a declarar sobre cada espacio, esta casa está consagrada al Señor. Aquí solo entra lo que él permite. Aquí solo habita lo que él aprueba. Aquí solo gobierna su voluntad. Y cuando termines de hacer eso en cada cuarto, vas a regresar a tu lugar de oración. Te vas a quedar allí hasta que llegue la medianoche y a las 12 en punto, cuando comienza el 6 de enero, vas a hacer una última declaración, la más importante de todas.
vas a decir en voz alta, Señor Jesucristo, por tu sangre derramada en la cruz, por tu nombre que es sobre todo nombre, por tu autoridad que me has delegado como hijo tuyo, yo sello este día, yo cubro este hogar, yo protejo esta familia, declaro que ningún arma forjada contra nosotros prosperará. Declaro que ningún plan del enemigo tendrá éxito.
Declaro que somos guardados, protegidos, cubiertos por el poder de tu sangre. Ninguna plaga llegará a nuestra morada. Porque habitamos al abrigo del Altísimo, moramos bajo la sombra del Omnipotente. Amén. Y después de esa declaración, vas a dormir en paz. Vas a descansar, no porque la amenaza desapareció, sino porque tomaste tu posición, hiciste tu parte y ahora confías que Dios hará la suya.
Regresó a su silla, se sentó lentamente, cerró los ojos durante unos segundos y cuando los abrió había lágrimas corriéndole por las mejillas. Hijo, yo sé que todo esto suena intenso. Yo sé que quizás estás pensando que es exagerado, pero he vivido 83 años. He visto cosas que no puedo explicar con lógica natural. He visto cómo Dios protege a los que le obedecen y cómo permite que los desobedientes sufran consecuencias.
He visto como pequeñas decisiones de obediencia crean grandes resultados de bendición y como pequeñas concesiones al pecado crean grandes desastres. He visto suficiente para saber que cuando Dios advierte no es porque le gusta asustarnos, sino porque le duele vernos, sufrir lo que podríamos haber evitado. Entonces, te pido, te suplico, toma esto en serio, no lo archives como información interesante, actúa, implementa, obedece, porque el 6 de enero viene y tú puedes llegar preparado o desprevenido, la decisión es tuya, pero las consecuencias serán
reales de cualquier forma. Y con esas palabras nuestra conversación terminó. Él se levantó, me abrazó con una fuerza sorprendente para alguien de su edad. me susurró al oído. Ve y adviérteles, no les des opciones, diles la verdad completa. Salí de esa casa cuando el sol ya había salido completamente.
Conduje de regreso con la mente acelerada, con el corazón agitado, con el espíritu activado. Y desde ese día hasta ahora he estado procesando, orando, buscando confirmación. Y cada vez que pregunto al Señor si realmente debo compartir esto, la respuesta es un sí. rotundo. Entonces, aquí estamos. Yo te he entregado el mensaje completo, sin editar, sin suavizar.
Ahora tú tienes toda la información, tienes el marco bíblico, tienes las instrucciones prácticas, tienes el tiempo necesario para implementarlo. La pregunta es, ¿qué vas a hacer con esto? ¿Vas a tratarlo como contenido interesante que consumes y luego olvidas? ¿Vas a guardarlo como conocimiento teórico que nunca implementas? o vas a tomarlo como la advertencia urgente que es y actuar inmediatamente.
Porque déjame decirte algo, si llegaste hasta este punto del mensaje, si escuchaste todo sin abandonar a la mitad, eso no es coincidencia. Eso es Dios llamando tu atención. Eso es el Espíritu Santo jalándote hacia un lugar de preparación. Y cuando Dios te llama, así tienes dos opciones: responder u ocultarte, obedecer o ignorar, pero no puedes quedarte neutral.
La neutralidad no existe en el reino espiritual. O avanzas o retrocedes, o te preparas o te expones. No hay término medio. Y ahora, antes de que termine, quiero que hagamos algo juntos. Quiero que donde sea que estés, sin importar si estás solo o acompañado, te pongas de pie si puedes. Si no puedes estar de pie físicamente, entonces ponte de pie espiritualmente en tu interior y vamos a hacer un pacto.
Vamos a establecer una alianza entre tú y Dios con respecto a estos próximos días. Voy a guiarte en una oración, pero necesito que la hagas de corazón. No la repitas como el oro. Siéntela, créela, actívala con fe genuina. Aquí vamos. Padre celestial, yo vengo delante de tu presencia ahora mismo, reconociendo que no llegué a este mensaje por casualidad, sino por tu dirección divina.
Reconozco que tú me estás advirtiendo porque me amas, porque quieres protegerme, porque tienes un plan para mí que va más allá del 6 de enero, pero que requiere que yo pase esa fecha preparado y cubierto. Señor, confieso que he sido negligente en mi vida espiritual. Confieso que he normalizado la mediocridad. Confieso que he permitido que la distancia entre mi confesión pública y mi vida privada crezca.
Confieso que he sido creyente de sala en muchas áreas donde debí ser creyente de raíz. Pero hoy, ahora mismo, yo tomo la decisión de cambiar. No mañana, no después, ahora. Yo decido que del día de hoy hasta el 5 de enero voy a implementar cada una de las instrucciones que recibí en este mensaje. Voy a levantarme en el amanecer y declarar mi identidad en Cristo.
Voy a ayunar de opiniones, de validación y de entretenimiento pasivo. Voy a limpiar mi casa física y espiritualmente. Voy a hacer inventario de mis relaciones y sanar lo que está roto. Voy a leer Efesios completo tres veces, meditando cada palabra. Voy a cerrar toda puerta abierta al oculto, renunciando específicamente a cada grieta.
Voy a sembrar una ofrenda sacrificial como pacto de protección. Voy a escribir mi testimonio y declararlo en voz alta. Voy a establecer un altar en mi casa y visitarlo diariamente. Voy a identificar mi pecado recurrente y arrepentirme con verdadero dolor. Voy a poner estructuras prácticas para vencer y el 5 de enero en la noche voy a cerrar mi puerta, apagar todo dispositivo, encender una vela y pasar las últimas horas en adoración profunda renovando mi pacto contigo.
Señor, yo me comprometo a hacer todo esto, no por miedo, sino por amor, no por obligación, sino por devoción. Porque tú eres digno de mi obediencia total, porque tu protección vale más que cualquier comodidad que yo tenga que sacrificar. Te pido ahora mismo que me des la gracia para cumplir este compromiso, que me des la fuerza para vencer mi carne cuando quiera abandonar, que me des la disciplina para ser consistente, incluso cuando no sienta ganas.
Te pido que selles este pacto con tu Espíritu Santo, que envíes ángeles a rodear mi casa, que pongas tu mano de protección sobre mi familia, que cierres toda puerta que el enemigo intente abrir. Declaro que el 6 de enero me encontrará preparado, cubierto, sellado, protegido, no por mi propia fuerza, sino por tu poder obrando en mí.
Declaro que soy más que vencedor por medio de aquel que me amó. Declaro que ninguna arma forjada contra mí prosperará. Declaro que habito al abrigo del Altísimo y moro bajo la sombra del Omnipotente en el nombre de Jesús. Por su sangre derramada, por su autoridad delegada a mí como hijo tuyo, yo establezco este pacto. Yo activo esta cobertura.
Yo me pongo en posición. Amén. Ahora, escúchame bien. Este no es el final. Este es el comienzo. Lo que hagas en las próximas horas determinará cómo llegas al 6 de enero. No pospongas nada de lo que escuchaste aquí. No digas, “Voy a empezar mañana.” Empieza hoy. Ahora mismo, después de terminar este mensaje. Levántate y comienza con algo.
Puede ser limpiar un cuarto, puede ser escribir las relaciones que necesitas sanar, puede ser renunciar a algo específico, puede ser lo que sea, pero que sea algo tangible. algo que rompa la inercia, porque la acción genera impulso y el impulso genera transformación. Y si llegaste hasta aquí, entonces comparte este mensaje.
No porque yo necesite más vistas, sino porque alguien en tu círculo necesita escuchar esto. Alguien está en peligro y no lo sabe. Alguien está desprevenido y esta advertencia podría salvarlo. Entonces, compártelo con la misma urgencia con la que yo te lo entregué a ti. No esperes, no lo pienses demasiado. Hazlo ahora.
Envíaselo a esa persona que Dios puso en tu mente mientras escuchabas. Escríbele. Necesitas oír esto completo. No lo pongas después. Hazlo ahora y luego regresa tú mismo a implementar lo que aprendiste. Porque el 6 de enero no será como los otros días. El sexto día no será como los otros días. El sexto día no será como los otros días.
Y tú tienes que estar listo, preparado, posicionado, consagrado, sellado, cubierto, protegido, guardado, establecido, firme, inmovible, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que tu trabajo en el Señor no es en vano. Ahora ve, actúa, obedece, prepárate, porque el tiempo es corto, la ventana es específica, la instrucción es clara y las consecuencias de la obediencia serán vida.
mientras las consecuencias de la negligencia serán devastadoras. Que el Dios de toda gracia que te llamó a su gloria eterna en Cristo Jesús te perfeccione, te afirme, te fortalezca y te establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Ahora ve y prepárate, porque el reloj está corriendo y el 6 de enero se acerca con cada segundo que pasa.
No hay tiempo para la indecisión, no hay espacio para la negligencia. Hoy es el día de salvación. Hoy es el momento de actuar. Hoy es cuando tu obediencia marca la diferencia entre protección y exposición, entre victoria y derrota, entre luz y tinieblas. Ve ahora mismo, comienza ahora mismo, obedece ahora mismo y que la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guarde tu corazón y tu mente en Cristo Jesús mientras te preparas para lo que viene. Amén.